You: la serie de Netflix que nos lleva a creer que el amor todo lo justifica

10 de enero de 2020

Melanie Quintana Molero

¿Por qué matan los asesinos en serie? ¿Por qué nos creemos que cuando estamos obsesionado/as con alguien es porque el destino nos ha puesto en este mundo para acabar junto/as? ¿Por qué seguimos creyendo que la frase: “lo haría todo por ti”, no tiene límites?

El amor romántico nos lleva a ideas como que todo vale por amor y lo peor: que todo se justifica. You, la serie de Netflix que estrenó su segunda temporada el 26 de diciembre es poner en imágenes literalmente esta creencia.

Para aquello/as que todavía no saben de qué va esta serie o la tienen en la lista de pendientes, os hacemos un breve resumen sin destripar mucho toda la trama. Joe Goldberg (Penn Badgley), es un joven neoyorquino obsesivo compulsivo, adicto a los libros y con una mente retorcida y oscura, pero brillante, que se obsesiona (aunque él os diría que se enamora) de Beck (Elizabeth Lail) una joven escritora que está en Nueva York con la intención de ver cumplidos sus sueños. Su conquista se basa en perseguir a Beck, investigarla, seguir a sus amistades y descubrir sus detalles más íntimos hasta que consigue pasar de acosador a novio. Y lo que crees al principio de la serie que empieza como un flechazo, se convierte en una obsesión, en la que él de forma estratégica se deshace de todos los obstáculos y personas que se crucen entre Beck y él, entre su relación, entre lo que les impide estar juntos, o, dicho de otra manera: entre lo que Joe piensa que es estar juntos.

Parece que a simple vista es una serie donde puedes ver todo lo que está mal en las conductas de Joe, una trama donde acabas odiando al acosador, piensas que lo que está haciendo es injustificable y que deberían de llevarle a la cárcel. Pero una de las cosas que más asusta de esta serie de Netflix es cómo te lleva a justificar, inconscientemente, todos los actos de Joe, hasta el punto en el que lo ves como una víctima y no como un agresor, cosa que inevitablemente nos conecta con aquellas personas que han sufrido y que están sufriendo tanto acoso como maltrato (el que más reflejado se puede ver es el psicológico). ¿Será así como lo ven quienes lo viven desde dentro? ¿Será así como nos hace ver y justificar nuestra mente las conductas del otro cuando estamos enamorado/as?

Y es que la serie está grabada de tal manera que lleva al espectador a ponerse en el lugar del asesino. Te seduce tanto su personalidad, como sus pensamientos en voz en off, hasta el punto que te crees lo que él mismo se cree de algún modo: que es un justiciero.

Ambas temporadas están basadas en las novelas de Caroline Kepnes, aunque con grandes adaptaciones y con personajes nuevos que hacen que la serie tenga más trama que el propio libro. Personajes que despiertan nuestra curiosidad y nos llevan a preguntarnos: ¿cómo va a reaccionar Joe?, ¿qué es lo va a hacer ahora? Y aunque juegan con la idea de una posible redención en la segunda parte, definitivamente hay muchos puntos en común con la primera temporada.

Lo que sí os podemos decir, sin destriparos lo que pasa en la primera temporada, es que el final ya nos sugería que iba a haber un cambio, un camino sin retorno para el personaje que llegamos a ver en un principio como un acosador encantador, por ponerle términos a su personalidad, aunque no son exactamente quizás esas palabras las correctas…; para dejarnos claro que Joe es simplemente un criminal con una visión del amor de lo más retorcida.

Por eso, por ese cambio que él mismo busca, en esta segunda entrega empieza intentando dejar de comportarse como lo hacía en el pasado, pero vuelve a recaer, una y otra vez. Eso sí, los guionistas esta vez han intentado de algún modo llevarnos al pasado del personaje, dándoles una justificación a sus actos, llevándonos a su niñez, a un origen.

Nuevos personajes, nuevas obsesiones, nuevas mujeres, que se cuelan en su vida nos dejan claro que este tipo de conductas no tienen sexo, es decir, que se pueden llegar a dar tanto por un hombre, como por una mujer (y hasta aquí podemos leer sin desvelar mucho más). Lo curioso es que la serie abraza los excesos, maquillándolos de “normalidad” y llevándonos a los inevitable: el caos. Una obra de arte que nos lleva a poder sentir y reflexionar sobre cómo funciona la mente cuando se convence de algo, cómo es capaz de justificar y cómo si algo no se trata, no se arregla, si nos creemos que lo que hacemos está bien, es imposible darnos cuenta de las consecuencias de nuestros actos.