De Peculiares

Mujeres que viven con sus agresores: pautas sobre cómo actuar

23 de abril de 2020

Laura Marcilla

Hace más de un mes que se inició el confinamiento debido al Covid-19 y creo que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todos tenemos ganas de volver a la “normalidad”. El encierro no es una situación sencilla, aunque entendamos que es necesaria, pero hay algunos sectores de la población que quedan más expuestos y cuyos riesgos son aún mayores en estas circunstancias. Hoy voy a hablar en concreto de las mujeres que conviven con sus agresores.

Varios países ya han señalado que una de las consecuencias que están detectando a raíz del confinamiento es el aumento de las peticiones de ayuda por parte de víctimas de violencia de género. España también ha registrado un aumento de llamadas al número 016 de casi el 50% en comparación con el mismo periodo del año anterior. En concreto, en la primera quincena de abril, se han atendido un 47.3% más de contactos telefónicos.

No podemos asegurar que este dato represente un aumento de la violencia de género, pues quizá estas situaciones ya existían previamente pero ahora se esté acudiendo en mayor medida a estos recursos. Es posible que la convivencia continuada con los maltratadores esté acortando los ciclos de la violencia o redundando en un mayor número de explosiones de violencia que finalmente hacen que la víctima se decida a pedir ayuda.

Sean cuales sean las causas y las interpretaciones, hay mujeres que están sufriendo especialmente en esta situación y merecen recibir ayuda y conocer algunas pautas sobre cómo actuar para garantizar su seguridad.

En primer lugar, nunca está de más recordar que la violencia no tiene por qué ser sólo física. Algunas veces cuesta más reconocer la violencia de género precisamente porque no se manifiesta siempre en forma de golpes o empujones. La violencia psicológica (humillaciones, amenazas, insultos…), la violencia sexual (abusos, chantajes, agresiones sexuales…) y la violencia ambiental (romper objetos, golpear paredes, destrozar posesiones ajenas…) son también violencia y no debemos restar importancia a sus efectos.

Además, aunque en este artículo pretendemos ofrecer algunas pautas para ayudar a las víctimas a pedir ayuda y a mantenerse a salvo, somos muy conscientes de que la violencia de género es un problema de toda la sociedad, por lo tanto, no debemos poner el foco exclusivamente en las mujeres que la padecen de forma más directa. Argumentos como que “son cosas de familia” o que “los problemas de pareja se resuelven en pareja” no deben impedirnos intervenir si somos testigos de violencia de género.

Si escuchamos gritos, golpes o discusiones agresivas por parte de nuestros vecinos, nuestro deber es denunciar esta situación. Cuando intentamos permanecer neutrales frente a las injusticias no estamos sino tomando parte del lado ofensor.

Y ahora, ¿qué cosas se pueden hacer cuando se vive una situación de malos tratos durante el confinamiento?

– Existen recursos como el teléfono 016 que son totalmente gratuitos, anónimos, disponibles 24 horas y no dejan rastro (ni siquiera en la factura). Este teléfono dispone de atención en 52 idiomas diferentes y, para personas que tengan dificultades en el habla o la escucha, se ha habilitado también el siguiente número: 900 116 016. También dos números de móvil están accesibles constantemente por WhatsApp y son atendidos por psicólogas especializadas en esta problemática. Son el 682916136 y el 682508507. Si decides hacer uso de ellos sí te recomendamos borrar o archivar las conversaciones al finalizar, especialmente si crees que tu pareja podría controlarte el móvil.

– Lo mismo ocurre a la hora de consultar páginas webs o incluso artículos como éste, es aconsejable hacerlo desde el “modo incógnito” del navegador o procurar borrar el historial después, ya que, si el agresor descubre que se está intentando buscar ayuda, puedes exponerte a una situación más peligrosa.

– Ante casos de peligro inminente, es preferible llamar al número de emergencias 112, que puede movilizar rápidamente a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

– Esto mismo también se puede realizar a través de la aplicación móvil ALERTCOPS.

– Te aconsejamos no manifestar nunca a tu agresor la intención de irte o romper la relación, ya que podría reaccionar de forma agresiva y poner tu integridad en riesgo.

– Si puedes, ten preparada una pequeña mochila con objetos importantes en caso de que necesites abandonar el domicilio urgentemente. Intenta guardar en ella dinero, tarjetas de crédito, llaves del coche y documentación. Lo ideal sería tenerla guardada en un sitio donde tu agresor no la pueda encontrar y descubrir tu intención de abandonarle, pero al que puedas acceder en poco tiempo por si tienes que coger las cosas y salir rápido de casa.

