De Peculiares

“Mamá, ¿de dónde vienen los niños?” y otras preguntas que asustan a familias

"La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo" Nelson Mandela

 

Norma J.Brau

13 de noviembre de 2019

¿Por qué los niños tienen pilila y las niñas tienen pepe? ¿Cómo se hacen los niños? ¿Duele perder la virginidad?... y otras muchas preguntas terroríficas ponen a familias al borde de un ataque de nervios y les lleva a preguntarse: ¿De qué puedo hablarles y de qué no? ¿Qué tono es el adecuado en la educación sexual? ¿No será demasiada información? Si tienes serias dudas con peques de tu entorno… ¡sigue leyendo!

Muchas veces quienes no son profesionales de la Educación Sexual piensan que es una tarea difícil de llevar a cabo en casa, en un entorno educativo informal… sin embargo, que sea difícil no significa que no hagamos Educación Sexual. Es más, hacemos Educación Sexual; todos los días, mucho más de lo que pensamos. 

Damos mensajes sobre qué es ser mujer y ser hombre, transmitimos nuestras ideas sobre las relaciones y el amor… Por lo tanto, ya que lo hacemos, ¿qué tal si lo hacemos de manera consciente?

Antes de nada, pregúntate, ¿qué quieres transmitir? 

Está claro que si te has planteado que “tienes que hablarles de sexo” es porque algo les quieres contar. Un mensaje claro, una idea que crees que necesitan o te gustaría que compartiesen. 

Es muy importante diferenciar también tus deseos y necesidades de los suyos. Es probable que tengas miedo de qué les pueda pasar con sus sexualidad, en su desarrollo, en su crecimiento… pero hacer tu miedo el de ellos no ayudará. 

Ten claro qué les quieres decir y con qué finalidad y diferéncialo de las emociones y sentimientos que te guían en esta dirección. 

Comparte tus dudas y miedos 

Diferenciar la información a transmitir de tus sentimientos y emociones no es que debas ocultar todo esto. ¡Claro que les puedes compartir cómo te sientes, hasta si es negativo! Habla sobre tus emociones, no desde ellas. 

La confianza se genera construyéndola. Viéndote como alguien cercano y que habla con sinceridad, los peques de tu entorno se sentirán mucho mejor acogidos que en otros contextos para compartir sus vivencias.  

Recuerda tus límites

Límites de funciones, límites morales, incluso límites de conocimientos… Eres un ser humano, si bien puedes parecer la mismísima Wonderwoman o el mismísimo Superman con todo lo que haces por tus peques, no lo eres. 

Si hay cosas que debe compartir con otras personas (grupo de iguales, familia…) lo sugerimos. 

Si hay algo en lo que nuestra moral nos impide hacer un buen acompañamiento, lo exponemos. 

Si hay información que desconozco, lo reconocemos y ofrecemos hacer una búsqueda conjunta de información. 

Lo importante es ser referentes de confianza, como personas adultas somos un buen filtro de mucha desinformación y riesgos que en edades más tempranas se pueden llegar a tomar desde el desconocimiento. 

¡Fuera vergüenzas… en el lenguaje!: lo que no se nombra no existe

Esto cuesta mucho. Es más, a quienes estudiamos sexología en su día nos costó, pero es imprescindible. 

No vamos a pedir que todas las familias y entornos educativos se vuelvan naturistas y que se viva en pelota picada. Es más, intentar ser más moderna/os de lo que en realidad somos es contraproducente. 

Donde sí importa poner el foco es en llamar a las cosas por su nombre. Como nos decían en el máster, “lo de abajo son los pies”. Igual que los brazos, los ojos y la nariz, los genitales, las gónadas y otras partes del cuerpo tienen sus nombres: vulva, vagina, clítoris, pene, glande, escroto… 

Tampoco pasa nada por llamar a cada práctica como lo que es: estimulación oral de genitales (o sexo oral), masturbación, penetración (no suele ir de más especificar el tipo de penetración de la que hablamos, por ejemplo, “del pene en la vagina”).

¿Qué es peor, entrenarse para decirlas o saber que esa personita en un futuro se va a sentir avergonzada y no va a tener recursos suficientes cuando, por ejemplo, en una consulta médica de revisión habitual tenga que hablar sin conocer términos? 

Imaginaos el corte de acabar diciéndole al médico que “por la chirla no te han metido nada aún” o que “te pica el nabo demasiado” 

Adaptar mensajes, atender y entender etapas

Obviamente, sí que algunos mensajes requieren una adaptación a la edad. Pero eso sólo afecta al nivel de complejidad de las palabras que elegimos. No al nivel de cuán explícitos son los mensajes que damos. 

Igual que debemos asegurarnos de hacer nuestro mensaje comprensible, debemos asegurarnos de que hemos entendido qué inquieta a quien recurre a nosotra/os. Para ello, a veces, en lugar de responder exactamente a lo que dice nos ayuda preguntarnos “¿por qué me lo pregunta?”.

Por ejemplo, imaginaos que una adolescente os pregunta si duele ponerse un tampón, ¿qué hay tras esa pregunta? Un posible miedo a probar el tampón, desinformación sobre su propia anatomía… Sólo atendiendo a estas necesidades podremos responder en profundidad.  

Donde fueres… harás lo que vieres 

Somos un modelo, a seguir o no, eso ya lo irán decidiendo, pero somos un modelo, un referente. No podemos exigir cosas que incumplimos o desaconsejar cosas que luego hacemos.

Por ejemplo, no podemos pedir a peques que no se rían ante determinadas conductas y luego hacerlo nosotra/os o decirles que no vean la televisión o determinado programa y luego no parar de hablar de lo bueno que es con otras personas adultas.

Tal vez estos consejos sean suficientes, tal vez quieras más o incluso tengas tus propias dudas o interés en obtener otros recursos para la Educación Sexual. Si ese es tu caso, tenemos una cita pendiente el día 30 de noviembre en Los Secretos de Mar.

De Peculiares

Sexo después del parto: dificultades, preguntas y dudas

Sexo después del parto: dificultades, preguntas y dudas

1 de julio de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

Hay un desconocimiento general de cómo es la sexualidad femenina tras dar a luz. Hablaremos de mujeres ya que todavía la mayor parte de la población que vive un embarazo y da a luz son de género femenino, hay algún caso de varones trans que gestan y da a luz pero aún son casos muy esporádicos. Lo que sí es cierto para todxs es que la llegada de un bebe cambia la vida en todos los sentidos y el sexual no es una excepción.

Una de las primeras cosas relacionadas con la salud sexual en las madres recientes es la falta de deseo, alrededor de la mitad de ellas continua sin deseo al año de haber parido. Muchas mujeres se preguntan si esta pérdida de la libido es normal. Hay mucha desinformación sobre la sexualidad en el posparto y es porque en las clases de preparación no se hace educación sexual, se suelen limitar a impartir conocimientos de cómo cuidar del bebé, la fisiología del parto y los protocolos para ir al hospital. Es por ello que las molestias varias como la pérdida de deseo, el dolor durante las relaciones cóitales y la falta de lubricación sorprende a muchas mujeres tras dar a luz.

Lo que no saben, por ejemplo, y deberían saber es que durante el llamado puerperio o periodo de recuperación tras el parto, se desaconseja el coito, ya que el útero ha de volver a su tamaño, la vagina se debe de recuperar del traumatismo del parto si ha habido desgarro o episiotomía, y es necesario que cicatrice y cese el sagrado posparto (loquios). Lo cual no es sinónimo abstinencia sexual, es un momento de redescubrir los cuerpos mediante los besos y caricias, aunque sigue muy presente la presión para que las mujeres regresen a las relaciones con penetración cuanto antes. Pero es posible, y muy normal, que la mujer rechace la penetración y que tampoco desee que le toquen los pechos ya que los relaciona con la comida de su hijo, en el caso de haber optado por la lactancia materna.

Por este motivo es tan necesario hacer una buena educación y asesoramiento en temas de sexualidad en esta etapa, hay que educar a las mujeres y también a los hombres que la sexualidad es mucho más que genitales y pechos y se puede y debe explorar otros puntos del cuerpo, a veces un suave masaje en los pies o en la espalda es suficiente para no perder esa conexión con la pareja que en estos momentos se hace tan necesaria.

¿Qué se puede hacer si se pierde el deseo? El deseo es algo que tiene mucho que ver los con los factores externos y en el caso de las madres recientes hay una situación nueva en su vida, menor intimidad, mayor preocupación por el bebe y más agotamiento. Además no debemos de olvidar el factor hormonal, tras el parto aumenta la prolactina, esta es la hormona productora de leche y disminuyen los estrógenos y con ello el deseo. Según un estudio llevado por varios centros sanitarios de Barcelona y publicado por la revista Matronas (Matronas Prof. 2010; 11 (2) : 45-52), las mujeres que dan el pecho presentan menor libido que las que no. Es importante trabajar con ellas el factor psicológico  y los cambios que conlleva la maternidad.

Otro inconveniente del que no se habla es la sequedad vaginal tras el parto, esto pasa debido a que la lactancia materna impide la ovulación y esto a su vez lleva a niveles bajos de estrógenos que conllevará un epitelio vaginal más frágil lo que conllevará molestias en las prácticas con penetración. Si se desea penetración la solución es darle tiempo a que lubrique de manera natural y si es necesario se puede recurrir a un buen lubricante.

Otro aspecto que no se tiene en cuenta en este periodo es el papel de la pareja. Con la pareja es importante organizarse para poder disfrutar de espacios de intimidad, abrazarse y conectar. Así mismo es fundamental que la madre tenga su propio espacio de autocuidado, que pueda dedicase un tiempo sin el bebe, aunque sea unos minutos al día, tomarse un té, tener una charla relajada con una amistad por teléfono. Sólo desde el auitocuidado podemos disfrutar de una sexualidad más plena y consciente.