De Peculiares

Educación sexual: ¿Pornografía y fábrica de homosexuales?

29 de enero de 2020

Laura Marcilla

Terminando el primer mes del año me entristece enormemente que uno de los temas más recurrentes en los debates de actualidad sea la educación sexual. Y no porque estemos hablando de cómo mejorarla, de cómo ampliarla, de realizar quizá programas de educación sexual en la televisión nacional (como hacen otros muchos países). No, porque volvemos a poner en duda, en pleno siglo XXI, que sea necesario un derecho tan básico (recogido por la ONU, la OMS, la UNESCO y varias leyes educativas y convenios internacionales).

Después de más de 30 años funcionando la educación sexual en nuestro país, de repente, de la nada, se ha convertido en un problema. ¿Por qué? ¿De dónde surge la necesidad de repensar estas medidas educativas? ¿Ha habido algún escándalo? ¿Acaso se han detectado mala praxis o profesionales que acumulen quejas o denuncias? Pues resulta que no, pero parece ser que de un día para otro el veto parental (el llamado “pin parental” por sus defensores) se ha convertido en una medida de extrema necesidad para evitar que llenemos la cabeza de los jóvenes de ideologías y adoctrinamientos.

Imagino que las personas que nos acusan a los educadores sexuales de tamaña desfachatez no son conscientes de que somos seres humanos corrientes y que, incluso si nuestra intención fuera realmente adoctrinar o lavar la mente a los adolescentes, las dos o tres horas que nos permiten (con suerte) estar en el aula no darían para lograrlo de manera efectiva.

Sobra decir que la educación sexual no es incompatible con ninguna religión o sistema de creencias y que nuestra intención no es contradecir la educación recibida en el hogar. Todo lo contrario, animamos a los padres y madres a que hagan educación sexual también en casa y nos encantaría encontrarnos a menos jóvenes con dudas y mitos sobre sexualidad porque hayan tenido la oportunidad de aprender de sus familias en lugar de hacerlo en la pornografía.

A menudo ofrecemos talleres para padres y madres en los que nos ofrecemos a resolver las dudas que ellos mismos puedan tener a raíz de su escasa educación sexual y en los que ofrecemos recursos interesantes, como libros o películas, para sacar estos temas poco a poco y de manera natural con los hijos e hijas. ¿Y cual es la triste realidad? Que estos talleres para familias rara vez llegan a materializarse porque lo más frecuente es que los padres no deseen asistir o no estén interesados en conocer las dudas que nos plantean los chicos y chicas en el aula. Y de verdad lo digo, ojalá se involucrasen más para no tener que responder tan a menudo dudas anónimas de gente joven que no tiene claro cuáles son las prácticas de riesgo y cómo evitarlas y me lo preguntan a mí porque (cito literalmente) “en internet leo de todo y a mis padres no se lo puedo preguntar ni muerta”.

Ser padre o madre es algo maravilloso, pero, por desgracia, no te otorga mágicamente superpoderes y conocimientos sobre todos los temas relevantes para poder enfrentarte a la realidad de la crianza sin fallos ni necesidad de nuevos aprendizajes. Nuestra labor no pretende ser un sustituto de la educación en familia, sino un complemento, especialmente en esta época en la que internet, que debería facilitarnos adquirir nueva información, nos aturulla con infoxicación, bulos y medias verdades.

Y precisamente por culpa de los bulos estamos donde estamos, por los que dicen que enseñamos a los niños y niñas a masturbarse, que les ponemos videos pornográficos, que incitamos a la zoofilia y a la pederastia, que los animamos a tener relaciones sexuales muy pronto o que intentamos convertirles en homosexuales.

De verdad, suena tan absurdo que me cuesta hasta escribirlo. Pero hay ríos de tinta y vídeos enardecidos denunciando esto como si nuestro trabajo fuera una fábrica de perversiones.

En primer lugar, me pregunto: las personas que asimilan estos bulos y los difunden, ¿cuál creen que es el propósito de esas supuestas intervenciones? ¿De qué nos serviría a los educadores sexuales, o a la sociedad en general, los resultados de esa hipotética educación pervertidora?

