De Peculiares

Mientras duermes

 

 

 "Y entonces empecé a tocarme lentamente, aguantando la respiración, sin apenas moverme para que ella no se despertase. Levantaba la sábana con cuidado, y podía ver sus piernas desnudas, ¡oh, sus piernas!"

ISILLA LM

Me encanta observarla mientras duerme. Ya es costumbre que se duerma ella antes que yo. Me gusta observar su cara redondita, sus ojos cerrados con esas pestañas tan largas, que te pueden arropar. Su respiración pausada, relajada, tranquila. Parece la niña más buena que he conocido nunca. Y no digo que no lo sea, pero tiene esa mezcla diametralmente opuesta, que la hace tan especial. Despierta es fuego, es pasión, es intensidad. Dormida es quietud, es paz, es un peluche al que dan ganas de abrazar. Despierta es un huracán al que quieres empotrar contra la pared. Dormida me sale la ternura y lo único que quiero es protegerla.

Bueno, lo único no. Porque más de un día y más de dos, me han dado ganas de masturbarme mientras ella yace entre los brazos de Morfeo. Alguna vez se lo dejé caer, en plan enseñándola vídeos de tíos teniendo sexo con tías que parecen dormidas. Es la risa, porque ambos sabemos que es todo mentira, y que nadie duerme en verdad. Pero la idea siempre me ha excitado, y quería saber lo que pensaba al respecto. “Me hace gracia, no sé, pero si me follas a altas horas de la madrugada y en pleno sueño REM, no esperes que mi cuerpo responda acorde al tuyo”. Y nos reímos. Y ahí se quedó.

Pero el otro día, tuve que hacerlo. Estaba seguro que dormía profundamente. Ya me sé sus ritmos respiratorios mientras está soñando. En realidad me sé un montón de cosas sobre ella, porque para qué me voy a engañar, me tiene loco. Así que empecé a fantasear con cosas que me gustan; con imágenes de otras veces que hemos follado; con lugares recónditos de la ciudad donde nos hemos metido mano; con el cine. Ay, el cine. Ya estaba semi empalmado, pero cuando evoqué los recuerdos de un día en el cine, se me puso el rabo más tieso que un pájaro muerto. Vaya comparación, pero en serio más dura que el cerrojo de un penal. Y entonces empecé a tocarme lentamente, aguantando la respiración, sin apenas moverme para que ella no se despertase. Levantaba la sábana con cuidado, y podía ver sus piernas desnudas, ¡oh, sus piernas! Son tan lindas, son las piernas más bonitas que he visto en mi vida. Largas, redondeadas, y tiene la piel tan suave… parece porcelana, parece una nube. Esa piel, en serio, no es ni medio normal. Llevaba solo la ropa interior y como estaba de lado, sus preciosos pechos redondos tenían una posición perfecta. Me aventuré y le rocé con la mano. Me hubiera encantado meter mi cara entre sus tetas y lamérselas hasta el día del juicio final. Pero fui bueno y solo rocé levemente su tersa piel, cebándome un poco más con el precioso canalillo que su busto me ofrecía.

Seguía tocándome la polla a un buen ritmo, bajando mi prepucio muy despacio, observando la cabeza de mi glande, brillante por el líquido que emergía de ella: una gota transparente a modo de lágrima, me recorría el frenillo y se precipitó a mi bajo vientre.

No sabía si me excitaba más: pensar que se podía despertar; darme prisa por si se despertaba y no le hacía gracia la idea de verme pajeándome; o que se despertase y empezase a lamerme la polla con su preciosa boca. Empecé a marcar un ritmo más rápido, no podía contener los gemidos que salían de mi garganta, a la vez la miraba, tan dulce, ajena a lo que estaba sucediendo, y mientras esa vorágine de sensaciones fluía de mí, no hacía más que venirse imágenes a mi cabeza de otras veces que hemos follado.

No duré mucho más. Vale que el tiempo es relativo, pero en serio estaba tan a fuego. Fue de las mejores pajas que me he hecho en mi vida. Empecé a subir y bajar el prepucio a más velocidad, empecé a notar esa mezcla entre calambres y placer que me recorre desde los pies a la cabeza, mi respiración era más agitada y estaba a punto de desbordarme. Entonces paré, porque se movió y me asusté, y pensé que me estaba oyendo o la estaba molestando. Pero cuando cambió su postura me di cuenta que seguía durmiendo profundamente. Dios, así se la habría clavado, profundamente. Bajé el ritmo, porque me iba a correr. Hacía movimientos rítmicos y pausados, de forma lenta, y bajando todo lo que podía la piel de mi pene. Entonces la lefa comenzó a salir a borbotones, como cuando haces bechamel y empieza a cuajar la mezcla. Mi pecho estaba lleno de semen, el cual limpié con la camiseta que me había quitado hacía un rato, y una risa floja me entró de repente. ¡Qué gusto, joder!

