De Peculiares

Te impongo un problema

25 de mayo de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

¿Cuándo se convierte un hecho en problema? ¿Quién dice qué es problemático y qué no? Desde un punto de vista individualista, un problema es un problema cuando lo vivimos de ese modo, es decir, cuando lo nombramos como tal. Los criterios que utilizamos para nombrar algo como problemático vienen de fuentes externas e internas (que van construyendose en relación con el mundo). 

Con todo ello, creamos mapas mentales que nos indican qué cosas están bien, son normales (palabra de moda) y cuáles no. Hay mapas de todo tipo, algunos son más rígidos, otros más flexibles, unos que excluyen a más personas, otros que intentan incluir... Para poner un ejemplo podemos reparar a la situación que vivimos desde hace más de dos meses. 

La aparición en escena de un virus ha puesto en marcha todo un mecanismo de soluciones guiado por un mapa de salud occidental que considera como muy problemático la convivencia de personas con dicho virus. 

Como solución para “acabar” con el problema, han optado por el aislamiento de la población vendiéndolo como única solución posible. Es decir, este mapa de la medicina considera que la enfermedad y la muerte, son lo peor que nos puede pasar en esta vida y que, para evitarlo, la mejor idea es que nos encerremos en nuestras casas y dejemos de relacionarnos “libremente”

La peculiaridad de este mapa, es que es rígido y universal. Considera que hay sólo una manera de hacerle frente y que si no se cumple como ellos dictan, como tu capacidad de decisión es errónea, hay que castigarlo con multas policiales e hipervigilancia. Son soluciones impuestas desde fuera, no hemos reflexionado sobre ello, no nos han dado tiempo ni opción de hacerlo. 

Por tanto, tenemos un mapa para toda la población y una solución para todas las realidades existentes (que son tantas como personas). Es tentador utilizar este tipo mapas, ¿por qué? Pues porque venden recetas infalibles y toman las decisiones por ti, que vamos a ver, es más cómodo. Digamos que se trata de unas soluciones que otros toman por ti con el pretexto de que tú como no eres capaz de tomarlas, de manera paternalista intentan protegerte y salvarte la vida. 

¿Es una solución al problema? Puede serlo. ¿Lo es para todo el mundo? No. Todo el mundo es demasiada gente y habrá personas que consideren que su problema no es pillar el virus, sino vivir sin un sueldo, por ejemplo. 

Otra de las peculiaridades es que es un problema para todas, es decir, no tienes opción de considerar a este virus como no problema, lo es y punto. No podemos considerar que la muerte y la enfermedad, son parte de la vida y que si hay vida, hay muerte. No podemos decidir “arriesgarnos” a vivir. ¿Por qué? Pues porque tu decisión de vivir y salir, puede matar a otras y eso, es injusto. Este el punto fundamental donde todo se sustenta. 

La justicia. Lo bueno y lo malo, culpable e inocente, sana y enferma, cuerda y loca. Si obedeces, inocente. Si cuestionas y desobedeces, culpable, asesina, insolidaria. Son acusaciones muy graves y profundas, ¿quién quiere vivir con ellas? Si abrazar a alguien se equipara con asesinar a alguien... Éxito asegurado, ya que si lo hacemos, no vamos a poder soportar la culpa de haber matado a alguien por el capricho de querer tocarla. Porque consideramos que tocar, abrazar, besar, hablar, juntarnos... es un capricho, por supuesto. 

Este mapa ha tenido un éxito casi incuestionable. Lo hemos comprado fácilmente y vamos con él por nuestras calles juzgando a toda aquella persona que consideramos que no lo está utilizando adecuadamente. Me resisto a tener sólo un mapa, cada territorio, cada pueblo, cada barrio, calle, cada casa, piso... tiene su propio mapa y sé que no me sirve para conocer a las personas que se sitúan a ella. 

Realidades que no van a poder salir adelante con esta solución que precariza, juzga, inutiliza, infantiliza a las personas. La solución es a veces, el mayor problemacreo que para muchas lo está siendo y no quieren que hablemos de ello. Resistiremos porque no queremos esa normalidad, porque no queremos renunciar a nuestra capacidad de decidir, porque no  queremos paternalismos que nos digan lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer. 

