De Peculiares

Masturdating: la práctica que todos deberíamos probar una vez en la vida

12 de febrero de 2020

Laura Marcilla

Masturdating es un término inglés que viene de masturbate” y “dating, es decir, masturbación y cita. Pero no, no consiste en quedar con alguien para masturbarse, la cosa es algo más compleja. Más bien, la parte de la “masturbación” es una metáfora de la capacidad de disfrutar en solitario, sin más compañía que uno mismo. Así pues, practicar masturdating significa tener la costumbre de organizar citas con uno mismo y, obviamente, pasarlo bien en ellas.

Muchas veces hemos insistido en la importancia del amor propio, del espacio propio y de los autocuidados. Poner de moda el masturdating implica llevar todo esto un nivel más allá. Las relaciones hay que cultivarlas y cuando no se invierte tiempo y cariño en ellas existen más riesgos de que éstas se deterioren. Esto mismo es aplicable a la relación con uno mismo. Vivimos en una época en la que muchas personas nos quejamos de que nos faltan horas en el día para atender a todos los compromisos laborales, sociales y familiares. En este contexto, es muy sencillo que los autocuidados o el tiempo que invirtamos en nosotros mismos queden relegados a un segundo plano.

En el mismo sentido, cuidar una relación no es una cuestión solo de tiempo, sino de tiempo de calidad, tiempo bien aprovechado. Así que lo siento mucho, pero las duchas largas pensando en cómo cambiar el mundo no cuentan como masturdating per se.

Masturdating consiste en planificar y llevar a cabo una cita divertida, entretenida o bonita, exactamente igual que lo haríamos con una pareja o un grupo de amigos, pero con la idea de disfrutarlo en solitario. Claro que los planes no tienen por qué ser exactamente los mismos que cuando los organizamos con otra persona, pero lo ideal es que pongamos el mismo cariño en pensar qué actividad nos apetece hacer, en elegir la ropa que vamos a llevar y en reservar la fecha y considerar que la tenemos comprometida a todos los efectos. Y por supuesto, llegado el día de la importante cita, dejarnos llevar y disfrutarla sin estar pendientes de la pantalla del móvil.

¿Y por qué es importante y creo firmemente que todos deberíamos hacerlo de vez en cuando? Porque, ¿cómo vamos a mantener una relación positiva con alguien con quien nos relacionamos? ¿Cómo vamos a relacionarnos con nosotros mismos, a querernos, a aceptarnos, si todo nuestro tiempo libre lo invertimos en los demás? La habilidad de pasar tiempo a solas haciendo algo activamente (algo más elaborado que manta y Netflix, sin despreciar también este tipo de planes) es una oportunidad maravillosa que seguramente traería muchos beneficios a nuestra autoestima y nuestro bienestar.

Como todas las “prácticas” quizá deba ser entrenada y nos cueste más que nos salga al principio de forma natural y satisfactoria. Es comprensible. Hay una serie de planes (restaurantes, cine, etc.) que se perciben como exclusivos de la pareja o los amigos. Muchas personas no se sentirían cómodas yendo a cenar sin compañía o sabiéndose observadas en situaciones que suelan realizarse en grupo. El miedo a los juicios de los demás (e incluso a los propios juicios) también se supera si nos enfrentamos a él.

Además, las opciones para practicar masturdating son casi infinitas, tantas como se nos puedan ocurrir (ir a un museo, a un concierto, a un spa, al teatro, al campo…) y ofrecen la ventaja de que no es necesario consensuarlo con otra persona y negociar para alcanzar un acuerdo entre sus gustos y los propios.

Ahora que se acerca “San Valentín”, parece la mejor de las ocasiones para iniciarse en el masturdating. Ahora que ya vamos interiorizando (poco a poco) que tener pareja no es necesariamente mejor que estar soltero, que el amor propio es esencial para todas las personas, enamoradas o no, y que se critica la hipocresía de demostrar amor un día del año “porque toca” y no porque apetece, ¿por qué no darle la vuelta a la celebración y empezar a pasar mas tiempo con la única persona que, de seguro, va a acompañarnos toda la vida? Nosotros mismos.