Nunca pensé que sería capaz de hacerlo. Siempre fue una fantasía, porque me excitaba mucho la idea de masturbarme con alguien dormido. Pero la realidad superó con creces las expectativas. A los dos minutos dormí como si mi cuerpo acabase de completar una maratón.

Cuando desperté no estaba seguro de si lo había soñado, me costaba recordar si había sido real o no, puesto que me parecía tan alucinante que no podía ser verdad. No dije nada al abrir los ojos, me quedé quieto, evocando de nuevo lo que fuera que hubiese pasado horas antes. Volví a dormir ya que miré el reloj y era pronto. Cuando por fin me levanté para prepararme café, vi una nota en la nevera: “He metido la camiseta que tenías tirada en el suelo, ¿qué cenaste anoche, que estaba tan sucia? Te veo en la comida, buen día BB”.

De Peculiares

Las primeras caricias de amor propio de un grupo de sexólogas

Las primeras caricias de amor propio de un grupo de sexólogas

19 de mayo de 2019

Laura Marcilla

Es posible que ya hayáis leído en redes sociales u otros medios que en mayo se celebra el mes de la masturbación. Es una práctica sana, común y muy positiva, que sin embargo ha estado (y a menudo sigue estando) bastante estigmatizada. Hay quien, aún a día de hoy, tiende a pensar que es una práctica solo para personas solteras o un sustituto del ‘sexo de verdad’. Nada más lejos de la realidad.

Sin embargo, pese a los muchos beneficios que presenta el juego erótico con uno mismo, nos hemos preguntado… ¿Cómo han vivido estos primeros acercamientos las mujeres que ahora se dedican a la sexología? Cuando estas personas aún no sabían que iban a acabas haciendo del sexo su profesión, ¿qué tal fueron sus primeras experiencias sexuales en solitario?

Y para ello os traemos unas pinceladas de lo que ellas mismas nos han contado al respecto.

 

Norma J. Brau

Mi historia con la masturbación ha sido la de un acercamiento poco a poco. Recuerdo que empecé joven, muy joven. Seguramente "alarmantemente" joven si algún adulto lo hubiese sabido; ya que aún estaba en primaria.

Supongo que lo descubrí de la forma más ingenua y me dedicaba a ese rocecito que tanto me gustaba cada vez que podía. Con los años, mi técnica, mi acercamiento al propio cuerpo (que, al principio, ni me tocaba directamente y luego ya atreverme a masturbarme por encima de las bragas fue todo un paso), el descubrimiento de cómo poder tener más orgasmos... ha sido todo un viaje. Creo que a día de hoy podría decir que me conozco bastante, pero aún sigo explorando con nuevas formas de estimulación, nuevos juguetes... ¡no es nada aburrido quedarse sola y sin tener qué hacer!

 

Yaiza Morales

A los ocho años, recuerdo una noche que volvíamos en coche para casa, el coche era uno de esos viejos que traquetean mucho, la vibración que aquello me producía me dio mucho gusto y allí que me quedé rozándome.

Creo que ese fue el primer recuerdo consciente que tengo relacionado con la masturbación. A partir de ahí, me exploraba, jugaba conmigo, me toqueteaba por todos lados muy curiosa, como quien ha descubierto un juguete nuevo y quiere averiguar cómo funciona. Cuando estaba en el sofá de casa viendo una peli y, de repente, aparecía una escena subida de tono me encendía muy fácilmente y gozaba del calorcito que me daba en la entrepierna pero a la vez me sentía culpable sin saber muy bien porqué.

Nadie me había explicado qué era aquello ni por qué pasaba. Recuerdo que me ponía un cojín encima y lo apretaba fuerte con las manos contra mí, pero eso no hacía que la sensación desapareciera. Miraba a mis padres o a quien hubiera presente buscando indicios de que se hubieran dado cuenta de lo que le estaba pasando pero no parecía advertir nada y eso me tranquilizaba y me inquietaba a partes iguales.