Resistiremos porque nos negamos a que nos culpabilicen por las muertes que se están dando, porque comparar un asesinato con darnos un abrazo es despreciable, porque seguimos creyendo que la ternura y los vínculos son lo que nos sana y nos dan ganas de vivir. No queremos más diagnósticos, más policías, más juicios, más castigos, más culpas. Queremos comprensión, empatía, respeto, empoderamiento, autogestión, autonomía. Resistiremos.

De Peculiares

Policías en los balcones

2 de mayo de 2020

Colab. Yaiza Morales y Melanie Quintana

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día Internacional contra el Bullying. El objetivo de este día es concienciar de las consecuencias del acoso que sufren niñxs, y no tan niñxs, a nivel mundial, así como buscar los mecanismos para erradicar las situaciones, y emociones, que  sufren por causa de actitudes por parte de otrxs, y que en muchas ocasiones, son actitudes heredadas.

Para que quede claro, entendemos Bullying como la forma en la que nos comportamos o nos dirigimos a otra persona, ya sea de forma verbal o física, causando un daño temporal o permanente en la otra persona. Está considerado un tipo de hostigamiento reiterativo de una persona en concreto o de un grupo de personas hacia sus semejantes, en el que el otro sufre amenazas, intimidación, manipulación… incluso agresiones físicas.

¿Qué por qué tanta insistencia en la definición? Porque esto es precisamente lo que estamos haciendo desde que empezamos este confinamiento desde nuestros balcones. Porque este es el ejemplo que estamos dando a los menores, porque vivimos en una sociedad que quiere erradicar el Bullying, pero que sigue teniendo actitudes agresivas hacia los demás. 

¿Cómo pretendemos educar a nuestros hijos en contra del Bullying si durante el confinamiento hacemos de polis de balcón abucheando a la gente o denunciando? Venimos del “haz lo que yo diga pero no lo que yo haga” y aunque sabemos de sobra que no es ni justo ni válido; parece que en muchos casos nos sirve de excusa para no mover ficha. 

Queremos que nuestros menores se comporten como es debido, no juzguen y sean buenas personas, pero ni siquiera hacemos autocrítica o una reflexión sobre lo que significa ser buena persona, o si nos aplicamos a nosotrxs también estas normas que queremos para los demás.

Con el confinamiento que nos está tocando vivir, hemos podido ver muchas y muy desagradables muestras de incivismo o bullying entre vecinos. Invitar con poco tacto a residentes del mismo edificio que se están arriesgando a diario en sus trabajos a que se vayan a vivir a otro lado durante una temporada para evitar contagios (como si aparte, esa fuera una opción fácil).

Vemos actitudes nocivas de personas que primero juzgan y luego preguntan (o ni eso)  el por qué se ha visto la otra persona en la necesidad de salir de su hogar. Personas que se la pasan en el balcón abucheando y denunciando a la gente que pasa por la calle sin saber qué motivos le llevan a ello. No llegamos a entender la razón que lleva a esta gente a pensar que tienen mayor potestad que el resto, o que su palabra o su visión de los hechos tiene más validez. 

Y es cuando nos preguntamos cosas como: ¿Esta gente tendrá hijos? ¿Cómo será la convivencia en esa casa? ¿Habrá algún abusón o algún abusado entre esas paredes? ¿O tal vez ambas cosas? Y qué decir de las mujeres que están viviendo estas situaciones de maltrato  dentro de casa sin poder salir de sus hogares y viviendo con sus hijxs (si estás viviendo esta situación hemos creado una guía para las víctimas).

No podemos parar de preguntarnos ¿cómo afecta en la edad adulta y sobre todo a la hora de ser padres; que el bullying haya sido invisibilizado durante tanto tiempo y no se haya tratado como el problema que es?

Lo que estamos viviendo ahora es un buen resumen de la sociedad en la que vivimos. Un buen reflejo de comportamientos aprendidos que llevamos muy arraigados en la vertiente social pese a que podamos sentir que no comulgamos con ellos. 

El problema viene sobretodo porque solemos separar lo personal de lo social, sin comprender que van de la mano. Lo personal es político. Y no hay más. Cómo vivimos, cómo nos relacionamos o  cómo nos tratamos en la intimidad; es un claro reflejo de lo que pasará fuera, en sociedad.

No hemos recibido una educación empática, ya que vivimos en una sociedad competitiva y depredadora en la que, ante abusones en el colegio, nos decían que era mejor invisibilizarnos y pasar desapercibidxs. Que si te atrevería a llorar en público sería tomado como signo de debilidad y que hablar de ello era de chivatos. ¿Cuál es la repercusión de invisibilizar un problema que afecta tan directamente a nuestro desarrollo emocional y social? ¿Cómo llegar a ser adultos “funcionales” si las bases sobre las que nos construimos no son sólidas?

