De Peculiares

Mujeres que viven con sus agresores: pautas sobre cómo actuar

23 de abril de 2020

Laura Marcilla

Hace más de un mes que se inició el confinamiento debido al Covid-19 y creo que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todos tenemos ganas de volver a la “normalidad”. El encierro no es una situación sencilla, aunque entendamos que es necesaria, pero hay algunos sectores de la población que quedan más expuestos y cuyos riesgos son aún mayores en estas circunstancias. Hoy voy a hablar en concreto de las mujeres que conviven con sus agresores.

Varios países ya han señalado que una de las consecuencias que están detectando a raíz del confinamiento es el aumento de las peticiones de ayuda por parte de víctimas de violencia de género. España también ha registrado un aumento de llamadas al número 016 de casi el 50% en comparación con el mismo periodo del año anterior. En concreto, en la primera quincena de abril, se han atendido un 47.3% más de contactos telefónicos.

No podemos asegurar que este dato represente un aumento de la violencia de género, pues quizá estas situaciones ya existían previamente pero ahora se esté acudiendo en mayor medida a estos recursos. Es posible que la convivencia continuada con los maltratadores esté acortando los ciclos de la violencia o redundando en un mayor número de explosiones de violencia que finalmente hacen que la víctima se decida a pedir ayuda.

Sean cuales sean las causas y las interpretaciones, hay mujeres que están sufriendo especialmente en esta situación y merecen recibir ayuda y conocer algunas pautas sobre cómo actuar para garantizar su seguridad.

En primer lugar, nunca está de más recordar que la violencia no tiene por qué ser sólo física. Algunas veces cuesta más reconocer la violencia de género precisamente porque no se manifiesta siempre en forma de golpes o empujones. La violencia psicológica (humillaciones, amenazas, insultos…), la violencia sexual (abusos, chantajes, agresiones sexuales…) y la violencia ambiental (romper objetos, golpear paredes, destrozar posesiones ajenas…) son también violencia y no debemos restar importancia a sus efectos.

Además, aunque en este artículo pretendemos ofrecer algunas pautas para ayudar a las víctimas a pedir ayuda y a mantenerse a salvo, somos muy conscientes de que la violencia de género es un problema de toda la sociedad, por lo tanto, no debemos poner el foco exclusivamente en las mujeres que la padecen de forma más directa. Argumentos como que “son cosas de familia” o que “los problemas de pareja se resuelven en pareja” no deben impedirnos intervenir si somos testigos de violencia de género.

Si escuchamos gritos, golpes o discusiones agresivas por parte de nuestros vecinos, nuestro deber es denunciar esta situación. Cuando intentamos permanecer neutrales frente a las injusticias no estamos sino tomando parte del lado ofensor.

Y ahora, ¿qué cosas se pueden hacer cuando se vive una situación de malos tratos durante el confinamiento?

– Existen recursos como el teléfono 016 que son totalmente gratuitos, anónimos, disponibles 24 horas y no dejan rastro (ni siquiera en la factura). Este teléfono dispone de atención en 52 idiomas diferentes y, para personas que tengan dificultades en el habla o la escucha, se ha habilitado también el siguiente número: 900 116 016. También dos números de móvil están accesibles constantemente por WhatsApp y son atendidos por psicólogas especializadas en esta problemática. Son el 682916136 y el 682508507. Si decides hacer uso de ellos sí te recomendamos borrar o archivar las conversaciones al finalizar, especialmente si crees que tu pareja podría controlarte el móvil.

– Lo mismo ocurre a la hora de consultar páginas webs o incluso artículos como éste, es aconsejable hacerlo desde el “modo incógnito” del navegador o procurar borrar el historial después, ya que, si el agresor descubre que se está intentando buscar ayuda, puedes exponerte a una situación más peligrosa.

– Ante casos de peligro inminente, es preferible llamar al número de emergencias 112, que puede movilizar rápidamente a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

– Esto mismo también se puede realizar a través de la aplicación móvil ALERTCOPS.

– Te aconsejamos no manifestar nunca a tu agresor la intención de irte o romper la relación, ya que podría reaccionar de forma agresiva y poner tu integridad en riesgo.

– Si puedes, ten preparada una pequeña mochila con objetos importantes en caso de que necesites abandonar el domicilio urgentemente. Intenta guardar en ella dinero, tarjetas de crédito, llaves del coche y documentación. Lo ideal sería tenerla guardada en un sitio donde tu agresor no la pueda encontrar y descubrir tu intención de abandonarle, pero al que puedas acceder en poco tiempo por si tienes que coger las cosas y salir rápido de casa.

– En caso de un estallido de violencia, intenta encerrarte en una habitación segura, a ser posible con cerrojo, y que esté cercana a una salida o una ventana por si necesitaras pedir ayuda. En la medida de lo posible intenta no refugiarte en habitaciones donde haya objetos peligrosos de los que él pueda hacer uso, como por ejemplo la cocina.

– Si necesitas pedir ayuda porque consideras que estás en peligro, puede ser recomendable gritar “fuego” en lugar de “socorro” o “ayuda”. Haz el máximo ruido posible para intentar que alguien te escuche si temes por tu salud.

– En caso de una agresión, protégete la cabeza con los brazos o hazte una bola sobre ti misma para proteger los órganos vitales de los golpes.

– Sabemos que es difícil y que no es una medida que esté al alcance de todas las mujeres, especialmente en estas circunstancias, pero también puede ser aconsejable aprender nociones básicas de defensa personal, aunque sea a través de tutoriales o vídeos online (eso sí, recuerda borrar el historial al terminar).

– Si puedes, establece una contraseña con amigos, familiares o vecinos para que sepan identificar cuando estás en peligro y pidan ayuda por ti. Podéis escoger una frase o una palabra aparentemente inofensiva por si tienes que hacer uso de ella estando en presencia de tu agresor. En este sentido, si no tienes intimidad para llamar al 016 estando sola en una habitación, también puedes llamar fingiendo que es una llamada para cancelar una cita médica y de esta manera proporcionar tus datos y responder a las preguntas que te hagan con “sí” o “no” sin levantar sospechas. También en las farmacias puedes ir a preguntar por Mascarilla19, entenderán que es un código y te ofrecerán ayuda. Otra forma de contactar con la policía sin desvelar tus intenciones de pedir ayuda es simular que vas a pedir comida a domicilio, de está forma podrás dar a conocer tu ubicación.

– Si consigues salir a la calle, intenta mantenerte en sitios públicos. Tranquila, salir del domicilio para escapar de una situación de violencia de género es una de las excepciones por las que sí se puede salir a la calle. Si no tienes otro lugar a donde ir, la policía o los servicios de atención a víctimas te remitirán a servicios de acogida. Es cierto que en estos sitios rara vez permiten la entrada con animales, así que, si tienes mascotas y te preocupa lo que pueda pasarles si te vas, contacta con este número (673765330) donde han puesto en marcha un servicio para gestionar lugares seguros para los animales.

– En la medida de lo posible, intenta no recurrir al alcohol ni abusar de tranquilizantes u otros medicamentos durante el confinamiento, ya que reducen nuestra capacidad de reacción en caso de necesidad.

– Por último, si tienes hijos, intenta enseñarles a pedir ayuda o a marcar los números de emergencia ante una situación de peligro.

