De Peculiares

COVID19: Obedientemente solidarias

20 de marzo de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

Quiero vomitar. Estoy hasta el coño de leer y escuchar: “no es pa tanto esto de estar 15 días en casa.” Aprovecha, es una oportunidad que te cagas para cuidarte, estar con lxs tuyxs, hacer aquellas cosas que normalmente no tienes tiempo de hacer...” ¡Una  maravilla joder! ¿Por qué no lo hemos hecho antes si es tan guay?

Y además parece que ha sido una decisión nuestra, hemos decidido parar y cuidar el planeta, limpiar el aire, darnos tiempo para cuidarnos, de ser de repente una sociedad súper solidaria, de valorar el trabajo de las aquellas que cuidan de nosotras... Me da asco tanta hipocresía, porque para empezar quedarnos en casa es lo más individualista y egoísta que podemos hacer. 

Lo que pasa de puertas adentro, nos importa una mierda, ¡apañatelas! No es casualidad que esta Europa reaccione de esta manera y no de otra, porque sí amigas, se puede hacer algo diferente con lo que está pasando, siempre se puede. Pero como no creo en las casualidades y sí en las causalidades, me cuestiono la eficacia de estas medidas, desconfío de aquellos que toman las decisiones por mí, desconfío de este sistema que ahora es la hostia de majo y sólo pretende cuidarnos, nada más. El capitalismo se ha pintado la cara de buena gente y nos lo hemos comido con patatas.

 No vayamos de tan guays y aceptemos que esta decisión no la hemos tomado nosotras. Los que supuestamente nos representan son los que lo han tomado por ti y lo han hecho de manera que tú sigas pensando que lo has hecho tú porque eres una ciudadana ejemplar y solidaria. Y no digo que no lo seas, pero quedarte en casa por miedo a enfermar y morir, no te hace solidaria de un día a otro. 

Lo que pasa es que tenemos al puto ejército controlando las calles, a policías poniendo multas estratosféricas a aquellas que son rebeldes y salen a la calle a tomar el aire, hemos cerrado fronteras, hemos paralizado a todo un estado sin dejar que las trabajadoras podamos tener dinero para sobrevivir, tenemos a toda una ciudadanía haciendo de policías y jueces por nosotras y entre nosotras. 

De un día a otro nos dicen que hay un enemigo acechando por las calles y es muuuy peligroso, el más peligroso de los últimos tiempos. Tiene tanto poder que es capaz de encerrar a toda una población, pero tranqui, es por tu seguridad. ¡Ah! Pero puedes ir a comprar y a trabajar, que ahí el enemigo no ataca al parecer. 

Es curioso cómo nos estamos tratando entre nosotras. Gritamos a aquella que ha salido a correr ¡Insolidaria! ¡Infectada! ¡Vete a tu casa! Cuánto potencial interno nos saca a la policía que llevamos dentro… ¡eh! Somos grandes juezas y represoras, eso se está demostrando. Pero con los que están tomando decisiones que afectan directamente en nuestras vidas, nadie les dice nada y nadie se cuestiona nada, son los que nos van a salvar de esta gran epidemia. 

El éxito reside justo en esta sensación que tenemos de controlar la situación: si me quedo en casa, me salvo. Si voy a la calle: muero. Es como si por un proceso interno largo y profundo, hubiéramos decidido por solidaridad cuidarnos entre nosotras y parar. No ha sido así y hemos reaccionado obedientemente a sus mandatos. Han dicho en la radio que tenemos que ser una sociedad disciplinada para hacer frente a este gran enemigo en forma de virus. 

Yo no quiero vivir en una sociedad obediente, quiero vivir en una que sea crítica, que piense y cuestione. Me atrevo a decir que las consecuencias de este encerramiento van a ser más graves que las consecuencias del coronavirus: pobreza, conflictos relacionales, daños emocionales, nuevos métodos de control, precariedad, desigualdad, miedo, desconfianza... 

Tener un pensamiento crítico no te convierte en insolidaria, no somos malas personas. Han conseguido que lo sintamos así, si tenemos preguntas y dudas con lo que estamos haciendo nos tachan de irresponsables, dicen que no nos tomamos en serio la salud... en fin. Y tenemos razones para estar enfadadas. 

Están restringiendo nuestros derechos en nombre de la salud y ante esto tenemos que reaccionar ejemplarmente: calladas y obedientes. Y además, tienes la responsabilidad individual de llevarlo bien porque ¡puedes aprovechar esta gran oportunidad para estar contigo misma y con la familia! ¡¡Yupi!!! 

Eso sólo podemos hacerlo las más privilegiadas. Aquellas que viven en una casa de mierda no pueden hacerlo, las que viven con sus agresores, las que no tienen más remedio de compartir casa con peña que ni siquiera mira, aquellas que sufren de ansiedad, miedo, tristeza, pánico, aquellas que necesitan trabajar porque si no, no van a poder dar de comer a sus criaturas. Y no, no todo el mundo puede trabajar desde casa. 

Desde mi casa privilegiada no quiero acabar sin nombrar a todas las iniciativas populares de cuidados que han surgido estos días. Movimientos que en muchos lugares no están siendo apoyados por las instituciones. Y movimientos que sí se han creado desde la solidaridad buscando llegar a aquellas que no lo tienen nada fácil para sobrevivir a estas medidas, movimientos que buscan el cuidado y hacen porque su pueblo esté lo mejor posible a cambio de 0 euros, no ingresando y gastando. Gracias. Tomate un ratito para pensar y cuestionar lo que pasa, ¿tienes tiempo de sobra verdad?

De Peculiares

Hasta el coño del Satisfayer

24 de febrero de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

No me ha contratado ninguna empresa ni ninguna marca para escribir lo que voy a expresar y tampoco es que quiera comenzar una campaña en contra de este producto, sino que esta moda hace que me plantee ciertas cuestiones. ¿Por qué interesa que este producto que promete mucho placer esté al alcance de todas? ¿Qué tipo de experiencias vende? ¿Se trata de una revolución? ¿Nuestros orgasmos en manos de una maquinita?

Lo primero que escuché con este maravilloso producto es que nos ofrece muchos orgasmos en muy poco tiempo. Paremos un rato. Los valores que buscamos y encontramos cuando compramos algo así son cuantitativos; tiempo y cantidad. Llamadme loca, pero me suena a capitalismo rancio. ¿Qué guapo tener muchos orgasmos en muy poco tiempo verdad? Así seguimos teniendo tiempo para todo lo demás, pero estamos de lujo porque nos hemos corrido mogollón y nos sentimos realizadas. Partiendo de esta premisa se me ocurren algunas consecuencias negativas en esta revolución que queremos llevar a cabo donde buscamos el reconocimiento de la diversidad, la legitimidad de todos los cuerpos, la visibilización de deseos, la equidad, la denuncia de un sistema opresor, cambiar el capital por el bienestar y el cuidado...