– En caso de un estallido de violencia, intenta encerrarte en una habitación segura, a ser posible con cerrojo, y que esté cercana a una salida o una ventana por si necesitaras pedir ayuda. En la medida de lo posible intenta no refugiarte en habitaciones donde haya objetos peligrosos de los que él pueda hacer uso, como por ejemplo la cocina.

– Si necesitas pedir ayuda porque consideras que estás en peligro, puede ser recomendable gritar “fuego” en lugar de “socorro” o “ayuda”. Haz el máximo ruido posible para intentar que alguien te escuche si temes por tu salud.

– En caso de una agresión, protégete la cabeza con los brazos o hazte una bola sobre ti misma para proteger los órganos vitales de los golpes.

– Sabemos que es difícil y que no es una medida que esté al alcance de todas las mujeres, especialmente en estas circunstancias, pero también puede ser aconsejable aprender nociones básicas de defensa personal, aunque sea a través de tutoriales o vídeos online (eso sí, recuerda borrar el historial al terminar).

– Si puedes, establece una contraseña con amigos, familiares o vecinos para que sepan identificar cuando estás en peligro y pidan ayuda por ti. Podéis escoger una frase o una palabra aparentemente inofensiva por si tienes que hacer uso de ella estando en presencia de tu agresor. En este sentido, si no tienes intimidad para llamar al 016 estando sola en una habitación, también puedes llamar fingiendo que es una llamada para cancelar una cita médica y de esta manera proporcionar tus datos y responder a las preguntas que te hagan con “sí” o “no” sin levantar sospechas. También en las farmacias puedes ir a preguntar por Mascarilla19, entenderán que es un código y te ofrecerán ayuda. Otra forma de contactar con la policía sin desvelar tus intenciones de pedir ayuda es simular que vas a pedir comida a domicilio, de está forma podrás dar a conocer tu ubicación.

– Si consigues salir a la calle, intenta mantenerte en sitios públicos. Tranquila, salir del domicilio para escapar de una situación de violencia de género es una de las excepciones por las que sí se puede salir a la calle. Si no tienes otro lugar a donde ir, la policía o los servicios de atención a víctimas te remitirán a servicios de acogida. Es cierto que en estos sitios rara vez permiten la entrada con animales, así que, si tienes mascotas y te preocupa lo que pueda pasarles si te vas, contacta con este número (673765330) donde han puesto en marcha un servicio para gestionar lugares seguros para los animales.

– En la medida de lo posible, intenta no recurrir al alcohol ni abusar de tranquilizantes u otros medicamentos durante el confinamiento, ya que reducen nuestra capacidad de reacción en caso de necesidad.

– Por último, si tienes hijos, intenta enseñarles a pedir ayuda o a marcar los números de emergencia ante una situación de peligro.

Es terrible tener que enseñar a las mujeres a actuar ante una situación de violencia porque no podamos evitar absolutamente todas las agresiones y los malos tratos son la realidad con la que conviven demasiadas personas. No obstante, si estás leyendo esto y sufres violencia por parte de tu pareja, debes saber que no estás sola, que nada de esto es tu culpa y que tienes derecho a recibir ayuda y apoyo para salir de esta situación. Nadie merece vivir con el infierno en casa.

De Peculiares

¿Por qué te sientes culpable de tener fantasías eróticas?

30 de diciembre de 2019

Monica Leiva, Educandosobresexo

A veces tenemos pensamientos de índole sexual que nos resultan inaceptables y molestos porque nos provocan conflictos con nuestros valores aprendidos. Esas fantasías que valoramos como negativas suelen ser las que reflejan relaciones sexuales con violencia, dominación o sumisión. Las fantasías pueden sorprendernos y parecer confusas ya que a veces no guardan parecido con nuestros deseos conscientes. Fantasear con parejas múltiples o encuentros violentos, por ejemplo. Si sentimos excitación delante algunas fantasías que no se desean en la vida real, podemos sentir malestar e incluso llegar a creernos que somos seres perversos y enfermos. Así, bastantes personas se preocupan con sus fantasías sexuales, se cuestionan si es normal fantasear con depende que y se pueden sentir culpables de tenerlas y que estas les generen placer.