Es terrible tener que enseñar a las mujeres a actuar ante una situación de violencia porque no podamos evitar absolutamente todas las agresiones y los malos tratos son la realidad con la que conviven demasiadas personas. No obstante, si estás leyendo esto y sufres violencia por parte de tu pareja, debes saber que no estás sola, que nada de esto es tu culpa y que tienes derecho a recibir ayuda y apoyo para salir de esta situación. Nadie merece vivir con el infierno en casa.

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¿Eres consciente de lo que implica ser feminista?

Foto de Lara Santaella

6 de marzo de 2020

Yaiza Morales

Ante la ola feminista que vivimos, y después de vivenciar varios temas relacionados con ello, me planteo una pregunta y es la siguiente: ¿Cómo afecta el femistómetro a la lucha? Me explico.

Nos llueven a diario por todos lados, redes sociales, círculos de amistad, libros, revistas, charlas... opiniones e información que puede llegar a ser contradictoria sobre lo que se supone que implica ser feminista. Actitudes o cosas que se supone que una feminista hace, dice o piensa. 

Podemos llegar a sentir cierta presión por parte del feminismo teórico al vernos de algún modo obligadas a cumplir unos estándares que aunque no sea de forma implícita, nos hacen sentir que no somos suficientemente feministas si no los cumplimos. Y esa presión se nota y es evidente. Yo la veo y la he padecido y resulta que al tratar el tema con varias personas, coinciden conmigo y ésto me da miedito y me preocupa a partes iguales porque para empezar; esta idea no cumple con el concepto BÁSICO o que al menos yo considero básico de los feminismos que es la Sororidad.

Partiendo de la base de que cada persona es distinta con una realidad y unas vivencias diferentes y nos encontramos en circunstancias que nada tienen que ver con las del resto; así mismo, cada una entendemos este movimiento y esta lucha de manera diversa  aunque siempre haya unos nexos de unión.

Desde mi punto de vista, uno de los mayores problemas dentro del feminismo o feminismos es que hay muchas ideas contrapuestas y siempre hay quien pretende imponer las suyas como únicas o definitivas. Por ejemplo; habrá quien diga que maquillarse es una imposición del patriarcado y está mal, que vestirse con ropa sexy es cosificar a la mujer, que depilarse es ceder a las imposiciones machistas que nos acompañan desde crías… Y habrá quien opine lo contrario no por eso dejando de considerarse feminista. 

Todo esto sin contar las que opinan que tal o cual persona no puede ser feminista u opinar de feminismos ya sea porque no tiene vagina, porque el sexo  o el cuerpo con el que nació no coincide con cómo se siente o cualquier otro argumento vano para descatalogar la lucha del resto. Es agotador, contraproducente y poco real pensar en cumplir una cantidad ingente de requisitos para considerarse feminista. Como bien dice mi amiga y hermana Rocío: “No llevar el feminismo como un tema abierto a discusión e interpretación es un error fatal.”

Para mí, lo importante y primordial es la conciencia de nuestros actos y sobretodo de saber hacia que flancos vamos a enfocar nuestra lucha o luchas. Es decir; ser consciente de lo que implica ser feminista, de lo que conlleva y de lo que estamos dispuestas o nos vemos capaces de hacer. Tomarnos el feminismo más como política de lo personal y emocional y menos como dogma. 

Con esto no digo q no sea importante ni necesario contar con un marco teórico que ayude a comprender el porqué de la lucha. Todas esas situaciones de violencia hacia la mujer que se han perpetrado y se continúan llevando a cabo, que de alguna manera estructuran el mundo en el que vivimos y que tanto recibimos como reproducimos; es muy importante conocerlas ya que, sabiendo de ellas podemos entre otras cosas, cuidarnos de no repetirlas. 

Tratar de enseñar sobre feminismos de una manera global como si existiera una única realidad, no sirve más que para radicalizar lo que algunas creen que es mejor y para  sentirse por encima del resto construyendo jerarquías verticales dentro del movimiento al más puro estilo patriarcal. Y entonces, como dice mi amiga Norma, es que algo estamos haciendo mal.

“Feminismo de boca para afuera pero no de corazón para adentro: Mal”. Felina dixit

Para mí, la cuestión feminista tiene más que ver con hacer política la reivindicación de nuestros derechos, nuestros espacios, nuestras decisiones y nuestros cuidados individualmente que no con toda esta teoría aprendida y que nos disgrega más que unirnos. Si una persona, por el motivo que sea no conoce, no quiere o no puede tener en cuenta las teorías feministas, lo peor que podemos hacer como colectivo y como seres sororos que somos o decimos ser; es demonizarla, atacarla o menospreciarla porque esos comportamientos nos demuestran cuan poco alejadas estamos en realidad del sistema patriarcal del que tanto pregonamos huír.

En la lucha feminista, cada una debería marcar sin juicio externo alguno el nivel de exigencia o implicación que quiera; y éste a su vez no tiene porque ser inmóvil. Me explico. Si en un determinado momento de la vida vemos que, individualmente, podemos ir adelante con varias luchas simultáneas, pues adelante; pero si no, NO PASA NADA. Como muy bien dice mi querida Aurora:  

“Entender una opresión, no tiene por que significar que en este preciso instante de mi vida yo pueda sostener emocionalmente enfrentarme a ello.Una cosa es lo que has conocido y sabes y comprendes y otra lo q puedas reproducir”

Como súmum de ésta reivindicación, considero el vivir conscientemente y en consecuencia. Tratar de ver qué nos gusta y que no de nuestra vida y en todo caso,hacer algo por mejorarla. Buscar la libertad de construirnos como las mujeres que queremos ser (cada una con lo suyo, que ya es) y no como nos han dicho toda la vida que las cosas eran; cortadas a gusto y patrón del patriarcado. ¿Si nos dedicamos más a decirnos unas a otras que está bien y que no para ser feminista que estamos haciendo sino reproducir lo que toda la vida hemos mamado en vez de construir algo nuevo, diferente y diverso juntas?

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He llegado a mi límite

27 de enero de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

Tengo la suerte de trabajar rodeada de jóvenes que me enseñan infinito y me muestran su realidad y la comparten conmigo. Afortunada yo. Así que os quiero contar algo que me mostraron y lleva días dando vueltas en mí. Los límites. Cómo nos cuesta poner límites a las mujeres, qué mal lo podemos llegar a pasar por no poner límites a lxs demás, por miedo de hacerles daño o de simplemente perder su “amor”.

Os pongo en contexto. Estuvimos hablando sobre la autodefensa feminista, del derecho y capacidad de defendernos. Es la hostia comprobar que nos sentimos débiles porque así es como nos han tratado; cuidado con los chicos, no vuelvas sola a casa, te pongo una aplicación que nos dice dónde estás constantemente por tu seguridad... Nos hemos creído que no podemos defendernos, nos hemos creído que somos potencialmente víctimas de cualquiera que nos quiera hacernos daño, que somos débiles. Con esto no quiero pretender que no tengamos nuestro lado débil y que efectivamente, hay mucho cabrón que quiere hacernos daño, lo sé. Pero que sintamos el permiso para defendernos, de poder decir hasta aquí hemos llegado, nos puede salvar la a veces maldita vida. La jodida indefensión aprendida.

Seguimos charlando sobre ello y llegamos a un tema que me pareció muy interesante. Cómo nos tratamos entre colegas, entre tías. Están en una edad donde lo más importante es ser parte de algún grupo, sentirse aceptada, saber que eres alguien. No creo que esta etapa se supere nunca, no hay más que vernos. Pero su vivencia es muy intensa y así lo expresan. Empiezan a cuestionar su identidad, comienzan a dar lugar a sus deseos, a expresar que son sujetos eróticos, a explorar sus cuerpos y los otros.