Disfrutaba de aquellos momentos y los ansiaba sin saber cuándo iba a llegar el siguiente. A partir de ahí, no tuve muchos momentos de intimidad para seguir la exploración, pues compartía habitación con mi hermana pequeña y tenía que ideármelas para poder disfrutar de un rato completamente a solas. En el baño o durante la ducha solía ser el momento.

Pese a considerarme una persona ya bastante activa sexualmente, masturbarme a menudo y disfrutar de ello, sentía que había algo malo en mí y que no podía decirle aquello a nadie porque iban a pensar que era de guarra para arriba y me daba pavor la idea. Con los años, y viendo lo que me aportaba, lo fui normalizando y cada vez me daba más igual lo que la gente pudiera pensar al respecto. De hecho, es una cosa que la gente que me conoce sabe bien que hablo muy naturalmente e incluso me gustaba provocar sacando el tema.

 

Maitena Usabiaga

Me acuerdo de cuando tenía 12-13 años comentábamos en nuestro grupo de amigas que notábamos un “kili kili” en el coño, lo llamábamos así. Notábamos ese cosquilleo andando en bici, con el chorro de la ducha, viendo una peli donde aparecían escenas eróticas... En ese momento no apreciaba la riqueza de aquellas conversaciones y con los años me he dado cuenta que desgraciadamente no han sido muy comunes en grupos de mujeres. Y yo sí las he tenido, menos mal.

El roce y los ojos fueron mis primeras herramientas para acercarme al gran desconocido clítoris. Pero ponerme a tocarme el clítoris con total empeño vino mucho más tarde. Mis primeras experiencias eróticas con mi genital han sido acompañadas, creo haber experimentado otras prácticas mucho antes que mi primer orgasmo masturbándome sola.

Había una parte del protocolo que decía que lo más importante era realizar el coito para perder la ‘virginidad’ y ya ‘liberarme de esa carga’. Así fue, coité y después de aquello comencé a explorar más mi cuerpo, pero tampoco os creáis que fue un cambio inmediato. Me acuerdo que tenía una colega que me decía que cuando se masturbaba tenía 10 orgasmos. Yo flipaba en colores y pensaba que yo quería saber lo que era tener tantos, incluso me atrevo a decir que no sé si tuve algún orgasmo hasta entonces, y ya llevaba años teniendo mis aventuras... Muy triste.

Así que viendo que mis compis que me tocaban no me facilitaban orgasmar, me empeñé en dedicarle tiempo y profundicé en la técnica. Al final sí, orgasmé solita y después me compré un juguete al que me aficioné tremendamente. Tenía orgasmos mucho mejores que muchas de las prácticas que compartía, así que a tope.

 

Iria Ferrari

En mi caso, me descubrí el clítoris con apenas 12 años y, al principio, como no tenía a quién preguntar, ya que mi madre es muy ‘antigua’ para eso, pues me restregaba cojines o peluches a escondidas, hasta que mi madre me pilló, y me echó tal bronca que me sentí súper sucia y mala hija.

Pero seguía con la inquietud de saber qué era aquello y por qué me provocaba placer... Y de ahí pasaron los años, y me masturbaba con la ducha como si el agua fuera a borrar la culpabilidad. Mi primer juguete fue con 21 años, aunque disfrutar realmente de ellos ha sido algo más reciente, hace escasos diez años, después de mi divorcio.

 

Isilla LM

No tengo recuerdo de cuándo empecé a masturbarme. Era lo bastante pequeña como para no saber que eso que hacía tenía un nombre. Cuando creces, entiendes que en verdad todo eso de tocarte el clítoris, es un acto que da placer, da "gustito", y por eso te tocas, no por ser plenamente consciente de hacerlo. En casa nunca han sido represores de la sexualidad, se hablaba abiertamente aunque fuese en tono de humor, que es como mejor se tratan los asuntos.

Recuerdo una anécdota: a veces mis hermanos grababan pelis porno en VHS, y mi padre en una comida simplemente dijo que se pusiera el título o un aviso en la carátula, ya que había gente más joven que podía confundirse. Lo dijo guiñando un ojo y mirándome de soslayo.

Nunca he concebido la masturbación como algo nocivo, ni me ha creado sentimiento de culpa. No es algo que haya descartado por tener pareja. Sí es curioso cómo, según el momento de vida en el que te encuentres, te apetece más o menos, te apetece de una forma u otra. Pero es una práctica más de mi erótica.