Quizás hoy sea un día interesante para reflexionar sobre cómo estamos actuando con los demás y qué ejemplo estamos dando a las nuevas generaciones. Si queremos cambiar la sociedad tenemos que empezar a cambiarnos a nosotrxs mismxs.

De Peculiares

Tú qué vas a opinar, puta

Día contra la violencia de género

17 de octubre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Voy a putear un rato. Me refiero a que voy un rato a joder, pero no entendido cómo hacer daño a alguien, sino a la jodienda. A sacar a mi puta a pasear. ¿Y por qué me apetece sacarla? Pues porque ayer estuve en una charla de un sindicato de trabajadoras sexuales llamada Otras y me han inspirado. Lo de “voy a putear un rato” lo dice una mujer de 90 y pico años que sigue dedicándose a la prostitución. Me hizo tanta gracia y me gusto tanto, que quería hacerle un guiño y mencionarla. Porque lo que no se menciona no existe y al parecer existen mujeres que se dedican a la prostitución y tan contentas. Sí, tan contentas, aunque nos cortocircuite el cerebro.

Este sindicato se creó para luchar a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales; actrices porno, strippers, prostitutas, bailarinas de pole dance... Un grupo de trabajadoras que está dando mucho de que hablar, porque al parecer todo el mundo se siente con la licencia de hablar de ellas y demasiadas veces por ellas. Era la primera vez que me encontraba en frente de una puta, pero no es la primera vez que hablo de ellas. Y esto hace que me pregunte: ¿Cuántas de nosotras conoce a alguien que trabaja como trabajadora sexual? ¿Por qué parece que todo el mundo sabe de ello y resulta que nadie habla con ellas?

Es la pregunta que le hice a la ponente, Concha. Y me contestó que era porque todo el mundo folla, y como folla todo el mundo, podemos hablar de ello. Hablamos de ellas como si fueran una pobrecitas, mujeres engañadas y desesperadas que no tienen otra que dedicarse a abrirse de piernas y vender su cuerpo. Porque sabemos que el cuerpo es un templo sagrado que no se debe compartir con cualquiera, ¿no? Hablamos de ellas como si todas fueran parte del tráfico de mujeres, como si todas estuvieran ahí porque un proxeneta las ha engañado y manipulado. Al fin y acabo, creemos que son gilipollas, mujeres sin criterio y explotadas. La mujer que tenía en frente no era gilipollas, ni tenía una pizca de tonta. Hablaba desde una posición empoderada, hablada de decidir trabajar de ello. Ella y muchas de sus compas deciden dedicarse a ello y lo que quieren es que el estado les de lo que les corresponde; protección laboral y social, un contrato que garantice los derechos laborales ya que tienen una relación laboral con sus clientes y, en muchos casos, con el empresario que lleva los clubs. ¿Es tanto pedir? Al parecer sí.

Están en contra de toda explotación, en contra de los proxenetas que siempre ganan dinero y nunca lo pierden, en contra de que nuestros derechos sean pisoteados, en contra del sistema capitalista patriarcal salvaje que ilegaliza a las personas. Pero ellas quieren que sus trabajos se reconozcan y piden ser una ciudadana más y no la última mierda de la sociedad. Porque ¿qué hay peor y más denigrante que ser puta, migrante y transexual? Dicen que ya no tienen nada que perder, porque nadie les reconoce nada, pero por ello, tienen todo que ganar y no se van a callar. Los jefecillos tienen que estar temblando porque es sabido que no les interesa para nada que haya trabajadoras empoderadas y menos que haya mujeres sin miedo dispuestas a luchar a lo grande.

Cuando decía que ya no tienen nada que perder, habló sobre las diferentes violencias que sufren como trabajadoras. A muchas nos vino a la cabeza la violencia ejercida por los puteros. Pues no amigas, ella ni los mencionó. Habló de la violencia policial, del estado, de la sociedad, de las ordenanzas municipales, de las sanciones económicas, deportaciones, de las retiradas de las custodias, de las amenazas institucionales, de la discriminación...

