De Peculiares

Hasta el coño del Satisfayer

24 de febrero de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

No me ha contratado ninguna empresa ni ninguna marca para escribir lo que voy a expresar y tampoco es que quiera comenzar una campaña en contra de este producto, sino que esta moda hace que me plantee ciertas cuestiones. ¿Por qué interesa que este producto que promete mucho placer esté al alcance de todas? ¿Qué tipo de experiencias vende? ¿Se trata de una revolución? ¿Nuestros orgasmos en manos de una maquinita?

Lo primero que escuché con este maravilloso producto es que nos ofrece muchos orgasmos en muy poco tiempo. Paremos un rato. Los valores que buscamos y encontramos cuando compramos algo así son cuantitativos; tiempo y cantidad. Llamadme loca, pero me suena a capitalismo rancio. ¿Qué guapo tener muchos orgasmos en muy poco tiempo verdad? Así seguimos teniendo tiempo para todo lo demás, pero estamos de lujo porque nos hemos corrido mogollón y nos sentimos realizadas. Partiendo de esta premisa se me ocurren algunas consecuencias negativas en esta revolución que queremos llevar a cabo donde buscamos el reconocimiento de la diversidad, la legitimidad de todos los cuerpos, la visibilización de deseos, la equidad, la denuncia de un sistema opresor, cambiar el capital por el bienestar y el cuidado...

Por un lado, asociar orgasmo con satisfacción plena me parece como poco peligroso. Venimos (y seguimos) de valores morales que asocian el orgasmo como el punto máximo del placer, donde los encuentros eróticos acaban cuando él se corre, donde el coito sigue siendo la práctica última y todo lo demás se convierte en preliminar, donde los genitales siguen teniendo un papel principal en los encuentros... Tenemos la misma partitura para tan diversas identidades, modos y matices.

Y peña, podemos flipar en colorines con un encuentro sin tener un orgasmo, podemos tener orgasmos de mierda en encuentros que no valen para nada, tenemos la capacidad de sentir placer más allá de los genitales, jugar sin límites y sin guion... Pero seguimos insistiendo y queremos cada vez más, volvernos como ellos. Porque ellos se han condenado a sus penes, quieren acabar cuando se corren, quieren follar mucho y con cuantas más mejor. Se trata de una erótica falocentrista, coitocentrista y heterosexual, por supuesto.

¿Y qué es lo que nos han vendido? Pues un juguetito que nos da muchos orgasmos en muy poco tiempo. Guapísimo. Ahora la puta ama es aquella que tiene 12 orgasmos en 5 minutos. Y no digo que no lo sea, pero me preocupa el tema, no quiero volverme como ellos. Orgasmar es la hostia, sí, pero no creo que con eso nuestros encuentros mejoren de por sí. Creo que la revolución es no llamar a algunas prácticas preliminares, creo que es interesante desgenitalizar la erótica, no poner el orgasmo como fin último y deseado, valorar la voluptosidad de los cuerpos, valorar el hecho de jugar por jugar y no para conseguir ninguna meta concreta.

Por llamarlo de alguna manera, me gustaría feminizar la erótica, valorar aquellas cosas que amplían el abanico a todas las peculiaridades que existen y no dejar a nadie fuera. Qué pasa con aquellas que no orgasman, con aquellas que su clítoris no es la principal fuente de placer, aquellas que tienen prácticas no genitales, aquellas que no tienen más de un orgasmo...

Tengo la impresión de que nos la han metido de nuevo, que caemos en el mercado de la rapidez y del producto y nos desvía de nuestro camino. Seguir utilizando sus mismos términos como medidores de placer me parece un error: orgasmo no es igual a un encuentro satisfactorio. Lo siento, pero no lo es. No tener orgasmos no significa no haber disfrutado, lo siento de nuevo. Entiendo que el coño ha sido invisibilizado, el clítoris ni te cuento y soy militante de su reconocimiento y uso. Pero cuidado por el camino que es muy fácil caer en las mismas trampas que ellos han caído. Utilicemos (o no) estas herramientas como parte del juego, como herramienta para el autocoñocimiento, pero no como fin último. La revolución está en ampliar, no en centralizar.

De Peculiares

La cadera de Eva: el viaje de la mujer en la civilización

21 de febrero de 2020

Juncal Altzugarai

Hay libros que a lo mejor escoges un poco por casualidad… o por intuición. A mí me pasó con “La cadera de Eva”. Lo vi y me lo tuve que comprar, casi sin mirar de qué rollo iba. El libro me eligió.

He de decir que es un libro de antropología, un libro que, a priori, es un pelín denso, pero que tiene tanta miga y está tan bien contado que te atrapa como si fuera una novela de ficción de las buenas.

