De Peculiares

¿Sabías que el magic wand antes se consideraba utensilio doméstico?

20 de mayo de 2020

Yaiza Morales

Pese a que la masturbación femenina es un hecho, durante miles de años ha sido demonizada e incluso tratada como enfermedad. De hecho, la aparición de los vibradores la debemos a este trato de “enfermedad” ya que se suponía que las mujeres padecíamos lo que por aquel entonces se conocía como histeria femenina. 

A finales del siglo XIX, un médico llamado Joseph Mortimer Granville inventó un artefacto eléctrico  que debía servir en primera instancia para aliviar dolores y molestias musculares que pudieran sufrir las mujeres debido a esa enfermedad. Su nombre: "percusser" (percurionista). La cura de esta enfermedad consistía en llevar a la paciente al "paroxismo histérico" (orgasmo) por medio del uso de dicho dispositivo. 

El remedio causó furor. Tanto que la empresa Weiss no tardó en ponerse a fabricarlos en serie no sin antes dedicarse a reducir su tamaño y modificarlo. ¡Se vendieron como churros a través de revistas y por prescripción médica!

Con la aparición del motor eléctrico de pequeño tamaño en el siglo XX, apareció el primer vibrador doméstico patentado en 1902 y pasó directamente al top 5 de “electrodomésticos” en un gran número de casas pasando por delante de la plancha eléctrica o la tostadora. Su fama se disparó tanto que incluso se podía ver publicidad en los periódicos donde rezaban titulares como “La vibración que proporciona vida, vigor, fuerza y belleza”.

Fue un éxito tremendo, pero a partir de los años 20 y con la aparición de las primeras peliculas porno en las cuales aparecían vibradores; su buena fama se vio disparada. El concepto de artilugio clínico para la salud de la mujer fue desapareciendo y se les atribuyeron connotaciones negativas convirtiéndolo en un instrumento insignia de la lujuria y la depravación femenina.

A raíz de este hecho, en 1952 la Asociación Americana de Psiquiatría afirmó que la histeria femenina no era más que un mito y que todo el tratamiento que la rodeaba solo era una excusa para que las mujeres nos pudiéramos masturbar libremente. Aunque este hecho no deje de ser en parte cierto, la mala prensa de los vibradores alcanzó cotas insospechadas. Pese a esta mala fama, los vibradores se siguieron vendiendo camufladamente en catálogos de venta por correo y revistas femeninas simulando ser aspiradoras, masajeadores de cuello e incluso rizadores de pelo o limpiadores de uñas!

¿Os acordáis de las famosas reuniones de señoras para vender Tupperwares? Pues no era para nada raro que en medio de estas quedadas, apareciera algún vibrador encima de la mesa entre tanto artilugio de cocina. Unos años más tarde y a modo de homenaje, empezaron a surgir lo que hoy día conocemos como Tuppersex.

En 1973, y en pleno apogeo de la segunda ola del feminismo, la sexóloga Betty Dodson empezó a dirigir reuniones de mujeres donde se mostraban alternativas de cómo se podían masturbar. Para ello, contaba con un Magic Wand, que no es otra cosa que un juguete erótico que se vendía como masajeador corporal y que por su forma recuerda a un micrófono. Según comentaba la propia Betty, el Magic Wand era “capaz de espabilar hasta el clítoris más atrofiado”.

Ahora tenemos infinidad de modelos, tamaños y materiales de lo que fue en su día el Magic Wand. ¿Alguna vez has visto o probado alguno? Si te animas a probarlo desde SP te damos la oportunidad de adquirir uno con un descuento exclusivo en Diversual, con el código: SOMOSPECULIARES

De Peculiares

¿Cómo llevar una infidelidad en tiempo de confinamiento?

11 de mayo de 2020

Colab. Yaiza Morales y Melanie Quintana

Al estar confinados surgen infinidad de problemas sobre cómo gestionar ciertas situaciones. Hoy nos queremos centrar en las infidelidades porque, al margen de lo que opinemos de ellas, es un tema que está más que a la orden del día y que se ha visto especialmente afectado por este encierro.

Pero antes de entrar en estos temas, nos gustaría hablar un poco de cómo definiríamos la infidelidad, ya que, pese a que todos sepamos lo que es, existen miles de interpretaciones del tema. Para algunxs ser infiel significa tener una relación coital con otra persona, para otros simplemente estar tomando un café con otrx, y todos los grises que hay por la mitad de estos dos posibles (entre otros muchos) extremos. 

Y la verdad que al igual que para ti que estás leyendo esto, para nosotras también es un lio intentar conceptualizar algo que cada unx ve y siente de un modo tan diferente. Porque aunque hablemos de un concepto general, existen un montón de matices y al final, eso es lo que cuenta: con lo que tenemos que convivir en la relación que establezcamos y los códigos con los que interpretemos ciertos conceptos.

El problema de raíz, a nuestro parecer, es que tal y como hemos aprendido socialmente, cuando empezamos una relación, hay muchos temas que damos por hecho y no se hablan. Damos por hecho en la mayoría de casos, que la relación será exclusiva y que cuando hablamos de fidelidad, ésta abarca todos los ámbitos de la relación. Pero, ¿tiene esto que ser así? ¿Se puede ser fiel a tu pareja pese a mantener relaciones sexuales con otras personas si previamente habéis llegado a este acuerdo? 

Lo que sí está claro es que la fidelidad en una pareja se definirá única y exclusivamente de la manera en la que los integrantes de dicha pareja decidan. El problema, como decíamos antes, es justo ese, que no se decide. Muchas veces ni previamente ni durante la evolución de la relación. No se establecen unos límites y unas necesidades mutuas básicas porque se dan por sentado. Y es más común de lo que parece que tengamos conceptos diferentes de infidelidad y he aquí el embrollo.

Cómo nos gusta recordar siempre, existen muchos y variados tipos de relaciones, digamos amorosas, y todas ellas son válidas, pero es importante que todas las partes que la componen estén de acuerdo en el cómo se va a dar esa relación y en los límites que van a tener los acuerdos a los que lleguen.

Pero cuando estos temas básicos no se hablan y cada uno actúa como considera sin un consenso, es cuando aparecen los problemas de “infidelidad” (que cada unx aquí interprete lo que quiera), las excusas, los problemas de gestión y las mentiras.