Todo esto con la mirada fija y dura de las amigas. No sé cómo será en otros países, pero en Euskal Herria, las cuadrilas son una institución más y como todas las cosas, tienen lados positivos y negativos. Uno de ellos, es que se convierte en una especie de torre de control y a veces, como un jurado. Los movimientos que se salgan de lo establecido por el grupo, son juzgados y comentados por las demás. Todas sabes que se habla de ellas y que son criticadas, pero nadie dice ni pio.

Yo flipaba con ellas, nunca se habían dicho que algo les había molestado o que se sentían dañadas por lo que sea. Me decían que cuando les pasaba esto, iban a sus casas y lloraban solas. Al día siguiente, tan normal. Son mis amigas, pero no les voy a decir que algo me ha molestado porque va a dejar de ser mi amiga o le va a doler lo que le vaya a decir, no quiero hacerla daño.

Qué curioso. Somos capaces de recibir y sentir daño por alguien, pero luego nos horroriza hacer daño a alguien. Es que las mujeres no hacemos daño, ¿sabes? Tenemos que ser comprensivas y aguantar como perras. Joder, vaya mierda. Si entre nosotras no nos ponemos límites, cómo hostia vamos a hacerlo en la jungla de ahí fuera, donde hay demasiada gente que quiere aprovecharse de nosotras, de nuestro trabajo, de lo que sentimos, necesitamos...

No quería ponerme dramática, así que pensé que era cuestión de edad. Pero.... ¡¡tachaaaan!! Al día siguiente tuve una conversación demasiado similar con mis colegas. Colegas que están más cerca de los 50 que los 30. La conversación era casi igual. Vi nuestra incapacidad de poner límites, la incapacidad de ser honestas y decir ¡basta! De expresar que no nos gusta algo o que nos hemos sentido heridas por lo que sea. “Cómo le voy a decir eso.... cómo voy a decirle que cuando me ataca me duele, que me siento como si me humillaras. Si se lo digo, se sentirá mal y ya no me querrá”.

Joder de nuevo. Cómo es posible que no nos defendamos de los ataques de nuestras propias amigas. Creemos que poner límites es dañar y para mí significa todo lo contrario. Poner límites es amar. Primero, amarte a ti y segundo, amar a la otra persona; no voy a dejar que me hagas daño, me quiero y me respeto. ¿Qué la otra persona pueda sentirse dañada? Claro. A nadie le gusta escuchar que la persona que amamos se haya sentido dañada por nosotras, nos jode, pero si la amamos podemos aprender a amarla. Y si no quieren aprender, podemos decidir si invertir nuestro tiempo con ella o no.

Pero para poner límites, tenemos que romper la creencia de que hacerlo está mal. No tenemos el deber de soportarlo todo, ni de ser empáticas con todo el mundo, ni de perdonarlo todo... Podemos ser agresivas. Agresivas a la hora de expresar lo que sentimos, de no guardarlo todo dentro y llevarlo en nuestras súper mochilas. Veo a demasiadas mujeres cargando con todo el peso y veo que las jovenzuelas vienen con las mismas tendencias (en este tema). Darnos permiso para decir hasta aquí hemos llegado, puede cambiar y mucho nuestras vivencias. Dar permiso a las jóvenes para defenderse puede salvarles. Dejemos de limitarnos tanto y pongamos más límites.

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La historia de las brujas, mujeres librepensantes

4 de diciembre de 2019

Yaiza Morales

Las mujeres siempre hemos sido sanadoras y hemos transmitido nuestros saberes y experiencias entre vecinas y de madre a hija. Desde tiempos inmemoriales, las mujeres sabían cómo asistir en los partos, procurar abortos y actuaban como enfermeras aplicando sus conocimientos sobre hierbas medicinales y lo que hoy en día conocemos como los remedios de la abuela. Su trabajo en éste ámbito era tan poco reconocido que no aparece en los libros; o no al menos de un modo a tener en cuenta.

La historia que de ellas nos ha llegado, ha sido contada por sus perseguidores y teñida de maldad y un sinfín de atributos ridículos que han contribuido a mitificar la leyenda de las brujas.

Sabemos que las gentes de los pueblos las llamaban mujeres sabias aunque para las autoridades eran consideradas brujas o charlatanas y así pasaron a la historia.

La represión de estas mujeres sabias fue una lucha política; tanto por motivos de clase como por el hecho de que fue una lucha entre sexos. Las sanadoras o brujas fueron condenadas principalmente por su condición de mujeres. En la oposición encontrábamos los poderes de las clases dominantes tales como la Iglesia o las instituciones, universidades…

Por parte de la Iglesia se creó la Santa Inquisición que era básicamente una caza de brujas y el papel que éstas desempeñaban pasó a ser satanizado en contraposición con los médicos académicos (que por supuesto eran todos hombres), y que por otro lado eran designados por los altos poderes soberanos y las autoridades seculares. Es desde entonces que el aspecto de mujer relacionado con los cuidados y el famoso sexto sentido se ha rodeado de un halo de superstición asociándolo con la brujería.

La caza de brujas que se inició allá por el siglo XIV ha tenido consecuencias tan duraderas que llegan hasta nuestros días. Tanto que podríamos afirmar, en cierto modo, que los aquelarres medievales y el exterminio de las mal llamadas brujas, tienen bastante que ver con la actual lucha feminista. Por eso contar nuestra historia como realmente aconteció es una parte importante de esa lucha.

Desde que se iniciara la persecución de las brujas como tal en época del feudalismo, sus ideas arrasaron el territorio de lo que en esos tiempos ocupaba la Europa Occidental y se llegaron a registrar en algunas ciudades un promedio de 600 ejecuciones anuales por motivos de brujería.

Curiosamente sabemos que también entraba dentro del cómputo de la mal llamada brujería cualquier comportamiento que se desviara de la “normalidad” así que, pese a que el 85% de las ejecuciones que se llevaban a cabo eran de mujeres ya fueran niñas, adultas o ancianas, un porcentaje más reducido aunque significable también se llevó por delante a hombres bajo las mismas excusas. La acusación de brujería abarcó un sinfín de delitos, desde la subversión política y la herejía religiosa hasta la inmoralidad y la blasfemia

La persecución de las brujas coincide en tiempo y lugar con periodos de gran agitación social así que podríamos deducir que la población en general estaba conmocionada y con lo cual más enfurecida. Eso siempre lleva a la radicalización de los comportamientos y en algunos casos a una mayor sed de encontrar un culpable de la situación sobre quien descargar la ira.

Pero curiosamente la caza de brujas no fue un linchamiento popular sino más bien una campaña súper regulada y respaldada por la ley y como ya hemos comentado antes por la Iglesia. Se creó hasta una guía para la ocasión llamada Maleficarum Malleus; algo así como Martillo de Brujas que fue escrito en 1484 y en el que quedaban recogidos tanto los procedimientos a aplicar como las cualidades y comportamientos típicos de una bruja.

Se habla ya en esa época de la histeria femenina que supuestamente y en ese caso, era la desencadenante de esos comportamientos. En el libro se especificaban diferentes métodos de tortura que eran útiles para conseguir información sustancial sobre brujería tanto de las propias brujas como a vecinos que supuestamente hubieran observado alguna actitud sospechosa en alguien.