Ha sido revelador. He encontrado montones de respuestas para las que aún no había ni siquiera formulado la pregunta. Me he encontrado con Lucy y me he enamorado de ella. Lucy es un esqueleto de homínida que encontraron en los años 70 en Etiopía y que se llama así porque en aquel momento sonaba en la radio Lucy in the sky with diamonds de los Beatles. Lucy es la primera Australopithecus Afarensis que apareció y que comenzó a dar pistas de cómo éramos hace cuatro millones de años. Ella, Lucy, fue quien comenzó la revolución de los afectos (o así me gusta sentirlo a mí).

¿Y te preguntarás por qué es Lucy tan importante? ¿En qué se diferenciaba ella del resto de homínidos encontrados hasta el momento? ¿Por qué vieron que ella era diferente? Pues bien, Lucy tenía una pelvis que difería bastante de los primates y primeros homínidos. Tenía una pelvis parecida a la nuestra. Esa pelvis es el eslabón entre la cuadrupedia de los primeros primates a la bipedestación. Y así es como Lucy lo cambió todo.

Cuando llegó la deforestación a la zona de Etiopía, los homínidos cuadrúpedos tuvieron que “reinventarse”, porque ya no podían ir de árbol en árbol y necesitaban otra manera de protegerse de los depredadores que no fuera subiéndose a lo más alto de las copas de los árboles. Ya no podían divisar desde lo alto para ver más allá. Así que, poco a poco, fueron tomando la posición erguida y utilizando las manos para desarrollar utensilios sencillos. Esto también favoreció que su cerebro fuera haciéndose cada vez más complejo.

¿Y qué pasó con la reproducción humana? ¿Por qué fue Lucy una revolucionaria de los afectos? Daos cuenta que, mientras los homínidos eran cuadrúpedos, sus atributos sexuales estaban al descubierto totalmente. La vulva de las hembras estaba siempre en posición receptiva. Cuando estaba en celo, los machos enseguida lo distinguían, ya que los labios vulvares se volvían más carnosos, más húmedos, más rosáceos. El homínido macho sabía que la hembra estaba preparada para ser fecundada. La penetración se hacía sin darse la cara. El coito era rápido, sin prolegómenos. Era funcional.

El macho penetraba a la hembra, eyaculaba y cada cual seguía con su tarea (por ejemplo, cascar una nuez con una piedra). Ya está. Hembra fecundada. Qué fácil todo. Pero llegó la bipedestación… y con ella los atributos sexuales de la hembra se escondieron. El macho ya no lo tenía tan fácil. Es cierto que en este momento (hace ya cuatro millones de años, recordad), las hembras comienzan a tener otros “distintivos” de que están receptivas a la fecundación: labios más carnosos, unos pechos más redondeados… aunque, y ahora llega lo bueno, ¿cómo se lo montaban para la penetración si las homínidas tenían la vulva oculta?

Creo que aquí, la naturaleza lo hizo muy bien, la verdad. Se salió. Lo bordó. Pensemos en la homínida cuadrúpeda partiendo una nuez con una piedra. Y que está fértil y receptiva. Llega el macho por detrás, la penetra, eyacula y ya. Ni se han mirado a la cara. La hembra ni se ha enterado, sigue con su tarea, que tiene hambre y quiere comer.

El semen del macho baja como por un tobogán hasta el útero, donde el óvulo espera a ser fecundado y ya está (es importante visualizar a la hembra a cuatro patas y el tobogán por el que se desliza el semen). Y aquí llega Lucy, que va a dos patas… y que, si el macho eyacula y ella se levanta como si nada, su semen chorrea por sus piernas y amenaza la extinción homínida.

Aquí es donde la evolución viene al rescate. Yo creo que la naturaleza pensó: “¿qué puedo hacer para que esta Lucy se aturda un poco y tenga que quedarse unos segundos tumbadita?”. Y, sí. Le dio el poder del placer. EL PLACER. El clítoris. El orgasmo femenino. Casi nada. Y poder mirarse a los ojos. Sentir. Sentir afecto. Sentir amor (u odio, claro). Empezar a acariciarse. La ternura. El coito cara a cara.  Eso lo cambió TODO. Ponernos de pie lo cambió todo. La evolución de nuestra pelvis los cambió todo.

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El placer de sufrir con pole dance

Pole Dance

8 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Cuando me acerqué a esta disciplina gimnástica, sabía que me costaría horrores, más que nada porque todo deporte requiere de esfuerzo, de sudar la camiseta (literalmente). En lo que no pensé fue en que los horrores serían tan dolorosos… ¡y satisfactorios a la vez! ¿Nunca os ha pasado que os enganchais al dolorcillo de un deporte? Hoy os comparto mi experiencia y os cuento por qué.

“Voy a clases de pole” – “¿De qué?” – “De lo de la barra”… en ese momento sabes que la idea que tiene la gente del pole dance es similar a la que tenías tú (oh, pequeña incauta) antes de asistir a clases. Todos nos hemos educado con imágenes de mujeres hipersexys con curvas de escándalo refregándose como si no hubiera un mañana, pero no.

Pole es mucho más variado, diverso, entretenido… aunque también doloroso. Sí, has leído bien, doloroso.