Nosotras lo que hemos hecho es destacar dos posibles reacciones frente a la alarma de confinamiento en caso de infidelidad:

– Sincericidio: Lo que nosotras llamamos contarle todo lo que hago a mi pareja porque me creo que es un cura y necesito confesar todos los pecados para que me perdone. Y es que este símil tiene mucho que ver con la idea generalizada que tiene la sociedad de que tenemos que contarle todo a nuestra pareja, ya que este acto, heredado y asimilado en el desarrollo de la relación, es cultural; concretamente de la cultura cristiana. Una de las conductas más repetidas este confinamiento ha sido precisamente esta. Tener la necesidad de contar a nuestra pareja con quién hablamos o dejamos de hablar a través de las redes. ¿hasta qué punto esto favorece a la relación?

– Abrir la pareja: ¡Pues sí! Muchas parejas por lo que hemos podido observar, se han planteado recurrir a esta solución durante el confinamiento para solucionar sus problemas sin pensar en profundidad en qué consiste  abrir la relación. Sin hablar de los cómos, sin estudiarse y verse en situación; encontrándose con más dificultades de lo que a priori iba a ser una solución a todo lo que estaban viviendo.

Y luego está la conducta que, pese a ya existir antes del confinamiento, ha cobrado especial importancia como infidelidad  durante este tiempo de cuarentena: la Infidelidad virtual. Lo que muchxs entienden como hacer uso de las apps de ligoteo para chatear con otras personas manteniendo conversaciones subiditas de tono incluso pasando al sexting. Para algunxs juego, para otros infidelidad. 

¿Cuánta gente ha recurrido a esta herramienta? ¿Qué es lo que no estamos observando que falla en nuestra pareja para que recurramos a sentirnos deseados de forma externa? ¿Es posible que simplemente necesitemos sentirnos deseadxs por otros sin ánimo de hacer o dejar de hacer nada más que no sea tontear?

Como veis, las posibilidades son muchas y variadas. Por eso, antes de juzgar o dar por sentado ciertas cosas, siempre es mejor abogar por la comunicación. Seguro que, a parte de sorprendernos con muchas cosas, podemos sacarle provecho a este confinamiento y redefinir las bases de nuestras relaciones.

De Peculiares

Policías en los balcones

2 de mayo de 2020

Colab. Yaiza Morales y Melanie Quintana

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día Internacional contra el Bullying. El objetivo de este día es concienciar de las consecuencias del acoso que sufren niñxs, y no tan niñxs, a nivel mundial, así como buscar los mecanismos para erradicar las situaciones, y emociones, que  sufren por causa de actitudes por parte de otrxs, y que en muchas ocasiones, son actitudes heredadas.

Para que quede claro, entendemos Bullying como la forma en la que nos comportamos o nos dirigimos a otra persona, ya sea de forma verbal o física, causando un daño temporal o permanente en la otra persona. Está considerado un tipo de hostigamiento reiterativo de una persona en concreto o de un grupo de personas hacia sus semejantes, en el que el otro sufre amenazas, intimidación, manipulación… incluso agresiones físicas.

¿Qué por qué tanta insistencia en la definición? Porque esto es precisamente lo que estamos haciendo desde que empezamos este confinamiento desde nuestros balcones. Porque este es el ejemplo que estamos dando a los menores, porque vivimos en una sociedad que quiere erradicar el Bullying, pero que sigue teniendo actitudes agresivas hacia los demás. 

¿Cómo pretendemos educar a nuestros hijos en contra del Bullying si durante el confinamiento hacemos de polis de balcón abucheando a la gente o denunciando? Venimos del “haz lo que yo diga pero no lo que yo haga” y aunque sabemos de sobra que no es ni justo ni válido; parece que en muchos casos nos sirve de excusa para no mover ficha. 

Queremos que nuestros menores se comporten como es debido, no juzguen y sean buenas personas, pero ni siquiera hacemos autocrítica o una reflexión sobre lo que significa ser buena persona, o si nos aplicamos a nosotrxs también estas normas que queremos para los demás.

Con el confinamiento que nos está tocando vivir, hemos podido ver muchas y muy desagradables muestras de incivismo o bullying entre vecinos. Invitar con poco tacto a residentes del mismo edificio que se están arriesgando a diario en sus trabajos a que se vayan a vivir a otro lado durante una temporada para evitar contagios (como si aparte, esa fuera una opción fácil).

Vemos actitudes nocivas de personas que primero juzgan y luego preguntan (o ni eso)  el por qué se ha visto la otra persona en la necesidad de salir de su hogar. Personas que se la pasan en el balcón abucheando y denunciando a la gente que pasa por la calle sin saber qué motivos le llevan a ello. No llegamos a entender la razón que lleva a esta gente a pensar que tienen mayor potestad que el resto, o que su palabra o su visión de los hechos tiene más validez. 

Y es cuando nos preguntamos cosas como: ¿Esta gente tendrá hijos? ¿Cómo será la convivencia en esa casa? ¿Habrá algún abusón o algún abusado entre esas paredes? ¿O tal vez ambas cosas? Y qué decir de las mujeres que están viviendo estas situaciones de maltrato  dentro de casa sin poder salir de sus hogares y viviendo con sus hijxs (si estás viviendo esta situación hemos creado una guía para las víctimas).

No podemos parar de preguntarnos ¿cómo afecta en la edad adulta y sobre todo a la hora de ser padres; que el bullying haya sido invisibilizado durante tanto tiempo y no se haya tratado como el problema que es?

Lo que estamos viviendo ahora es un buen resumen de la sociedad en la que vivimos. Un buen reflejo de comportamientos aprendidos que llevamos muy arraigados en la vertiente social pese a que podamos sentir que no comulgamos con ellos. 

El problema viene sobretodo porque solemos separar lo personal de lo social, sin comprender que van de la mano. Lo personal es político. Y no hay más. Cómo vivimos, cómo nos relacionamos o  cómo nos tratamos en la intimidad; es un claro reflejo de lo que pasará fuera, en sociedad.

No hemos recibido una educación empática, ya que vivimos en una sociedad competitiva y depredadora en la que, ante abusones en el colegio, nos decían que era mejor invisibilizarnos y pasar desapercibidxs. Que si te atrevería a llorar en público sería tomado como signo de debilidad y que hablar de ello era de chivatos. ¿Cuál es la repercusión de invisibilizar un problema que afecta tan directamente a nuestro desarrollo emocional y social? ¿Cómo llegar a ser adultos “funcionales” si las bases sobre las que nos construimos no son sólidas?