Entre estas actitudes existen 3 que se consideraban acusaciones irrefutables de brujería:

– Mujeres que tuvieran una actitud que se pudiera considerar sexual hacia los hombres. Es decir, que pudieran tentar y engañar a los hombres con sus atributos y sus prácticas con intenciones diferentes a procrear.

– Mujeres que estuvieran organizadas o tejieran una red de ayuda entre sí.

– Mujeres que supuestamente tenían poderes mágicos sobre la salud. Es decir, que podían curar a los demás.

En estas acusaciones podemos ver una actitud claramente misógina que lo que pretendía era desacreditar a cualquier mujer que pudiera dar la impresión de tener un pensamiento propio; de expresarse libremente o de poder demostrar estar en igualdad de condiciones que un hombre.

Pese a los avances que hemos experimentado en la historia, ¿Creéis que esta lucha se diferencia mucho de la que vivimos hoy en día?

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¿Y tú quién te crees para desearme?

2 de diciembre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Mi cabeza casi siempre (siempre es demasiado tiempo) es una bomba de relojería. Pienso todo el rato, las ideas vienen y van y últimamente una de los pensamientos lo está ocupando el deseo. ¿Qué nos está pasando a las mujeres, sobre todo, con el tema de que nos deseen? Percibo rechazo al hecho de que los hombres nos deseen. Nos hace sentir objetos, cosas, nos sentimos hasta violadas, intimidadas.

Las ideas siguen bailando dentro de mí y llego a la conclusión de que no es que nos deseen, sino cómo muestran su deseo. Y digo; “vale, según cómo me miran me mola más o me da puto asco”. Y es tal cual, enseguida lo sientes en el cuerpo, reacciona ante las miradas ajenas. Algunas muestras te pueden hacer sonreír y otras hacerte huir. Pero, ¿sabéis qué?, que cada vez veo a menos mujeres sonreír y no sé si es porque no encontramos miradas deseantes que nos gusten o porque las rechazamos todas.

El cómo importa, es evidente, pero no me parece suficiente como respuesta y sigo indagando. El dónde y el cuándo también son relevantes ¿verdad? No es igual sentir que te desean en tu puesto de trabajo que en tu casita, no es lo mismo cuando estás de fiesta a cuando estás paseando para respirar después de un día jodido. No es lo mismo, porque nosotras no siempre estamos igual ni queremos siempre lo mismo. Por tanto, llego a la conclusión de que la reacción que siento cada vez que me encuentro en esta tesitura, mi estado cuenta y mucho, porque reconozco que  no todos los días, ni yo, somos iguales.

Tengo la impresión de que ésta última conclusión muchas veces no se toma en cuenta. Intentamos regularizar lo de afuera y estamos haciendo poco caso o ninguno a lo de dentro, aunque me consta que muchas estamos terapeutizadas a muerte. También opino que nuestra reacción depende muchiiiisimo de quién nos desea. Si me muestra deseo quien yo deseo, de lujo, encantada de la vida, pero al contrario si me encuentro con alguien que aborrezco y muestra signos de deseo, le llamo puto baboso. Porque siento el asco en mi cuerpo, claro está, pero no me impide reflexionar sobre ello. Me doy cuenta de que dentro de mis esquemas mentales hay mujeres y hombres que deseo y, por tanto, me encanta que me deseen, y tengo a otra peña que no entra dentro de mis parámetros. Esos parámetros no siempre son compartidos con la normalidad heteropatriarcal, pero tengo unos parámetros, me guste o no. Reconocerlo es bien.

Sigo sumergiéndome y cuestionando mis reacciones y mis exigencias para con lxs demás. ¿Acaso mis no deseadxs no tienen derecho de desearme? ¿Desear es un derecho? Nosotras como nadie, sabemos lo que es vivir la represión del deseo. Nos podían desear, los hombres, pero parecía que no teníamos ni la capacidad de desear. Las mujeres no podían ni debían, y todavía muchas veces parece que tampoco, desear. Éramos sólo deseables pero no deseantes. Qué putada. Pero no porque que te deseen sea una putada, sino porque nos negaban la posibilidad de desear, de elegir, de tomar la iniciativa, a mostraros cachondas y seductoras. Ahora parece que lo que buscamos es la categoría de deseante y aborrecemos a la deseable. Porque creemos que el ser deseante conlleva intrinsicamente más poder. ¿Creéis que es así? ¿Ser deseable es una actitud pasiva? ¿a todas nos tiene que poner cachondas la misma manera y la misma gente? ¿y si a mí me pone muy pero que muy cachonda que me seduzcan? ¿por qué nos ofende que alguien muestre su deseo hacia nosotras?

Creo que podemos estar empoderadas reconociendo nuestro lado deseable, no reconocerlo ni aceptarlo es ocultar una cualidad importante. Ser vulnerables nos fortalece. No quiero caer en la trampa que los hombres se han tendido a ellos mismos, nosotras hemos aprendido que la vulnerabilidad es un tesoro que hay que guardar, cuidar y compartir con quien nos salga del coño (o de donde sea). Somos vulnerables y no pasa nada. A veces nos gusta sentirnos deseadas por alguien en concreto, en el lugar y con los modos que hace que se nos moje el coño. Y no, no siempre me apetece gestionar el deseo ajeno y no, todo el mundo no tiene derecho a expresar su opinión sobre mi cuerpo. Pero creo que el deseo lleva apellido masculino y pienso que, como en muchos aspectos de la vida, la revolución está en feminizar las cosas, no que nosotras queramos ser como ellos. Seguir perpetuando esquemas de dominación, ocultando nuestras vulnerabilidades, competir en todo, hacernos las duras y fuertes, independientes, individualistas...

Ser deseables no nos hace más débiles. Sentirnos vulnerables no nos quita valor. Es incómodo muchas veces, nos remueve por dentro y hay que atenderlo. Pero también podemos jugar, jugar para no hacernos daño y empoderarnos. Porque podemos responder, sentir, querer, no querer, enfadarnos, agradecer... No me gustaría vivir en un lugar donde los deseos no tuvieran su sitio, donde no se ligue, donde no se seduzca, donde no se juegue. El juego está cambiando porque así lo queremos, las reglas de antes ya no nos sirven y reclamamos la diversidad de los juegos y jugadorxs. Muchas no queremos seguir jugando a un juego impuesto, donde nuestros quereres no se han tomado en cuenta, donde nuestro papel es siempre el mismo y nosotras amigas, no somos iguales ni queremos lo mismo.

Conocernos, saber lo que nos gusta, lo que no, cómo lo queremos, de quién lo queremos, dónde, cuándo... son herramientas potentes para poder garantizar la creación de nuevos escenarios donde nos podamos vivir más plenamente. Los “deberes” nos han traído a un escenario donde priman los juicios, culpas, desconocimiento, mentiras y relaciones de poder unilaterales. Los “quereres” nos pueden llevar a nuevos escenarios donde nos sintamos vivas, activas, participantes, poderosas... Que no se nos vaya la olla, no dejemos de jugar.  Si no puedo jugar, no es mi revolución.

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¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

21 de octubre de 2019

María Díaz Crujera, Mujeres Soberanas

Cuenta la leyenda que el rey Arturo fue retado por el terrible sir Gromer. Para salvar su vida, tenía que resolver acertadamente en el plazo de un año un acertijo: ¿qué es lo que realmente quieren las mujeres? Su sobrino sir Gawain, aunque tenía mucho éxito entre las damas de la corte, no tenía ni idea de la respuesta. Para salvar a su tío, el joven decidió recorrer el reino durante un año y preguntar a toda mujer que se encontrara qué era lo que más deseaba. Al cabo de aquel año había recogido muchas respuestas, pero tan diversas que no fue capaz de decidir cuál sería la correcta.

