De Peculiares

Crece eróticamente: descubre la importancia de expresar y sentir la sensualidad

Crece eróticamente, descubre la importancia de expresar y sentir la sensualidad

16 de agosto de 2019

Anabel Mira, Sexóloga

Decía la filósofa María Zambrano, que el sentir nos constituye más que ninguna otra de las funciones psíquicas. Razón y sentido no le faltaban a María. La historia de la Filosofía occidental está plagada de disputas y teorías acerca del papel en el conocimiento de la razón y los sentidos, siendo la razón la clara ganadora en estas peleas.

Pero, ¿por qué el cuerpo y sus sentidos han sido tan despreciables, corruptos, nada de fiar, etc.… para los filósofos occidentales? La respuesta a esta pregunta precisa de un artículo largo y denso sobre Filosofía que no corresponde a este espacio. ¿Pero sabéis? Sí que le corresponde a la Filosofía compartir camino con la Sexología, y quizás mucho más de lo que pensamos.

Porque amigxs sí, la Filosofía con sus ideas y cuestiones acerca del cuerpo y los sentidos tiene un papel decisivo en lo que pasa cuando nos pensamos y vivimos sexualmente. ¿Y eso? pues porque precisamente qué pensamos y cómo nos pensamos configura no sólo nuestra manera de experienciar la realidad, sino que también viste a nuestras grandes protagonistas, la realidad de la sexualidad y sus vivencias.

¿Qué pasaría si educas a una persona durante toda su existencia en que todo el conocimiento que proviene del cuerpo y los sentidos no es algo que contenga Verdad?, ¿qué importancia y lugar le dará esa persona a su cuerpo y sus sentidos?

Todos podemos enumerar los 5 sentidos que son los causantes de nuestras experiencias sensoriales, ¿podemos todxs diseccionar el papel que juega cada uno de ellos en nuestra vida erótica?, ¿somos realmente conscientes de cómo podemos potenciar el placer a través de ellos?,  ¿creéis que un uso sentido de los sentidos y con sentido ayudaría a nuestro crecimiento erótico?

A priori todo esto que os planteo puede parecer una obviedad, pero no parece que lo sea tanto en el día a día.  Las rutinas se componen de ejercicios mecánicos en los que se piensa poco y se siente menos. Siempre hay tiempo para Netflix, pero no para follar. Empleamos más tiempo y energía en buscar la próxima serie que se convierta en la morfina semanal, más que en explorar y disfrutar de nuestro cuerpo y/o del de nuestra pareja. Y quizás el capítulo más interesante de nuestras vidas nos lo estamos perdiendo y lo tengamos más cerca de lo que pensamos.

Porque lo que no contiene valor o verdad, no es importante. Y la pregunta entonces es, ¿queremos hacerlo importante? Por eso os invito a ser vuestra propia revolución sensorial, para darle a esta experiencia tan viva que son los sentidos el valor y verdad que tienen.

Degustar y no engullir, encontrarnos sin prisa con ellos, dándoles la dimensión que se merecen. Puede ser en la ducha, mientras el agua tibia cae sobre nuestra piel, con el dulzor y frescor de un trozo de sandía estallando lento en la boca, o en dejarse mecer por el sonido ondulante de las olas del mar, o en perseguir con la nariz a ese desconocido que ha dejado un halo de perfume que nos evoca aquel encuentro que nunca pudimos olvidar. O también, en detenerse en la imagen del bello trabajo de pelar una patata perpetrado por las manos nuestro amante. Suave, lento, sin prisa. Os invito a rebozarse en lo sensual cotidiano para gozar la experiencia sensorial en todo su esplendor.

Hay mucha emoción y tramas increíbles más allá de Netflix 😉

Gracias María Zambrano, siento luego existo.

De Peculiares

Identidades: el regalo de la diversidad

Identidades

10 de diciembre de 2018

Anabel Mira

La vemos repetida, subrayada, impresa… en todas las bocas, y en casi todas las lenguas. Pero, ¿sabemos realmente qué es la identidad?, ¿somos conscientes de lo que esta idea implica?