Siempre me pareció curioso el tabú que había entorno a este tema si eras chica. Pero por suerte, nunca tuve ni yo ni mis amigas, dificultades de hablar sobre onanismo con los amigos. Es más, a veces éramos nosotras más ‘brutas’ que ellos. Siempre digo que el orgasmo empieza por el cerebro, ya no sólo por las sustancias y hormonas que segregamos, sino porque cuanto más equilibrio tengo en mi vida, más me apetece jugar conmigo misma.

 

Melanie Quintana

Tengo recuerdo de haber empezado a masturbarme a los 9 o 10 años. Fue con una amiga, una almohada y con el roce de la misma. Ahora me parecen curiosas las tres cosas por separado y en conjunto, pero por aquel entonces fue de lo más natural. De hecho, tales fueron las sensaciones que empecé a rozarme yo sola en la intimidad. La almohada se me quedaba corta y busqué algo parecido a lo que había visto en alguna revista: un objeto que vibrara (ni siquiera sabía que se llamaba vibrador).

La primera vez que disfruté con la estimulación piel con piel de mi clítoris no fue con mi mano, sino con la de un chico con el que por aquel entonces ‘salía’. Nunca nadie me explicó qué era, ni cómo hacerlo, ni siquiera se hablaba del tema, al menos no como ahora, de lo único que me arrepiento es de no haber tenido más información al alcance de mi mano, y nunca mejor dicho…

 

María Mas Vidal

En mi 18 cumpleaños recibí un regalo muy especial: mi primer vibrador. En aquel entonces yo todavía lo llamaba CONSOLADOR. Imagina el poco conocimiento que tenía de juguetería erótica. Todavía me fustigo a mí misma, el cambio de lenguaje ha sido muy reciente.

Yo ya me masturbaba, pero era algo extremadamente secreto. Me sentía sucia por hacerlo. En aquel momento, comprendí que para mis amigos era natural que yo me tocara (si no, ¿para qué me regalaban un vibrador?). Y además, comprendí que la ‘energía’ sexual que yo sentía en mí misma, los demás también la veían.

Aun así, tardé dos años en atreverme a tener un encuentro con mi vibrador maravilloso. No era capaz, tenía tantos prejuicios que no sabía cómo gestionarlos. La primera vez lo limpié, le puse las pilas, y empecé a experimentar las diferentes formas de vibración. Fue muy divertido, aunque mis dedos conocían mucho mejor mi anatomía y siempre terminaba acariciándome yo.

Al final, cuando me fui de erasmus, mi gusanito (así le llamo aún) se vino conmigo y comenzamos a tener una relación maravillosa que todavía no ha acabado del todo. Ahí está, en el cajón, celoso de mis otros juguetes. Pero siempre será el primero, el que tiene una cara sonriente que no terminaba de excitarme, pero aun así, me dio muchísimo placer.

 

Laura Marcilla

No sabría decir una edad exacta a la que empecé a masturbarme, quizá sobre los 10 u 11 años. Tengo recuerdos borrosos de estar jugando con una amiga a las ‘Barbies’, y ponerlas debajo de una manta desnudas junto con un muñeco ‘Ken’. De alguna manera, ese juego acabó derivando en mirarnos bajo la ropa interior nosotras mismas a ver “qué teníamos ahí”. No fue algo erótico, a pesar del componente sexual. Fue una forma de explorar, de conocer una parte de nuestro cuerpo que nos daba curiosidad. Creo que después de eso, ambas nos sentimos incómodas, porque nunca más volvimos a hablar del tema.

Pero más o menos por esa época empecé yo también a rozarme por mi cuenta, para obtener placer. Me sentía mal al hacerlo, así que me tocaba por encima de la ropa interior, porque la idea de estar en contacto directo con mi vulva me parecía algo ‘sucio’. Tardé muchos años en explorar mi cuerpo de una manera más directa, y mucho más tiempo aún en hablar de ello abiertamente.

En el instituto, todos los chicos hablaban de la masturbación como algo natural, pero todas las chicas negaban hacerlo, y yo no me atrevía a ser la única que nadara contracorriente.