Pero tener fantasías sexuales es normal y saludable. Si una cosa nos caracteriza a los seres humanos es nuestra capacidad para crear situaciones y mundos imaginarios. Esta capacidad está presente en todo lo que realizamos en nuestra vida, incluyendo el sexo por supuesto. Fantasear es una capacidad humana, que muchas veces dejamos aparcada e incluso infravaloramos como propia de la infancia o de personas que se pueden “permitir perder el tiempo”. Como dice el psicólogo catalán Antoni Bolinches “en cuestiones de sexualidad, la imaginación es capaz de volar más alto que la realidad” Usando las fantasías enriquecemos nuestra vida sexual y aprendemos más de nosotros y nosotras mismxs. La aceptación y disfrute de las fantasías nos hará conocernos y aceptarnos mejor.

Ya lo decía la escritora Megan Maxwell “Todo el mundo tiene fantasías, pero no hablan de ellas por pudor”, el pudor o más bien el temor a ser juzgadxs como “rarxs” o a no ser entendidxs por los demás.

Las fantasías eróticas tienen su utilidad

El objetivo de las fantasías sexuales sería la de liberar las tensiones del día a día, estimular la imaginación para crear un mundo de fantasía y, sobretodo, usarlas para pasarlo bien.

¿Es necesario llevarla a cabo? Depende de cada uno y cada una. La fantasía es una cosa completamente íntima y privada mientras no la convirtamos en acción y cómo producto de nuestra imaginación podemos decidir si se queda en nuestros pensamientos o la externalizamos. A veces la fantasía quiere quedarse en fantasía simplemente y no hace falta hacerla en la vida real, ya que la imaginación supera a la realidad y pasarla al mundo real nos puede decepcionar. Todo en nuestra cabeza es más rico y ocurre de una manera ideal, y si la fantasía es una situación compartida a lo mejor la reacción de la otra persona u otras personas no cumplen con nuestras expectativas o nos ocurren imprevistos que nos estaban en nuestra mente y podemos acabar decepcionándonos.

Si es bueno tener fantasías, ¿por qué me hacen sentir mal?

Las fantasías sexuales son fantasías y como tales nos puede ayudar a evadirnos como también a enriquecer nuestras vidas eróticas... Si tú sientes que alguna te hace sentir mal deberías analizar el motivo por el cual ocurre esto.

El sexo y la culpa muchas veces vienen de la mano, si nos sentimos culpables de nuestros ‘pensamientos es porque nos estamos hipervigilando sin necesidad de una fuerza externa represiva ¿Por qué ocurre? Se sabe que le sexo es la faceta humana que más se ha querido controlar desde la moralidad de nuestra sociedad y producto de ello es que lleguemos a sentirnos mal por nuestros pensamientos eróticos cuando creemos que “se salen de la norma”.

Lo que debemos de tener claro es que aunque hay cosas de nuestro imaginario erótico que deseamos llevar a la práctica hay otras que nunca desearíamos que sucedieran de verdad, son las fantasías eróticas que se quedan en nuestra cabeza como fantasías y nunca llegan a cumplirse. A la moralidad de nuestra sociedad esta distinción parece que no exista, el simple hecho de imaginar ya es malo y esto produce es que nos sintámonos culpables de todo lo que nos pasa por la cabeza, pero al igual que si podemos sentirnos responsables de nuestras acciones, no tenernos porque sentirnos culpable de nuestras fantasías ni tan siquiera dar explicaciones de las mismas, ya que están en nuestra cabeza.

Somos el animal sexual más extravagante que existe en el planeta y la mayor parte del tiempo practicamos el sexo como diversión por lo que para una sexualidad sana ha de existir la imaginación y el juego. Dejemos volar la imaginación erótica privada y particular y disfrutemos del enriquecimiento erótico que provocan.

De Peculiares

No soy tuya, soy mía

Día contra la violencia de género

25 de noviembre de 2018

Melanie Quintana Molero

¿Sabías que 43 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas en 2018? Y ya van 971 desde el 1 de enero de 2003, cuando se empezaron a contabilizar. Y todavía nos preguntan ¿por qué nos manifestamos? Porque al parecer todavía no se han dado cuenta que NO SOMOS SUYAS. Suyas para hacer lo que quieran con nosotras, con nuestra vida. Porque todavía hoy gran parte de la sociedad vive en el patriarcado, aceptando la situación de dominio masculino.