En los tiempos que se habla de feminismo liberal... ella hablaba de lucha obrera. Son trabajadoras, aunque mucha gente no las reconozca como tal. Decía que esta sociedad sigue siendo tremendamente clasista y racista. Clasista porque seguimos clasificando a las personas por su trabajo, su adquisición monetaria, sus apellidos, su estatus. Racista porque queremos que las gentes que no pertenecen a este maravilloso estado español trabajen en lo que nosotras no queremos trabajar y que cobren el mínimo sueldo posible y no tengan los mismos derechos. No quieren regularizar su estado actual, prefieren llamarlos ilegales y tenerlos en los suburbios aguantando situaciones tremendamente precarias e inhumanas.

La gente va a seguir queriendo venir a esta Europa que vende ser el primer mundo, donde todas las ciudadanas y ciudadanos vivimos en armonía y donde se puede ser feliz. Van a seguir viniendo porque ya nos encargamos de que en sus países la vida sea insostenible, porque el neoliberalismo no tiene intención de parar y seguiremos explotando sus tierras y su mano de obra casi gratis. Sabiendo que la migración es una realidad, sabiendo que la prostitución va a seguir existiendo ¿por qué no mejorar las condiciones de las protagonistas?

La ponente habló sobre el nacional abolicionismo. Se refería a todo este movimiento que se ha empeñado en machacar a las prostitutas y ahogarlas hasta puntos insospechados. Aquellas que hablan por ellas sin ni siquiera preocuparse en escucharlas. Ese movimiento que sigue favoreciendo al proxenetismo y la explotación. Porque si no mejoras las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras, quien sigue beneficiándose siguen siendo los mismos, los explotadores. ¿Cómo hacemos que desaparezca una profesión? ¿Precarizando más a quien menos tiene? ¿Poniendo multas a las mujeres que ocupan las calles para sacarse el sueldo? Es sabido que cuanto menos tienes, más necesitas y si no te dejan trabajar en condiciones reguladas, lo vas a hacer de manera que se considere ilegal. Porque necesitamos comer, vivir en un espacio seguro, movernos, socializar... Está claro que mantener a las putas calladas y escondidas sigue beneficiando al propio estado. No quieren manchar su imagen en apoyar a las trabajadoras sexuales, pero al mismo tiempo, siguen permitiendo que estas mujeres trabajen en condiciones lamentables y sin protección. La moral, ante todo. El sexo sigue siendo sucio y sagrado.

De Peculiares

El 28J NO es el otro orgullo

El 28J NO es el otro orgullo
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28 de junio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Queridas, querides y queridos compas en la lucha por el cultivo, la promoción y la visibilización de la diversidad sexual, creo que va siendo hora de que hablemos con propiedad y sepamos que el 28 de junio es EL ORGULLO. Así, con mayúsculas, y punto.

Quienes me conocéis sabéis que vengo con extra de hate. No sé si me caí en la marmita de bilis y odio de mi pueblo cuando era pequeña o si los gametos de mi fecundación además de potentes genéticamente también lo eran hateticamente, pero es así.

Procuro hacerlo de forma educada y reconducir mi odio para ser constructiva, pero no siempre puedo. Hoy  creo que va a ser uno de esos días que me quedo a medias.

Resulta que me flipa ver como mucha gente, cada día más, incluso siendo profesionales de la sexología, sexbloggers, personas del colectivo LGTBI+… no es ya que no sepan cuando es “El orgullo”, sino que sólo conocen el mercantilizado jolgorio fruto del pinkwashing. Y a mí me llevan los demonios.

Por eso, remember remember the 28th of june, please… aunque no rime. Este año se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall. Os cuento.

New York, 1969, la revolución sexual se nota en el ambiente y hay bares donde personas del colectivo LGTBI pueden expresarse libremente, conocerse, liarse… ¡genial! Sin embargo, el odio hacia este colectivo y la violencia institucional siguen siendo tan comunes como los sándwiches de mantequilla de cacahuete en EEUU, por lo que no es raro que llegue la policía a realizar redadas.

Es más, la revolución sexual sigue haciéndose bastante de tapadillo, dentro de los bares, cuando no, dentro de las casas. Salir a la calle como persona LGTBI y vivirse de forma abierta es im-pen-sa-ble.