Por un lado, asociar orgasmo con satisfacción plena me parece como poco peligroso. Venimos (y seguimos) de valores morales que asocian el orgasmo como el punto máximo del placer, donde los encuentros eróticos acaban cuando él se corre, donde el coito sigue siendo la práctica última y todo lo demás se convierte en preliminar, donde los genitales siguen teniendo un papel principal en los encuentros... Tenemos la misma partitura para tan diversas identidades, modos y matices.

Y peña, podemos flipar en colorines con un encuentro sin tener un orgasmo, podemos tener orgasmos de mierda en encuentros que no valen para nada, tenemos la capacidad de sentir placer más allá de los genitales, jugar sin límites y sin guion... Pero seguimos insistiendo y queremos cada vez más, volvernos como ellos. Porque ellos se han condenado a sus penes, quieren acabar cuando se corren, quieren follar mucho y con cuantas más mejor. Se trata de una erótica falocentrista, coitocentrista y heterosexual, por supuesto.

¿Y qué es lo que nos han vendido? Pues un juguetito que nos da muchos orgasmos en muy poco tiempo. Guapísimo. Ahora la puta ama es aquella que tiene 12 orgasmos en 5 minutos. Y no digo que no lo sea, pero me preocupa el tema, no quiero volverme como ellos. Orgasmar es la hostia, sí, pero no creo que con eso nuestros encuentros mejoren de por sí. Creo que la revolución es no llamar a algunas prácticas preliminares, creo que es interesante desgenitalizar la erótica, no poner el orgasmo como fin último y deseado, valorar la voluptosidad de los cuerpos, valorar el hecho de jugar por jugar y no para conseguir ninguna meta concreta.

Por llamarlo de alguna manera, me gustaría feminizar la erótica, valorar aquellas cosas que amplían el abanico a todas las peculiaridades que existen y no dejar a nadie fuera. Qué pasa con aquellas que no orgasman, con aquellas que su clítoris no es la principal fuente de placer, aquellas que tienen prácticas no genitales, aquellas que no tienen más de un orgasmo...

Tengo la impresión de que nos la han metido de nuevo, que caemos en el mercado de la rapidez y del producto y nos desvía de nuestro camino. Seguir utilizando sus mismos términos como medidores de placer me parece un error: orgasmo no es igual a un encuentro satisfactorio. Lo siento, pero no lo es. No tener orgasmos no significa no haber disfrutado, lo siento de nuevo. Entiendo que el coño ha sido invisibilizado, el clítoris ni te cuento y soy militante de su reconocimiento y uso. Pero cuidado por el camino que es muy fácil caer en las mismas trampas que ellos han caído. Utilicemos (o no) estas herramientas como parte del juego, como herramienta para el autocoñocimiento, pero no como fin último. La revolución está en ampliar, no en centralizar.

De Peculiares

He llegado a mi límite

27 de enero de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

Tengo la suerte de trabajar rodeada de jóvenes que me enseñan infinito y me muestran su realidad y la comparten conmigo. Afortunada yo. Así que os quiero contar algo que me mostraron y lleva días dando vueltas en mí. Los límites. Cómo nos cuesta poner límites a las mujeres, qué mal lo podemos llegar a pasar por no poner límites a lxs demás, por miedo de hacerles daño o de simplemente perder su “amor”.

Os pongo en contexto. Estuvimos hablando sobre la autodefensa feminista, del derecho y capacidad de defendernos. Es la hostia comprobar que nos sentimos débiles porque así es como nos han tratado; cuidado con los chicos, no vuelvas sola a casa, te pongo una aplicación que nos dice dónde estás constantemente por tu seguridad... Nos hemos creído que no podemos defendernos, nos hemos creído que somos potencialmente víctimas de cualquiera que nos quiera hacernos daño, que somos débiles. Con esto no quiero pretender que no tengamos nuestro lado débil y que efectivamente, hay mucho cabrón que quiere hacernos daño, lo sé. Pero que sintamos el permiso para defendernos, de poder decir hasta aquí hemos llegado, nos puede salvar la a veces maldita vida. La jodida indefensión aprendida.

Seguimos charlando sobre ello y llegamos a un tema que me pareció muy interesante. Cómo nos tratamos entre colegas, entre tías. Están en una edad donde lo más importante es ser parte de algún grupo, sentirse aceptada, saber que eres alguien. No creo que esta etapa se supere nunca, no hay más que vernos. Pero su vivencia es muy intensa y así lo expresan. Empiezan a cuestionar su identidad, comienzan a dar lugar a sus deseos, a expresar que son sujetos eróticos, a explorar sus cuerpos y los otros.

Todo esto con la mirada fija y dura de las amigas. No sé cómo será en otros países, pero en Euskal Herria, las cuadrilas son una institución más y como todas las cosas, tienen lados positivos y negativos. Uno de ellos, es que se convierte en una especie de torre de control y a veces, como un jurado. Los movimientos que se salgan de lo establecido por el grupo, son juzgados y comentados por las demás. Todas sabes que se habla de ellas y que son criticadas, pero nadie dice ni pio.

Yo flipaba con ellas, nunca se habían dicho que algo les había molestado o que se sentían dañadas por lo que sea. Me decían que cuando les pasaba esto, iban a sus casas y lloraban solas. Al día siguiente, tan normal. Son mis amigas, pero no les voy a decir que algo me ha molestado porque va a dejar de ser mi amiga o le va a doler lo que le vaya a decir, no quiero hacerla daño.

Qué curioso. Somos capaces de recibir y sentir daño por alguien, pero luego nos horroriza hacer daño a alguien. Es que las mujeres no hacemos daño, ¿sabes? Tenemos que ser comprensivas y aguantar como perras. Joder, vaya mierda. Si entre nosotras no nos ponemos límites, cómo hostia vamos a hacerlo en la jungla de ahí fuera, donde hay demasiada gente que quiere aprovecharse de nosotras, de nuestro trabajo, de lo que sentimos, necesitamos...

No quería ponerme dramática, así que pensé que era cuestión de edad. Pero.... ¡¡tachaaaan!! Al día siguiente tuve una conversación demasiado similar con mis colegas. Colegas que están más cerca de los 50 que los 30. La conversación era casi igual. Vi nuestra incapacidad de poner límites, la incapacidad de ser honestas y decir ¡basta! De expresar que no nos gusta algo o que nos hemos sentido heridas por lo que sea. “Cómo le voy a decir eso.... cómo voy a decirle que cuando me ataca me duele, que me siento como si me humillaras. Si se lo digo, se sentirá mal y ya no me querrá”.