Quizás hoy sea un día interesante para reflexionar sobre cómo estamos actuando con los demás y qué ejemplo estamos dando a las nuevas generaciones. Si queremos cambiar la sociedad tenemos que empezar a cambiarnos a nosotrxs mismxs.

De Peculiares

Es importante ponernos límites a nosotras mismas y a lxs demás

29 de abril de 2020

Yaiza Morales

El lenguaje que usamos y cómo transmitimos nuestros pensamientos e ideas es algo a lo que la mayoría de nosotros NO le prestamos mucha atención. Vamos con el piloto automático puesto y así funcionamos. 

O mejor hablo por mí. Me pasa mucho que NO paro de repetir ante cualquier situación con la que NO me siento segura que “uy NO, yo eso NO puedo o NO se me da bien”  como excusa para ni probarlo; u “ojalá tal o cual cosa pase”; como si las oportunidades me tuvieran que caer del cielo; o incluso, doy miles de rodeos cuando se trata de pedir algo a alguien en vez de ser concisa y directa. 

Esto me lleva al punto de pensar que lo que quiero y lo que estoy transmitiendo o demandando acaban siendo dos cosas distintas y eso, sin darme cuenta, me crea una sensación de desasosiego y frustración porque; por otro lado, NO entiendo por qué la comunicación NO funciona. 

Me pasa como con la mayoría de grandes verdades en la vida, que son tan obvias y sencillas que NO las veo tratando de buscar la opción más enrevesada posible por que “así soy yo”. Para justificarme siempre digo que escogí la vida en modo experto pero la realidad es que NO debería darme más excusas y ponerme manos a la obra conmigo misma.

Cuando se trata de pedir cosas a los demás, por tal de resultar lo menos molesta posible, puedo llegar a ser bastante ambigua e incluso enrevesada con las explicaciones que doy y esto es debido a que me aterra la idea de que me den una negativa. NO sé convivir con el descontento ajeno y necesito su aprobación para estar bien lo cual NO me parece lo más bonito y sano del mundo. Pero verlo como dicen es el primer paso.

Cuando me doy cuenta de estas cosas tengo un sentimiento ambiguo, ya que por un lado me siento bien por haberlo visto. Por el otro, tiendo a fustigarme por ser tan desastre. Pero NO es cuestión de desastres si no de cómo me trato a mi misma y cómo me hablo. Me he pasado la vida diciéndome que NO podía, que NO probara, que NO era apta o que las cosas NO dependían de mí. 

¿Cómo se supone que voy a tener confianza en mí misma si todo lo que me he dicho empezaba por NO? Así que aquí estoy, que visto lo visto NO puedo enfadarme conmigo misma por ello y NO sé cómo hablarme y todo ello me ha llevado a plantearme que el kit de la cuestión es que me estoy dando los mensajes erróneos y por eso NO me entero de nada. ¡Hay que ver lo que son las cosas!

Llegada a éste punto, tengo dos opciones; seguir enfadada conmigo misma por tanto mensaje negativo; o cambiar el enfoque y empezar a comunicarme (tanto conmigo misma cómo con los demás) de un modo más positivo, claro, conciso y prestando atención a las expresiones o palabras que uso y por qué las uso.

El motivo principal de toda esta negatividad e incongruencia, son los miedos e inseguridades que me corroen;  y que, a través del lenguaje, engendran imposibilidades. Si me digo que no puedo repetidas veces, me lo acabo creyendo y al final, efectivamente no podré o desistiré antes incluso de probarlo porque ya tengo la certeza en mí de que así será.

Una herramienta (por llamarla de alguna manera) que me sirvió mucho tiempo de escudo para no hacer nada con todo esto y sentirme menos culpable fue la palabra OJALÁ después de cada mensaje negativo. Con ésta palabra me acomodé totalmente en la inacción ya que con ella, me quité la culpa de todo lo que me pasaba ( no dependía de mí) y esperaba que, o bien la ciencia infusa, o un ser divino, omnipresente y omnipotente (viva el absurdo, qué sé yo), viniera y se llevara toda aquella negatividad que, oh! pobre de mí, me impedía avanzar; y me ofreciera la oportunidad de mi vida sin yo tener que mover un triste dedo. ¡Y es que el papel  de víctima es muy cómodo!   

Cuando nos vemos víctimas de nuestra propia existencia, no nos preocupamos de ser artífices de la misma y aunque es una posición predispuesta a sufrir, es cómoda; ¡para qué negarlo! Aunque nada efectiva ni a corto ni a largo plazo.

Por otro lado está el tema de la incongruencia entre el “lo que quiero” y el “lo que transmito”. El principal problema en este sentido era una vez más el enfoque; y es que solía pensar que los demás debían sobreentender lo que yo quería o necesitaba aunque estuviera hablando en críptico, porque era lo lógico(para mí); y me mosqueaba luego si no se daba el caso. 

Si yo iba dejando miguitas de lo que necesitaba, sin especificar nada de ello, 1º no me mojaba y no tendría porque enfrentarme con la otra persona en caso de que no estuviera de acuerdo conmigo y 2º siempre podría desdecirme y acabar cediendo a los deseos del otro dándole otros matices a mis palabras pero con la consecuente sensación de frustración porque, una vez más, me había quedado sin tener lo que quería o necesitaba. 

¿Qué retorcido no? Pues sí, muy a mi pesar pero sí. ¡Mucha rabia me he comido y claro, luego eso se indigesta y tiene que salir! Con lo fácil que es en realidad hablar claro! Bueno, fácil  de entrada no, pero te vas acostumbrando, lo que sí es un alivio. Después de tantos años repitiendo dinámicas totalmente opuestas a ello, ahora cada vez que voy a soltar algo (que lo hago), me palpita el corazón en la garganta que parece que me va a desplazar la nuez de sitio; pero como digo, el alivio es tal y la sensación de felicidad al ver QUE NO PASA NADA, QUE TODO ESTÁ BIEN que compensa y mucho.

El miedo a no encajar, a no ser aceptada, al abandono, me hacía pensar mucho en qué decir y cómo decirlo hasta que lo asimilé como un modo de expresarme y se convirtió en algo automático. Lo que yo quería o necesitaba no era lo realmente importante,me decía, porque quedaba subeditado a contentar a los demás. 

