De Peculiares

Policías en los balcones

2 de mayo de 2020

Colab. Yaiza Morales y Melanie Quintana

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día Internacional contra el Bullying. El objetivo de este día es concienciar de las consecuencias del acoso que sufren niñxs, y no tan niñxs, a nivel mundial, así como buscar los mecanismos para erradicar las situaciones, y emociones, que  sufren por causa de actitudes por parte de otrxs, y que en muchas ocasiones, son actitudes heredadas.

Para que quede claro, entendemos Bullying como la forma en la que nos comportamos o nos dirigimos a otra persona, ya sea de forma verbal o física, causando un daño temporal o permanente en la otra persona. Está considerado un tipo de hostigamiento reiterativo de una persona en concreto o de un grupo de personas hacia sus semejantes, en el que el otro sufre amenazas, intimidación, manipulación… incluso agresiones físicas.

¿Qué por qué tanta insistencia en la definición? Porque esto es precisamente lo que estamos haciendo desde que empezamos este confinamiento desde nuestros balcones. Porque este es el ejemplo que estamos dando a los menores, porque vivimos en una sociedad que quiere erradicar el Bullying, pero que sigue teniendo actitudes agresivas hacia los demás. 

¿Cómo pretendemos educar a nuestros hijos en contra del Bullying si durante el confinamiento hacemos de polis de balcón abucheando a la gente o denunciando? Venimos del “haz lo que yo diga pero no lo que yo haga” y aunque sabemos de sobra que no es ni justo ni válido; parece que en muchos casos nos sirve de excusa para no mover ficha. 

Queremos que nuestros menores se comporten como es debido, no juzguen y sean buenas personas, pero ni siquiera hacemos autocrítica o una reflexión sobre lo que significa ser buena persona, o si nos aplicamos a nosotrxs también estas normas que queremos para los demás.

Con el confinamiento que nos está tocando vivir, hemos podido ver muchas y muy desagradables muestras de incivismo o bullying entre vecinos. Invitar con poco tacto a residentes del mismo edificio que se están arriesgando a diario en sus trabajos a que se vayan a vivir a otro lado durante una temporada para evitar contagios (como si aparte, esa fuera una opción fácil).

Vemos actitudes nocivas de personas que primero juzgan y luego preguntan (o ni eso)  el por qué se ha visto la otra persona en la necesidad de salir de su hogar. Personas que se la pasan en el balcón abucheando y denunciando a la gente que pasa por la calle sin saber qué motivos le llevan a ello. No llegamos a entender la razón que lleva a esta gente a pensar que tienen mayor potestad que el resto, o que su palabra o su visión de los hechos tiene más validez. 

Y es cuando nos preguntamos cosas como: ¿Esta gente tendrá hijos? ¿Cómo será la convivencia en esa casa? ¿Habrá algún abusón o algún abusado entre esas paredes? ¿O tal vez ambas cosas? Y qué decir de las mujeres que están viviendo estas situaciones de maltrato  dentro de casa sin poder salir de sus hogares y viviendo con sus hijxs (si estás viviendo esta situación hemos creado una guía para las víctimas).

No podemos parar de preguntarnos ¿cómo afecta en la edad adulta y sobre todo a la hora de ser padres; que el bullying haya sido invisibilizado durante tanto tiempo y no se haya tratado como el problema que es?

Lo que estamos viviendo ahora es un buen resumen de la sociedad en la que vivimos. Un buen reflejo de comportamientos aprendidos que llevamos muy arraigados en la vertiente social pese a que podamos sentir que no comulgamos con ellos. 

El problema viene sobretodo porque solemos separar lo personal de lo social, sin comprender que van de la mano. Lo personal es político. Y no hay más. Cómo vivimos, cómo nos relacionamos o  cómo nos tratamos en la intimidad; es un claro reflejo de lo que pasará fuera, en sociedad.

No hemos recibido una educación empática, ya que vivimos en una sociedad competitiva y depredadora en la que, ante abusones en el colegio, nos decían que era mejor invisibilizarnos y pasar desapercibidxs. Que si te atrevería a llorar en público sería tomado como signo de debilidad y que hablar de ello era de chivatos. ¿Cuál es la repercusión de invisibilizar un problema que afecta tan directamente a nuestro desarrollo emocional y social? ¿Cómo llegar a ser adultos “funcionales” si las bases sobre las que nos construimos no son sólidas?

Quizás hoy sea un día interesante para reflexionar sobre cómo estamos actuando con los demás y qué ejemplo estamos dando a las nuevas generaciones. Si queremos cambiar la sociedad tenemos que empezar a cambiarnos a nosotrxs mismxs.