Joder de nuevo. Cómo es posible que no nos defendamos de los ataques de nuestras propias amigas. Creemos que poner límites es dañar y para mí significa todo lo contrario. Poner límites es amar. Primero, amarte a ti y segundo, amar a la otra persona; no voy a dejar que me hagas daño, me quiero y me respeto. ¿Qué la otra persona pueda sentirse dañada? Claro. A nadie le gusta escuchar que la persona que amamos se haya sentido dañada por nosotras, nos jode, pero si la amamos podemos aprender a amarla. Y si no quieren aprender, podemos decidir si invertir nuestro tiempo con ella o no.

Pero para poner límites, tenemos que romper la creencia de que hacerlo está mal. No tenemos el deber de soportarlo todo, ni de ser empáticas con todo el mundo, ni de perdonarlo todo... Podemos ser agresivas. Agresivas a la hora de expresar lo que sentimos, de no guardarlo todo dentro y llevarlo en nuestras súper mochilas. Veo a demasiadas mujeres cargando con todo el peso y veo que las jovenzuelas vienen con las mismas tendencias (en este tema). Darnos permiso para decir hasta aquí hemos llegado, puede cambiar y mucho nuestras vivencias. Dar permiso a las jóvenes para defenderse puede salvarles. Dejemos de limitarnos tanto y pongamos más límites.

De Peculiares

¿Y tú quién te crees para desearme?

2 de diciembre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Mi cabeza casi siempre (siempre es demasiado tiempo) es una bomba de relojería. Pienso todo el rato, las ideas vienen y van y últimamente una de los pensamientos lo está ocupando el deseo. ¿Qué nos está pasando a las mujeres, sobre todo, con el tema de que nos deseen? Percibo rechazo al hecho de que los hombres nos deseen. Nos hace sentir objetos, cosas, nos sentimos hasta violadas, intimidadas.

Las ideas siguen bailando dentro de mí y llego a la conclusión de que no es que nos deseen, sino cómo muestran su deseo. Y digo; “vale, según cómo me miran me mola más o me da puto asco”. Y es tal cual, enseguida lo sientes en el cuerpo, reacciona ante las miradas ajenas. Algunas muestras te pueden hacer sonreír y otras hacerte huir. Pero, ¿sabéis qué?, que cada vez veo a menos mujeres sonreír y no sé si es porque no encontramos miradas deseantes que nos gusten o porque las rechazamos todas.

El cómo importa, es evidente, pero no me parece suficiente como respuesta y sigo indagando. El dónde y el cuándo también son relevantes ¿verdad? No es igual sentir que te desean en tu puesto de trabajo que en tu casita, no es lo mismo cuando estás de fiesta a cuando estás paseando para respirar después de un día jodido. No es lo mismo, porque nosotras no siempre estamos igual ni queremos siempre lo mismo. Por tanto, llego a la conclusión de que la reacción que siento cada vez que me encuentro en esta tesitura, mi estado cuenta y mucho, porque reconozco que  no todos los días, ni yo, somos iguales.

Tengo la impresión de que ésta última conclusión muchas veces no se toma en cuenta. Intentamos regularizar lo de afuera y estamos haciendo poco caso o ninguno a lo de dentro, aunque me consta que muchas estamos terapeutizadas a muerte. También opino que nuestra reacción depende muchiiiisimo de quién nos desea. Si me muestra deseo quien yo deseo, de lujo, encantada de la vida, pero al contrario si me encuentro con alguien que aborrezco y muestra signos de deseo, le llamo puto baboso. Porque siento el asco en mi cuerpo, claro está, pero no me impide reflexionar sobre ello. Me doy cuenta de que dentro de mis esquemas mentales hay mujeres y hombres que deseo y, por tanto, me encanta que me deseen, y tengo a otra peña que no entra dentro de mis parámetros. Esos parámetros no siempre son compartidos con la normalidad heteropatriarcal, pero tengo unos parámetros, me guste o no. Reconocerlo es bien.

Sigo sumergiéndome y cuestionando mis reacciones y mis exigencias para con lxs demás. ¿Acaso mis no deseadxs no tienen derecho de desearme? ¿Desear es un derecho? Nosotras como nadie, sabemos lo que es vivir la represión del deseo. Nos podían desear, los hombres, pero parecía que no teníamos ni la capacidad de desear. Las mujeres no podían ni debían, y todavía muchas veces parece que tampoco, desear. Éramos sólo deseables pero no deseantes. Qué putada. Pero no porque que te deseen sea una putada, sino porque nos negaban la posibilidad de desear, de elegir, de tomar la iniciativa, a mostraros cachondas y seductoras. Ahora parece que lo que buscamos es la categoría de deseante y aborrecemos a la deseable. Porque creemos que el ser deseante conlleva intrinsicamente más poder. ¿Creéis que es así? ¿Ser deseable es una actitud pasiva? ¿a todas nos tiene que poner cachondas la misma manera y la misma gente? ¿y si a mí me pone muy pero que muy cachonda que me seduzcan? ¿por qué nos ofende que alguien muestre su deseo hacia nosotras?

Creo que podemos estar empoderadas reconociendo nuestro lado deseable, no reconocerlo ni aceptarlo es ocultar una cualidad importante. Ser vulnerables nos fortalece. No quiero caer en la trampa que los hombres se han tendido a ellos mismos, nosotras hemos aprendido que la vulnerabilidad es un tesoro que hay que guardar, cuidar y compartir con quien nos salga del coño (o de donde sea). Somos vulnerables y no pasa nada. A veces nos gusta sentirnos deseadas por alguien en concreto, en el lugar y con los modos que hace que se nos moje el coño. Y no, no siempre me apetece gestionar el deseo ajeno y no, todo el mundo no tiene derecho a expresar su opinión sobre mi cuerpo. Pero creo que el deseo lleva apellido masculino y pienso que, como en muchos aspectos de la vida, la revolución está en feminizar las cosas, no que nosotras queramos ser como ellos. Seguir perpetuando esquemas de dominación, ocultando nuestras vulnerabilidades, competir en todo, hacernos las duras y fuertes, independientes, individualistas...

Ser deseables no nos hace más débiles. Sentirnos vulnerables no nos quita valor. Es incómodo muchas veces, nos remueve por dentro y hay que atenderlo. Pero también podemos jugar, jugar para no hacernos daño y empoderarnos. Porque podemos responder, sentir, querer, no querer, enfadarnos, agradecer... No me gustaría vivir en un lugar donde los deseos no tuvieran su sitio, donde no se ligue, donde no se seduzca, donde no se juegue. El juego está cambiando porque así lo queremos, las reglas de antes ya no nos sirven y reclamamos la diversidad de los juegos y jugadorxs. Muchas no queremos seguir jugando a un juego impuesto, donde nuestros quereres no se han tomado en cuenta, donde nuestro papel es siempre el mismo y nosotras amigas, no somos iguales ni queremos lo mismo.