El día en que se cumplía el plazo y aún sin respuesta, el rey se adentra en el bosque para entregarse a su enemigo sir Gromer. En un claro, se topa con un ser horripilante que resultó ser una mujer, lady Ragnell. Ella le ofrece la respuesta correcta que le salvará si, a cambio, el apuesto sir Gawain acepta casarse con ella.

Su sobrino, por salvar a su tío, acepta y obtienen la respuesta al acertijo: “Lo que más desean las mujeres es ser soberanas de sí mismas”.

El cuento no acaba aquí, pero lo que me interesa ahora es la respuesta a la pregunta-acertijo: ¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

Quizá sir Gawain no encontraba la respuesta correcta porque la pregunta en sí es una trampa. Cada mujer es única y peculiar, por eso cada una de las mujeres a las que preguntó contestaba de forma diferente. Cada una de ellas quería decidir sobre sí misma y su vida, ser soberana de sí misma, si bien para cada una esto tenía un significado propio y particular.

En la cultura que heredamos, desde la antigüedad, para las mujeres no era compatible poseer soberanía y dignidad al mismo tiempo. En la antigua Atenas, las mujeres dignas y respetables eran propiedad de su marido, y solo las hetairas se pertenecían a sí mismas; eso sí, eran estigmatizadas y moralmente reprobadas. Se trataba de prostitutas de clase alta, que no sólo ofrecían servicios carnales, sino también compañía y conversación, habiendo sido educadas en oratoria, filosofía y artes. Eran independientes en el ámbito económico, no pertenecían a un hombre, pero no eran mujeres respetables socialmente.

Aunque las cosas han cambiado bastante, aún hoy muchas mujeres seguimos creciendo en un ambiente en el que, si conoces, exploras y disfrutas tu cuerpo a tu antojo, eres juzgada por ello. Conocer nuestro cuerpo, lo que nos gusta experimentar en él y expresarlo libremente, en muchas ocasiones, sigue calificándose como ser una “puta”, pretendiendo que sea un insulto.

Nuestra educación ha tenido y sigue teniendo notables trazas de puritanismo que se pone de manifiesto en situaciones cotidianas o puntuales que desde niñas hemos ido “mamando”. Nuestro cuerpo se nos ha hecho ajeno y desconocido mediante frases como: “No te toques ahí, cochina” o alguna de sus variantes… Mi abuela tenía una expresión comodín que servía para todo: “Eso no es propio de una mocita”.

De esta manera, hemos visto limitadas las oportunidades de exploración de nuestro cuerpo, de sus posibilidades, de las diferentes cualidades de las sensaciones, intensidades, ritmos… Y, frecuentemente, las guardianas de esa decencia han sido madres y abuelas, que pretendiendo proteger de los supuestos peligros que acarrea el saber “demasiado” han privado a las pequeñas de estos aprendizajes, dejándolas en realidad perdidas en la ignorancia. Nuestros principales referentes femeninos, especialmente las madres, se nos mostraban como seres virginales y asexuados, cuyos cuerpos eran un misterio y, aparentemente, no gozaban ni deseaban. El silencio y la ocultación eran claves en el mantenimiento de esta expropiación de los cuerpos.

Aún conozco mujeres jóvenes que cuando tienen la regla “están malas” y que van a la ginecóloga para que les mire “ahí abajo”. De pequeñas no accedimos a un vocabulario más digno para nombrar nuestra vulva y lo relacionado con ella, y en los libros de texto escolares sigue sin aparecer el clítoris en la anatomía genital - ¡Total, si no es necesario en la reproducción! Y, para colmo, nos mete en el lío de hablar de placeres…-

Es importante hablar de vulvas, para hacerlas visibles, pensables, imaginables, lúdicas… acogidas en la globalidad de un cuerpo, también sexuado y sensual, que no siempre es aceptado, escuchado y valorado como se merece. Qué importante puede resultar para muchas mujeres poner un espejo entre sus piernas para observar su vulva con amabilidad y con la curiosidad de la niña que un día fueron.

Y por supuesto, qué necesario va a ser también reflexionar y hablar sobre qué pasa con los genitales de las mujeres que tienen pene o de aquellas cuya morfología genital no se parece a lo que se espera que “ha de ser” una vulva o un pene…

Por otro lado, en nuestra sociedad se fomenta una visión casi esquizofrénica sobre la propia imagen corporal, que debe responder a un patrón de belleza imposible de alcanzar, puesto que no es real ni “normal”. Un patrón de belleza que se presenta a través de imágenes absolutamente virtualizadas de cuerpos que no son reales. Si yo me miro al espejo y comparo mi imagen real con la del modelo irreal impuesto, resulta que mi cuerpo no es como “debería ser”. Esto me lleva a que no me guste mi cuerpo, a no aceptarlo. Es decir, a no gustarme a mí misma, a no aceptarme.

Esta mirada distorsionada se dirige hacia una misma y hacia las demás, lo que además genera situaciones de competitividad y recelo entre las mujeres.

Otra idea que está de fondo es la de que solo los cuerpos que se ajustan a determinadas formas, tamaños, texturas… tienen derecho a gozar, como si el resto de cuerpos no sintieran las caricias, las humedades o el calor que los inunda… como si el goce fuera un derecho solo de algunos cuerpos, cuando es una capacidad universal, un hecho que acontece a todos los seres humanos, simplemente porque estamos diseñados para sentir, para gozar.

Se dice que vivimos en una sociedad de culto al cuerpo, refiriéndose al empeño de conseguir una determinada imagen y estética acorde a la moda, a los cánones vigentes. Frente a ese falso culto al cuerpo, a mí me interesa cultivar el cuerpo desde otro lugar, el del disfrute de estar viva, de los placeres sensoriales de la piel y la carne, de las capacidades que todo cuerpo vivo tiene, sea como sea éste… Mi cuerpo es mi hogar, es mi forma de estar en el mundo y es digno de celebración y agradecimiento.

Conectar con el momento presente, a través de la respiración, del movimiento, del tacto, del juego, me facilita reapropiarme de mi cuerpo, conocerlo, descubrirlo y sintonizar con aquello que justamente ahora me apetece, sea estando sola o en la interacción con el otro, con la otra.

Muchas mujeres me dicen que tienen claro qué es lo que no quieren y suelen evitar. Pero ante la pregunta sobre lo que sí desean, muchas veces se sienten perdidas, no saben…

Poner el foco en lo que sí quiero, me gusta, me apetece, es muy revelador. Podemos empezar por explorar con nosotras mismas y con placeres “pequeñitos”. La actitud de apertura al placer se cultiva en lo cotidiano, en las pequeñas cosas diarias que me resultan gustosas como, por ejemplo, tomar mi infusión preferida poniendo toda mi atención en las sensaciones. Concentrarme en el olor, el sabor, la temperatura, el color… De la misma forma, buscar un rato de calma para, tras la ducha, poner toda mi consciencia en recorrer mi cuerpo con mis manos, con ese aceite aromático que tanto me gusta y, sencillamente, observar mis sensaciones, observarme…

Los descubrimientos de estas exploraciones serán los que puedan ofrecer luego en el juego erótico con sus amantes. Conocerme a mí misma me permite regalarle a la persona con quien comparto placeres el conocimiento de aquello que más me apetece justo en este momento. Ofrecer propuestas, pistas, peticiones, es brindarle a mi compañero o compañera de juegos la oportunidad de acompañarme en el goce haciéndome responsable de mi propio disfrute.