El pensar en cómo hablar o comunicarme no era lo que estaba mal, sino el hacerlo para alienarme de mi misma y agradar a los demás. El hecho de pensar qué decir o cómo decirlo es una medida que en un momento dado puede resultar muy efectiva pero es muy perjudicial cuando es asumida y reproducida sin ser consciente de uno mismo. Si te olvidas de ti, si te dejas en un segundo lugar o tercero o cuarto en pos de los demás; ¿si tú no te cuidas y te encargas de estar bien y de tus necesidades, cómo lo van a hacer los demás si ni siquiera saben de la existencia de éstas necesidades?

Al final la conclusión que le saco a todo esto es que lo importante es la consciencia. No tanto la meta (inalcanzable por otro lado) de tratar de ser o mostrarme perfecta  y que tantas frustraciones conlleva; si no, llegar a ser la mejor versión de mi misma reconociéndome todas mis partes; las más patéticas y las más brillantes, y tratando de ponerle consciencia a mis actos y mis palabras. En definitiva, bajar la exigencia y apostar por la aceptación como arma definitiva.

De Peculiares

¿Hago lo que quiero o lo que quieren los demás?

30 de marzo de 2020

Yaiza Morales

Quiero plantear una idea que me ronda de hace tiempo y con este confinamiento se me hace más patente. Por mucho que nos consideremos seres únicos así hablando en general, tenemos la tendencia al borreguismo, a seguir las corrientes o lo que hace la mayoría por pura inercia. 

Porque no nos engañemos; es fácil, es cómodo, no tenemos que pensar mucho y además; así nos sentimos que encajamos, que somos más parte de un todo. Pero muchas veces esas corrientes no se ajustan del todo a nuestras necesidades, y entonces, ¿dónde quedan éstas? 

Ante el dilema de seguir los ritmos marcados o dejarme fluir a mi ritmo por encima de ello, ¿me pregunto a mi misma qué hago? Y si es así, ¿lo hago? Es decir, ¿pongo mis necesidades por delante pese al qué dirán?

Ésta última es una pregunta recurrente que aparece en todos mis talleres y aunque parezca mentira me suelen dar una respuesta más lógica los niños que los adultos. Cuando pregunto a los niños si creen que es importante actuar en consecuencia a nuestras necesidades y nuestros gustos sin importar el qué dirán me miran con cara de no entender por qué les pregunto eso y responden sin dudar que sí.

Pero conforme vamos creciendo y los convencionalismos sociales hacen mella en nosotros, el tiempo entre pregunta y respuesta se alarga y surgen muchos matices. ¿Por qué nos pasa ésto? 

La mayoría de padres suelen decirme que sí, que debería ser así pero que es un pensamiento muy utópico. Que ellos en casa procuran enseñarles a sus hijos que luchen por lo que quieren pero que luego en la calle la realidad es otra y que se sienten impotentes ante ello y ceden. 

Una madre me comentaba por ejemplo que a su hijo le gustaba mucho hacer collares y ponerselos y que un día al volver del colegio, su hijo le dijo que los niños se habían reído de él. La respuesta de la madre fue que a partir de ese momento se pusiera solo los collares en casa. Entiendo por qué lo hizo pero no creo que sea una respuesta adecuada si lo que queremos es que las cosas cambien en esta sociedad. 

La realidad es que nos da miedo enfrentarnos al juicio de los otros. Vivimos atemorizados por lo que puedan opinar los demás de nosotros y este miedo no nos deja ser. Nos adaptamos al modelo de la mayoría para no llamar mucho la atención y así nos anulamos poco a poco. 

Dejamos de escucharnos, de prestar atención haciendo oídos sordos a muchas de nuestras peculiaridades. Las llamamos defectos y tratamos de esconderlas a ojos vista. Y entonces, ¿dónde queda el espacio para ser nosotros mismos?

Lo que no nos han enseñado es que existe la pausa y el silencio para ir hacia adentro en nuestras vidas y que es necesario para escucharnos, para comprendernos, aceptarnos y amarnos tal cual. Esa pausa, ese silencio en el presente, en el aquí y ahora nos permite ver desde dónde somos y cómo somos; y de ese modo enfocarnos en el hacia dónde y en el que queremos ser. En ese silencio es en el que germinamos y nos reforzamos en el yo soy porque no hay lugar para el juicio externo. 

No hay sonido ambiente que nos perturbe y el silencio nos da espacio para conocer tanto lo que nos gusta como lo que no de nosotros mismos y así jugar con ventaja. Si cultivamos bien esa pausa, ganamos en seguridad, en confianza propia; y entonces abrirnos y mostrarnos no se verá tan perturbado por el miedo.  

Hace un tiempo charlando con un buen amigo me contó que en uno de sus viajes conoció a un tipo que le dijo que el miedo era adaptativo y que dependía de la distancia. Si nos vemos inmersos en una situación en la que algo nos produce miedo, hay que reaccionar si o si. 

Del conocimiento que tengamos de nosotros mismos con el miedo dependerá esa respuesta. Si lo vemos como algo propio, algo nuestro, decía que la magia está en compararlo con las amistades. Es una especie de cara a cara y las cortas distancias nos dan poder ya que nos pueden hacer ver el miedo con otra perspectiva si nos conocemos bien. 

Algo que es cercano a ti, no es ajeno, es conocido, es amigo y pese a que tenga salidas que te puedan gustar más o menos no te sorprende y por tanto el daño es menor. En cambio, si hay mucha distancia de por medio, si es algo desconocido, te aterroriza porque no sabes por donde te puede salir. 

Ese miedo, es nuestra asignatura pendiente porque por norma solemos huir de lo desconocido. Y huir de nada sirve para aprender de ello. Creo que es necesario detenernos a reflexionar sobre estas cuestiones y ver qué enfoque le estamos dando y ahora con el confinamiento tenemos dos herramientas súper útiles para hacerlo: tiempo para nosotros y espacio (físico o mental) con nuestra soledad. Y tú, ¿eres o sigues?

De Peculiares

¿Sabías que una parroquia ha sorteado un Satisfyer?

27 de marzo de 2020

Yaiza Morales

Renovarse o morir. Esto es lo que debieron de pensar desde la comisión de fiestas de la parroquia de Raxó en el municipio de Poyo, Pontevedra al planificar la recolecta de fondos para las fiestas del pueblo. Y es que el boom de los satisfyers no deja indiferente ni a los santos! En este caso San Gregorio, el patrón del pueblo.