Más allá de no tener sentido estas afirmaciones, ¿de verdad podemos creernos que esto ocurre sin consecuencias en un país democrático donde todas esas cosas aparecen recogidas como delitos? Y no en un taller aislado o dos, no. En toda una serie de talleres que parece que se imparten, con el beneplácito de docentes y directores de centros educativos, a lo largo y ancho del país, con un secretismo tal que no existen documentos ni pruebas que lo avalen.

Ah, bueno, sí que hay algunas pruebas. Tergiversadas, por supuesto. Vídeos que se están difundiendo como si se hubieran impartido a menores cuando realmente son intervenciones que se han realizado con familias o en la Universidad, de manera voluntaria, además.

Lo más escandaloso que se puede ver en un taller de educación sexual, de esos que sí existen en la vida real, es a una persona enseñando a poner un preservativo para evitar embarazos no planificados o infecciones de transmisión sexual. Y eso es lo más heavy que podemos encontrarnos. El resto suele ser visibilizar a las personas del colectivo LGBTI+, romper mitos sobre la diversidad sexual, derribar estereotipos de género, prevenir los celos y las conductas violentas en pareja, ofrecer recursos para personas que hayan podido sufrir discriminación o agresiones sexuales…

Podemos pasarnos horas y horas ejerciendo nuestro trabajo sin mencionar siquiera las relaciones sexuales o los genitales, porque lo sexual, aunque nos cueste asimilarlo, trasciende la erótica. En realidad, si aparecen conceptos como orgías o masturbación en la clase suele ser porque los propios jóvenes lo mencionan para resolver alguna duda que les haya surgido a raíz del consumo de pornografía y nuestra intervención va dirigida a asegurarnos de que no se crean a pies juntillas todo lo que vean en internet. Ah, bueno, y a explicarles como se llaman correctamente sus genitales, ya que muchos de ellos y ellas solo se atreven a usar eufemismos, como si decir pene o vulva fuera algo sucio.

Todos y cada uno de los días en los que imparto talleres de educación sexual, salgo convencida de la necesidad de estas clases. También los profesores y profesoras nos confirman a menudo esta impresión. Porque sí, permanecen en el aula durante nuestra actividad y son testigos mudos de que la realidad de nuestro trabajo no se acerca ni de refilón a las barbaridades que cuentan que promovemos.

Imagino que hay muchos intereses detrás de generar un debate sobre algo que no tiene sustento real, más que las mentiras que se han empeñado en difundir. En una sociedad donde no se permite que la verdad estropee un buen titular y donde pasamos más tiempo desmintiendo bulos que ofreciendo nuevos conocimientos, la educación sexual va a seguir siendo cada día más necesaria. Y estoy segura de que, después de varias semanas (quizá meses, nunca se sabe) en los que tendremos que defender a capa y espada nuestra labor, el derecho a la educación sexual prevalecerá por encima de los miedos infundados de quienes vierten falsedades. Siendo optimista, confío en que salgamos reforzados de esta contienda y, una vez reafirmada la necesidad de la educación sexual, el debate se centre en cómo mejorarla y hacerla más accesible en todos los centros educativos, para que no haya un solo niño o niña que acabe la etapa escolar sin haber recibido su correspondiente dosis de educación sexual.

De Peculiares

“Mamá, ¿de dónde vienen los niños?” y otras preguntas que asustan a familias

"La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo" Nelson Mandela

 

Norma J.Brau

13 de noviembre de 2019

¿Por qué los niños tienen pilila y las niñas tienen pepe? ¿Cómo se hacen los niños? ¿Duele perder la virginidad?... y otras muchas preguntas terroríficas ponen a familias al borde de un ataque de nervios y les lleva a preguntarse: ¿De qué puedo hablarles y de qué no? ¿Qué tono es el adecuado en la educación sexual? ¿No será demasiada información? Si tienes serias dudas con peques de tu entorno… ¡sigue leyendo!

Muchas veces quienes no son profesionales de la Educación Sexual piensan que es una tarea difícil de llevar a cabo en casa, en un entorno educativo informal… sin embargo, que sea difícil no significa que no hagamos Educación Sexual. Es más, hacemos Educación Sexual; todos los días, mucho más de lo que pensamos. 

Damos mensajes sobre qué es ser mujer y ser hombre, transmitimos nuestras ideas sobre las relaciones y el amor… Por lo tanto, ya que lo hacemos, ¿qué tal si lo hacemos de manera consciente?