De Peculiares

Mujeres que viven con sus agresores: pautas sobre cómo actuar

23 de abril de 2020

Laura Marcilla

Hace más de un mes que se inició el confinamiento debido al Covid-19 y creo que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todos tenemos ganas de volver a la “normalidad”. El encierro no es una situación sencilla, aunque entendamos que es necesaria, pero hay algunos sectores de la población que quedan más expuestos y cuyos riesgos son aún mayores en estas circunstancias. Hoy voy a hablar en concreto de las mujeres que conviven con sus agresores.

Varios países ya han señalado que una de las consecuencias que están detectando a raíz del confinamiento es el aumento de las peticiones de ayuda por parte de víctimas de violencia de género. España también ha registrado un aumento de llamadas al número 016 de casi el 50% en comparación con el mismo periodo del año anterior. En concreto, en la primera quincena de abril, se han atendido un 47.3% más de contactos telefónicos.

No podemos asegurar que este dato represente un aumento de la violencia de género, pues quizá estas situaciones ya existían previamente pero ahora se esté acudiendo en mayor medida a estos recursos. Es posible que la convivencia continuada con los maltratadores esté acortando los ciclos de la violencia o redundando en un mayor número de explosiones de violencia que finalmente hacen que la víctima se decida a pedir ayuda.

Sean cuales sean las causas y las interpretaciones, hay mujeres que están sufriendo especialmente en esta situación y merecen recibir ayuda y conocer algunas pautas sobre cómo actuar para garantizar su seguridad.

En primer lugar, nunca está de más recordar que la violencia no tiene por qué ser sólo física. Algunas veces cuesta más reconocer la violencia de género precisamente porque no se manifiesta siempre en forma de golpes o empujones. La violencia psicológica (humillaciones, amenazas, insultos…), la violencia sexual (abusos, chantajes, agresiones sexuales…) y la violencia ambiental (romper objetos, golpear paredes, destrozar posesiones ajenas…) son también violencia y no debemos restar importancia a sus efectos.

Además, aunque en este artículo pretendemos ofrecer algunas pautas para ayudar a las víctimas a pedir ayuda y a mantenerse a salvo, somos muy conscientes de que la violencia de género es un problema de toda la sociedad, por lo tanto, no debemos poner el foco exclusivamente en las mujeres que la padecen de forma más directa. Argumentos como que “son cosas de familia” o que “los problemas de pareja se resuelven en pareja” no deben impedirnos intervenir si somos testigos de violencia de género.

Si escuchamos gritos, golpes o discusiones agresivas por parte de nuestros vecinos, nuestro deber es denunciar esta situación. Cuando intentamos permanecer neutrales frente a las injusticias no estamos sino tomando parte del lado ofensor.

Y ahora, ¿qué cosas se pueden hacer cuando se vive una situación de malos tratos durante el confinamiento?

– Existen recursos como el teléfono 016 que son totalmente gratuitos, anónimos, disponibles 24 horas y no dejan rastro (ni siquiera en la factura). Este teléfono dispone de atención en 52 idiomas diferentes y, para personas que tengan dificultades en el habla o la escucha, se ha habilitado también el siguiente número: 900 116 016. También dos números de móvil están accesibles constantemente por WhatsApp y son atendidos por psicólogas especializadas en esta problemática. Son el 682916136 y el 682508507. Si decides hacer uso de ellos sí te recomendamos borrar o archivar las conversaciones al finalizar, especialmente si crees que tu pareja podría controlarte el móvil.

– Lo mismo ocurre a la hora de consultar páginas webs o incluso artículos como éste, es aconsejable hacerlo desde el “modo incógnito” del navegador o procurar borrar el historial después, ya que, si el agresor descubre que se está intentando buscar ayuda, puedes exponerte a una situación más peligrosa.

– Ante casos de peligro inminente, es preferible llamar al número de emergencias 112, que puede movilizar rápidamente a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

– Esto mismo también se puede realizar a través de la aplicación móvil ALERTCOPS.

– Te aconsejamos no manifestar nunca a tu agresor la intención de irte o romper la relación, ya que podría reaccionar de forma agresiva y poner tu integridad en riesgo.

– Si puedes, ten preparada una pequeña mochila con objetos importantes en caso de que necesites abandonar el domicilio urgentemente. Intenta guardar en ella dinero, tarjetas de crédito, llaves del coche y documentación. Lo ideal sería tenerla guardada en un sitio donde tu agresor no la pueda encontrar y descubrir tu intención de abandonarle, pero al que puedas acceder en poco tiempo por si tienes que coger las cosas y salir rápido de casa.

– En caso de un estallido de violencia, intenta encerrarte en una habitación segura, a ser posible con cerrojo, y que esté cercana a una salida o una ventana por si necesitaras pedir ayuda. En la medida de lo posible intenta no refugiarte en habitaciones donde haya objetos peligrosos de los que él pueda hacer uso, como por ejemplo la cocina.

