De Peculiares

¿Qué es la vulvodinia y por qué muchas veces se lleva en silencio?

18 de marzo de 2020

Juncal Altzugarai

Supongo que muchas de vosotras en algún momento de vuestras vidas habéis sentido malestar, dolor, picazón, escozor… de la zona vulvar: en los labios externos e internos, en lo pliegues perivaginales, el clítoris, en la abertura vaginal. Pues bien, habéis sufrido de vulvodinia. Normalmente, esta afección suele ser circunstancial y temporal, pero hay personas con vulva que la sufren de manera prolongada e incluso crónica, lo que hace que tenga repercusión a otros niveles, como el psicológico o el social, lo que dificulta mucho que puedan tener una vida normal y satisfactoria.

La vulvodinia puede darse de manera generalizada en toda la zona vulvar, sin que seamos capaces de determinar el área de molestia. Otras veces, cuando se da en una zona concreta, hablamos de vulvodinia localizada. Cuando la molestia se da justo en la entrada vaginal, se suele hablar de vestibulodinia (en ocasiones, vulvodinia y vestibulodinia se utilizan como palabras homónimas). Esta última suele darse tras tener relaciones coitales, o un examen ginecológico, es decir, al ejercer presión en la zona de la entrada vaginal.

Pero las razones por las que la vulvodinia sucede son múltiples y muy diversas. Además, existen teorías de las que hablaremos aquí que pueden esclarecer y dar solución si al final se comprueba que son fiables y veraces. Es importante reseñar, que la causa más frecuente de la vulvodinia suele ser el impacto o presión directa sobre la vulva. 

Si utilizamos demasiado a menudo pantalones ajustados y pasamos mucho tiempo sentadas, es probable que suframos de vulvodinia en algún momento. Si además practicamos spinning o ciclismo, las probabilidades aumentan, ya que el sillín que utilicemos, por muy bueno y ergonómico que sea, seguimos ejerciendo presión sobre nuestros genitales externos. 

De todas formas, esto que os explico aquí, determinaría la causa de una vulvodinia circunstancial. Pero, ¿qué ocurre con las personas que sufren de esta afección de manera crónica? ¿Les afectan las mismas cosas? ¿Podrían evitarla dejando de llevar pantalones ajustados? La respuesta es no… bueno, a lo mejor aliviaría un poco dejar de ejercer presión sobre la zona, claro, aunque no se daría una remisión total en absoluto. 

El diagnóstico para estas personas suele tardar bastante tiempo en darse, ya que, o bien ellas mismas intentan sobrellevarlo a base de paracetamoles, o bien no dicen nada y lo llevan como pueden, o bien, ya en consulta, tras descartarse una infección o una afección cutánea, se van sin un diagnóstico a sus casas en el mejor de los casos. Otras veces (y conozco un par de casos con nombres y apellidos que han pasado por mi consulta), se les atribuyen factores psicológicos y se les trata con ansiolíticos, como si el dolor fuera inventado por su histeria (de la sobremedicación de las mujeres podríamos escribir una tesis doctoral, la verdad). Esto, más que calmarlas, hace que se encierren más aún en su desesperación y su silencio.

Normalmente, la vulvodinia de larga duración, se debe a una alteración nerviosa de la zona y esta puede tener varias causas (si se pudiese realizar un mapeo de las molestias, cuanto más preciso, sería una maravilla, a fin de saber determinar qué nervios en concreto están afectados). Hay personas que, por factores genéticos, tienen mayor densidad de receptores nerviosos en el área vulvar: lo que cuando se trata de placeres es maravilloso, cuando hay una pequeña irritación, se vuelve insoportable. 

Puede suceder también que exista una lesión nerviosa (puede ser una hernia discal, una cicatriz de la episiotomía retraída o adherida…). Tras una infección, por ejemplo, por candidiasis, los receptores del dolor de la vulva pueden verse irritados y dar sintomatología de vulvodinia durante un largo periodo de tiempo. Otra causa de esta afección, puede ser un desequilibrio inmunológico en la microbiota de la vulva (esto lo explica muy bien Miriam Al Adib Mediri en su libro “Hablemos de vaginas”). La alteración de los receptores hormonales del tejido de la zona (sobre todo en época de cambios) también puede hacer que tengamos molestias o ardor en la zona genital. Los cambios de alimentación y los factores ambientales son otra de las causas claras de esta afección.