Antes de nada, pregúntate, ¿qué quieres transmitir? 

Está claro que si te has planteado que “tienes que hablarles de sexo” es porque algo les quieres contar. Un mensaje claro, una idea que crees que necesitan o te gustaría que compartiesen. 

Es muy importante diferenciar también tus deseos y necesidades de los suyos. Es probable que tengas miedo de qué les pueda pasar con sus sexualidad, en su desarrollo, en su crecimiento… pero hacer tu miedo el de ellos no ayudará. 

Ten claro qué les quieres decir y con qué finalidad y diferéncialo de las emociones y sentimientos que te guían en esta dirección. 

Comparte tus dudas y miedos 

Diferenciar la información a transmitir de tus sentimientos y emociones no es que debas ocultar todo esto. ¡Claro que les puedes compartir cómo te sientes, hasta si es negativo! Habla sobre tus emociones, no desde ellas. 

La confianza se genera construyéndola. Viéndote como alguien cercano y que habla con sinceridad, los peques de tu entorno se sentirán mucho mejor acogidos que en otros contextos para compartir sus vivencias.  

Recuerda tus límites

Límites de funciones, límites morales, incluso límites de conocimientos… Eres un ser humano, si bien puedes parecer la mismísima Wonderwoman o el mismísimo Superman con todo lo que haces por tus peques, no lo eres. 

Si hay cosas que debe compartir con otras personas (grupo de iguales, familia…) lo sugerimos. 

Si hay algo en lo que nuestra moral nos impide hacer un buen acompañamiento, lo exponemos. 

Si hay información que desconozco, lo reconocemos y ofrecemos hacer una búsqueda conjunta de información. 

Lo importante es ser referentes de confianza, como personas adultas somos un buen filtro de mucha desinformación y riesgos que en edades más tempranas se pueden llegar a tomar desde el desconocimiento. 

¡Fuera vergüenzas… en el lenguaje!: lo que no se nombra no existe

Esto cuesta mucho. Es más, a quienes estudiamos sexología en su día nos costó, pero es imprescindible. 

No vamos a pedir que todas las familias y entornos educativos se vuelvan naturistas y que se viva en pelota picada. Es más, intentar ser más moderna/os de lo que en realidad somos es contraproducente. 

Donde sí importa poner el foco es en llamar a las cosas por su nombre. Como nos decían en el máster, “lo de abajo son los pies”. Igual que los brazos, los ojos y la nariz, los genitales, las gónadas y otras partes del cuerpo tienen sus nombres: vulva, vagina, clítoris, pene, glande, escroto… 

Tampoco pasa nada por llamar a cada práctica como lo que es: estimulación oral de genitales (o sexo oral), masturbación, penetración (no suele ir de más especificar el tipo de penetración de la que hablamos, por ejemplo, “del pene en la vagina”).

¿Qué es peor, entrenarse para decirlas o saber que esa personita en un futuro se va a sentir avergonzada y no va a tener recursos suficientes cuando, por ejemplo, en una consulta médica de revisión habitual tenga que hablar sin conocer términos? 

Imaginaos el corte de acabar diciéndole al médico que “por la chirla no te han metido nada aún” o que “te pica el nabo demasiado” 

Adaptar mensajes, atender y entender etapas

Obviamente, sí que algunos mensajes requieren una adaptación a la edad. Pero eso sólo afecta al nivel de complejidad de las palabras que elegimos. No al nivel de cuán explícitos son los mensajes que damos. 

Igual que debemos asegurarnos de hacer nuestro mensaje comprensible, debemos asegurarnos de que hemos entendido qué inquieta a quien recurre a nosotra/os. Para ello, a veces, en lugar de responder exactamente a lo que dice nos ayuda preguntarnos “¿por qué me lo pregunta?”.

Por ejemplo, imaginaos que una adolescente os pregunta si duele ponerse un tampón, ¿qué hay tras esa pregunta? Un posible miedo a probar el tampón, desinformación sobre su propia anatomía… Sólo atendiendo a estas necesidades podremos responder en profundidad.  