Una vez le confesé un amigo íntimo que lo hacía, y me empezó a agobiar con preguntas al respecto. Una de esas preguntas fue que “cuántos dedos me metía”. Todos parecían asumir que la masturbación implicaba “meterse los dedos”, porque es lo que todos veíamos en el porno. Y yo, que me quedaba siempre en el clítoris por aquella época, pensé que se iba a reír de mí si le decía la verdad, como si mi forma de masturbarme fuera menos válida. Así que le mentí, y le dije que usaba dos dedos. Ahora, se me hace triste pensar la de mentiras que tuve que decir a lo largo de mi adolescencia y mi juventud para no ser juzgada por algo tan bonito y tan positivo como es disfrutar de mi sexualidad.

 

Como veis, la sexualidad es tan diversa, que incluso mujeres de una edad parecida y que se dedican a la misma profesión, han tenido inicios y experiencias muy variados. No son pocas las que refieren sentimientos como culpabilidad o malestar debido a algo tan natural como la masturbación.

Ellas son solo una muestra de las muchísimas personas que han tenido que trabajar conscientemente para superar estas barreras que nos impone la sociedad y poder disfrutar plenamente de su sexualidad. Por eso es importante escribir y hablar sobre la masturbación. Sacarla de la mesita de noche, de debajo de las sábanas, de la ducha, y hacer de ella un tema de conversación más, sin vergüenza ni miedo, para que ninguna otra niña tenga que sentir que tocar su propio cuerpo es algo reprobable.

De Peculiares

Lo que no sabías sobre el deseo, la excitación, la masturbación y el orgasmo

deseo, excitación, masturbación, orgasmo @somospeculiares

15 de mayo de 2019

Xandra Garcia, Sensa

El orgasmo es el gran comedor de palabras. Solo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra”, Valérie Tasso

La masturbación ha estado durante siglos vinculada a un sinfín de mitos y condenada al tabú. Hasta hace bien poco seguíamos escuchando amenazas tales como que la masturbación producía ceguera, locura, alucinaciones… o su versión más moderna, causaba el acné puberal. Sin embrago, la masturbación es la gran escuela del autoconocimiento erótico. Gracias a la autoexploración sabemos más sobre lo que nos gusta y como nos gusta; sobre lo que deseamos y cómo lo deseamos.

Hoy sabemos que en torno al 97% de hombres y un 62% de las mujeres se masturba o se ha masturbado alguna vez. Sin embrago, las cifras cambian considerablemente cuando nos referimos a la población con disfuncionalidades orgánicas. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alrededor de un 10% de la población mundial, es decir unas 650 millones de personas, tienen diagnosticado algún tipo de discapacidad. De los cuales el 47,10% son mujeres y el 58,30% hombres. Según estos datos el 26% de ellas y el 51,66% de ellos disfruta de su erótica. No especifica si en el disfrute de la erótica se ha incluido el autoerotismo o no. Pero la diferencia en cifras es notable.

Las personas con diversidad funcional se enfrentan a dos principales dificultades a la hora de encomendarse a los placeres del “yo me lo guiso, yo me lo como”. Por un lado las propias características físicas, el acceso a su propio cuerpo, y por otro, el miedo al impulso sexual. Corre el mito de que las personas con disfuncionalidades orgánicas no sienten deseo, nada puede estar más lejos de la realidad. Pero lo más perjudicial es cuando uno mismo se lo cree y frena o dificulta esas sensaciones.

Para lo primero, te voy a dar algunos consejos o recursos para que los puedas poner en práctica. Para lo segundo… siento tener que decirte que no tiene remedio. En tanto en cuanto eres sexuado o sexuada, el deseo forma parte de ti, lo puedes reprimir y por supuesto que va a variar a lo largo de tu biografía, pero es una cualidad de reside en ti. Por lo que vamos a dejar de lado el miedo, la incertidumbre y las dudas; y si te apetece, te guiamos sobre cómo te lo puedes montar.

Pero antes déjame que te cuente algunas cosas sobre los placeres y el orgasmo.

"El orgasmo se tiene en el cerebro pero se sensa en el cuerpo"

Antes del orgasmo está la excitación y antes de ésta, el deseo. No podemos saltar directamente al tercero sin pasar previamente por el primero y el segundo.

La excitación tiene un efecto psicotrópico y euforizante. Cuando estamos eufóricos, somos más atrevidos y aumenta la circulación llevando la sangre a las zonas periféricas y preparándonos para sensar –sentir en la piel-. Subiendo los niveles de excitación se desencadena el orgasmo.