Pero, todas las narices tienen su límite de ser tocadas y ese límite llegó el 28 de junio de 1969 cuando la policía realizó otra de sus redadas y el colectivo LGTBI en el barrio reaccionó. Manifestándose, enfrentándose y encarando a la policía. ¿Acaso no era bastante vulneración de sus derechos la situación que además debían permitir esas redadas llenas de violencia directa e indirecta hacia personas del colectivo? Un año después de los disturbios, ciudades como New York y Los Ángeles se sumaban a las conmemoraciones.

El 28 de Junio es un día para recordar la lucha y el trabajo de generaciones anteriores. Un día para conmemorar los pasos que dieron valientes que hacen que hoy hasta el partido más pestuzo no quiera perder su lugar en un sarao que se monta para hacer pasta e ir de progres. Porque no os engañéis, que sin quienes lucharon y se enfrentaron a la violencia estructural de la época, aún seguiríamos sin dar muchos pasos.

Llegamos este año a las bodas de oro de un suceso tan necesario en la historia de occidente como importante y que debemos agradecer en especial a mujeres trans como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, que fueron las pioneras en las revueltas y que serán este año conmemoradas en New York mediante un monumento en su memoria.

Por eso, aunque no os mole parte del tono de la manifestación que os pille más cerca, aunque os venga un poco mal levantaos del sofá, aunque prefiráis estar de birreo; os pido que apoyéis, no también este, sino el ORGULLO.

 

De Peculiares

¡Orgías lujuriosas entre los Feminismos y la Sexología ya!

Orgías lujuriosas entre Feminismos y Sexología

8 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Todavía siento la resaca del 8 de marzo. Tengo las emociones dentro de mi cuerpo. Emociones de todo tipo y mil colores. Por un lado, comparto la alegría de compartir con mis compañeras un día tan importante, excitación por la cantidad de cuerpos que me encontré en la plaza, ilusión por creer que todo puede ser diferente, enfado por seguir escuchando relatos muy duros por parte de muchas de las asistentes.

Enfado también porque amanecimos con nuestro Gaztetxe bloqueado, las tres puertas estaban cerradas por clavos soldados. Nos boicoteaban, boicotearon un espacio que ese día estaba destinado a ser un lugar de cuidado. Cuidado por parte de los que se reconocen como hombres hacia sus criaturas o las criaturas de otros y, sobre todo, de otras.

Enfado porque al día siguiente nos encontramos que nuestra pancarta que decía “Kapitalismoari planto” había aparecido con otro mensaje bien distinto “Feminazacismo, España no es un zoo”. ¿No estaré dando demasiado protagonismo al enfado? Mira que pasaron cosas aquel día, pero lo que me sigue moviendo es el enfado. Y me voy a permitir escribir estas líneas con mi enfado y desde el enfado.

Quiero ser honesta y decir que las palabras escritas por Somos Peculiares respecto al día 8 de marzo no me representan del todo, ni me he sentido muy cómoda con el discurso. Me suele pasar esto cuando siento que la Sexología se desvía de la lucha feminista y es como si dos partes fundamentales de mi identidad no se encontraran.

Sigo pensando que hoy por hoy tenemos que apoyar a los movimientos que pretenden cuestionar, cambiar, erradicar el sistema que hoy día nos oprime. Está bien nombrar las diferencias, promover el entendimiento, apostar por el cultivo de las ideas, ser constructivas... pero creo que es un error olvidarse del lado reivindicativo. Sé que hay muchas maneras de ser reivindicativa y que cada una lo hace a su manera, como puede y le dejan, pero está claro que al menos yo no me siento del todo cómoda con alguna de ellas.

Me parece curioso y preocupante que la Sexología no se posicione o, mejor dicho, sí se posicione, desde donde lo hace: La no posición no existe. En mi opinión lo hace desde una actitud egocéntrica y soberbia, criticando a movimientos sociales y disciplinas que al menos cuestionan la hegemonía del patriarcado y el capitalismo. Me rechina que dediquemos tanto tiempo en criticar a los feminismos y no porque no sean criticables, que lo son, pero ¿tanto tiempo y esfuerzo? Y por otro lado poco hablamos de aquellas fuerzas que nunca desaparecieron pero que hoy día están volviendo a tener mucha voz y se atreven a dar la cara.