¿Y qué tratamiento tiene la vulvodinia? Está claro que, por desgracia, normalmente, la pauta suele ser farmacológica (una crema anestésica, una crema hormonal, analgésicos orales, los ya citados ansiolíticos e incluso, antidepresivos). Este tratamiento solo trata los síntomas y no llega más allá. Mi recomendación es que el tratamiento se apoye en tres ejes:

El nutricional (mejor alguien que controle de nutrigenómica), que incluya una dieta que refuerce el sistema inmunológico, que devuelva el equilibrio a la flora intestinal, la disminución de oxalatos (que pueden crear una orina demasiado irritante), el aumento de los antioxidantes, probióticos y la fibra, la disminución de los alimentos procesados y el azúcar

El fisioterapéutico: Es importante realizar una reeducación de la sensibilidad de la zona, mediante biofeedback, electroterapia, ejercicios y masaje.

El sexológico: para un perfecto acompañamiento, en el que la información y la educación, tanto individual, como de pareja van a ser claves para que tratamiento sea un éxito.

Evidentemente, evitar malos hábitos como el tabaco, el estrés y el alcohol también serán fundamentales para que este tratamiento sea eficaz. Seguir estas recomendaciones también: utilizar ropa interior de algodón, evitar los pantalones demasiado apretados, utilizar lubricantes durante las relaciones coitales (al agua y con los mínimos perfumes/aromas), no utilizar ni geles, ni toallitas, ni desodorantes en la vulva… solo agua, evitar ejercicios que ejerzan presión sobre la zona genital (ciclismo, hípica,…), evitar tampones y compresas con blanqueantes y desodorantes, si hay dolor ponte frío en la zona.

Aún queda mucho por descubrir en lo que a esta afección se refiere. Se está investigando qué incidencia tiene la producción de colágeno en el alivio del dolor y cómo se comportan sus receptores tras las infecciones de orina y por candidiasis. Mientras se va arrojando un poco de luz, mi consejo es que, si crees que tienes vulvodinia, acudas a tu ginecóloga o matrona y que, si no te convence el tratamiento farmacológico, busques la alternativa que mejor creas que se ajusta a ti. Porque esta es mi visión, pero puede haber otras mil y son igual de válidas.

De Peculiares

Vaginismo tras el parto

"Desde el punto de vista fisiológico, el vaginismo es una contracción involuntaria de las paredes vaginales que dificulta o impide la introducción de un elemento en la vagina, causando incomodidad, resistencia, picor, quemazón o dolor"
Xandra Garcia, Sensa

14 de noviembre de 2018

Diferenciamos dos tipos de vaginismo en función de la biografía sexual de la mujer. De tal forma que hablamos de vaginismo primario cuando una mujer, en ningún momento de su vida, ha podido introducir en la vagina un pene, un tampón o han podido realizar un examen ginecológico, es decir, jamás ha podido meter ningún elemento en la cavidad vaginal. Es curioso constatar que con mayor frecuencia el motivo de consulta está relacionado con la incapacidad de practicar coitos placenteros, por encima de no poder realizar una exploración ginecológica.

Vaginismo tras el parto

Sin embargo, el vaginismo puede aparecer tras años de coitos placenteros, en mujeres que tiempo atrás podían introducir “algo” dentro de sus vaginas; ya sea algún dedo, un tampón, un especulo, un pene o lo que cada cual quiera introducir. A esta situación la conocemos con el nombre de vaginismo secundario normalmente provocados por experiencias que marcan un antes y un después en relación con la experiencia genital.