El ya famoso succionador de clítoris se convirtió en el reclamo perfecto para atraer la atención de los vecinos de Raxo que, comprando un boleto de 1€ para una rifa que iba a tener lugar el pasado 14 de marzo en plena verbena; optaban a llevarse el tan preciado juguete erótico. Se hicieron hasta 500 papeletas entre las cuales cada convecino podía elegir por qué número apostar.

El pueblo quedó encantado con la iniciativa, lo que no tenemos tan claro es si el párroco sabe realmente lo que se iba a sortear ya que la comisión de fiestas aseguran que desconocen este dato. "No sé siquiera si sabrá lo que es aunque ya en el cartel que anuncia el sorteo va la imagen del santo y de la iglesia parroquial."

La mala noticia es que, debido al confinamiento al que nos vemos sometidos todos  por causa del Covid-19, las fiestas se han pospuesto, que no cancelado. La comisión de fiestas está centrada en negociar el mantenimiento de los permisos y la contratación de orquestas para celebrar las fiestas en otra fecha aún por precisar; aunque es un tema un tanto difícil de determinar por la dificultad para concretar fechas.

Sea como sea,lo que sí es cierto es que el satisfyer ha conseguido hacer conocidas y virales las fiestas de este pequeño pueblo y ha sido motivo de noticias más agradables de las que estamos acostumbrados a recibir estos días. Porque un puntito de humor también es necesario y nos gustan las noticias peculiares.

De Peculiares

Anandria, confesión de la señorita Safo

Safo de Lesbos. Pintura de: John William Godward

13 de marzo de 2020

Yaiza Morales

Historia ingenua, rara y deliciosa de una libertina precoz y de una sociedad secreta de amor sáfico. Así empieza y se autodefine este libro obra francesa anónima del s. XVIII. Se vende como anónimo pero se dice que lo escribió Mateo Francisco Pidansat de Mairobert, gran señor y truhán, censor real y secretario honorífico del rey de Francia. El libro es un conjunto de cartas, exactamente la 9, 11 y 14 de un libro del mismo supuesto autor y es un fiel reflejo  del ambiente social en la Francia de la época.

Supuestamente relata hechos reales con un tono de fantasía picaresca y sensual muy al gusto de la época. Se sabe que por aquella época había en París diversos clubs secretos que tenían templos presididos por estatuas de Príapo o de Safo por distintos símbolos de las delicias del amor sexual. Sus miembros empleaban una terminología especial y usaban distintivos especiales. 

El libro nos habla de distintas sectas o grupos como es el caso de La isla de la felicidad u Orden de la Felicidad que era el club más famoso de Eros. Éste adoptó las designaciones, las prácticas y todo el formulismo de la vida marítima para nombrar los diversos grados de los caballeros y damas que la componían y organizaban orgiásticas reuniones y quienes además, llevaban sobre el corazón un ancla como insignia. 

Otro club que se nombra era el de los Afroditas en el cual en vez de la vida marítima, los hombres adoptaban nombres de minerales y las mujeres nombres de flores y plantas para sus ritos. Otro era la Sociedad del Momento donde se dice que se llevaban a cabo “las más nobles suciedades lúbricas”

Y para acabar la Secta Anandrina (anandrina viene del griego y equivale a “sin hombre”). Esta última es en la que se centra el libro y se trataba de una sociedad tribadista o fricatix, (proviene del latin fricare frotar rozar o restregar). Se la consideró la cuarta sociedad pornosófica de París y celebraba sus orgías en el templo de Vesta.

Sus integrantes recibían el nombre de vestales y celebraban reuniones en sitios fijos y tenían numerosas adeptas pertenecientes a las más altas clases de la sociedad de la época. 

Sus adeptas se dividían en tres grados jerárquicos: aspirantes, novicias e iniciadas. El templo en el que se reunían tenía 4 altares ricamente adornados con estatuas de Safo, de las jóvenes amadas de la misma y de Eon al que describen como “hombre quizás, tenido por mujer, mujer acaso juzgada hombre, de todos modos símbolo y representación de todas las lúbricas mujeres que por la aberración de sus placeres por su perverso instinto, por su manera anormal e invertida de gustar las dulzuras del amor, parece como si a la par tuvieran los dos sexos”.

El lema del París de aquella época era el goce a toda costa. La historia la cuenta una joven apodada como Safo, que pasa a ser discípula y estar bajo la protección de la célebre señora Gourdan; mujer famosa de la época que tuvo un burdel donde se iniciaron bastantes nobles damas en las artes de la pasión carnal. 

El libro se divide en tres cartas como hemos dicho, y éstas se muestran como si fueran tres actos de una obra teatral. la primera reza a fecha de 28 de Diciembre de 1778. 

Está escrito en prosa de la época y con una lírica estudiada al detalle pero no se hace nada pesado y le da un tono muy divertido y picaresco. En la primera carta se nos introduce a la protagonista “una ninfa muy bien portada muy bonita, muy joven, casi una niña” procedente de una pequeña aldea donde no puede disfrutar del libertinaje que le gusta y atrae  y por ello huye de allí de la mano de “La Condesa” (Madame Gourdan). El señor Clos, un hidalgo español, que trabaja en la corte es el que trae la información de la joven e invita a un reducido grupo de nobles curiosos a su casa donde conocerán a la chica que les relatará de primera mano sus aventuras y desventuras. 

La niña tiene una manera muy tierna e inocente a la par que picara y lasciva de relatar toda su historia y todo lo que acontece alrededor de la secta Anandrina lo cual hará las delicias del reducido grupo de hombres pudientes y de quien se decida a leerlo.

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¿Eres consciente de lo que implica ser feminista?

Foto de Lara Santaella

6 de marzo de 2020

Yaiza Morales

Ante la ola feminista que vivimos, y después de vivenciar varios temas relacionados con ello, me planteo una pregunta y es la siguiente: ¿Cómo afecta el femistómetro a la lucha? Me explico.

Nos llueven a diario por todos lados, redes sociales, círculos de amistad, libros, revistas, charlas... opiniones e información que puede llegar a ser contradictoria sobre lo que se supone que implica ser feminista. Actitudes o cosas que se supone que una feminista hace, dice o piensa. 