Conocernos, saber lo que nos gusta, lo que no, cómo lo queremos, de quién lo queremos, dónde, cuándo... son herramientas potentes para poder garantizar la creación de nuevos escenarios donde nos podamos vivir más plenamente. Los “deberes” nos han traído a un escenario donde priman los juicios, culpas, desconocimiento, mentiras y relaciones de poder unilaterales. Los “quereres” nos pueden llevar a nuevos escenarios donde nos sintamos vivas, activas, participantes, poderosas... Que no se nos vaya la olla, no dejemos de jugar.  Si no puedo jugar, no es mi revolución.

De Peculiares

Tú qué vas a opinar, puta

Día contra la violencia de género

17 de octubre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Voy a putear un rato. Me refiero a que voy un rato a joder, pero no entendido cómo hacer daño a alguien, sino a la jodienda. A sacar a mi puta a pasear. ¿Y por qué me apetece sacarla? Pues porque ayer estuve en una charla de un sindicato de trabajadoras sexuales llamada Otras y me han inspirado. Lo de “voy a putear un rato” lo dice una mujer de 90 y pico años que sigue dedicándose a la prostitución. Me hizo tanta gracia y me gusto tanto, que quería hacerle un guiño y mencionarla. Porque lo que no se menciona no existe y al parecer existen mujeres que se dedican a la prostitución y tan contentas. Sí, tan contentas, aunque nos cortocircuite el cerebro.

Este sindicato se creó para luchar a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales; actrices porno, strippers, prostitutas, bailarinas de pole dance... Un grupo de trabajadoras que está dando mucho de que hablar, porque al parecer todo el mundo se siente con la licencia de hablar de ellas y demasiadas veces por ellas. Era la primera vez que me encontraba en frente de una puta, pero no es la primera vez que hablo de ellas. Y esto hace que me pregunte: ¿Cuántas de nosotras conoce a alguien que trabaja como trabajadora sexual? ¿Por qué parece que todo el mundo sabe de ello y resulta que nadie habla con ellas?

Es la pregunta que le hice a la ponente, Concha. Y me contestó que era porque todo el mundo folla, y como folla todo el mundo, podemos hablar de ello. Hablamos de ellas como si fueran una pobrecitas, mujeres engañadas y desesperadas que no tienen otra que dedicarse a abrirse de piernas y vender su cuerpo. Porque sabemos que el cuerpo es un templo sagrado que no se debe compartir con cualquiera, ¿no? Hablamos de ellas como si todas fueran parte del tráfico de mujeres, como si todas estuvieran ahí porque un proxeneta las ha engañado y manipulado. Al fin y acabo, creemos que son gilipollas, mujeres sin criterio y explotadas. La mujer que tenía en frente no era gilipollas, ni tenía una pizca de tonta. Hablaba desde una posición empoderada, hablada de decidir trabajar de ello. Ella y muchas de sus compas deciden dedicarse a ello y lo que quieren es que el estado les de lo que les corresponde; protección laboral y social, un contrato que garantice los derechos laborales ya que tienen una relación laboral con sus clientes y, en muchos casos, con el empresario que lleva los clubs. ¿Es tanto pedir? Al parecer sí.

Están en contra de toda explotación, en contra de los proxenetas que siempre ganan dinero y nunca lo pierden, en contra de que nuestros derechos sean pisoteados, en contra del sistema capitalista patriarcal salvaje que ilegaliza a las personas. Pero ellas quieren que sus trabajos se reconozcan y piden ser una ciudadana más y no la última mierda de la sociedad. Porque ¿qué hay peor y más denigrante que ser puta, migrante y transexual? Dicen que ya no tienen nada que perder, porque nadie les reconoce nada, pero por ello, tienen todo que ganar y no se van a callar. Los jefecillos tienen que estar temblando porque es sabido que no les interesa para nada que haya trabajadoras empoderadas y menos que haya mujeres sin miedo dispuestas a luchar a lo grande.

Cuando decía que ya no tienen nada que perder, habló sobre las diferentes violencias que sufren como trabajadoras. A muchas nos vino a la cabeza la violencia ejercida por los puteros. Pues no amigas, ella ni los mencionó. Habló de la violencia policial, del estado, de la sociedad, de las ordenanzas municipales, de las sanciones económicas, deportaciones, de las retiradas de las custodias, de las amenazas institucionales, de la discriminación...

En los tiempos que se habla de feminismo liberal... ella hablaba de lucha obrera. Son trabajadoras, aunque mucha gente no las reconozca como tal. Decía que esta sociedad sigue siendo tremendamente clasista y racista. Clasista porque seguimos clasificando a las personas por su trabajo, su adquisición monetaria, sus apellidos, su estatus. Racista porque queremos que las gentes que no pertenecen a este maravilloso estado español trabajen en lo que nosotras no queremos trabajar y que cobren el mínimo sueldo posible y no tengan los mismos derechos. No quieren regularizar su estado actual, prefieren llamarlos ilegales y tenerlos en los suburbios aguantando situaciones tremendamente precarias e inhumanas.

La gente va a seguir queriendo venir a esta Europa que vende ser el primer mundo, donde todas las ciudadanas y ciudadanos vivimos en armonía y donde se puede ser feliz. Van a seguir viniendo porque ya nos encargamos de que en sus países la vida sea insostenible, porque el neoliberalismo no tiene intención de parar y seguiremos explotando sus tierras y su mano de obra casi gratis. Sabiendo que la migración es una realidad, sabiendo que la prostitución va a seguir existiendo ¿por qué no mejorar las condiciones de las protagonistas?

La ponente habló sobre el nacional abolicionismo. Se refería a todo este movimiento que se ha empeñado en machacar a las prostitutas y ahogarlas hasta puntos insospechados. Aquellas que hablan por ellas sin ni siquiera preocuparse en escucharlas. Ese movimiento que sigue favoreciendo al proxenetismo y la explotación. Porque si no mejoras las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras, quien sigue beneficiándose siguen siendo los mismos, los explotadores. ¿Cómo hacemos que desaparezca una profesión? ¿Precarizando más a quien menos tiene? ¿Poniendo multas a las mujeres que ocupan las calles para sacarse el sueldo? Es sabido que cuanto menos tienes, más necesitas y si no te dejan trabajar en condiciones reguladas, lo vas a hacer de manera que se considere ilegal. Porque necesitamos comer, vivir en un espacio seguro, movernos, socializar... Está claro que mantener a las putas calladas y escondidas sigue beneficiando al propio estado. No quieren manchar su imagen en apoyar a las trabajadoras sexuales, pero al mismo tiempo, siguen permitiendo que estas mujeres trabajen en condiciones lamentables y sin protección. La moral, ante todo. El sexo sigue siendo sucio y sagrado.