¿Y sabíais que los meses con mayor tasa de asesinatos son septiembre, seguido de julio y agosto? Los que deberían de ser considerados meses de vacaciones para pasar tiempo con nuestra pareja resulta que son la puesta en marcha del contador. ¿Y sabíais que el año pasado por estas fechas ya eran 44?, ¿y que al final del año fueron 51 mujeres las que perdieron la vida?

¡Ya no me callo! Ni yo, ni ninguna de nosotras. Y por eso salimos a la calle, para decir, una vez más: ¡Basta! Por nosotras y por las mujeres que nos han robado, para darles voz a aquellas que ya no la tienen. Hoy es un día para recordar, pero también para reivindicar.

Para recordar porqué el 25 de noviembre salimos a la calle a chillar bien alto que no queremos que nos maten. Para recordar a las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, las tres hermanas que fueron asesinadas en 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras; y por las que en 1999 la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró el 25 de noviembre ‘Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer’, lo que hoy día conocemos como el ‘Día contra la violencia de género’.

Si todavía te preguntas por qué salimos a la calle, que sepas que es para homenajear a estas mujeres y a todas las que mataron anteriormente y de las que nadie supo nada. Para homenajear a aquellas que están muriendo ahora, para decirles de manera simbólica que no les hemos olvidado y para intentar que no muera ninguna más.

Chillamos y hacemos ruido para reivindicar que no somos de nadie, que la única propiedad sobre nosotras mismas la tenemos nosotras mismas. Para decirle a la sociedad que no puede llamarse demócrata si tolera que a las mujeres se les esté maltratando y asesinando.

Hoy salimos a la calle porque todavía hoy muchas mujeres a un espacio al que deberían de llamar hogar lo están llamando tumba. ¡Y ya no me callo! Ni yo, ni ninguna de nosotras. Para decirles a todas aquellas mujeres que todavía piensan que un insulto, un empujón, tener relaciones sexuales contra su voluntad o no poder ver a su familia o amigos porque a su pareja no le gusta, no quiere o no le deja, NO ES NORMAL.

Salimos para dar fuerzas a aquellas mujeres que viven en esta situación de miedo y ataduras. Para decirles que se puede denunciar, que aún están a tiempo. Para decirles a los jueces que si sueltan a aquellos hombres que se demuestra que les han pegado a sus mujeres y que estas corren un grave riesgo, no les suelten. Para que lo que empezó como un insulto ‘inofensivo’ no se convierta en un número más de la lista.

Para que no seamos nosotras las que después de denunciar tengamos que vivir con miedo de que nos persigan. Porque no queremos tener que llevar seguridad, un perro o un chip para que no nos maten, para sentirnos libres. Porque somos libres. Porque no soy tuya, soy mía. ¡Entérate!

De Peculiares

Día de la memoria Trans

Día de la memoria Trans, LGTB, transfobia

21 de noviembre de 2018

Laura Marcilla

De entre los muchos ‘Días Internacionales de’ que existen a lo largo del año, siempre hay algunos que nos afectan más o con los que nos sentimos especialmente sensibilizados. Algunos parecen estar más enfocados a la celebración (por ejemplo, el día del orgullo LGBT o los días del padre y de la madre) y otros se encuentran más empañados por el recuerdo y la tristeza. Esto ocurre con el Día contra la Violencia de Género que tendrá lugar a finales de esta semana, pero también con el Día de la Memoria Trans que hemos celebrado el 20 de noviembre. Aunque quizá no es tan conocido como el 25-N, el Día de la Memoria Trans es otra fecha en la que recordamos a las personas que aún deberían estar con nosotros si el mundo fuera un lugar más justo.

El origen de esta conmemoración data de 1998, hace 20 años, con el asesinato de Rita Hester, una mujer trans afroamericana que fue apuñalada 20 veces en el pecho en su propio apartamento. Por desgracia, el caso de Rita Hester sigue sin resolverse a día de hoy, pero su brutal asesinato sirvió de inspiración para que Gwendolyn Ann Smith y otros activistas fundasen en 1999 el Día de la Memoria Trans.

No es un día para celebrar, pero sí es un día para recordar a todas las personas que han sido asesinadas por el mero hecho de ser trans y poner en entredicho el ‘cistema’, la cisnormatividad. Muchas de estas personas fueron perseguidas por luchar para construir un mundo más inclusivo, a todas se les ha arrebatado la vida por atreverse a existir.

infografía que ha hecho la plataforma TRANSRESPETO
Infografía que ha hecho la plataforma TRANSRESPETO

El Observatorio de las Personas Trans Asesinadas (TMM por sus siglas en inglés) lleva desde 2008 un registro del número de homicidios a personas trans en todo el mundo. En el último año la cifra asciende 369, 44 más que en 2017 y 74 más que en 2016. Parece que la violencia no deja de aumentar. El número total de muertes en los 10 años transcurridos desde que se creó el TMM llega a la friolera de 2982 (casi tres mil personas asesinadas, que se dice pronto).