Donde fueres… harás lo que vieres 

Somos un modelo, a seguir o no, eso ya lo irán decidiendo, pero somos un modelo, un referente. No podemos exigir cosas que incumplimos o desaconsejar cosas que luego hacemos.

Por ejemplo, no podemos pedir a peques que no se rían ante determinadas conductas y luego hacerlo nosotra/os o decirles que no vean la televisión o determinado programa y luego no parar de hablar de lo bueno que es con otras personas adultas.

Tal vez estos consejos sean suficientes, tal vez quieras más o incluso tengas tus propias dudas o interés en obtener otros recursos para la Educación Sexual. Si ese es tu caso, tenemos una cita pendiente el día 30 de noviembre en Los Secretos de Mar.

De Peculiares

Expresiones que deberías evitar cuando vas a hablar de transexualidad

 Chrysallis EH: Asociación de familias de menores en situación de transexualidad.

expresiones a evitar cuando hablamos de transexualidad

23 de enero de 2019

Chrysallis Euskal Herria

Para cualquier aparición de nuestras familias en los medios de comunicación hemos constatado la importancia de tener un conocimiento básico sobre la realidad de la transexualidad en la infancia. Por eso, estas aclaraciones quieren servir como base para realizar ese acercamiento.

Expresiones a evitar:

Hay algunas expresiones que, desde el desconocimiento, a veces se usan en los medios de comunicación o entre las personas de a pie y que, además de incorrectas, resultan ofensivas e hirientes:

"Niños (o niñas) nacidos (nacidas) en un cuerpo equivocado"

Como con el resto de las personas, ¿cómo va a ser equivocado el cuerpo de alguien, su cuerpo? El cuerpo ni es ni no es equivocado. El cuerpo es. Y cada cuerpo es como es. Diverso, porque no hay dos cuerpos iguales. Decidir qué cuerpos son buenos y cuáles no, qué cuerpos son correctos y cuáles equivocados, es algo que no tiene que ver con la observación objetiva de la realidad. Si hay algo equivocado, en todo caso, será la mirada de la sociedad, la mirada de los demás.

"Una niña nacida con cuerpo de niño" (o al revés)

Si es una niña, su cuerpo es el de una niña, el de esta niña. Eso sí, tiene pene y testículos, tiene genitales masculinos, es decir genitales que son como los de la mayoría de los niños. Masculino, en el sentido de que estadísticamente se da más en hombres.

Todas y todos tenemos características masculinas y femeninas, cada uno/a en diferente medida.

Lo que hace especial el caso de los niños y las niñas en situación de transexualidad es que los caracteres sexuales que miramos para etiquetar desde fuera, los genitales, nos lleva a pensar a los demás que es un niño, cuando en realidad es una niña (o al revés).

"Un niño que quiere ser niña" (o al revés)

Ser niña o niño no es una cuestión de voluntad, no se elige. No es "lo que quiero ser", sino "lo que soy".

En todo caso, lo que estos niños y niñas quieren es que los demás les vean, que les vean como la niña o el niño que en realidad son. No es “quiero ser niño”, sino “quiero que los demás acepten que soy un niño”.

"Los transexuales..."

No son "transexuales". Son niños y niñas. Niños con vulva y niñas con pene.

Niños y niñas con una condición peculiar, la de la transexualidad, que hace referencia al hecho de que su sexo no corresponde con el sexo asignado al nacer en atención a sus genitales.

En todo caso se utilizaría el término como adjetivo, no como sustantivo.

"Sexo biológico"

Muchas veces se usa esta expresión para referirse a los genitales, y en ocasiones también a los cromosomas o a niveles hormonales. Pero esa expresión mezcla diferentes sexuaciones sin tener en cuenta que, por ejemplo, hay mujeres que tienen cromosomas XY y que tienen vulva, o mujeres con cromosomas XX y niveles de testosterona mayores que la media de los hombres...

De hecho, hablar de “sexo biológico”, “sexo psicológico”, etc. no genera más que confusión. Lo que observamos son diferentes rasgos que se van sexuando, como hemos señalado, en una y en otra dirección, en masculino y en femenino. Mejor haríamos en hablar de sexuación cromosómica, sexuación gonadal, sexuación genital, etc. Y si hablamos de “el sexo”, sólo tendrá sentido hacer referencia al sujeto en sí, y no a partes o porciones del mismo.