Podemos llegar a sentir cierta presión por parte del feminismo teórico al vernos de algún modo obligadas a cumplir unos estándares que aunque no sea de forma implícita, nos hacen sentir que no somos suficientemente feministas si no los cumplimos. Y esa presión se nota y es evidente. Yo la veo y la he padecido y resulta que al tratar el tema con varias personas, coinciden conmigo y ésto me da miedito y me preocupa a partes iguales porque para empezar; esta idea no cumple con el concepto BÁSICO o que al menos yo considero básico de los feminismos que es la Sororidad.

Partiendo de la base de que cada persona es distinta con una realidad y unas vivencias diferentes y nos encontramos en circunstancias que nada tienen que ver con las del resto; así mismo, cada una entendemos este movimiento y esta lucha de manera diversa  aunque siempre haya unos nexos de unión.

Desde mi punto de vista, uno de los mayores problemas dentro del feminismo o feminismos es que hay muchas ideas contrapuestas y siempre hay quien pretende imponer las suyas como únicas o definitivas. Por ejemplo; habrá quien diga que maquillarse es una imposición del patriarcado y está mal, que vestirse con ropa sexy es cosificar a la mujer, que depilarse es ceder a las imposiciones machistas que nos acompañan desde crías… Y habrá quien opine lo contrario no por eso dejando de considerarse feminista. 

Todo esto sin contar las que opinan que tal o cual persona no puede ser feminista u opinar de feminismos ya sea porque no tiene vagina, porque el sexo  o el cuerpo con el que nació no coincide con cómo se siente o cualquier otro argumento vano para descatalogar la lucha del resto. Es agotador, contraproducente y poco real pensar en cumplir una cantidad ingente de requisitos para considerarse feminista. Como bien dice mi amiga y hermana Rocío: “No llevar el feminismo como un tema abierto a discusión e interpretación es un error fatal.”

Para mí, lo importante y primordial es la conciencia de nuestros actos y sobretodo de saber hacia que flancos vamos a enfocar nuestra lucha o luchas. Es decir; ser consciente de lo que implica ser feminista, de lo que conlleva y de lo que estamos dispuestas o nos vemos capaces de hacer. Tomarnos el feminismo más como política de lo personal y emocional y menos como dogma. 

Con esto no digo q no sea importante ni necesario contar con un marco teórico que ayude a comprender el porqué de la lucha. Todas esas situaciones de violencia hacia la mujer que se han perpetrado y se continúan llevando a cabo, que de alguna manera estructuran el mundo en el que vivimos y que tanto recibimos como reproducimos; es muy importante conocerlas ya que, sabiendo de ellas podemos entre otras cosas, cuidarnos de no repetirlas. 

Tratar de enseñar sobre feminismos de una manera global como si existiera una única realidad, no sirve más que para radicalizar lo que algunas creen que es mejor y para  sentirse por encima del resto construyendo jerarquías verticales dentro del movimiento al más puro estilo patriarcal. Y entonces, como dice mi amiga Norma, es que algo estamos haciendo mal.

“Feminismo de boca para afuera pero no de corazón para adentro: Mal”. Felina dixit

Para mí, la cuestión feminista tiene más que ver con hacer política la reivindicación de nuestros derechos, nuestros espacios, nuestras decisiones y nuestros cuidados individualmente que no con toda esta teoría aprendida y que nos disgrega más que unirnos. Si una persona, por el motivo que sea no conoce, no quiere o no puede tener en cuenta las teorías feministas, lo peor que podemos hacer como colectivo y como seres sororos que somos o decimos ser; es demonizarla, atacarla o menospreciarla porque esos comportamientos nos demuestran cuan poco alejadas estamos en realidad del sistema patriarcal del que tanto pregonamos huír.

En la lucha feminista, cada una debería marcar sin juicio externo alguno el nivel de exigencia o implicación que quiera; y éste a su vez no tiene porque ser inmóvil. Me explico. Si en un determinado momento de la vida vemos que, individualmente, podemos ir adelante con varias luchas simultáneas, pues adelante; pero si no, NO PASA NADA. Como muy bien dice mi querida Aurora:  

“Entender una opresión, no tiene por que significar que en este preciso instante de mi vida yo pueda sostener emocionalmente enfrentarme a ello.Una cosa es lo que has conocido y sabes y comprendes y otra lo q puedas reproducir”

Como súmum de ésta reivindicación, considero el vivir conscientemente y en consecuencia. Tratar de ver qué nos gusta y que no de nuestra vida y en todo caso,hacer algo por mejorarla. Buscar la libertad de construirnos como las mujeres que queremos ser (cada una con lo suyo, que ya es) y no como nos han dicho toda la vida que las cosas eran; cortadas a gusto y patrón del patriarcado. ¿Si nos dedicamos más a decirnos unas a otras que está bien y que no para ser feminista que estamos haciendo sino reproducir lo que toda la vida hemos mamado en vez de construir algo nuevo, diferente y diverso juntas?

De Peculiares

Aceites afrodisiacos naturales: origen y empleo

10 de febrero de 2020

Yaiza Morales

Hablar de afrodisíacos lleva consigo bastante controversia ya que, en general, hay bastante desacuerdo en el hecho de su efectividad. A nivel histórico y científico, no hay pruebas concluyentes al respecto pero sí que se asocia su funcionamiento al efecto placebo; es decir, los afrodisíacos en este caso, tendrían un efecto real si la  persona que lo toma, está convencido de su eficacia.

La palabra afrodisíaco deriva del griego, más en concreto del nombre de la diosa Afrodita (Venus para los romanos), considerada la diosa del amor, el sexo y la belleza; y que está relacionada con temas como la fecundidad, la pasión, la voluptuosidad, la dulzura y el placer. Viendo ésta información, queda más que explicado cuál sería el papel de los afrodisíacos pero por si las moscas, diremos que se conoce como  afrodisíaco cualquier sustancia o actividad que, estimulando los sentidos; incrementa el deseo sexual, la líbido o la excitación.

Que quede claro que se trata de crear o potenciar deseo y no de mejorar el rendimiento y la capacidad sexual.

Algunos de los afrodisíacos que conocemos, deben su fama (ya desde la antigüedad) al hecho de que su forma natural, tiene ciertos parecidos con los órganos sexuales. Así podríamos hablar de las ostras y su evidente parecido a una vulva; el pepino o el plátano y su forma fálica; las fresas y su semejanza a las mucosas genitales o el aguacate y su asociación con los testículos. Como dato curioso y que relaciona un poco todo, la  mitología griega nos narra cómo Afrodita, fue engendrada en una ostra en el mar.