– Si necesitas pedir ayuda porque consideras que estás en peligro, puede ser recomendable gritar “fuego” en lugar de “socorro” o “ayuda”. Haz el máximo ruido posible para intentar que alguien te escuche si temes por tu salud.

– En caso de una agresión, protégete la cabeza con los brazos o hazte una bola sobre ti misma para proteger los órganos vitales de los golpes.

– Sabemos que es difícil y que no es una medida que esté al alcance de todas las mujeres, especialmente en estas circunstancias, pero también puede ser aconsejable aprender nociones básicas de defensa personal, aunque sea a través de tutoriales o vídeos online (eso sí, recuerda borrar el historial al terminar).

– Si puedes, establece una contraseña con amigos, familiares o vecinos para que sepan identificar cuando estás en peligro y pidan ayuda por ti. Podéis escoger una frase o una palabra aparentemente inofensiva por si tienes que hacer uso de ella estando en presencia de tu agresor. En este sentido, si no tienes intimidad para llamar al 016 estando sola en una habitación, también puedes llamar fingiendo que es una llamada para cancelar una cita médica y de esta manera proporcionar tus datos y responder a las preguntas que te hagan con “sí” o “no” sin levantar sospechas. También en las farmacias puedes ir a preguntar por Mascarilla19, entenderán que es un código y te ofrecerán ayuda. Otra forma de contactar con la policía sin desvelar tus intenciones de pedir ayuda es simular que vas a pedir comida a domicilio, de está forma podrás dar a conocer tu ubicación.

– Si consigues salir a la calle, intenta mantenerte en sitios públicos. Tranquila, salir del domicilio para escapar de una situación de violencia de género es una de las excepciones por las que sí se puede salir a la calle. Si no tienes otro lugar a donde ir, la policía o los servicios de atención a víctimas te remitirán a servicios de acogida. Es cierto que en estos sitios rara vez permiten la entrada con animales, así que, si tienes mascotas y te preocupa lo que pueda pasarles si te vas, contacta con este número (673765330) donde han puesto en marcha un servicio para gestionar lugares seguros para los animales.

– En la medida de lo posible, intenta no recurrir al alcohol ni abusar de tranquilizantes u otros medicamentos durante el confinamiento, ya que reducen nuestra capacidad de reacción en caso de necesidad.

– Por último, si tienes hijos, intenta enseñarles a pedir ayuda o a marcar los números de emergencia ante una situación de peligro.

Es terrible tener que enseñar a las mujeres a actuar ante una situación de violencia porque no podamos evitar absolutamente todas las agresiones y los malos tratos son la realidad con la que conviven demasiadas personas. No obstante, si estás leyendo esto y sufres violencia por parte de tu pareja, debes saber que no estás sola, que nada de esto es tu culpa y que tienes derecho a recibir ayuda y apoyo para salir de esta situación. Nadie merece vivir con el infierno en casa.

De Peculiares

¡Practica el petting en la cuarentena!

15 de abril de 2020

Amaia Korta

Tras un tiempo de reclusión doméstica de 21, 22, 23... días, ya he perdido la cuenta desde que comenzó la situación de emergencia actual generada por el bichito, en la que millones de familias de todo tipo se encuentran metidas en sus casas y sin claras expectativas del fin del periodo del confinamiento, me ha surgido la idea, en base a la experiencia, sobre uno de los muchos beneficios a nivel sexual que se puede estar dando en los hogares; ¡¡¡el retorno del petting!!!

El petting podría definirse como todo tipo de caricias, besos, abrazos, toqueteos, arrumacos… que se dan y reciben en beneficio del placer, en definitiva, una práctica sexual no penetrativa, placentera y con el propósito del disfrute en la erótica compartida.

Dada la situación de confinamiento permanente en la que se debe convivir entre adultos e hijos las posibilidades de que cualquiera de los vástagos irrumpa en la alcoba conyugal aumentan coyunturalmente, con la consiguiente conversación o no que se deba dar tras el “ups, nos han pillado”.

Siendo la situación en sí un factor inhabitualmente estresante es importante, necesario y vital, desde mi humilde opinión, el hecho de mantener los encuentros eróticos en la medida de lo posible. Porque no estar más tiempo juntos, incluso todo el tiempo juntos, significa “sine qua non” follar más.

Es una buena oportunidad de reciclaje y crecimiento en pareja el hecho de poder practicar el tan olvidado petting y, así, mantener los encuentros eróticos tan necesarios para conservar la llama del placer compartido candente.

Para aquellos que os estéis rascando la cabeza tipo qué puedo hacer yo para innovar en mi lecho he aquí alguna propuesta:

– Masaje en cualquier zona del cuerpo que apetezca o guste. Se puede realizar con música o sin ella, con velas, incienso, más o menos luz, con el uso de la vista o no… al gusto del consumidor.