De Peculiares

No a la victimización, Sí al reconocimiento

No a la victimización, sí al reconocimiento

31 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Escribí hace tiempo un artículo que hablaba sobre la victimización. En él reflexionaba acerca de si la victimización era la mejor herramienta para el reconocimiento de nuestro dolor. Contestaba que no y he estado dándole muchas vueltas a esta cuestión. Decía que el empoderamiento es la herramienta más constructiva si queremos dar poder (adjetivo) a todas aquellas que se van a encontrar con las dificultades que este sistema pone en marcha para mantenernos a ralla. No contenta con mis reflexiones, he decido dedicarle otro espacio a esto que me importa.

Los daños causados por las innumerables represiones deben ser curados si queremos cambiar nuestro presente y mirar hacia delante. Curar a través del reconocimiento colectivo, no desde la profesionalidad médica, no estamos enfermas, estamos dolidas. El reconocimiento de que efectivamente no todas vivimos con las mismas facilidades, que algunas viven una realidad mucho más difícil de llevar dignamente, que no todos los deseos han sido aceptados, ni todos los cuerpos, ni todas las identidades, ni todas las prácticas... y podría seguir. Admitir este punto aliviaría muchos dolores y permitiría construir las bases de otro panorama donde el objetivo principal sea la felicidad y no la productividad.

Algunos colectivos ya se habían dado cuenta de esto hace mucho y no se han cansado de decírnoslo. Al parecer, las responsables de llevar este mensaje somos aquellas que nos hemos sentido fuera de la norma y por tanto las que nos hemos sentido víctimas de este sistema. Es lógico que sea así, al fin y acabo las que se quejan son aquellas que lo padecen. Pero también sabemos ir más allá y a través de lo que llamamos empatía (valor en peligro de extinción) y otras por simpatía (la mayoría)  sumarnos a otras luchas. Este punto resulta interesante ya que el mensaje se difunde y las realidades se hacen visibles. Creo que es necesario para cualquier lucha sumar empatizantes y simpatizantes.

En esto de buscar aliadas de esta lucha que busca romper esta normalidad que nos ahoga nos estamos encontrando con dificultades. Algunos no se suman porque se sienten amenazados, otros porque no les dejamos entrar, otras porque están en una zona de confort... Inquietada por este tema estuve hablando con unos amigos míos que se reconocen como hombres. Me decían que para ellos era muy complicado acompañarnos en este proceso de lucha, porque ellos quieren pero no tienen ni idea de cómo acompañarnos. Les contesté que hasta ahora nadie los había señalado ni cuestionado, todo lo que hacían era legítimo por el hecho de ser hombres blancos pero que ahora esto estaba cambiando. Ahora de repente se sienten cómplices e incluso culpables del heteropatriarcado. Otros ni siquiera se lo plantean. Y claro... ¿y ahora? ¿qué haces cuando no quieres ser parte de este circo pero irremediablemente eres protagonista?

Se trata como si de repente para algunas personas alguien les hubiera puesto un espejo delante y ahora han visto el reflejo de aquello que hasta ahora estaba oculto. Esta sensación puede ser muy fuerte, los espejos que nos ofrecen las demás puede causar efectos devastadores. Ante este suceso que hoy día está ocurriendo, cada vez hay más espejos, las reacciones de los que se ven en ellos puede ser muy variada. Como les pasa a mis amigos puedes no saber reaccionar, puedes enfadarte, rechazar lo que ves, negarlo, combatirlo... Muchas reacciones que a su vez tienen influencia en las portadoras de espejos, aquellas que dan el síntoma y dicen hasta aquí hemos llegado. Creo que la reacción que más puede aliviar el dolor y promover la colaboración es el del reconocimiento. Reconocer que aquello que ves es real, que el sufrimiento es real y que todas tenemos algo que ver en esto, que no es cosa de cuatro locas que salen con pelos en el sobaco a gritar. Porque somos seres interdependientes aunque nos joda.

Reconocernos y vernos es necesario si queremos pasar del enfado y comenzar a construir. El enfado es necesario porque nos moviliza y nos da energía y porque motivos no nos faltan. Pero si queremos vivir donde cada personas tenga un sitio para ser, necesitamos pasar de capítulo y comenzar a construir. Para ello, el reconocimiento colectivo es imprescindible.

De Peculiares

¡Orgías lujuriosas entre los Feminismos y la Sexología ya!

Orgías lujuriosas entre Feminismos y Sexología

8 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Todavía siento la resaca del 8 de marzo. Tengo las emociones dentro de mi cuerpo. Emociones de todo tipo y mil colores. Por un lado, comparto la alegría de compartir con mis compañeras un día tan importante, excitación por la cantidad de cuerpos que me encontré en la plaza, ilusión por creer que todo puede ser diferente, enfado por seguir escuchando relatos muy duros por parte de muchas de las asistentes.

Enfado también porque amanecimos con nuestro Gaztetxe bloqueado, las tres puertas estaban cerradas por clavos soldados. Nos boicoteaban, boicotearon un espacio que ese día estaba destinado a ser un lugar de cuidado. Cuidado por parte de los que se reconocen como hombres hacia sus criaturas o las criaturas de otros y, sobre todo, de otras.

Enfado porque al día siguiente nos encontramos que nuestra pancarta que decía “Kapitalismoari planto” había aparecido con otro mensaje bien distinto “Feminazacismo, España no es un zoo”. ¿No estaré dando demasiado protagonismo al enfado? Mira que pasaron cosas aquel día, pero lo que me sigue moviendo es el enfado. Y me voy a permitir escribir estas líneas con mi enfado y desde el enfado.

Quiero ser honesta y decir que las palabras escritas por Somos Peculiares respecto al día 8 de marzo no me representan del todo, ni me he sentido muy cómoda con el discurso. Me suele pasar esto cuando siento que la Sexología se desvía de la lucha feminista y es como si dos partes fundamentales de mi identidad no se encontraran.

Sigo pensando que hoy por hoy tenemos que apoyar a los movimientos que pretenden cuestionar, cambiar, erradicar el sistema que hoy día nos oprime. Está bien nombrar las diferencias, promover el entendimiento, apostar por el cultivo de las ideas, ser constructivas... pero creo que es un error olvidarse del lado reivindicativo. Sé que hay muchas maneras de ser reivindicativa y que cada una lo hace a su manera, como puede y le dejan, pero está claro que al menos yo no me siento del todo cómoda con alguna de ellas.

Me parece curioso y preocupante que la Sexología no se posicione o, mejor dicho, sí se posicione, desde donde lo hace: La no posición no existe. En mi opinión lo hace desde una actitud egocéntrica y soberbia, criticando a movimientos sociales y disciplinas que al menos cuestionan la hegemonía del patriarcado y el capitalismo. Me rechina que dediquemos tanto tiempo en criticar a los feminismos y no porque no sean criticables, que lo son, pero ¿tanto tiempo y esfuerzo? Y por otro lado poco hablamos de aquellas fuerzas que nunca desaparecieron pero que hoy día están volviendo a tener mucha voz y se atreven a dar la cara.

A veces creen que todo lo que tiene que ver con lo íntimo, la pareja, la erótica, las identidades, los deseos... pertenece exclusivamente al campo de la Sexología. Está claro que el estudio de los sexos como disciplina lo abarca la Sexología, pero está claro también que todas vivimos estas cuestiones en nuestras pieles y con las demás. He oído comentarios de algunas de nosotras desprestigiando opiniones de personas no “expertas” en el tema, pretendiendo que las únicas legitimas para hablar de ello somos las sexólogas y los sexólogos. Lo siento, pero no comparto la monopolización de las ideas ni la mercantilización de las mismas. Aunque nos joda, tenemos que escuchar lo que se dice del tema e intentar aportar en vez de juzgar y despreciar.

Lo obvio es que hay un malestar bastante general de todas aquellas que se sienten excluidas del marco normativo, que muchas han salido a las calles y gritan que ya no les sirve lo que tienen. Están surgiendo nuevas redes, nuevas identidades, colectivos que funcionan, espacios alternativos... Y al mismo tiempo existen otros que quieren erradicar toda diferencia, que buscan la homogeneización a través de la represión más rancia, que no creen en la educación ni quieren personas pensantes, que les molesta enormemente que la gente piense y decida. Aquellos que han matado a muchas, demasiadas, y estarían encantados de volver a hacerlo, aquellos que quieren meter el rosario en nuestros ovarios.

La cuestión es: ¿Qué hacemos con lo que sí pasa? ¿Qué podemos aportar nosotras desde donde estamos? ¿Dónde queremos estar? ¿Queremos estar?  Y si queremos, ¿Cómo queremos?

Para mí es tan evidente que la mirada tiene que dirigirse a estas fuerzas fascistas que se me hace muy difícil entender no hacerlo. Sé que para algunos la Sexología no tiene que ser combativa, que tiene que cultivar y promover y no tanto condenar y reivindicar. Creo que no son incompatibles y también creo que tenemos que aportar a la polis nuestro estudio de los sexos. Salir de los despachos, salir de nuestra zona de confort y estar en las calles, donde lo real es palpable y visible. Las ideas son una herramienta muy potente, nuestra base para luego hacer, pero si nos quedamos sólo en el mundo de las ideas, nos perdemos el aquí y ahora. Y esto es lo único que tenemos.

De Peculiares

La seducción como arma letal

Seducción como arma

20 de febrero de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

No sé en qué momento nos ha parecido mal usar la seducción como herramienta pero creo que desde aquel momento, nos sigue pareciendo una herramienta despreciable, signo de debilidad de las mujeres, una acción que desprestigia a aquella que la utilice. Es como si las que decidimos usarla no tuviéramos aquellas actitudes más fuertes y nos rebajáramos al emplearla. “Cuidado con las mujeres, utilizan sus cuerpos, su sensualidad para atraparte y luego hacer contigo lo que ellas quieran”. Desconozco el origen exacto del desprestigio de la seducción, pero el otro día viendo un documental sobre el Imperio Romano presencié una reconstrucción donde aparecía Octavio, sucesor de Julio Cesar, hablando en el senado sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra.

Las palabras de aquel hombre, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por y para el poder, refiriéndose a las armas peligrosas de Cleopatra me resonaron. Hablaba de ella como una mujer despiadada que utiliza el cuerpo y sus goces para manipular y atrapar a todo hombre. Qué rastrera, sucia, venenosa... Me pareció como poco, curioso que se hablara ya en esos términos sobre el arte de la seducción y cómo la utilizaban para desprestigiar a mujeres poderosas. Ya que no había muchas pero las que había era porque habían utilizado sus “dotes de mujer”. ¿Os suena?

Creo que podríamos escuchar estas mismas palabras todavía en boca de muchos y muchas para referirse a mujeres poderosas. Y no hablo de un poder sólo institucional digamos, hablo de mujeres empoderadas. Como si la mujer poderosa sólo pudiera serlo por su condición femenina y la utilización de su cuerpo. ¿Y si es así, qué? ¿Cuál es la cualidad legítima para ser poderosa? ¿Tal vez la inteligencia? ¿La fuerza? ¿La simpatía? ¿La sensibilidad?

Parece que nos tenemos que justificar constantemente por qué somos valoradas y por qué estamos donde estamos. Pero si nos dicen que somos licenciadas por haber seducido a un profesor, inmediatamente nos sale la ofensa. “Yo que soy una mujer respetable, inteligente, trabajadora... cómo haría yo algo así, sólo me ven como un objeto sexual”. Tal vez lo que les jode es que una mujer tenga poder, punto. Así de simple. E intentan desprestigiarnos con el tema de la objetualización, como si la seducción sólo fuera follar, como si no entraran muchas más cosas en juego; cualidades, seguridad, virtudes, observación, espera...  y nosotras, les hemos creído.

Les hemos creído porque hoy en día todavía ser puta es lo peor que nos pueden llamar. Porque detrás de todo esto sigue habiendo una condena y desprecio a los placeres, al juego, a los cuerpos, a la erótica... y sobre todo sigue habiendo una clasificación entre las  mujeres, las putas y las esposas.

Las putas como signo de desprecio, mujeres que a lo largo de la historia se han dedicado y se dedican a dar placer. Las putas se encargaban de lo afrodisiaco, a ellas se les otorgaba la función de dar, ofrecer,  placer a los hombres. El resto de las mujeres no debían mostrar signo alguno de este ámbito, sino, se convertían en aquellas mujeres inferiores, sucias. Inferiores en reconocimiento social, pero las mismas que se encargaban de hacer gozar a sus esposos y seguramente, aquellas que también sabían gozar. 

Y luego están las esposas que deben dar estabilidad, honor y procrear para sus esposos. Mujeres que no tienen permitido jugar, por supuesto. Las esposas estaban y algunas están condenadas a renunciar esa búsqueda del placer, de jugar con su ser erótico hasta renunciar a él. Encontrar un buen hombre, dar vida a seres honorables y hacer que todo funcione. Y sacrificar los goces y placeres del cuerpo. Un gran precio.