Los modelos impuestos que tenemos sobre cómo deben ser los encuentros eróticos muchas veces pesan como una losa. Ir descubriendo el camino mediante el juego, creando mi propio sendero en compañía de quien elijo, se facilita con la práctica de la comunicación: expresando y escuchando…

Como sexóloga, trabajar con grupos de mujeres me brinda la posibilidad de facilitar espacios de encuentro entre nosotras, lúdicos y amables, de escucha atenta y activa. Ambientes creados para encontrarme conmigo misma a través del encuentro con las demás. Crear entornos en los que el cuerpo tiene el protagonismo. Un espacio y un tiempo en el que habitar mi cuerpo, conectar con mi ser, y elaborar lo vivido a través de la palabra: poner palabras para mí, para visibilizar y revelar lo oculto, para hacerlo pensable; y poner palabras para facilitar la comunicación con quien estoy compartiendo.

Sea cual sea nuestra biografía, ponernos en contacto con nuestro cuerpo, es ponernos en contacto con nosotras mismas, por lo tanto, conocernos un poco más, hacernos conscientes de nuestra sexualidad, de nuestra erótica y abrir la puerta al cultivo del arte de amar.

Como decía al principio, entiendo la soberanía como la capacidad de gobernarme a mí misma, de cuidarme, de tener la máxima autoridad sobre mi cuerpo, mis deseos, mis placeres… De expresarme desde todo mi poderío interno, siendo dueña de mí misma y haciéndome cargo de mi libertad. Y, para mí, el camino para ser soberana pasa por habitar mi cuerpo con placer y orgullo, por conocerme, aceptarme y amarme. Sabiéndome la digna propietaria de mi misma y todo lo que a mi cuerpo concierne.

Ah, si queréis saber cómo termina el cuento de lady Ragnell, ahí va el desenlace:

En la noche de bodas cuando se quedaron a solas, sir Gawain haciéndose a la idea de que ella sería su mujer y, por lo tanto, más le valía empezar a valorarla, le besó en los labios. Con el suave y breve gesto afloró su auténtica belleza. Un hechizo la había mantenido bajo un horrible aspecto y el beso había roto el encantamiento, aunque solo en parte. Ahora lady Ragnell mantendría cada aspecto la mitad del tiempo. Entonces, le dio a elegir a él si prefería que ella fuera bella de día ante los ojos de los demás y horrible por la noche cuando compartieran la intimidad de la alcoba; o si prefería que se mostrara hermosa en esos momentos juntos y espantosa el resto del tiempo.

El muchacho, que era muy aplicado y había pillado de qué iba la onda, le contestó que solo ella podía elegir su destino, que ella eligiera soberanamente sobre su vida. Y justo esta respuesta fue la que deshizo completamente el sortilegio y así fue como lady Ragnell volvió a mostrar día y noche su original belleza.

Belleza, cuyas características no conocemos, pues en la leyenda, como en la mayoría de los cuentos de tradición oral, no se describen, para que cada cual pueda imaginarla a su manera. Pues la belleza real no se corresponde con un modelo concreto. Es bella quien desde el conocimiento y aceptación de sí misma se muestra en todo su esplendor. Ser atractiva depende sobre todo de la propia actitud: al saberme hermosa tal como soy, reflejo esa hermosura en los ojos de quien me mira, en las manos de quien me toca, en los oídos de quien me escucha… Pero esta es otra historia que en otro momento podremos contar.

De Peculiares

Mujeres que han tenido que firmar sus libros bajo: Anónimo

16 de octubre de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

En la historia de la literatura nos encontramos a numerosas mujeres que tuvieron y tienen que usar seudónimos o publicar su obra de forma anónima para ocultar su género y así poder hacerse un hueco entre sus compañeros masculinos, hagamos un pequeño viaje por la historia de la literatura y veamos algunos ejemplos.

En el pasado

Se cree que la primera escritora fue una mujer, la sacerdotisa sumeria Enheduanna allá por el siglo III antes de Cristo y que la primera gran novela fue escrita por una japonesa llamada Murasaki Shikibu en el siglo XI.

Hay más ejemplos, entre ellos podemos encontrar a las hermanas Brönte, que usaron los seudónimos de Currer, Bell y Acton Bell para poder publicar, en un mundo dominado por la literatura masculina, algunas novelas que se convirtieron en clásicos de la literatura, Jane Eyre de Charlotte, Cumbres borrascosas de Emily y Agnes Grey de Anne respectivamente.

Otra autora muy conocida que se ocultó bajo nombre masculino para poder publicar fue Aurore Dupin más conocida como George Sand. Aurore además se vestía con ropa de género masculino para tener acceso a lugares a los que solo tenían acceso los hombres

Otro caso conocido fue el de la española Cecilia Böhl de Fabe más conocida como Fernán Caballero, la cual también necesitó un nombre masculino para poder tener un hueco entre los autores de su época.

En el presente

Pero no tenemos que ir tan lejos en el tiempo, hay escritoras actuales que todavía utilizan pseudónimos masculinos o iníciales, para ocultar su condición de mujeres, casos más que famosos como la autora de Harry Potter, J.R. Rowling o J.D, James, la autora de Cincuenta Sombras de Grey (sí, fue escrita por una mujer).

¿Por qué hay tantas mujeres que ocultan su género femenino para escribir?

La razón de ello es que todavía hay editoriales que piensan que si los lectores creen que el libro está escrito por una mujer, este se venderá menos. Hay roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que la sociedad considera más apropiados para hombres o mujeres y uno de ellos es la creación de obras literarias.

De hecho, la misma autora de Harry Potter, Rowling, también escribe novela negra bajo el pseudónimo de Robert Galbraith. ¿Por qué escribe bajo pseudónimo masculino y no femenino, es para alejarse de la sombra alargada de Harry Potter o porque se considera la novela negra un género masculino? A mí me da la sensación que la respuesta de Rowling sería la segunda.

El mundo editorial es muy competitivo incluso para los hombres, es por eso que muchas mujeres prefieren hacer más fácil el camino, que no es nada fácil, ocultando su condición femenina. Lo cierto es que se reseñan y se destacan más los libros escritos por hombres que escritos por mujeres y también en los premios literarios vemos una predominancia masculina.

¿Significa que los hombres escriben mejor que las mujeres?

La razón parece que deberíamos buscarla es el establecimiento de una sociedad centrada en la figura masculina y que (todavía) relega a la mujer escritora a un segundo plano. Las editoriales apuestan más por los nombres masculinos, la respuesta está en la sociedad en la que vivimos ya que muchxs delante de un libro aún se decantarán más si este es escrito por un hombre que por una mujer.

¿Y las obras anónimas?

La literatura está plagada de obras anónimas. ¿Qué motivos tuvieron sus autores para ocultar su nombre?, ¿quizás muchas de estas obras fueron escritas por mujeres? Ya lo decía Virginia Wolf en su ensayo “Una habitación propia” que defendía la hipótesis que la mayor parte de las obras llamadas Anónimas, eran en realidad escritas por mujeres. El motivo es muy claro, era la manera de conseguir que sus obras artísticas tuvieran el reconocimiento merecido.