A veces creen que todo lo que tiene que ver con lo íntimo, la pareja, la erótica, las identidades, los deseos... pertenece exclusivamente al campo de la Sexología. Está claro que el estudio de los sexos como disciplina lo abarca la Sexología, pero está claro también que todas vivimos estas cuestiones en nuestras pieles y con las demás. He oído comentarios de algunas de nosotras desprestigiando opiniones de personas no “expertas” en el tema, pretendiendo que las únicas legitimas para hablar de ello somos las sexólogas y los sexólogos. Lo siento, pero no comparto la monopolización de las ideas ni la mercantilización de las mismas. Aunque nos joda, tenemos que escuchar lo que se dice del tema e intentar aportar en vez de juzgar y despreciar.

Lo obvio es que hay un malestar bastante general de todas aquellas que se sienten excluidas del marco normativo, que muchas han salido a las calles y gritan que ya no les sirve lo que tienen. Están surgiendo nuevas redes, nuevas identidades, colectivos que funcionan, espacios alternativos... Y al mismo tiempo existen otros que quieren erradicar toda diferencia, que buscan la homogeneización a través de la represión más rancia, que no creen en la educación ni quieren personas pensantes, que les molesta enormemente que la gente piense y decida. Aquellos que han matado a muchas, demasiadas, y estarían encantados de volver a hacerlo, aquellos que quieren meter el rosario en nuestros ovarios.

La cuestión es: ¿Qué hacemos con lo que sí pasa? ¿Qué podemos aportar nosotras desde donde estamos? ¿Dónde queremos estar? ¿Queremos estar?  Y si queremos, ¿Cómo queremos?

Para mí es tan evidente que la mirada tiene que dirigirse a estas fuerzas fascistas que se me hace muy difícil entender no hacerlo. Sé que para algunos la Sexología no tiene que ser combativa, que tiene que cultivar y promover y no tanto condenar y reivindicar. Creo que no son incompatibles y también creo que tenemos que aportar a la polis nuestro estudio de los sexos. Salir de los despachos, salir de nuestra zona de confort y estar en las calles, donde lo real es palpable y visible. Las ideas son una herramienta muy potente, nuestra base para luego hacer, pero si nos quedamos sólo en el mundo de las ideas, nos perdemos el aquí y ahora. Y esto es lo único que tenemos.

De Peculiares

Mi profesión no te da permiso

Mi profesión no te da permiso

17 de abril de 2019

María Mas Vidal, María Mas Sexología

Quiero alzar la voz contra un tema que nos afecta a muchas compañeras de profesión. Y desgraciadamente, en este caso, tengo que generalizar en femenino.

La Sexología es una profesión bastante feminizada. Los porcentajes exactos no se conocen, pero yo diría que de cada 10 sexólogos, al menos 8 son mujeres. Así que este puede ser el primer motivo por el que tengo que generalizar en femenino.

El segundo motivo es que, tras un sondeo realizado, y preguntando a compañeros sexólogos he visto que la realidad que os vengo a contar no les afecta en la misma medida que a nosotras. Desde la Sexología se hace terapia sexual, terapia de pareja, educación afectivo-sexual, divulgación científica, investigación, asesoramiento sexológico, etc.

Este trabajo, en primer lugar, tiene una remuneración. No es gratuito. Si me escribes porque tienes una duda, tal vez te la resuelva. Pero si me expones tu caso por redes sociales, y no atiendo tu consulta, no te enfades. Mi formación, mi experiencia y mi tiempo tienen un precio. Te enviaré mis tarifas y me encantará ayudarte, pero no te ofendas si así te lo transmito. Tengo que poner en valor mi profesión.

Lo segundo, es que mi profesión no te da permiso. No, no te lo da. Que yo sea sexóloga no te habilita para escribirme, piropearme, exigirme y ACOSARME. La Real Academia de la Lengua Española define acosar como “hostigar, acorralar, intimidar, agobiar o importunar”.

Puede parecer exagerado, pero que me escribas hablándome del tamaño de tu pene es acoso. Que me hostigues, que me escribas, que intentes contactar conmigo en contra de mi voluntad, es acoso. Que desde un perfil falso me piropees e insistas en que te responda, es acoso. Que me mandes una foto de tu pene con el pretexto de “dime si estoy preparado para el sexo”, eso no es solo acoso, es acoso sexual. Que me mandes un vídeo masturbándote, o me digas que con mi foto o vídeo has tenido una erección también lo es.

Las mujeres que nos dedicamos a la Sexología recibimos habitualmente este tipo de trato. No son casos aislados y lo recibimos semanalmente, o incluso a diario. No se trata de un sujeto, o dos, es reiterado y suelen ser reincidentes. Y estoy cansada.