“El orgasmo es el final de una lucha encarnizada por buscar el placer…El error es subestimar el placer que precede al orgasmo”, Eduardo Punset

Sin embargo, el orgasmo no es lo mismo que el placer. Para tener una autoerótica satisfactoria y placentera no es necesario llegar al orgasmo. Esta búsqueda obsesiva del orgasmo dificulta en gran medida poner en el valor y disfrutar de los goces previos. Como si existieran sensaciones de primera y sensaciones de segunda. Cuando realmente todas ellas nos llevan al disfrute y al bien estar. Es más, déjame decirte que en una escala del 0 al 10 de los deleites, el orgasmo no tiene por qué puntuar en el 10. Al igual que cualquier otro estímulo puede pasar por todas sus gradaciones.

Aunque el único órgano imprescindible para tener un orgasmo es el cerebro, lo cual es un argumento más para animarte a explorar todos los recovecos de tu piel en búsqueda de nuevas zonas erógenas, con frecuencia en disfuncionalidades orgánicas el sistema nervioso se ve afectado dificultando en gran medida las conexiones de los genitales con el cerebro. Llegando incluso a no tener sensaciones orgásmicas.

“Tengo una pequeña tarea para ti. Ve a casa y tócate. Vive un poquito.” Pelicula El Cisne negro

Ahora si, vamos a darte algunas sugerencias que puedes poner en práctica.

Explora tus zonas erógenas más allá de los genitales, ¿Sabías que el órgano excitable más grande del cuerpo es la piel? Pues, te informo de que posees unos 2m2 de superficie potencialmente voluptuosa.

Si la dificultad radica en llegar con las manos a los genitales, puedes utilizar objetos que permitan la extensión. Incluso puedes explorar la posibilidad de acoplar esos objetos a vibradores permitiéndote así estimular esas zonas.

No hace falta ser muy sofisticado, seguro que tienes por casa un plumero por ejemplo; que bien lo podemos utilizar para acariciarnos o sujetar un juguete al mismo y haga las veces de brazo extensor. Hablando de recursos caseros… Te animo a que averigües que objetos ordinarios se pueden convertir en fuentes de placer. Se me ocurre: la almohada, cojines, el reposabrazos del sofá…Estos pueden ayudarte a acariciar aquellas zonas a las tienes dificultado el acceso.

Hay algunos juguetes eróticos que a pesar de no estar pensados para facilitar la masturbación pueden ser de utilidad cuando tienes algún tipo de dificultad a la hora de mover los brazos o las manos. En el caso de las vulvas, puedes colocarte o puedes pedir que te coloquen una mariposa o una bala vibradora en las bragas, que más tarde te permita ponerlo en marcha mediante control remoto. Los penes también se pueden estimular con ayuda de huevos que simulan la textura de una vagina, existen en el mercado unos adaptadores con forma de ventosa que te permiten anclarlo a una superficie de forma que no tengas que sujetarlo con las manos. También puedes echar un vistazo a esos juguetes que están diseñados para funcionar como manos libres.

Como ves proporcionarnos placer a nosotros mismo no esta tan fuera del alcance de movilidades, ni de economías diversas. Sólo hace falta rebuscar un poco por casa, echarle imaginación y dejarse llevar por las sensaciones placenteras.

“Para todos café, pero a cada uno su café”, Efigenio Amezúa

Subrayar que en el mundo de los goces y los placeres no hay una receta a seguir al pie de la letra. Como ya hemos comentado líneas más arriba, cada uno de nosotros tiene una erótica propia. Todos disfrutamos del placer pero cada uno con sus placeres.

De Peculiares

“Al concepto de asexualidad le falta muchísimo recorrido y entendimiento a nivel social”

Pablo Ortiz Navarro

Pablo Ortiz Navarro

Pablo es una de las pocas personas asexuales reconocidas que hablan de esta peculiaridad erótica en los medios de comunicación. Él lo sabía desde la pubertad pero por aquel entonces había menos información que ahora.

4 de marzo de 2019

Entrevista de Melanie Quintana Molero

En abril de 2016 se estrenó un anuncio de Flex en el que se hablaba, casi por primera vez, de la asexualidad y Pablo fue uno de los protagonistas. Desde entonces el concepto o la definición de esta peculiaridad erótica ha dado a entender al mundo que las personas asexuales no tienen sexo, deseos o que no se masturban, y no es así.

La mayoría de personas que entren a leer la entrevista será para resolver su propia duda: ¿qué significa ser asexual?

(Sonríe) Ser asexual significa, simplemente, no sentir atracción sexual, no sentir lo que podríamos llamar como el impulso de mantener relaciones sexuales. Sin embargo, las personas asexuales sí que pueden tener ganas de tener sexo, sin que esto se oriente hacia nada ni nadie.