Sé que esto puede quedar anticuado porque encontramos discursos más diversos pero creo que en el fondo no ha cambiado demasiado. Seguimos escuchando que las mujeres que juegan a seducir, a ligar... siguen siendo unas busconas, putas, calienta pollas o como lo queramos llamar. Como si el simple hecho de jugar no fuera legítimo. Seducir se vuelve legítimo si acaba en amor y si no, es despreciable.

¿Quién ha dicho que la seducción tiene que acabar en amor? ¿Por qué el final del juego seductor tiene que ser acostarse con alguien? Y ¿Por qué consideramos que para alcanzar un objetivo la seducción es más rastrero que por ejemplo, utilizar la violencia? Llamadme loca pero prefiero mil millones de veces más que alguien intente seducirme que a que me den de hostias. Es un juego donde mi participación cuenta y que además me lo puedo pasar teta piruleta. Propongo reconciliarnos con nuestro ser seductor, dejarnos llevar en el placer de jugar sólo por el hecho de jugar, dejar de estar a la defensiva y abrirnos a las posibilidades de encuentro y no reafirmarnos sólo en el desencuentro. Desarrollemos la seducción como legítima arma.

De Peculiares

Es un placer conocerse a una misma

masturbación femenina

La masturbación en las mujeres es un tema que difícilmente se habla con naturalidad, incluso en un grupo de amigos. La falta de información y un cierto déficit en la educación ayudan a desnaturalizar un tema que forma parte de la mujer

27 de noviembre de 2018

Reportaje de Sara Enjuto 

Hay mucho empeño en enseñar, dentro de la educación sexual, a prevenir, a tener unas relaciones eróticas seguras, la teoría del condón, de lo que nuestro cuerpo a nivel reproductivo ofrece para alargar la estirpe, pero…¿dónde queda lo que el cuerpo enseña? Es algo con lo que convive todo ser humano, pero muchas veces cae en el olvido tanto en la enseñanza como en el propio ser el hecho de que el cuerpo es el que da las señales para descifrar lo que gusta, lo que no y los ritmos y necesidades. Se olvida también que esto es algo que no solo se aprende a raíz de tener encuentros eróticos con otras personas.

En este mundo caótico y lleno de prisas y estrés, se olvida que muchas veces la solución a esta tensión está en el cuerpo, concretamente en la masturbación, porque no solo se trata de desconectar a nivel mental. Incluso los dolores menstruales se benefician de la masturbación.

 

"Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor"

 

Esto es lo que Inma, Xandra, María y Maitena recuerdan en este reportaje. Pero… ¿qué es exactamente lo que hace conectar con el cuerpo, concretamente con el de la mujer? La respuesta es: la masturbación. ¿Cómo? Estas cuatro mujeres conocedoras y profesionales cada una en un ámbito sexológico, destripan los beneficios y los pudores a los que las mujeres se enfrentan con este tema tan natural.

María Torre, Masturbación femenina
María Torre

María Torre, sexblogger, es una mujer muy activa en las redes y a través de su canal de Youtube de Ars eróticas y su blog, anima a las mujeres a quererse, conocerse y a no tener pudor ninguno en explorar el cuerpo. “Una de las lecciones más importantes que nos da la masturbación es cómo somos, qué es lo que nos gusta, cómo nos gusta y cuáles son nuestros puntos clave de placer”, explica María. Además, es importante no olvidarse de los beneficios que algo tan natural puede traer en el día a día: Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor”, descubre para Somos Peculiares.

Inma de Lezana, Sexóloga y directora de Landaize (escuela sexológica vasca), da otra perspectiva de las bondades de la masturbación y explica las diferentes funciones que desempeña según el momento: “Hay ocasiones en las que simplemente sirve para descargar tensión o para resolver una excitación. En otras ocasiones puede ser un encuentro más erótico y recreativo o una fuente de exploración y autoconocimiento”.

 

Compartir experiencias para conocerse 

Xandra, masturbación femenina
Xandra García

Xandra García es Sexóloga y está en proceso de convertirse en doula, (profesión que da apoyo emocional a las mujeres en el embarazo, el parto y el post parto) y Maitena Usabiaga, Sexóloga también y licenciada en Psicología, ofrecen su punto de vista profesional y vivencial respecto a la masturbación en las mujeres, concretamente sobre el hecho de si es un tema que se comparte en un grupo de amigas/os. “Cuando teníamos nueve años compartíamos las vivencias de cómo nuestro clítoris nos hacía cosquillas andando en bicicleta, con el chorro de la ducha, con las manos, viendo una película...”, recuerda Maitena. Pero reconoce que una vez que las niñas van creciendo este tema se va borrando de las conversaciones: “A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso”. Xandra en cambio afirma que se habla de la masturbación, pero en clave de humor: “Muy rara vez se habla desde un compartir la experiencia o las inquietudes”.

 

"A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso"

 

La masturbación femenina y la masculina siempre han tenido unas diferencias obvias en cuanto a lo naturalizada que está tanto en la sociedad como en la intimidad, pero Xandra reconoce que esto no es así en la infancia: “No existen diferencias entre los niños y las niñas que se masturban, aunque en estas edades hablamos de autoexploración”.

En cuanto al porqué se desarrollan estas diferencias Maitena tiene una opinión muy contundente: “La vulva es un parte del cuerpo que debe permanecer oculta, que representa lo prohibido, está ahí para mear, sangrar y parir. Es el cuento que nos han contado y aunque el pene también debe estar oculto, tiene una significación diferente, conectado con la dominancia”.

 

La masturbación no es un sustituto de la pareja

María de Ars Eróticas lo tiene muy claro y quiere concienciar sobre esta idea: “Sigue habiendo muchas personas que piensan en la masturbación como una actividad que sustituye a una pareja sexual”. Dice que es una idea que hay que eliminar, pero también incide en las ventajas de la autoexploración antes de iniciar una relación erótica con alguien. “Si tú no te reconoces y aceptas cómo eres te dará mucho pudor mostrarte ante otra persona. Si una de las partes tiene claro lo que le gusta, va a llevar la voz cantante”, analiza. “Si ambos saben lo que les gusta, el encuentro será más equilibrado”.

Inma Ruiz, masturbación femenina
Inma de Lezana

Hoy en día no mucha gente conoce el funcionamiento de los genitales femeninos involucrados en proporcionar placer: la vulva y el clítoris. Inma recalca la necesidad de conocerlos más allá de la reproducción: “Entender que la excitación sexual de las mujeres también resulta en una erección y que difícilmente se puede tener un orgasmo sin estimular el clítoris, ayuda a las mujeres a convertirse en protagonistas y artesanas de su vida erótica”. Esto lleva a Inma a revelar el sorprendente hecho de que hasta hace muy poco no había en la educación sexual una imagen clara del clítoris. “Ha sido un órgano sexual eludido”.