De Peculiares

¿Sabías que el 14 de febrero celebramos algo más que San Valentín?

14 de febrero de 2019

Laura Marcilla

Así es. La mayoría de las personas conocen este día como ‘el día de los enamorados’, y un grupo cada vez más numeroso celebra también lo que han decidido llamar ‘San Solterín’, porque ya está bien de mandatos sociales que nos presionen para tener siempre pareja. Sin embargo, muy poca gente es consciente de que esta festividad también coincide con el Día Europeo de la Salud Sexual.

Este día se conmemora desde el año 2003 y pretende reivindicar la importancia de una sexualidad sana y positiva. No es para nada incompatible con San Valentín, ya que la sexualidad nos acompaña siempre, tanto si estamos solteros, como en pareja o en relaciones poliamorosas.

Pero, ¿qué es realmente la salud sexual? Está claro que la salud es un concepto que va más allá de la ausencia de enfermedades o disfunciones. La OMS la define como “un estado de bienestar físico, emocional, mental  y social”. Esto, en la teoría, significa que necesitamos estar bien en todas las esferas de la sexualidad (y recordemos que la sexualidad lo inunda prácticamente todo). En la práctica, esta definición de salud sexual implica que casi todas las personas podríamos sentirnos mejor y ser más felices si les prestáramos más atención y les diéramos la importancia que se merecen a nuestras sexualidades.

Por ejemplo, una persona que no se siente libre de expresar su identidad de género o su orientación sexual, no está disfrutando de una plena salud sexual. Alguien que tiene problemas de pareja, la persona que se siente culpable por masturbarse o por excitarse ante alguna práctica sexual poco común, quienes se sienten socialmente presionados para vivir su sexualidad de un modo concreto… todas estas personas, aunque por supuesto no están enfermas, sí que podrían gozar de una mejor salud sexual. A veces, esa mejora pasa por conocernos, aceptarnos y querernos a nosotros mismos, y otras veces requiere cambios más profundos en una sociedad que todavía no respeta plenamente los Derechos Sexuales.

Una sexualidad sana debería ser siempre placentera, segura, satisfactoria, respetuosa, divertida, alegre y positiva.

Por desgracia, aún hay muchos datos que indican que debemos esforzarnos un poco más para conseguir la mayor salud sexual posible. Muchas noticias señalan el aumento de las infecciones de transmisión sexual en los últimos años, especialmente entre jóvenes. De hecho, más de la mitad de las personas con algún tipo de infección sexual son menores de 30 años. Por si fuera poco, se calcula que aproximadamente una de cada tres personas portadoras de VIH (el virus del sida), no sabe que es seropositiva. Dejando las enfermedades a un lado, el 20% de los hombres y el 53% de las mujeres en España confiesan estar descontentos con sus encuentros sexuales. Y pese a esta insatisfacción, los sexólogos clínicos señalan que las personas tardan, de media, cinco años en acudir a una consulta desde el momento en que detectan un problema.

Quizá toda esta información suene un poco pesimista o parezca que intentamos ‘pinchar’ los globos de corazones de este día. Pero nada más lejos de la realidad: Cupido y la sexualidad se llevan de maravilla. Este artículo es precisamente una invitación a la reflexión y a la búsqueda de aquello que nos haga disfrutar al máximo de nuestra sexualidad. No importa si te encanta celebrar San Valentín con flores y bombones o si piensas que es un invento consumista y cursi, porque siempre tienes la opción de dedicar este día a hacerle caso a tu sexualidad, contigo mismo o con quien te apetezca compartirlo. Y no porque sea 14 de febrero, sino porque este día del calendario es tan bueno como cualquier otro para empezar a explorarnos, a conocernos, a entendernos, a querernos, a cuidarnos y a mimarnos como nos merecemos.