Las paradojas que vivimos hoy en día en lo que respecta a las identidades, son un claro reflejo de esa coyuntura angustiosa ante tener que elegir entre lo que queremos ser y lo que se supone que deberíamos ser. En este mundo globalizado, mercantilizado, que nos asedia con imágenes y mensajes de esa supuesta ‘utopía del deber ser’, ahoga e invisibiliza no solo a las realidades disidentes, sino en realidad a prácticamente la totalidad de la población ‘real’.

Nuestra sociedad está plagada de identidades, que cubren un amplio espectro de representación que va desde lo político, a lo laboral, geográfico…la esencia de la identidad no es más que la búsqueda del conocimiento a través una noción de unidad del ser, frente a una realidad múltiple. Reflexionar acerca de las identidades, es dar el espacio que le corresponde a la pregunta más íntima y compleja que se puede plantear el ser humano, ¿quién soy yo?, y de ésta nacen. ¿Puedo y quiero unirme a un grupo en que le sienta representado porque todos tenemos un sentir parecido?, ¿puedo y debo revindicar la legitimidad de mi esencia, en un espacio público que me obvia y además a través de sus leyes incluso me lo niega?

El tema de las identidades no es nuevo ni en la historia, ni tampoco en la sociedad; pero la aparición y las reivindicaciones de las identidades sexuadas y/o eróticas han supuesto una verdadera revolución en este aspecto. Precisamente porque nos interpelan desde varios ámbitos.

Las identidades sexuadas y/eróticas no solo claman para tener su lugar y reconocimiento en el espacio público, legal, etc…estas identidades apelan, además, a uno de los niveles más íntimos y profundos de las personas, al hecho sexual humano. Hecho que refiere a cómo me siento, qué deseo, y a cómo me apetece poner en práctica todo esto. Porque hablar del hecho sexual humano, es hablar de un acto creativo, único, un acto de genialidad por cada persona que hace ejercicio del mismo.

Esto ha supuesto toda una sublevación en un campo que, desde hace mucho tiempo, se ha pensado desde una idea muy concreta de qué somos como seres sexuados, cómo debemos experimentar lo erótico, o incluso, cómo socialmente debemos desarrollarnos y relacionarnos con los demás. El deber y no el querer, ha estipulado hasta hace bien poco (o no tan poco) lo normal y lo anormal.

¿Acaso alguien tiene derecho decir que lo yo sé acerca de mí misma, cómo decido sentirme, y presentarme ante el mundo, es normal o anormal? ¿Es legítimo que alguien discrimine a alguien, tanto en una ley como en el colegio, por el hecho de ser diferente?

La respuesta parece bastante obvia, pero la realidad no lo es. Porque ahora mismo hay una niña que le nombraron Ana al nacer, pero quiere ser Toni, y en su clase le hacen la vida imposible un día sí y otro también. Porque ahora mismo Paula en su oficina está callada, mientras todas sus compañeras hablan de sus parejas, porque tiene miedo de que si su jefe sabe que es Rocío con quién comparte su vida, no seguirá contando con ella. Porque ahora mismo Alberto, está cansado de tener que callarse por miedo a las consecuencias, cuando su familia le pregunta por su novia Alicia y no puede decir que no, que no es sólo Alicia, sino que también existe Fernando en la vida de ambos, con quien comparten besos, casa, caricias y amor.

Todavía habitamos una sociedad en la que la Diversidad es asignatura pendiente. La conciencia y el respeto por el resto de las identidades que van más allá de “lo ordinario”, va calando poco a poco, pero queda mucho trabajo por hacer. Es por eso, que la educación y la visibilización en la diversidad, en mostrar la deliciosa y rica libertad de ser y sentirse más allá de las normas, más allá de lo binario, es una tarea de todas y todos.

Porque cuando somos capaces de reflexionar acerca de nosotros mismos y de los demás, y hacemos nuestra esa idea de que no existe una identidad, sino que existen muchas identidades, somos partícipes y cómplices no sólo de la libertad de los demás, sino de la nuestra propia.

Porque el mundo se merece y necesita que desarrollemos nuestra legítima rareza, como ya dijo René Char.