¿Pero cómo llegas a descubrir e identificarte dentro de esta peculiaridad erótica?

Te vas dando cuenta desde la pubertad, cuando comienza a haber una mayor conciencia de la propia sexualidad. Te das cuenta que no lo estás viviendo como todos los demás. El desarrollo se da igual, pero el interés hacia compartirlo con otras personas no aparece.

Diferenciemos conceptos: desear, gustar y practicar no es lo mismo. ¿Puede gustarte o puedes practicar sexo, aunque no experimentes atracción sexual hacia otra persona identificándote como asexual?

Por supuesto. Desde luego, siempre es más fácil practicar sexo que el hecho de que te guste tenerlo. E incluso podríamos diferenciar el hecho específico de que te guste tener sexo por el hecho de la excitación asociada o con el momento de intimidad y comunicación. En cualquier caso, en la comunidad asexual lo tenemos claro: la mejor manera de tener sexo con alguien asexual es no querer tener sexo con esa persona. Y es que esa es la mejor manera de evitar la presión social que llevamos tantos años arrastrando, y que lleva a unas expectativas que probablemente no va a cumplirse de la manera esperada.

¿Y cómo encaja el amor dentro de esta peculiaridad erótica? ¿Puedes llegar a amar o enamorarte de otra persona?

En mi caso queda clarísimo que sí, (ríe a carcajadas). Pero hasta cierto punto lo vivo con algo de miedo. Me imagino bien viviendo con alguien que me quiera independientemente de la orientación sexual con la que se identifique. Pero cuando alguien se entera de que te catalogas como asexual, pues comienza a dudar. Más aún si lo has hecho público, porque siente que pondrán en duda su propia sexualidad. Ocultar que eres asexual no es mucho mejor. Creo que es peor, de hecho: nadie va a poder entender aquello que no se le ha explicado y el intento de relación va a comenzar a fallar por todos sitios.

¿Has intentando tener relaciones de pareja?

Bueno, cuando yo me di cuenta de que era asexual la información era mucha menos de la que es ahora, que ya es decir. Ante la pregunta “¿cómo vive la experiencia de intentar tener pareja una persona asexual que no sabe que lo es?”, la respuesta seguramente es bastante común: “un desastre”.

Tengo curiosidad y te lo tengo que preguntar. La excitación se entiende de muchas formas diferentes, según a quién le preguntes. Qué responderías si te preguntara: ¿qué es lo que más te excita en el mundo?

(Reímos) Por lo general, el hecho de excitarme depende mucho de mi decisión de estarlo. Para intentar responder un poco más, puedo hablar de contextos que me atraen. Compartir un rato de intimidad, con o sin contacto físico, con alguien con quien siento mucha confianza e incluso cariño es seguramente lo mejor. Si tiene que ser en contextos más sexualizados siempre me he sentido más atraído hacia la comunidad BDSM, porque en esta comunidad se da por hecho que antes de lanzarse a mantener relaciones sexuales hay que acordar qué va a hacerse y que no.

Y tú necesitas saber qué va a pasar…

Eso es. Para alguien asexual, desde mi punto de vista, es mucho más gratificante poder experimentar sabiendo qué pasará, e ir entendiendo en qué situaciones se puede estar con comodidad y en cuáles no. Evidentemente, si alguien de fuera de la comunidad BDSM es capaz de entender esto, no es necesario recurrir a ninguna de las prácticas que podrían ser más características de esta comunidad. Aunque siempre desde mi punto de vista.

Si tuvieras que destacar algún momento en particular que marcara un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

Esta pregunta me la esperaba… (reímos). No me imagino una entrevista vuestra sin esta pregunta. (Volvemos a reír) En mi vida he ido haciendo varios cambios, algunos respecto a mi vida erótica, otros a mi personalidad, pero también a nivel formativo… Pero si tuviera que elegir uno a nivel erótico, seguramente sería el hecho de permitirme usar la etiqueta asexual y permitirme decirlo públicamente. A nivel de autoestima esto es esencial, lo que revierte en poder tener relaciones sanas, a mi parecer.

¿Nos cuentas alguna experiencia que recuerdes con mucho cariño dentro de tu vida erótica?