Aunque muchas obras sin nombre nunca sabremos quién las escribió. También hay anónimas que se conocen, ocurre con frecuencia en ciertos géneros literarios en los cuales una autora femenina sería como mínimo motivo de escándalo, como la literatura erótica, un ejemplo seria la obra La pasión de Mademoisselle S. Esta obra es una recopilación de cartas eróticas encontradas de forma casual en un desván parisino en los años veinte escritas por una mujer de la que nunca se hizo público su nombre para “preservar su intimidad”.

Lee
De Peculiares

Puertas abiertas: talleres de empoderamiento femenino

Jornada de puertas abiertas en Pilates Femenino Bilbao

20 de septiembre de 2019 
19:00 a 20:30 horas

Hay un momento en nuestra vida adulta en el que nos damos cuenta que cuidar nuestro cuerpo y entender ciertos conceptos nunca está de más. Y eso también incluye nuestra mente, nuestra sexualidad, la forma en la que vivimos y nos relacionamos con nuestra pareja y las emociones que nos invaden siendo mujer a cierta edad.

Porque sabemos que para ti también es importante, este año te damos la posibilidad de venir a nuestro taller y tutorial mensual impartido por la sexóloga Melanie Quintana Molero de Somos Peculiares – Revista online de divulgación sexológica.

En él te damos la posibilidad de que redescubras tu cuerpo, aprendas cosas que no sabías de él, reavives tu deseo, cuides tu suelo pélvico con ejercicios guiados, cultives tus emociones y resuelvas todas las dudas que tengas con nuestra profesional.

Si estás pensando si esto es para ti acércate a Pilates Femenino Bilbao el 20 de septiembre de 19:00 a 20:00 horas y conoce a Melanie. En esa hora, totalmente gratuita y a la que puedes venir con tus amigas, nos explicará en qué van a consistir los talleres y os dará la posibilidad de crear grupos a diferentes horas y teniendo en cuenta las necesidades concretas de cada persona: edad, embarazo, con problemas de salud específicos…

No te quedes con la curiosidad. Ven, infórmate, pregunta. Si lo que necesitas es más información de forma privada puedes escribir un correo a somospeculiares@gmail.com

Ponente: Melanie Quintana Molero

Precio: Gratuito

Lugar: Pilates Femenino Bilbao

 


Pilates Femenino Bilbao

Pilates Femenino BilbaoPilates Femenino Bilbao

¿Cómo llegar?

De Peculiares

¿Cómo gestionar el rechazo?

¿Cómo gestionar el rechazo?

21 de junio de 2019

Colab. Melanie Quintana y Xandra Garcia 

Muchas veces cuando nos metemos en la aventura de conocer a alguien y queremos hablar con él o ella, nos surgen miedos y dudas sobre si seremos o no aceptadxs por la otra persona. En ocasiones, la tentativa de recibir un NO nos paraliza y nos bloquea y no nos permite vivir esa experiencia. Nos olvidamos del juego y nos centramos en el resultado, olvidamos que lleve a lo que nos lleve esa iniciativa, es decir, una noche de sexo, una pareja estable, una amistad o que se quede en ese momento; conocer al otro, es divertido en sí mismo.

Sin embargo, si sabemos cómo actuar ante el rechazo podemos romper esas barreras que nos impiden vivir la experiencia de entrarle a alguien o ligar. Hay que tener en cuenta que cuando nos dicen NO, ese NO, puede tener muchos matices. Con la campaña NO es NO, se está consiguiendo que se respete a las mujeres cuando su decisión ante alguna situación es una negativa a la proposición recibida (sobre todo a nivel erótico). Pero un NO también nos los puede dar un hombre, ellos también tienen derecho a decidir si les apetece hacer algo o dejar de hacerlo, y a veces se nos olvidan que ellos también deciden.

Este mensaje, también les ha robado la posibilidad a las mujeres de decidir decir SÍ a alguna proposición, porque ¿cómo van a decir SÍ a algo y que no se les tache de guarras o de promiscuas? O la posibilidad de decir un SÍ a algo y un NO a otra cosa. No tiene que porque ser un NO a todo. Igual les apetece hablar contigo y ya está, o besarse y que no les metas mano, o bailar contigo y sentir tu cuerpo, pero no apetecerles llegar a más…

De hecho, muchas veces un NO, puede significar un NO AQUÍ, porque no le parece el lugar apropiado, porque están sus amigxs y no quiere que le vean…; un NO ASÍ, porque la forma en la que le estás entrando no le gusta, o la forma en la que le estás tocando, o dando por hecho que quiere algo…; un NO AHORA, porque no es el momento, o, simplemente, un NO A TI, porque tú no le gustas, porque se había fijado en otrx, porque no eres su estilo...

Puede ser muchas cosas, y tener implícitos muchos matices, lo importante sería aprender a ligar y no quedarnos solo con esa idea de victimismo que hemos adoptado las mujeres con la campaña NO es NO. Aprender que a veces podemos decir SÍ. Y sobre todo respetar. RESPETARNOS. Respetar que puedo cambiar de padecer, de apetecer o de opinión durante el propio juego por muchos motivos. Que el juego siempre es de dos y que nadie debe llevar la batuta o el control sobre el otro, a menos que estéis jugando a BDSM, en tal caso, el juego de roles estaría pactado y estaríamos hablando de ceder el control.

Pero volviendo al tema, si decides aventurarte a romper esas barreras del miedo, y te animas a conocer a otra persona, desde el respeto, estas son algunas claves que puedes utilizar para gestionar el rechazo o la negativa por su parte.

1.Échale humor al asunto: No te dejes llevar por un comentario negativo. En un primer momento puede ser que te respondan con un NO, porque no es el sitio, no es lugar o no eres la persona que esperaba, como hemos comentado antes. Ten en cuenta que esa persona no te esperaba a ti. Un comentario gracioso y no ofensivo o borde ante su respuesta puede darte más tiempo o una segunda oportunidad de conseguir una nueva impresión.

2. Pregúntate si el rechazo es hacia ti: Hay que tener en cuenta que es un primer contacto con esa persona, no te conoce y solo te está juzgando por tu imagen, por tu forma de entrar o por tu forma de hablar. No te preocupes si te suelta un NO sin ni siquiera abrir la boca. Puede que esa no sea la persona que tengas que conocer esa noche o puedes utilizarlo como una oportunidad para demostrar tus encantos. Por ejemplo: puedes demostrar que eres una persona con humor y empezar con alguna frase que le desmonte su rechazo y dejarle ver esas facetas que no se ven a primera vista.

3. No pierdas de vista el objetivo: No te dejes llevar por una mala respuesta, que no te arrastre la mala energía, recuerda que fuiste a ligar, a conocer a otra persona y a pasar un buen rato. Una mala contestación solo puede hacer que os distanciéis o entréis en una dinámica de mal rollo. Por el contrario, una respuesta ingeniosa reducirá el nivel de tensión que se puede generar entre los dos, y si no genera una segunda oportunidad, siempre podrás quedar bien y demostrar que se puede ligar con educación.

4. No olvides que ligar es un juego de dos: No solamente el que entra puede ser rechazado, la responsabilidad de que eso funcione o no es de los dos. Una vez que uno ha roto el hielo a los dos les incumbe llevar a hacia un lado o hacia otro la situación. No solamente es responsabilidad de la persona que entra, la otra persona también tiene que hacer algo para mantener el juego y los roles se pueden intercambiar. Ten en cuenta que si inicias un acercamiento también puedes acabarlo en el momento que quieras. Pero recuerda hacerlo siempre con educación y empatía hacia el otro. Por ejemplo: Si ves que en algún momento la cosa está atascada, deja de resultarte divertido, interesante o estimulante, siempre puedes decir aquello de:

  • Ha sido un placer conocerte, me voy que me esperan mis amigxs.