Y aquí no acaba la tragedia, porque el propio TMM admite que este cálculo es muy inferior a los asesinatos totales que tienen lugar en todo el mundo, ya que se basan únicamente en los informes confirmados y aún existen países en los que no encontramos registros de estos crímenes, y otros muchos casos en los que a la víctima se la registra con su nombre de nacimiento y el sexo equivocado, sin indicar que se trata de una persona trans. Ni siquiera tras su muerte se respeta su identidad.

Aunque los países donde el número de homicidios es mayor son Brasil, México y Estados Unidos, no tenemos que irnos muy lejos para encontrar actos similares. Sin ir más lejos, el pasado 24 de septiembre en Valladolid murió Ely, una mujer de 55 años que había recibido una paliza de un menor de tan solo 15 años. Como si los hechos no fueran ya suficientemente infames por sí mismos, la prensa dio un tratamiento pésimo a la noticia, refiriéndose a Ely como ‘hombre’ y en algunos casos incluso ‘hombre vestido de mujer’ u ‘hombre homosexual’. El asesinato y su horrible trato mediático evidencian de nuevo lo necesario que es educar a la sociedad sobre diversidad sexual.

Tampoco podemos olvidar en un día como éste a las personas que, sin ser asesinadas, han acabado suicidándose a causa de la violencia de la que eran víctimas en su vida diaria, y a todas aquellas que aún sufren a día de hoy delitos de odio, bullyng, transfobia, etc.

No es difícil coincidir en que un asesinato es algo abominable (y tres mil asesinatos algo para lo que no existen palabras), pero es necesario recordar que el asesinato y las agresiones son sólo el último peldaño en una escalera de violencia. La transfobia es violencia, y no necesitamos más muertes para percibirlo porque, incluso en nuestro país, la vemos a diario si sabemos mirar bien: cada vez que a una persona trans se la obliga a ir a los baños del sexo opuesto. Cada vez que a un menor se le niega elegir un nombre acorde con su género. Cada vez que no se respeta la identidad de los demás, o se pone en duda. Cada vez que una persona trans es discriminada laboralmente (viéndose algunas de ellas empujadas al trabajo sexual). O simplemente cada vez que alguien es testigo de alguno de estos comportamientos sin hacer nada al respecto o tender una mano amiga. En todas estas situaciones, estamos perpetuando el sistema que ha permitido que a tres mil personas trans se les asesine por el mero hecho de serlo.

No dejemos que esto siga ocurriendo. Por todas las personas que han perdido la vida a manos de la transfobia, esforcémonos en ser parte de la solución y no del problema.

De Peculiares

Sexo sucio

"La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio"

 

Maitena Usabiaga Sarasua

11 de septiembre del 2018

Si has empezado a leer este artículo porque creías que encontrarías perversidades eróticas, juegos salvajes o un fragmento donde las fantasías campen a sus anchas, no es precisamente lo que vas a encontrar. Esto es una reflexión sobre el lado oscuro del sexo, un lado que nos persigue desde hace demasiado tiempo y que al parecer sigue haciendo negocio.

 

sexo sucio

 

Un lado del sexo que se sigue relacionando con violencia, enfermedades o patologías, es decir, la relación directa con lo que consideramos el ‘mal’. ¿Será que la iglesia tiene razón? Porque, desgraciadamente, ha dicho demasiado respecto al sexo, y sigue haciéndolo con palabras, hechos o a través de nuestros cuerpos. Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres. Nos dijeron, hace ya más de 2.000 años, que debíamos de huir ante las tentaciones del cuerpo, que el sexo era (y para ellos sigue siendo) impuro, sucio y pecado. Y aunque parezca mentira, estas ideas siguen vivas hoy en día.