Se dice que la primera vez que se habló de afrodisíacos fue en unos papiros egipcios de los años 2200 y 1700 a.C y es que antiguamente, existían muchos ritos y creencias asociadas a la fertilidad y gran parte de ellos eran prácticamente ineludibles ante cualquier planteamiento de relación sexual y/o amorosa.

El deseo sexual en todo caso, depende de varios factores así que el solo hecho de usar afrodisíacos, no sería significativo si no se mantienen unos hábitos de vida saludables y se tienen en cuenta también  éstos otros factores para aumentar la libido.

La eficacia en hombres y mujeres de los afrodisíacos es similar y esto es debido a que uno de las características básicas y comunes a la mayoría de los afrodisíacos  es que ayudan a tener una mejor irrigación sanguínea y de ésta forma, mejoran la función sexual. Existen varios tipos de afrodisíacos catalogados tanto por su zona de acción tanto por cómo se perciben.

En éste artículo me voy a centrar en los segundos y más específicamente en los que actúan por excitación de vías afines a las sexuales como serían el olfato o el tacto. En este grupo, uno de los elementos principales son los perfumes y las fragancias o esencias.

Para ello he contado con la ayuda de Lua Villar, fundadora de la empresa Awen de cosmética natural. Como buena conocedora de las propiedades de muchos de estos elementos, nos ha hablado de algunos de los más significativos:

ACEITE ESENCIAL DE ROSA

Este aceite tiene un aroma muy sutil y un alto contenido en vitamina E, ácidos grasos y antioxidantes lo cual beneficia la salud de la piel. La rosa está estrechamente relacionada en nuestras mentes con el romanticismo con lo cual es fácil asociarlo con el uso en juegos y masajes eróticos. Tiene un efecto bastante potente sobretodo en el sistema hormonal de la mujer y su aroma es altamente sensual aunque claro está, todo dependerá de los gustos olfativos de la persona para elegirlo. El aceite de rosas es bueno para disminuir el estrés físico y mental ya que tiene efecto aliviante para los músculos cansados. Cómo dato extra, también es usado para tratar infecciones vaginales y los cólicos menstruales. El aceite de rosas aplicado en la zona vaginal puede ayudar a aumentar la lubricación.

Antes de continuar remarcar que para el uso de todos estos aceites hace falta su disolución en otros aceites portadores o base como por ejemplo el aceite de almendras dulces, el de oliva, de semillas de uva…, ya que si no pueden resultar bastante agresivos por su concentración. Lua remarca que ella no usa aceites como  el de aguacate o coco ya que el primero es muy espeso y el segundo, en épocas de más frío como el invierno se solidifica y cambia las texturas.

ACEITE ESENCIAL DE LAVANDA

La lavanda es conocida por sus propiedades relajantes y revitalizadoras y por este motivo es también un buen afrodisiaco ya que ayudaría a mejorar nuestro estado de ánimo. Contribuye a mejorar la circulación y con ello aumenta la sensibilidad de los órganos sexuales y por ende ayuda a despertar el deseo sexual. A parte de poderlo usar como aceite de masajes os aconsejo también diluir unas gotas en agua hirviendo para que los vapores de su olor floten en el ambiente y así la habitación se inunde de su aroma.

ACEITE ESENCIAL DE JAZMÍN

Tiene un aroma muy seductor y relajante lo que una vez más ayudaría a distender el ambiente y disfrutar de nuestros encuentros sexuales. Se le considera uno de los aceites afrodisíacos más populares ya desde la antigüedad ya que aseguraban que sus propiedades podían ayudar con problemas tales como la sequedad en las zonas íntimas, la eyaculación precoz o incluso problemas de frigidez. Se usa en aromaterapia sobretodo para tratar estados de intranquilidad o ansiedad y actúa tanto a nivel mental, emocional como físico. Calma y genera estados más eufóricos y optimistas y así ayuda a aumentar el deseo sexual. Este aceite  tiene un aroma muy persistente y está muy ligado a la energía femenina. Como consejo, se recomienda aplicarlo detrás de las orejas, en el cuello u otras zonas erógenas para que la pareja pueda percibir su olor con mayor facilidad.

ACEITE ESENCIAL DE NUEZ MOSCADA

Aunque no es tan popular como los anteriores, el aceite esencial de nuez moscada es un gran aliado para mejorar la libido femenina y reducir algunos problemas sexuales masculinos. Contiene una sustancia conocida como miristicina, que le confiere propiedades como estimulante sexual. También ayuda a mejorar la circulación y aumenta la energía durante el sexo.

Este aceite está considerado como un A aumentando así la actividad sexual. Durante muchos años, las medicinas alternativas han utilizado el aceite de nuez moscada para problemas o trastornos sexuales masculinos sobre todo, aunque su efecto también recae en la mujer.

¿Cómo utilizarlo? Combina el aceite de nuez moscada con un aceite base (oliva, coco, almendras) y empléalo para realizar masajes en los senos, la espalda o las piernas.

ACEITE ESENCIAL DE JENGIBRE

Con el aceite esencial de jengibre no solo es posible disfrutar un aroma relajante, sino que, por su temperatura característica, también estimulamos nuestras zonas erógenas. Sus propiedades afrodisíacas aumentan el deseo sexual y contribuyen a mejorar el rendimiento en el acto íntimo.

El aceite de jengibre es el mejor aceite afrodisíaco para aumentar la temperatura corporal, estimulando con ello nuestra actividad física. Sus propiedades afrodisíacas pueden verse aumentadas si lo mezclamos con alguno de los anteriores aceites. Es conveniente utilizarlo en pequeñas dosis por su fuerte aroma.

También el aceite esencial de jengibre es un poderosos estimulante y excitante sexual, gracias a su aroma dulce y tibio y a sus propiedades para mejorar el sistema circulatorio. Ayuda a encender la pasión tanto de hombres como de mujeres.

¿Cómo utilizarlo? Combina el aceite de jengibre en partes iguales con aceite de oliva o de rosas. Masajea la piel, con movimientos suaves y eróticos.

ACEITE ESENCIAL DE SÁNDALO

Es uno de los aceites afrodisíacos más recomendados para despertar el deseo sexual masculino, ya que su aroma resulta muy atractivo y estimulante. Resulta apropiado en casos de disfunción eréctil o cansancio sexual, puesto que calma los nervios, mejora la circulación en los órganos sexuales y es euforizante.