 
"Aunque el vaginismo secundario no es una consecuencia habitual del parto natural o del parto instrumentalizado, a la consulta acuden casos que están relacionados con experiencias traumáticas durante el parto o con el climaterio en sí"

 

En estos casos la dificultad viene dada por una respuesta fisiológica involuntaria ante la anticipación del dolor. De manera que el cuerpo aprieta automáticamente los músculos de la vagina para protegerse de ese “algo” que pudiera provocar dolor. Curiosamente es “algo” no siempre es todo. Es decir, la alarma se activa frente algunos estímulos que reconoce como peligrosos y se mantiene desactivada frente a otros que reconoce como inofensivos. Algo parecido pasa con los ojos. Ante cualquier amenaza de que un elemento extraño se introduzca en nuestros ojos, el cuerpo reacciona de manera automática cerrando los parpados bruscamente. No obstante, no reacciona con tanta brusquedad cuando aplicamos rímel o lápiz de ojos, ya que no se detecta como una acción amenazante, peligrosa o dolorosa.

De tal manera que cabe la posibilidad de que una mujer pueda colocarse un tampón durante la menstruación pero reaccione con tensión ante la tentativa de practicar una penetración.

 

"Cuando los coitos se tornan difíciles o imposibles el dolor o incomodidad resultante reafirma la respuesta reflejo intensificándola aún más, creando así un clico del dolor."

 

Esta respuesta involuntaria del suelo pélvico puede desencadenarse tanto por factores físicos, como por factores psicológicos. Como ya hemos explicado, el vaginismo se manifiesta como un rechazo que cursa físicamente para impedir que se materialice una acción que se considera amenazante, pero también psicológicamente con la intención de que los niveles de ansiedad no se disparen y se mantengan en un umbral gestionable.

 

CAUSAS FÍSICAS QUE PORVOCAN EL RECHAZO

Tras el trabajo de parto las paredes vaginales pueden presentar hematomas que han de sanar antes de intentar practicar un coito. Las episiotomías también pueden ser causa de malestar o dolor, bien porque aún no han cicatrizado, porque cicatrizaron mal o porque dicha cicatriz guarda una experiencia traumática presentándose abultada y rígida. Otra razón que causa vaginismo tras el parto es la sequedad vaginal, producida por los cambios hormonales que se experimentan durante el parto y la lactancia ‒como es el caso de la prolactina, que reduce considerablemente el deseo erótico‒ o por una inadecuada estimulación que dificulta la excitación y la lubricación genital.

 

CAUSAS PSICOLÓGICAS QUE PROVOCAN RECHAZO

No debería sorprender que tras el parto los encuentros eróticos y más concretamente la penetración se tornen difíciles. Esto es debido al estrés emocional y el cansancio acumulado de las demandas de ser madre. Además de estos factores tenemos que añadir el paso o reajuste identitario que ha de realizar la madre para sentirse cómoda en el rol de madre y amante. A veces, no siempre, es necesario hacer un proceso de reerotización de las zonas erógenas tales como los pechos o la vulva, ya que estas zonas que una vez estuvieron al servicio del placer, en el presente se encargan de dar vida y mantener con vida a la nueva criatura. Por eso en algunos casos es necesaria una resignificación del cuerpo para que vuelva a vivirse de forma placentera y erótica. Sin olvidar los cambios físicos que experimenta la madre, que en algunos casos se viven con rechazo hacia el propio cuerpo, por no sentirse deseable. A esto hay que añadirle las tensiones que surgen en la pareja mientras los miembros de la misma se adaptan a la nueva situación, a sus nuevos roles y a los retos que implica la crianza.

 

SOLUCIÓN

Las causas físicas pueden detectarse mediante exámenes médicos y con la colaboración de una sexóloga o un sexólogo podemos ayudarte a conocer y gestionar los desencadenantes de la dificultad para que vuelvas a disfrutar de los encuentros eróticos. La sexología cuenta con herramientas como es la educación sexual y la terapia de pareja ‒ la colaboración de ambos miembros de la pareja es fundamental a la hora de seguir las recomendaciones de la sexóloga, además el apoyo y comprensión mutua será imprescindible para el éxito del tratamiento‒ que combinado con algunas técnicas y ejercicios de aceptación progresiva a elementos introductorios pueden resolver eficazmente y en un periodo breve de tiempo el vaginismo. El porcentaje de casos satisfactorios es alto y la probabilidad de recaída mínimos.

Nuestro consejo es “esforzarse, pero nunca forzarse”