De Peculiares

Lee: 5 libros para cuando te pregunte sobre su sexualidad

Cuentos para hablarles de sexualidad

25 de diciembre de 2018

Lucia Sumillera, Ciesex

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no creo que fuera por preguntarse para qué sirve el ombligo o de dónde venimos. Hablar de sexualidad es difícil, incluso de los conceptos más puramente biológicos que son por los que los niños y niñas suelen empezar a preguntar.

– ¿Qué es eso?

– Se llama pezón, tú también tienes. Cuando las niñas crecen también crecerán sus pechos y los pezones serán más grandes. Los pezones de los niños son más pequeños que los de las niñas y a ellos no les crecerán.

El cuerpo genera curiosidad, tanto el propio como el ajeno, y las diferencias aún más. Por ello, no está de más tener una serie de recursos a nuestro alcance que nos ayuden a salvar los muebles con honestidad.

Los cuentos son una herramienta de apoyo para poder hacerlo, aunque lo más importante son las ganas. Visualmente son útiles para lo que queremos explicar, ofrecen conocimientos desde la diversión y la fantasía, y fomentan un espacio para el vínculo.

Aunque cada vez hay más cuentos para hablar de sexualidad desde la infancia os mostraré alguno de mis favoritos.

1. Mamá puso un huevo

Mamá puso un huevoAutor: MAYLE, Peter

Editorial: Maeva Young

Edad: 3-6 años

Mamá puso un huevo es un cuento divertido donde los expertos son los niños y niñas y los padres no parecen estar muy enterados. Desde el humor y de forma muy sencilla explica de dónde vienen los bebés dejando fuera las semillitas, los dinosaurios o los mazapanes que poco tienen que ver con esta historia.

 

2. ¿De dónde venimos?

¿De dónde venimos?Autor: MAYLE, Peter

Editorial: Maeva Young

Edad: 6-9 años

¿De dónde venimos? Es el primer cuento editado en España sobre sexualidad, para los amantes de lo vintage, este es su libro. A pesar de su antigüedad (1975), sigue siendo útil y eficaz profundizando un poco más al ser para niños y niñas más mayores.

 

 

3. ¡Mi cuerpo es mío!

Mi cuerpo es míoAutor: ProFamilia

Editorial: Juventud

Edad: 6-9 años

¡Mi cuerpo es mío! Nos permite hablar de un concepto que solemos mencionar durante la masturbación o la fecundación, la INTIMIDAD. Aunque la protagonista es una niña también podemos (y debemos) hablar de los niños. Es un material útil para trabajar la conciencia corporal, los NOes y las emociones.

 

 

4. Cuentos para educar en familia

Cuentos para educar en familiaAutor: RAMÍREZ, Mª Victoria, CARMONA, Ana Belén y DE LA CRUZ, Carlos

Editorial: CEAPA

Edad: 6-12 años

Cuentos para educar en familia es una recopilación de cuatro cuentos con una pequeña guía didáctica al final de cada uno que nos orienta sobre su finalidad y qué preguntar para favorecer el diálogo y la reflexión. Aborda temas como la orientación del deseo, los roles de género, la aceptación de uno mismo/a etc.

 

5. Niñas y niños, cada una, cada uno, diferente.

Niños y niñasAutor: MAYOR, Aingeru y MONTEAGUDO, Susana.

Editorial: Litera Libros

Edad: +5 años

Niñas y niños, cada una, cada uno, diferente, nos da pie para hablar de diversidad. Más que un cuento es un álbum de fotografías donde vemos a niñas y niños reales con sus peculiaridades, diferencias y similitudes. Integra la experiencia de las infancias trans de forma conjunta con el resto de sexualidades.

 


¡A ver!

Por último os animo a buscar uno de los (que yo considero) mejores libros de educación sexual que se han escrito, se trata de ¡A ver!, del fotógrafo norteamericano Will McBride y de la doctora alemana Helgla Fleischhauer-Hardt (1979), en él podemos echar un buen vistazo al cuerpo y hacer un recorrido por la sexualidad sin reservas. ¡Una lástima que esté descatalogado!

Nuria Espert decía que “La lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones”, quizá estas navidades pongamos barandillas al sexo, quién sabe.

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