Estoy cansada de que nos llamen exageradas, harta de que por el simple hecho de ser mujeres recibamos estas atenciones por redes sociales que no son de nuestro agrado. Sí, sé que estoy expuesta en redes sociales, pero eso sigue sin darte permiso.

Tenemos un gran trabajo que hacer, y tanto yo como otras compañeras de profesión vamos a seguir alzando la voz cada vez que alguien quiera traspasar la línea que separa una consulta del acoso. Porque es injusto, porque es inadmisible, porque es asqueroso y, sobretodo, porque es machista.

Sí, es machista. Mis compañeros sexólogos me han confesado no haber recibido fotos o mensajes de este tipo. Tan solo uno, y en una única ocasión. ¿Por qué? Porque hace falta muchísima educación afectivo-sexual.

¿Me ayudáis a cambiarlo?

De Peculiares

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

22 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Una conocidísima actriz porno a la que no voy a mencionar, porque creo que ya bastante le hemos gastado el nombre estas semanas, compartía hace poco su experiencia de maltrato. El objetivo: visibilizar relaciones de maltrato y tóxicas, los modus operandi de quienes maltratan y sacar a la luz su historia. Ante esto, la gente, que nos gusta poco opinar, nos hemos puesto a cacarear como gallinas, siendo la última en sumarse al carro con su habitual sensacionalismo, cierta muñeca que no ha dudado en emponzoñar una minoría erótica. Ante semejante desfachatez, mi respuesta es clara: NO sin el BDSM.

“In absentia luci, tenebrae vincunt”. Frasaza que aprendí siendo una renacuaja de la vida, incluso antes de comenzar a estudiar latín y que siempre me fascinó: “en ausencia de luz, las tinieblas ganan”. Con todo el horror que me genera reconocerlo, pero, si hay un aspecto de la vida humana en el que esta frase se vuelve una realidad innegable es en la sexualidad, en la erótica.

Además, esto pasa a diestro y siniestro, en el sentido más político de la expresión. Es decir, da igual que te vayas donde los que sueñan con un mundo como ‘El Cuento de la Criada’ o si te arrimas a la compa más feminista de tu panda. La sexualidad, especialmente las minorías eróticas, dan miedito, generan dudas, preguntas y a veces, hasta recelo, cuestionamiento y odio.

Esto es básicamente lo que ha vuelto a conseguir minuto y poco de gloria dado al caso de dos mujeres maltratadas cuyas relaciones estaban ligadas al BDSM: enturbiar la opinión social sobre una minoría erótica.

Por si antes no costase poco reconocerse, aceptarse, explorarse, informarse… llegó el sensacionalismo vacío y mete-miedo a complicarlo todo.

No, no voy a ser una mentirosa. No voy a decir que el BDSM es “fácil, sencillo y para toda la familia”, “coser y cantar” y que “vivimos en armonía”. Quienes practican BDSM lo hacen en un contexto social desigual, entre otras variables por una cosa llamada Patriarcado y eso no facilita las cosas. Los riesgos son múltiples y algunas de sus prácticas se basan en un innegable menoscabo del concepto de salud más amplio. La complejidad es gigantesca desde el minuto 0.

Pero, sinceramente, los armarios no son la manera de prevenir y combatir casos de maltrato. Estigmatizar a todo un colectivo por un tipo de violencia que transciende sociedades y se manifiesta a lo largo y ancho del mundo es, cuanto menos, peligroso. Me atrevería a decir que es malintencionado, incluso.

Lo peor de todo es que quien lo hace, lo realiza desde sus tropocientosmil followers, desde su total comodidad y desconocimiento de la comunidad, de quienes practican BDSM y de a quienes lanza un mensaje claro: “tienes un problema, no eres normal”.

Sinceramente, yo me niego a un feminismo tan vacío de todo; de reflexión, de preguntas, de cuestionamiento y de ir un paso más allá de los discursos hegemónicos. Aún me niego de forma más rotunda si me lo plantean a pagar con un precio tan alto como renunciar a una minoría erótica como cultivable. No, no creo que si matamos al perro se acabe el problema de la rabia. Por eso, sorry not sorry, yo digo que NO sin el BDSM.