– El juego de escribir y/o dibujar algo en el cuerpo del partenaire y que lo deba adivinar disfrutando de la sensación de placer corporal generado por el cosquilleo de la rúbrica que ello conlleva.

– Mordisquear leve o más fuertemente alguna zona de la pareja, también se puede arañar.

Todo es cuestión de empezar y dejarse llevar por las sensaciones y arrastrarse hasta donde uno desee.

Dicho esto, a tocarse y disfrutar en periodo cuarentenal ya que no hay mal que por bien no venga.

De Peculiares

¿Estamos preparado/as para el día que nos digan: puedes salir de casa?

8 de abril de 2020

Monica Leiva

Todos y todas estamos esperando como agua de mayo la noticia que nos diga que la pandemia que estamos viviendo está controlada y que se nos permite volver a la vida que teníamos antes de que empezara esta crisis.

Pero me temo que esa vida anterior no se recuperará con un chasquido de dedos. Ha sido muy fácil arrebatárnosla, pero no será tan fácil que nos la devuelvan. No hay que ser muy observadora para intuir que el coronavirus nos dejará de regalo una crisis económica como nunca se ha conocido, con una desigualdad social y desempleo brutal en el cual las personas con menores ingresos serán las más afectadas.

Además, esto lo que hará es precarizar todavía más a los sectores laborales donde trabajan más mujeres; cuidadoras, cajeras, limpiadoras, y que, irónicamente, ahora son las que más se exponen ya son las que no se pueden quedar en casa, al ser trabajos imprescindibles, imprescindibles pero precarios en muchos casos.

Pero aparte de los efectos negativos sobre la economía y el empleo, lo que me temo son otro tipo de repercusiones en la vida de la gente. Aunque todavía es un poco precipitado para hablar de las consecuencias que va a tener el coronavirus en las personas, parece que la pandemia del Cov-19 dejará paso a otra pandemia, más grave si cabe, una pandemia de personas con problemas de salud mental.

Porque estar en casa sin poder salir durante semanas, en un estado de intranquilidad y malestar, en la mayoría de casos, con la incertidumbre de qué pasará con nuestras vidas y con las vidas de las personas que queremos, sin abrazos, con el contacto físico limitado a aquellas personas que viven con nosotrxs, eso si somos afortunadas y afortunados de vivir con alguien, dejará secuelas en mucha gente.

No pretendamos que después de habernos metido miedo con los contagios, un día salgamos a la calle y, de buenas a primeras, nos empecemos a abrazar y besar como si no hubiese un mañana con todo el mundo. El miedo no se irá nada más salir a la calle. Es posible que se instale en nuestras vidas y nuestros cuerpos durante más tiempo del que quisiéramos.

Las relaciones sociales no serán iguales a los días previos a la pandemia, mucha gente saldrá con miedo, a pesar de que digan por los medios que el virus está controlado. ¿Y si hay otro repunte y si después es peor y si volvemos a confinarnos pero más tiempo? No es tan fácil volver a la tranquilidad.

Eso sin contar que la situación de alerta nos está llegando a provocar una gran culpabilidad. El miedo a que se propague la enfermedad nos lleva a aislarnos, a no socializar, ¡quédate en casa!  La responsabilidad, y la culpa, recaen en las y los ciudadanos.

Se habla que el confinamiento es para proteger la salud de la población, pero son estas medidas severas para interrumpir la trasmisión del virus las que acaban de verdad afectando la salud y bienestar de muchas personas; ansiedad, sedentarismo, falta de cuidados, soledad. Se nos ha puesto el foco en el miedo y no en la salud.

Pero no se nos hace cuestionar de qué manera nos afecta la precariedad, los ritmos rápidos de vida, la mala alimentación y todos aquellos factores que nos impide desarrollar una salud de manera integral y que nos debilitan ante enfermedades y virus. Salud debería de ser mucho más que luchar contra un virus.

¿Cómo vivíamos antes de la crisis?, ¿nos cuidábamos? Ahora no se para de hablar de protección de la salud cuando en nuestra sociedad nunca se ha promocionado la salud, venimos de una sociedad que no ha promovido los estilos de vida saludables, y ahora de pronto, debemos de quedarnos en casa por salud.

Muchas personas viven desconectadas de sí mismas, procurándose todo tipo de distracciones superficiales para no estar con ellos y con ellas mismas y esto no parece que vaya a cambiar, siguen desconectadas en confinamiento y esto seguirá igual cuando salgamos. Y esta falta de conciencia de cuidar un cuerpo y una mente que son nuestros y que nos acompañan toda nuestra vida debilita la salud colectiva más que cualquier virus.

Después de la crisis sería importante cambiar este enfoque y tejer redes de cuidados mutuos y poner el bienestar y la salud en el centro. Pero mientras que no pongamos el foco en la salud y el cuidado, no aprenderemos nada de esta crisis, me temo.