 

"La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología"

 

Aunque el darse placer a una misma es un tema que los últimos años ha evolucionado hacia la naturalización, todavía hay mucho camino por recorrer y, como en todo recorrido hacia el cambio, se pueden encontrar contradicciones. Esto es lo que Inma recalca: “Por una parte parece admirable y deseable que una mujer se adueñe de su placer, pero por otro lado aún existen dificultades para asumirlo”.

Quizá prevenir que las personas asimilen estos tabúes o la falta de conocimiento en el ámbito erótico se puedan solucionar, en gran medida, con la educación. En ciertos aspectos Xandra explica que todavía hay huecos que completar: “La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología”.

 

La masturbación como terapia

Maitena, masturbación femenina
Maitena Usabiaga

Entrando en el terreno de las terapias, Maitena e Inma hablan de la anorgasmia en la mujer (la ausencia de orgasmos durante el encuentro sexual) y los procedimientos a seguir en las terapias. “Creo que todas hemos sido y somos anorgásmicas, ya que no en todos los encuentros tenemos orgasmos. Hemos caído en el pecado de pensar que es lo más importante y que debemos tenerlos para valorar que hemos tenido un buen encuentro erótico.” Con esta afirmación Maitena intenta aportar un nuevo punto de vista respecto a la presión que se puede sentir en un encuentro erótico para que todas las partes tengan un orgasmo, sin embargo, insiste en que no quiere quitarle importancia al orgasmo, sino que cada uno debe decidir la importancia que quiera darle.

Inma explica los ejercicios que se suelen hacer en las terapias focalizadas en esta situación, como, por ejemplo: los ejercicios de autoexploración, focalización sensorial y estimulación. “Se trata de que ella misma explore las sensaciones de su cuerpo de forma gradual hasta sentir el placer que busca. En pareja se plantea enseñar la destreza del tipo de estimulación e intensidad”, comparte.

Como guinda a este pastel creado por cuatro poderosas féminas, la frase que Xandra comparte con Somos Peculiares es la perfecta: “No están más liberadas del patriarcado las mujeres que se masturban más que las que se masturban menos. Cada mujer debería ser soberana de su propio placer para hacer y deshacer a su gusto”. Ahí queda chicas.

De Peculiares

La patologización perjudica seriamente su salud

“El poder que tienen los diagnósticos en nuestras vidas es inconmensurable; una sola idea, una palabra, una etiqueta, te puede condicionar toda tu vida” 

Maitena Usabiaga Sarasua

4 de abril de 2019

La tendencia actual parece mostrar que la patologización de la vida cotidiana está de moda. Hemos interiorizado la presencia de los diagnósticos en nuestras vidas, aquellos que son capaces de describir cada comportamiento cotidiano y enjuiciarlo. Es sabido el poder que tienen los diagnósticos en nuestras vidas. Una sola idea, una palabra, una etiqueta, te puede condicionar toda tu vida. Son como moscas que te persiguen a lo largo de tu camino y aunque intentes espantarlas, no se van. Y cómo no, nuestro terreno no se libra de tales crímenes.

la patologización

El DSM, manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, se ha encargado también de realizar diagnósticos en torno a los deseos, prácticas y capacidades convirtiéndolos en parafilias, disfunciones y perversiones. Como dijo Rubin (1989); “El DSM viene a ser un mapa bastante fiable de la jerarquía moral de las actividades sexuales”, así que conocerlo nos ayuda a entender(nos). Lo que se pretende con este libro de celdas es regular el deseo y estandarizar el placer, marcar una línea rígida y gruesa entre lo que está permitido y lo que no.

Estas líneas invisibles penetran hasta el fondo de nuestras creencias e influyen en nuestra visión del mundo, nos convertimos en juezas y/o curas –a veces me cuesta distinguirlos–. Hemos dejado que este manual y sus mesías nos digan cómo hay que ser, sentir, hacer, pensar, desear... y nos lo hemos creído. Mezclamos deseos con actos, actos con crímenes, crímenes con enfermedades.

 

“Mezclamos deseos con actos, actos con crímenes, crímenes con enfermedades”

 

Muchos colectivos, movimientos sociales, críticas del pensamiento y  un largo etcétera, conscientes de las repercusiones de estas cárceles identitarias, han comenzado a reclamar un proceso de despatoligización. La patologización no nos ha traído más que represión, aislamiento, exclusión, desconocimiento, miedo, soledad, incomprensión... y esta es la verdadera razón del malestar de tantas mujeres, hombres, niñas, niños... Todas las que se han quedado fuera de esa línea están condenadas a modificar(se), defender(se), culpabilizar(se), adaptar(se). 

Ahora estamos nombrando a muchas que se han quedado fuera, las mencionamos y hacemos que existan, como la homosexualidad, el lesbianismo, la transexualidad. Nos hemos apropiado de muchas etiquetas que nos condenaban para reafirmarnos en quienes somos. Pero por desgracia sigue habiendo muchas más patologías que siguen siéndolo en el imaginario colectivo. Seguimos manteniendo esas líneas rojas, marginando peculiaridades, desautorizando deseos, invisibilizando realidades.

 

“Seguimos manteniendo esas líneas rojas, marginando peculiaridades, desautorizando deseos, invisibilizando realidades”

 

Nuestros dilemas morales nos calan por dentro y, aunque parece que para algunas realidades estamos más abiertas a la comprensión y al saber, sigue habiendo puertas que ni siquiera queremos saber de su existencia y mucho menos que estén entreabiertas para ver qué hay detrás de ellas. Aquí es donde nos encontramos con un dilema.

Si estoy a favor de la despatologización, ¿lo estoy para sólo algunos o para todos? ¿Dónde pongo la línea roja? ¿Tiene que haber línea roja? ¿Qué pasa con los llamados viejos verdes? ¿Tengo que dejar que un vouyeur disfrute mirándome? Tengo la impresión de que sabemos muy bien lo que NO queremos, pero no tenemos ni idea de lo que SÍ queremos y cómo lo queremos.

 

¿Dónde pongo la línea roja? ¿Tiene que haber línea roja? ¿Qué pasa con los llamados viejos verdes? ¿Tengo que dejar que un vouyeur disfrute mirándome?

 

Lo que sí sabemos es que los métodos empleados para controlar los deseos no son efectivos porque no consiguen cambiar la naturaleza de los mismos; solo sirven para reprimir, para limitar su puesta en escena. Los deseos no son condenables ni patologizables: tienen su lógica, son cambiantes y altamente variados. Probemos a conocerlos y hablar de ellos, porque hacer como si no existieran no hace que desaparezcan. Para ello es necesario dejar de mencionar solo algunos de ellos como los legítimos, sanos, naturales, normales... Podemos mencionar, nombrar los deseos y hacer que existan y convivir con ellos. La convivencia no se basa en la exclusión.