De Peculiares

Ladrones de besos

Ladrones de besos

21 de diciembre de 2018

Isilla LM

Vengo observando desde hace un tiempo a los ladrones de besos. Sí, esos que cuando tú estás ahí en tu inopia, tan tranquila, a tu rollo, probablemente bailando o hablando con un chico pensando que sólo está siendo majo contigo, que le has caído bien, que le pareces interesante, que le resultas divertida o que piensas que está hablando contigo porque cree que eres alguien con quién poder hablar de cualquier cosa; y entonces así sin más, precipita su boca con la tuya y casi nunca te advierte.

Pocos son los que te avisan y menos los que te preguntan si te pueden comer la boca, y entonces llega la reacción. Mayoritariamente de sorpresa. Y ¿cómo decir que no a un beso?, que suelen ser agradables, dulces y tiernos. Pues ahí es cuando entra en juego lo que a ti, receptora de aliento, te apetece.

A veces crees que con tu comportamiento has podido confundir al ladrón, haciéndole creer que ser simpática es sinónimo de que chorreas por él. A veces sientes alivio porque en verdad te morías de ganas de que pasara. Otras, es tan inesperado que te planteas mirar a ese ladrón con otros ojos. Y dices: why not?

Sigue siendo complicado discernir en muchas ocasiones quién ha sido el provocador y quién el provocado, ¿no? Cada unx tiene sus técnicas de seducción. Lo jodido es cuando desconoces las propias porque piensas que en verdad no haces nada para que te roben un beso.

Los besos robados a veces conducen a descubrir personas bonitas, seres maravillosos que te hacen el ratito más agradable. Pero un riesgo que corre el ladrón es encontrase un NO. Y llega un momento incómodo para ambos. Si eres sutil a veces no basta e insisten. Porque creen que en realidad te estás haciendo la dura. Y entonces sin ser borde, te posicionas y reiteras que NO.

La infinita mayoría lo deja estar, a veces te preguntan por qué. Pero casi siempre se queda en una anécdota y sigues con la conversación. Pero unos pocos insisten y piensan que en realidad que te besen es lo mejor que te va a pasar esa noche. Y entonces es cuando te tocan los ovarios y ya te sale la vena macarra.

Para que quede claro, ya que hay algunos que no lo entienden, estos son los motivos por los que podemos decir NO a un beso robado:

  • Porque ese ladrón no te gusta tanto como para intercambiar saliva.
  • Porque no es el momento más oportuno ya que en verdad tú lo que quieres es comerle la boca a otro.
  • Porque a veces te pilla tan de sorpresa que la reacción es huir.
  • Porque, aunque tu cara sonríe en realidad te estás muriendo de pena porque quien tú quieres que te bese no sólo no lo hace, sino que además te ignora soberanamente.
  • Porque le huele el aliento.
  • Porque estás de caza y él no estaba en el menú.
  • Porque no tienes cuerpo para dar amor.
  • Porque no le puedes gustar a todo el mundo, no eres una croqueta*.
  • Porque estás de fiesta y no quieres liarte en ese momento.
  • Porque podría ser tu hijo.
  • Porque no te sale del coño.
  • Porque si dices NO e insisten y sigues diciendo NO, empiezas a ser cansino y peligroso.
  • Porque te gustan las ladronas.
  • Porque que seas agradable y sonriente no significa que prestes tus labios a todo quisqui.
  • Porque sabes que después de un beso robado puede que venga algo más íntimo y no te apetece llegar a ese punto.
  • Porque no te has depilado.
  • Porque estás enferma.
  • Porque estás triste.
  • Porque estás piripi.
  • Porque NO, y punto.

También es un error pensar que si ya hubo besos antes cómo no los va a haber siempre. Que te besen un día no significa que siempre quieran. Y cada unx tiene sus pajas mentales en la cabeza como para saber lo que sentimos en cada momento. Así que esto de besar sin pedir permiso es complicado.

Todo depende de la actitud del besado. Si te siguen besando es que vas bien. Si te quitan la cara, te estás precipitado al vacío. Si dudan no saques la artillería hasta que estén seguras de que quieren que las beses.

Es importante también cómo te tomes todo esto. Si es con humor y de forma natural: cero problemas, besar es bien, besar y que te besen es muy bien, que te besen sin esperarlo y que te guste es bien, besar y que quieran seguir intercambiando saliva es fetén.

Y, por cierto, decir NO cuando mueres por un Sí, confunde y te deja con las ganas. Está claro que no hay que hacer un drama por un beso robado, pero hay que tener en cuenta todo lo que ha rodeado ese momento. Y pensar cómo se han relacionado ambas partes para que eso pasara.