Sándalo: este olor exótico característico de las culturas asiáticas promueve la apertura emocional para favorecer el aumento de la pasión en las parejas.

¿Cómo utilizarlo? Aplica una pequeña cantidad de aceite de sándalo en las zonas erógenas como perfume. Empléalo combinado con otros aceites para realizar un masaje erótico.

ACEITE ESENCIAL AFRODISÍACO DE YLANG-YLANG

Intensifica el deseo sexual gracias a su fragancia picante y dulce a la vez. Su uso estimula cada uno de nuestros sentidos, despertando así, todos los sentimientos que tengamos hacia nuestra pareja. Es un perfecto estimulante para potenciar la sexualidad y la sensualidad. Ylang Ylang: conocido también como flor de cananga, este árbol aromático proviene de algunos países asiáticos y se puede encontrar también en países centroamericanos y sudamericanos. Se trata de un aroma florar que aumenta el deseo sexual y fomenta la atracción de la pareja. Además, también apoya al sistema circulatorio. Es uno de los aceites afrodisíacos más poderosos que se conocen.

ACEITE DE GERANIO

El geranio es un arbusto perenne con pequeñas flores rosadas y hojas puntiagudas nativo del Sur Africa. De las muchas variedades de la planta, Pelargonium graveolens es la que se utiliza para el aceite esencial. Este aceite es muy usado en aromaterapia y contiene una serie de compuestos beneficiosos. En aromaterapia, el aceite esencial de geranio se usa para tratar acné, dolor de garganta, ansiedad, depresión e insomnio. Sus usuarios son principalmente mujeres debido a su efecto beneficioso en la menstruación y la menopausia. Este aceite esencial también puede elevar el estado de ánimo, reducir la fatiga y promover el bienestar emocional.

Los viajeros pueden usar este aceite como repelente de insectos natural. Además puede ser utilizado como un aceite de masaje para aliviar el dolor de músculos y el estrés. Puede ayudar a mejorar la circulación de sangre justo debajo de la superficie de la piel. El aceite de geranio no debe aplicarse directamente sobre la piel como aceite de masaje, primero debe ser diluido con un aceite portador como el aceite de jojoba, aceite de oliva o aceite de almendras dulce.

De Peculiares

La doncella – The handmaiden

17 de enero de 2020

Yaiza Morales

The Handmaiden es un thriller psicológico y erótico coreano del año 2016. La película fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2016. En España la conocemos como La Doncella y es la adaptación cinematográfica  que hizo el director Park Chan-wook de la novela Fingersmith de Sarah Waters.

El libro trata sobre un affair lésbico en la Inglaterra Victoriana y pese a que el director de la película trasladó la escena a la Corea de los años 30; la escritora asegura que el retrato ha sido  fiel al libro. En palabras de la misma autora: “The Handmaiden convierte la pornografía en un espectáculo”.

La historia empieza como hemos dicho en los años 30, durante la colonización japonesa de Corea. Nos encontramos a una joven ladrona japonesa llamada Sookee,  que es enviada como criada a casa de una rica mujer japonesa, Hideko. Ésta, vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano; el marido de su tía ya fallecida. Sin destripar mucho la trama diremos que Sookee llega allí de la mano de un un estafador que se hace pasar por un conde japonés; el conde Fujiwara, que planea enamorar a la joven con la ayuda de Sookee (que a partir de ahora será la doncella privada de la chica) para más tarde encerrarla en un psiquiátrico haciéndola pasar por loca y así conseguir quedarse con toda su fortuna.

La película mezcla el gusto por lo estético, los libros y el arte con una sensual historia que se desarrolla de forma majestuosa en tres partes. Es de esas películas de doble visionado necesario para apreciar la sutilidad de los detalles estudiados al milímetro y que fácilmente pueden pasar de largo la primera vez. Está muy bien editada y los planos son muy estéticos y expresivos. Gran parte de la riqueza de esta película reside en el uso de los planos detalle, en los silencios, las miradas, los gestos, las respiraciones que dicen más que las propias palabras.

Ahora sí, una de las grandes cosas de estar editada en tres partes es que los giros de guión cobran un significado importante. Logran introducirlos y explicarlos con unos saltos en el tiempo muy bien escogidos y combinados con los pensamientos en voz alta de los protagonistas que hilan al más delicado y puro estilo asiático. Eso sí, es de esas películas en las que debes estar súper atento porque si no, en cualquier momento te puedes perder; así que si lo que queréis es una película para echar la siesta el domingo por la tarde, olvidaros.

A lo largo de la película se va desarrollando entre las dos protagonistas una relación que va del cuidado más maternal al deseo más pasional e inocente que hace que el juego de tensión entre el supuesto conde, la doncella y la señora nos haga meternos de lleno en la trama sin apenas darnos cuenta en un in crescendo muy elaborado.

Con frases como: “Las señoras son las muñequitas de las doncellas. Todos esos botones son para divertirme. Si desabrocho los botones y deshago los lazos, la dulzura que envuelven; esas cosas dulces y suaves… Si aún fuera carterista, deslizaría mi mano dentro…” evidencia un erotismo muy dulce y natural.

Pero lo más interesante de la película es el relato que hace de sexualidades diversas entrando por ejemplo en el mundo del BDSM con frases como “El dolor es un adorno”; y tocando temas como la dominación y la sumisión, el bondage, el voyeurismo, los fetiches y el spanking entre otros. Incluso tienen una palabra de seguridad: Maduro.

En el tema de los fetiches, resulta interesante las referencias tan bien escogidas que hace a lecturas como “La piel del lagarto”, libro de Junichiro Tanizaki que fue un autor de principios del siglo XX censurado por hablar de fetichismo, sadomasoquismo, travestismo, relaciones crueles y destructivas todo un aire muy erótico y sensual. La manera en la que la película crea prácticamente un paralelismo entre las lecturas que se van haciendo y lo que acontece en la escena por otro lado es magnífica. También cabe resaltar la cantidad de ilustraciones y obras de arte que aparecen, además de los libros y la biblioteca del tío que harían las delicias de cualquier adicto lector y de cualquier mente perversa.

Como broche final y tratando de no desvelar nada más, hacer especial mención al hecho de cómo el director consigue mostrarnos dos caras de una misma moneda de un modo tan perfectamente ligado y cómo el uso de elementos unificadores como unas bolas o unos cascabeles nos puedes llevar del momento más doloroso al más placentero con el simple sonido de un cling.