 

"Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres"

 

Indudablemente han hecho un buen trabajo, han conseguido que sigamos hablando de ello(s) y siguen influyendo en los discursos imperantes sobre el sexo, aunque ahora estén disfrazados de marcas de condones. Creo que uno de sus éxitos se debe a que redujeron toda cuestión existencial, toda duda sobre cómo tenemos que comportarnos, hacia dónde vamos, en dos categorías simples: el bien y el mal. Dentro de cada una de ellas se recogían actos, pensamientos, deberes, lecciones..., y como podemos comprobar para la Iglesia el sexo estaba dentro de la categoría del ‘mal’. Y no sólo el acto, sino que también los pensamientos relacionados con ello, incluso el ser mujer, menstruar, correrse fuera de la vagina o imaginarte los pechos de tu vecina. ¿Difícil de escapar verdad?

Esta moral estaba llena de exigencias imposibles de cumplir, incluso para aquellos que cumplían más o menos todos los requisitos fundamentales: ser hombre, trabajar en algo honrado, servir al imperio, ser fiel a tu dios, casarte con una mujer decente y tener niños (en masculino). Y si no cumplías con ellos debías rendir cuentas a ese dios que te había dado la vida, y confesarte, porque la culpa te carcomía por dentro. Y así se inventó la culpa, esa emoción construida que hoy día nos sigue haciendo tanto daño. La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores. Estas son las palabras de un dios patriarcal y puritano. Jódete y baila y a ver si puedes salir de ésta gozándola.

 

"La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores"

 

Con esta formulación que nos precede está claro que nuestra relación con el cuerpo, con el placer y qué decir de la relación con los otros cuerpos, no ha sido ni es fácil y supongo que nunca será fácil. Fácil entendiéndolo como un camino sin obstáculos ni dificultades; y no será porque todas las relaciones conllevan obstáculos y dificultades, inevitablemente.

Hoy día nos encontramos con algunas de esas dificultades relacionadas con nuestros cuerpos, placeres, identidades o deseos, e intentamos luchar contra ellos como podemos, claro está. Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género.

Estoy removida porque sigo escuchando que el sexo es peligroso, violento, sucio y que debemos tomar todo tipo de precauciones para cuando salgamos a la calle como seres sexuadas. Sigo removida porque seguimos siendo las mujeres quienes estamos controladas; ahora tenemos taxis que nos llevan a casa por el módico precio de dos euros, incluso tenemos aplicaciones que incluyen un radar que informa a nuestros padres dónde estamos en cada momento. Seguimos siendo dependientes de la protección paternal y seguimos estando controladas.

 

"Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género"

 

Tengo claro que la violencia también existe en este campo, no se me ocurre ninguna faceta de la vida que no esté influida por la violencia: la educación, el trabajo, el mercado, el negocio del deporte... Lo que me ocupa es la significación que hacemos de cada vivencia violenta y, sobre todo, la que tiene que ver con el sexo. Parece ser que la violencia relacionada con nuestros genitales, nuestros deseos o nuestra erótica es peor, más fuerte que el resto. Sobre todo lo es para las mujeres. ¿Lo es para todas? ¿Tiene que serlo?

Responder a estas preguntas no es complicado. Todas es demasiada gente y si algo tiene que ser… estoy en contra. Soy consciente de que nuestra biografía, nuestra herencia, es jodida atendiendo a la relación con nuestro cuerpo. Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender.

Si queremos andar sobre este camino sería interesante preguntarnos si el uso de los discursos violentos nos ayudan a hacerlo o lo entorpecen. Diciendo que nuestros cuerpos son sagrados o que nuestro coño es lo más íntimo que tenemos, estamos diciendo que la iglesia sigue dentro de nosotras, que el locus genitalis sigue vivito y coleando.

 

"Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender"

 

Cuando dirigimos la mirada hacia la violencia nos entretenemos. Dejamos de lado nuestra erótica, el conocimiento de nuestro cuerpo y de los placeres. Conozco a mujeres jóvenes que se están negando la vivencia de su erótica por miedo a la violencia o porque están demasiado enfadadas para gozar de sus propios cuerpos. El conocimiento del cuerpo, el disfrute, la desmoralización del coño, es conocimiento y el conocimiento puede ser una medida de prevención brutal. ¿Por qué no hay anuncios que te digan: “folla más y mejor, conócete, disfruta y serás más feliz”?

Estoy segura que si hubiera anuncios así, dejaría de haber anuncios que nos alertan de las enfermedades de transmisión genital escondidas detrás de gente atractiva o anuncios en los que nos informara que cada 1 de 3 mujeres tienen un embarazo no deseado. Si queremos ser libres como sujetos eróticos es imprescindible empezar a conocernos y desaprender, resignificar nuestros cuerpos, atrevernos a compartir, a pedir, dar, decir no, decir sí. La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio.