De Peculiares

La seducción como arma letal

Seducción como arma

20 de febrero de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

No sé en qué momento nos ha parecido mal usar la seducción como herramienta pero creo que desde aquel momento, nos sigue pareciendo una herramienta despreciable, signo de debilidad de las mujeres, una acción que desprestigia a aquella que la utilice. Es como si las que decidimos usarla no tuviéramos aquellas actitudes más fuertes y nos rebajáramos al emplearla. “Cuidado con las mujeres, utilizan sus cuerpos, su sensualidad para atraparte y luego hacer contigo lo que ellas quieran”. Desconozco el origen exacto del desprestigio de la seducción, pero el otro día viendo un documental sobre el Imperio Romano presencié una reconstrucción donde aparecía Octavio, sucesor de Julio Cesar, hablando en el senado sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra.

Las palabras de aquel hombre, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por y para el poder, refiriéndose a las armas peligrosas de Cleopatra me resonaron. Hablaba de ella como una mujer despiadada que utiliza el cuerpo y sus goces para manipular y atrapar a todo hombre. Qué rastrera, sucia, venenosa... Me pareció como poco, curioso que se hablara ya en esos términos sobre el arte de la seducción y cómo la utilizaban para desprestigiar a mujeres poderosas. Ya que no había muchas pero las que había era porque habían utilizado sus “dotes de mujer”. ¿Os suena?

Creo que podríamos escuchar estas mismas palabras todavía en boca de muchos y muchas para referirse a mujeres poderosas. Y no hablo de un poder sólo institucional digamos, hablo de mujeres empoderadas. Como si la mujer poderosa sólo pudiera serlo por su condición femenina y la utilización de su cuerpo. ¿Y si es así, qué? ¿Cuál es la cualidad legítima para ser poderosa? ¿Tal vez la inteligencia? ¿La fuerza? ¿La simpatía? ¿La sensibilidad?

Parece que nos tenemos que justificar constantemente por qué somos valoradas y por qué estamos donde estamos. Pero si nos dicen que somos licenciadas por haber seducido a un profesor, inmediatamente nos sale la ofensa. “Yo que soy una mujer respetable, inteligente, trabajadora... cómo haría yo algo así, sólo me ven como un objeto sexual”. Tal vez lo que les jode es que una mujer tenga poder, punto. Así de simple. E intentan desprestigiarnos con el tema de la objetualización, como si la seducción sólo fuera follar, como si no entraran muchas más cosas en juego; cualidades, seguridad, virtudes, observación, espera...  y nosotras, les hemos creído.

Les hemos creído porque hoy en día todavía ser puta es lo peor que nos pueden llamar. Porque detrás de todo esto sigue habiendo una condena y desprecio a los placeres, al juego, a los cuerpos, a la erótica... y sobre todo sigue habiendo una clasificación entre las  mujeres, las putas y las esposas.

Las putas como signo de desprecio, mujeres que a lo largo de la historia se han dedicado y se dedican a dar placer. Las putas se encargaban de lo afrodisiaco, a ellas se les otorgaba la función de dar, ofrecer,  placer a los hombres. El resto de las mujeres no debían mostrar signo alguno de este ámbito, sino, se convertían en aquellas mujeres inferiores, sucias. Inferiores en reconocimiento social, pero las mismas que se encargaban de hacer gozar a sus esposos y seguramente, aquellas que también sabían gozar. 

Y luego están las esposas que deben dar estabilidad, honor y procrear para sus esposos. Mujeres que no tienen permitido jugar, por supuesto. Las esposas estaban y algunas están condenadas a renunciar esa búsqueda del placer, de jugar con su ser erótico hasta renunciar a él. Encontrar un buen hombre, dar vida a seres honorables y hacer que todo funcione. Y sacrificar los goces y placeres del cuerpo. Un gran precio.

Sé que esto puede quedar anticuado porque encontramos discursos más diversos pero creo que en el fondo no ha cambiado demasiado. Seguimos escuchando que las mujeres que juegan a seducir, a ligar... siguen siendo unas busconas, putas, calienta pollas o como lo queramos llamar. Como si el simple hecho de jugar no fuera legítimo. Seducir se vuelve legítimo si acaba en amor y si no, es despreciable.

¿Quién ha dicho que la seducción tiene que acabar en amor? ¿Por qué el final del juego seductor tiene que ser acostarse con alguien? Y ¿Por qué consideramos que para alcanzar un objetivo la seducción es más rastrero que por ejemplo, utilizar la violencia? Llamadme loca pero prefiero mil millones de veces más que alguien intente seducirme que a que me den de hostias. Es un juego donde mi participación cuenta y que además me lo puedo pasar teta piruleta. Propongo reconciliarnos con nuestro ser seductor, dejarnos llevar en el placer de jugar sólo por el hecho de jugar, dejar de estar a la defensiva y abrirnos a las posibilidades de encuentro y no reafirmarnos sólo en el desencuentro. Desarrollemos la seducción como legítima arma.

De Peculiares

Es un placer conocerse a una misma

masturbación femenina

La masturbación en las mujeres es un tema que difícilmente se habla con naturalidad, incluso en un grupo de amigos. La falta de información y un cierto déficit en la educación ayudan a desnaturalizar un tema que forma parte de la mujer

27 de noviembre de 2018

Reportaje de Sara Enjuto 

Hay mucho empeño en enseñar, dentro de la educación sexual, a prevenir, a tener unas relaciones eróticas seguras, la teoría del condón, de lo que nuestro cuerpo a nivel reproductivo ofrece para alargar la estirpe, pero…¿dónde queda lo que el cuerpo enseña? Es algo con lo que convive todo ser humano, pero muchas veces cae en el olvido tanto en la enseñanza como en el propio ser el hecho de que el cuerpo es el que da las señales para descifrar lo que gusta, lo que no y los ritmos y necesidades. Se olvida también que esto es algo que no solo se aprende a raíz de tener encuentros eróticos con otras personas.

En este mundo caótico y lleno de prisas y estrés, se olvida que muchas veces la solución a esta tensión está en el cuerpo, concretamente en la masturbación, porque no solo se trata de desconectar a nivel mental. Incluso los dolores menstruales se benefician de la masturbación.

 

"Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor"

 

Esto es lo que Inma, Xandra, María y Maitena recuerdan en este reportaje. Pero… ¿qué es exactamente lo que hace conectar con el cuerpo, concretamente con el de la mujer? La respuesta es: la masturbación. ¿Cómo? Estas cuatro mujeres conocedoras y profesionales cada una en un ámbito sexológico, destripan los beneficios y los pudores a los que las mujeres se enfrentan con este tema tan natural.

María Torre, Masturbación femenina
María Torre

María Torre, sexblogger, es una mujer muy activa en las redes y a través de su canal de Youtube de Ars eróticas y su blog, anima a las mujeres a quererse, conocerse y a no tener pudor ninguno en explorar el cuerpo. “Una de las lecciones más importantes que nos da la masturbación es cómo somos, qué es lo que nos gusta, cómo nos gusta y cuáles son nuestros puntos clave de placer”, explica María. Además, es importante no olvidarse de los beneficios que algo tan natural puede traer en el día a día: Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor”, descubre para Somos Peculiares.

Inma de Lezana, Sexóloga y directora de Landaize (escuela sexológica vasca), da otra perspectiva de las bondades de la masturbación y explica las diferentes funciones que desempeña según el momento: “Hay ocasiones en las que simplemente sirve para descargar tensión o para resolver una excitación. En otras ocasiones puede ser un encuentro más erótico y recreativo o una fuente de exploración y autoconocimiento”.

 

Compartir experiencias para conocerse 

Xandra, masturbación femenina
Xandra García

Xandra García es Sexóloga y está en proceso de convertirse en doula, (profesión que da apoyo emocional a las mujeres en el embarazo, el parto y el post parto) y Maitena Usabiaga, Sexóloga también y licenciada en Psicología, ofrecen su punto de vista profesional y vivencial respecto a la masturbación en las mujeres, concretamente sobre el hecho de si es un tema que se comparte en un grupo de amigas/os. “Cuando teníamos nueve años compartíamos las vivencias de cómo nuestro clítoris nos hacía cosquillas andando en bicicleta, con el chorro de la ducha, con las manos, viendo una película...”, recuerda Maitena. Pero reconoce que una vez que las niñas van creciendo este tema se va borrando de las conversaciones: “A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso”. Xandra en cambio afirma que se habla de la masturbación, pero en clave de humor: “Muy rara vez se habla desde un compartir la experiencia o las inquietudes”.

 

"A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso"

 

La masturbación femenina y la masculina siempre han tenido unas diferencias obvias en cuanto a lo naturalizada que está tanto en la sociedad como en la intimidad, pero Xandra reconoce que esto no es así en la infancia: “No existen diferencias entre los niños y las niñas que se masturban, aunque en estas edades hablamos de autoexploración”.

En cuanto al porqué se desarrollan estas diferencias Maitena tiene una opinión muy contundente: “La vulva es un parte del cuerpo que debe permanecer oculta, que representa lo prohibido, está ahí para mear, sangrar y parir. Es el cuento que nos han contado y aunque el pene también debe estar oculto, tiene una significación diferente, conectado con la dominancia”.

 

La masturbación no es un sustituto de la pareja

María de Ars Eróticas lo tiene muy claro y quiere concienciar sobre esta idea: “Sigue habiendo muchas personas que piensan en la masturbación como una actividad que sustituye a una pareja sexual”. Dice que es una idea que hay que eliminar, pero también incide en las ventajas de la autoexploración antes de iniciar una relación erótica con alguien. “Si tú no te reconoces y aceptas cómo eres te dará mucho pudor mostrarte ante otra persona. Si una de las partes tiene claro lo que le gusta, va a llevar la voz cantante”, analiza. “Si ambos saben lo que les gusta, el encuentro será más equilibrado”.

Inma Ruiz, masturbación femenina
Inma de Lezana

Hoy en día no mucha gente conoce el funcionamiento de los genitales femeninos involucrados en proporcionar placer: la vulva y el clítoris. Inma recalca la necesidad de conocerlos más allá de la reproducción: “Entender que la excitación sexual de las mujeres también resulta en una erección y que difícilmente se puede tener un orgasmo sin estimular el clítoris, ayuda a las mujeres a convertirse en protagonistas y artesanas de su vida erótica”. Esto lleva a Inma a revelar el sorprendente hecho de que hasta hace muy poco no había en la educación sexual una imagen clara del clítoris. “Ha sido un órgano sexual eludido”.

 

"La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología"

 

Aunque el darse placer a una misma es un tema que los últimos años ha evolucionado hacia la naturalización, todavía hay mucho camino por recorrer y, como en todo recorrido hacia el cambio, se pueden encontrar contradicciones. Esto es lo que Inma recalca: “Por una parte parece admirable y deseable que una mujer se adueñe de su placer, pero por otro lado aún existen dificultades para asumirlo”.

Quizá prevenir que las personas asimilen estos tabúes o la falta de conocimiento en el ámbito erótico se puedan solucionar, en gran medida, con la educación. En ciertos aspectos Xandra explica que todavía hay huecos que completar: “La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología”.

 

La masturbación como terapia

Maitena, masturbación femenina
Maitena Usabiaga

Entrando en el terreno de las terapias, Maitena e Inma hablan de la anorgasmia en la mujer (la ausencia de orgasmos durante el encuentro sexual) y los procedimientos a seguir en las terapias. “Creo que todas hemos sido y somos anorgásmicas, ya que no en todos los encuentros tenemos orgasmos. Hemos caído en el pecado de pensar que es lo más importante y que debemos tenerlos para valorar que hemos tenido un buen encuentro erótico.” Con esta afirmación Maitena intenta aportar un nuevo punto de vista respecto a la presión que se puede sentir en un encuentro erótico para que todas las partes tengan un orgasmo, sin embargo, insiste en que no quiere quitarle importancia al orgasmo, sino que cada uno debe decidir la importancia que quiera darle.

Inma explica los ejercicios que se suelen hacer en las terapias focalizadas en esta situación, como, por ejemplo: los ejercicios de autoexploración, focalización sensorial y estimulación. “Se trata de que ella misma explore las sensaciones de su cuerpo de forma gradual hasta sentir el placer que busca. En pareja se plantea enseñar la destreza del tipo de estimulación e intensidad”, comparte.

Como guinda a este pastel creado por cuatro poderosas féminas, la frase que Xandra comparte con Somos Peculiares es la perfecta: “No están más liberadas del patriarcado las mujeres que se masturban más que las que se masturban menos. Cada mujer debería ser soberana de su propio placer para hacer y deshacer a su gusto”. Ahí queda chicas.

De Peculiares

La patologización perjudica seriamente su salud

“El poder que tienen los diagnósticos en nuestras vidas es inconmensurable; una sola idea, una palabra, una etiqueta, te puede condicionar toda tu vida” 

Maitena Usabiaga Sarasua

4 de abril de 2019

La tendencia actual parece mostrar que la patologización de la vida cotidiana está de moda. Hemos interiorizado la presencia de los diagnósticos en nuestras vidas, aquellos que son capaces de describir cada comportamiento cotidiano y enjuiciarlo. Es sabido el poder que tienen los diagnósticos en nuestras vidas. Una sola idea, una palabra, una etiqueta, te puede condicionar toda tu vida. Son como moscas que te persiguen a lo largo de tu camino y aunque intentes espantarlas, no se van. Y cómo no, nuestro terreno no se libra de tales crímenes.

la patologización

El DSM, manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, se ha encargado también de realizar diagnósticos en torno a los deseos, prácticas y capacidades convirtiéndolos en parafilias, disfunciones y perversiones. Como dijo Rubin (1989); “El DSM viene a ser un mapa bastante fiable de la jerarquía moral de las actividades sexuales”, así que conocerlo nos ayuda a entender(nos). Lo que se pretende con este libro de celdas es regular el deseo y estandarizar el placer, marcar una línea rígida y gruesa entre lo que está permitido y lo que no.

Estas líneas invisibles penetran hasta el fondo de nuestras creencias e influyen en nuestra visión del mundo, nos convertimos en juezas y/o curas –a veces me cuesta distinguirlos–. Hemos dejado que este manual y sus mesías nos digan cómo hay que ser, sentir, hacer, pensar, desear... y nos lo hemos creído. Mezclamos deseos con actos, actos con crímenes, crímenes con enfermedades.

 

“Mezclamos deseos con actos, actos con crímenes, crímenes con enfermedades”

 

Muchos colectivos, movimientos sociales, críticas del pensamiento y  un largo etcétera, conscientes de las repercusiones de estas cárceles identitarias, han comenzado a reclamar un proceso de despatoligización. La patologización no nos ha traído más que represión, aislamiento, exclusión, desconocimiento, miedo, soledad, incomprensión... y esta es la verdadera razón del malestar de tantas mujeres, hombres, niñas, niños... Todas las que se han quedado fuera de esa línea están condenadas a modificar(se), defender(se), culpabilizar(se), adaptar(se). 

Ahora estamos nombrando a muchas que se han quedado fuera, las mencionamos y hacemos que existan, como la homosexualidad, el lesbianismo, la transexualidad. Nos hemos apropiado de muchas etiquetas que nos condenaban para reafirmarnos en quienes somos. Pero por desgracia sigue habiendo muchas más patologías que siguen siéndolo en el imaginario colectivo. Seguimos manteniendo esas líneas rojas, marginando peculiaridades, desautorizando deseos, invisibilizando realidades.

 

“Seguimos manteniendo esas líneas rojas, marginando peculiaridades, desautorizando deseos, invisibilizando realidades”

 

Nuestros dilemas morales nos calan por dentro y, aunque parece que para algunas realidades estamos más abiertas a la comprensión y al saber, sigue habiendo puertas que ni siquiera queremos saber de su existencia y mucho menos que estén entreabiertas para ver qué hay detrás de ellas. Aquí es donde nos encontramos con un dilema.

Si estoy a favor de la despatologización, ¿lo estoy para sólo algunos o para todos? ¿Dónde pongo la línea roja? ¿Tiene que haber línea roja? ¿Qué pasa con los llamados viejos verdes? ¿Tengo que dejar que un vouyeur disfrute mirándome? Tengo la impresión de que sabemos muy bien lo que NO queremos, pero no tenemos ni idea de lo que SÍ queremos y cómo lo queremos.

 

¿Dónde pongo la línea roja? ¿Tiene que haber línea roja? ¿Qué pasa con los llamados viejos verdes? ¿Tengo que dejar que un vouyeur disfrute mirándome?

 

Lo que sí sabemos es que los métodos empleados para controlar los deseos no son efectivos porque no consiguen cambiar la naturaleza de los mismos; solo sirven para reprimir, para limitar su puesta en escena. Los deseos no son condenables ni patologizables: tienen su lógica, son cambiantes y altamente variados. Probemos a conocerlos y hablar de ellos, porque hacer como si no existieran no hace que desaparezcan. Para ello es necesario dejar de mencionar solo algunos de ellos como los legítimos, sanos, naturales, normales... Podemos mencionar, nombrar los deseos y hacer que existan y convivir con ellos. La convivencia no se basa en la exclusión.