5. Si la cosa no cuaja, retírate con elegancia: No te dejes llevar por el orgullo ni por el ego, al fin y al cabo, solo va a hacer que te sientas peor. Evita entrar en una espiral de insultos o reproches, siempre puede ser un buen momento para disculparse y pedir un Gin Tonic. O soltar alguna frase como:

  • Disculpa no quería molestarte, solo quería conocerte.
De Peculiares

Convivencia de parejas lésbicas

Convivencia lésbica

19 de junio de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Un caos, así es como muchos se imaginan que es la convivencia entre mujeres. ¿Acaso no habéis oído alguna vez esa frase de? “Estarás contento viviendo con tantas mujeres, te tendrán loco”, sobra aclarar que proviene de un hombre y se dirige a otro. Se me salen los ojos de las órbitas cada vez que escucho esta frase. Y es que, además de los mitos sobre la sexualidad de las mujeres lesbianas, también corren otros de cómo es su convivencia. Pero hoy tengo una nueva misión, enseñar lo maravillosa, y a veces desastrosa, que es la vida en pareja (de lesbianas).

Cuando me he puesto a pensar en las escenas de convivencia de parejas lésbicas no he podido evitar acordarme de Unas lesbianas de cuidado, una obra maestra dibujada por Alison Bechdel. Bechdel es un referente, más allá de su famoso test aplicado al lenguaje audiovisual, sabe sacar lo mejor y lo peor de las situaciones cotidianas siempre con mucho humor. Odio las generalizaciones y los estereotipos, eso de meternos a todas en el mismo saco y crear un prototipo de lesbiana, no me parece correcto ni acertado, porque, aunque a veces la gente se sorprenda cuando digo esto, las lesbianas somos personas, y como cualquier otra persona, cada una de nosotras tenemos una manera de vivir, sentir y expresarnos, así que eso de que para certificar si eres lesbiana o no tienes que cumplir con ciertos parámetros mejor lo vamos olvidando. Sin embargo, a veces nos sorprendemos cuando muchas de esas situaciones estereotipadas empiezan a cumplirse en nuestras vidas diarias. Aquí Bechdel se ríe largo y tendido de estos impuestos y a veces auto-impuestos que sin darnos cuenta, asumimos y representamos en más de una ocasión.

Juntas, revueltas pero no iguales

La convivencia es esa gran palabra que parece no decir mucho pero que re-significa todo. Para algunas un drama para otras un gran paso y es que ¿qué ocurre cuando comenzamos a vivir juntas? Algo tan sencillo como aprender a compartir espacios y sobre todo decisiones. Tenemos claro que aunque la vida en pareja necesita de espacios personales, no podemos evitar que en muchos aspectos de la vida nos acerquemos la una a la otra y empecemos a coincidir demasiado.

La mimetización es irremediable. ¿Cómo? Si eres lesbiana y estás leyendo esto dime por favor que te han dicho eso de “cada vez os parecéis más”. Tras la expresión de ojos en blanco os he de decir que aunque dos mujeres pasen mucho tiempo juntas, aunque tengan tantos encuentros eróticos que a veces se crean una, no, no van a hacerse gemelas. Estoy pensando en muchas parejas heterosexuales que acaban pareciendo uno el clon de la otra y no se nos ocurre decirles que parecen gemelos, y todo porque presuponemos que tienen genitales diferentes. Vivir juntas, compartir espacios, tomar decisiones de vida en conjunto e incluso apoyarnos en cambios de estilos, no significa que vayamos a pasar a ser una sola.

Lesbianismo, veganismo y todos los ismos

Eres lesbiana y eres vegana o vegetariana, es una de las imágenes más estereotipadas sobre las figuras lésbicas. No me preguntéis el por qué pero parece que por tener una orientación sexual eso implica que tu estilo de vida cambia. Bechdel presenta frecuentemente a sus personajes en la Coop. un supermercado cooperativo donde se impulsa el consumo sostenible y responsable. Además, las protagonistas de sus cómics promueven este estilo de vida veggiefriendly. Cuando te haces vegetariana o vegana, te das cuenta de que no has pisado un supermercado tradicional en meses, tu historial del ordenador está repleto de las visitas a webs sobre nutrición ecológica, vegetariana y el impacto medioambiental, te das cuenta de que ya no eres tú, eres uno de sus personajes. Acabas de sumar un número al estereotipo, pero con orgullo y mucho humor.

Pero esto no es un imperativo, ¿acaso no hay lesbianas carnívoras y que no tienen interés por estos temas? Es lo que tiene ser personas, que somos tan diversas como las demás.

Pero no solo son ismos en estilos de vida y alimentación, sino también políticamente. Aunque qué queréis que os diga, con los tiempos que corren no muy a favor de la igualdad y los derechos de las mujeres no estamos como para dejar el ismo a un lado.

Sexo, bragas y confusiones

 Ya sabemos que la convivencia requiere organización y reparto de tareas y que con el ritmo de vida que llevamos no siempre nos da tiempo a tener todo en su sitio y qué pasa entonces... que llega uno de los momentos más divertidos que va encabezado por un: ¿son tuyas o mías éstas bragas?. Esto sí que es una decisión seria, atribuirle un cuerpo a esas bragas que las pobres han quedado olvidadas en el cesto de la colada y que tras noches y mañanas de pasión ya no saben de dónde vienen. Si las tallas o los gustos son muy diferentes, os perderéis esta escena lésbica que suele ocurrir al menos una vez por semana. Pero si tenéis una talla similar, compartís calcetines o alguna otra prenda de uso rutinario sin pertenencia clara, será una constante en vuestras vidas.

“Este era tuyo y este mío, ¿y ahora?”. ¿Sabéis a qué me refiero? Sí a ese juguete sexual que te gustaba tanto cuando no vivíais juntas. Ha llegado un punto en el que el cajón de los artículos eróticos se ha mezclado tanto que hay que etiquetarlos para saber su procedencia. Vida nueva juguetes nuevos, pero te da pena deshacerte de ese que tanto placer te dio en tu vida de soltera, así que lo unes al nuevo armamento del placer y el batiburrillo sexual que ahí se crea ya no tiene solución. Mirándolo por el lado bueno, por fin tienes en tus manos eso que ella usaba cuando la visitabas y que tanto te gustaba. Ahora tienes la oportunidad de mezclarlo como quien no quiere la cosa.

Que la menstruación de dos mujeres que viven juntas se sincroniza no está probado científicamente, tras esto hay muchas creencias y teorías, pero lo que aquí nos importa es la realidad. Y la realidad es que el día que coincide es una fiesta de copas menstruales. Una de las imágenes que últimamente hemos visto en las redes sociales y que me ha encantado es la de dos copas menstruales hirviendo a la vez en un cazo. Eso es amor puro. Esto todavía no lo he visto en los trabajos de Bechdel, pero que se ponga las pilas, porque es una escena lésbica digna de retratar.

Escenas de parejas lésbicas hay muchas, puedes o no entrar dentro del estereotipo, pero lo que sí debes hacer es reírte, reírte mucho. Sobre todo, cuando te paras, miras a tu alrededor y te das cuenta de cuánto hay en ti de estas imágenes o en otras que no han cabido aquí.