Mi experiencia comenzó en Poledance Bilbao (¿os tengo que decir en qué ciudad?) con la maravillosa JanLo @janlo_theblackmamba. Mis últimos meses allí fueron un locurote, así que no fue hasta que no llegué a Madrid Pole Dance Studio que no conocí el dolor de primera mano.

En esta escuela, mis torturadoras y torturadores, digo… profesorado, ha sido muy variado. Y, ojo, aunque torturadorxs, ¡maravillosxs todxs!

Seguro que sigue habiendo mucha persona incrédula al otro lado de la pantalla diciendo “no puede ser para tanto”. Ok, hablemos pues de los DOLORES HABITUALES pre, durante y post pole:

- Las rojeces y quemaduras: o como también se les dice por quitar hierro, “los besitos de la barra”. La barra de pole nos quiere mucho, se nos agarra, se nos abraza a la piel desnuda… y eso se nota. Por ejemplo, no hay empeine de pies sin rojez ni cicatriz, ¡un horror para el feet fetish! Muy importante que identifiques cuándo te estás soltando de la barra por dolor y cuándo por resbalar de verdad. Si es por dolor y te añades magnesio… ¡el besito va a ser más gordo!

- Los moratones: algunas figuras y movimientos requieren pellizcos en la piel. Con el tiempo, tu piel se endurecerá y tus músculos se fortalecerán; pero ve avisando a todo el mundo de lo que puede encontrar. Aún recuerdo cuando dije a una compa que los moratones “eran por Pole” y me respondió “¿¡Quién es Paul!?”. Evita malentendidos, informa de que haces este deporte y disfruta de las respuestas estrafalarias.

- Las agujetas: obvio. Como cualquier deporte, pole dance también da agujetas. Lo más gracioso, al menos en mi caso, es que según pasan los días desde la última clase, éstas aparecen por diferentes zonas de mi cuerpo; ¡tortura al completo! Pero, ¿y lo bien que te sientes porque sabes que te estás esforzando?

- Callos y durezas: Siempre lo dice nuestro querido Quique (@eurokique) “quienes llevan mucho tiempo en pole tienen cuerpos divinos y esculturales y las manos de un rudo marinero”. Tus manos irán mejorando su agarre y eso será a base de generar callo y dureza, asume que manitas de princesa, ¡nevermore!

- Si lo tuyo es con coreo, ¡los tacones!: dependiendo de la academia, la modalidad de la clase varía. Si acabas en una clase en la que aprenderás coreografías y te dicen que tienes que llevarte los tacones, ¡prepárate! Le sumamos en sensualidad, pero también en dificultad.

- Lidiar con la frustración: en cierto modo es un dolor psicológico y nada fácil. Mucho menos cuando llegas a una clase que te la sabes y, de repente, ese día, tu cuerpo, los astros, el Kharma, ha decidido que NO. “Esos malditos días” los tiene todo el mundo. Así que, acepta que no va a poder ser pero sigue practicando. Sólo para quienes son constantes y tenaces acaba funcionando.

- No poder ir a más clases: ya sea por pasta (aunque, normalmente, si podemos quitarnos de otros vicios, nos quitamos; todo sea por el pole) o por tiempos, pero siempre encontramos un límite a nuestros deseos de asistir más y más… Y este, queridísimos seres al otro lado de la pantalla, es el mayor de los dolores.

En definitiva, si te has planteado empezar en pole pero tienes dudas, ten claro que duele. Eso es así, sobre todo al principio, todo te duele. Luego, como a los tangas, te vas acostumbrando… ¡hasta te va gustando! Así que, ármate de valor, respira hondo, ¡y a por la barra!

Pero, hablando ahora en serio, ¿son tales los BENEFICIOS reales de estar sudando y generándote rozaduras y rojeces por todo el cuerpo así como moratones? Sí, a continuación te resumo los que para mí han sido más importantes:

- Lecciones sobre tenacidad y constancia: hay semanas que no sabes ni entrar al vestuario y otras en las que lo bordas (casi) todo. Pero el aprendizaje es claro: el éxito rara vez es resultado del azar. Concentrarte en objetivos, analizarlos bien y, cómo no, insistir hasta que salga se convierte en un mantra vital para ti.

- Sexy y poderosa tanto como rosa y sudorosa: realizar un deporte físico de nuestro agrado ayuda a cuidar la figura pero también a aumentar la musculatura frente a la grasa. A sentirnos mejor con nosotras mismas, pero no sólo por el físico, también por el chute de endorfinas. Los nervios, los enfados, la tristeza… todo puede ser bien agotado por una barra de pole.

- Para no escoñarte, también necesitas cerebro: tanto si aún sólo montas figuras como si ya haces coreografías, la memoria cognitiva y corporal de “qué hay que hacer” es imprescindible para un gran dominio de los movimientos sin necesidad de imitar. De ahí que el esfuerzo físico suele ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.