Venga, sí. No suelo hacerlo, pero me acaban de venir dos que creo que merecen referencia. Espero no defraudar a nadie por ser poco… ¿picantes? (Ríe) Estaba en la playa, no recuerdo qué pasaba, creo que jugábamos a algo. Probablemente en aquel momento tampoco entendía a qué jugábamos. El caso es que de repente una chica me estaba intentando estrujar entre sus piernas. Creo que el objetivo era retenerme por no sé qué objetivo del juego, pero no estaba usando toda la fuerza que tenía. Me sentí bien estando ahí, así que consiguió su objetivo: no me moví del sitio. En otra ocasión estaba en una cafetería bastante ideal: no era grande, la luz era cálida y poco intensa, sabían que la Coca Cola debe servirse de botella de vidrio en un vaso de vidrio con hielo y limón y el café era de tostado natural. Estuve toda la tarde hablando con un chico al que apreciaba mucho, y al despedirnos junto a la parada de Metro nos abrazamos y volví a sentir el mismo cariño que ya había sentido antes.

¿Crees que al concepto ‘asexual’ aún le hace falta recorrido y entendimiento por parte de la sociedad, al igual que paso con la ‘homosexualidad’ o la transexualidad’?

Al concepto de asexualidad le falta muchísimo recorrido y entendimiento a nivel social, seguramente más que al concepto de homosexualidad y quizá un poquito más que al hecho trans. Hacer comparaciones es difícil, pero sí que es cierto que parece haber un proceso social cuyos patrones se repiten siempre. En 2016 hicimos las primeras acciones para visibilizarnos masivamente y comenzaron también los ataques masivos. Ahora, poco a poco, se va escuchando hablar de la asexualidad de manera no estigmatizante. Es el proceso por el que pasa siempre la diversidad, aquello que se sale de la norma.

Pablo OrtizHasta 2013 ser asexual se consideraba una enfermedad. ¿Te has encontrado con personas que han intentado curarte?

A nivel de profesionales, no. Pero porque soy suficientemente consciente de que aún a día de hoy hay supuestos profesionales que patologizan a personas asexuales. Por eso filtro antes de acercarme a alguno de ellos. E intento que estos encuentros se realicen dentro de las fronteras de Catalunya, para recibir el amparo de la ley 11/2014 del Parlament contra la discriminación por motivos de orientación sexual. Y por si acaso, el móvil siempre con batería por si tengo que llamar al 112. En mi vida personal, creo que la gente ya sabe que no voy a responder de buenas a algún mensaje que pueda sugerir algo así, por lo que nadie lo ha intentado. Honestamente, creo que tampoco nadie cree que necesite curarme nada.

Cuando nos ponemos una etiqueta parece que entramos en un colectivo y perdemos la individualidad, pero no por ser o sentirte asexual tienes que ser de una forma u otra, como si hubiera un manual: un asexual es así. ¿Te has enfrentado a esta idea teniendo que dar explicaciones de que al igual que cada persona es un mundo, cada asexual vive su peculiaridad de un modo u otro?

Desde luego. Lo curioso es que he tenido que combatir esta idea tanto fuera como dentro del colectivo. Desde fuera, ha sido especialmente evidente al intentar explicárselo a periodistas. En alguna ocasión han intentado vender la idea de la asexualidad como aquello opuesto al sexo: la antisexualidad. Cada vez que en un medio de comunicación han intentado hacer una entrevista así, el resultado ha sido el mismo. Quien me entrevistaba me miraba a los ojos, con un deje de entre confusión y decepción, para concluir “no entiendo qué es la asexualidad”. Es evidente que si intentan reducir la sexualidad humana a blanco o negro y se quedan con esa idea sin escuchar más, no van a entender nada. Sobre combatir esta idea a nivel interno, me he encontrado ya con varios casos de personas que creen que su realidad, su manera de vivir su asexualidad, es exactamente la que se corresponde a todas las personas asexuales. Para más inri, acostumbran a ser justamente las personas que han vivido unas cosas menos frecuentes estadísticamente en la comunidad. El perfil también suele ser de persona que ha tenido que forjarse una cierta coraza, tras varias décadas de matrimonio intentando convencer a todo el mundo de que en su relación todo era como debía ser. Ahora se descubren asexuales y…

¿Alguna vez te han intentado convencer de que tu peculiaridad erótica no existía o que la podrías cambiar si hacías esto o lo otro?

¿Cuentan los comentarios al vídeo de Código Nuevo o la entrevista en Crónica Global? Yo creo que el peor que he vivido ha sido en Catalunya Ràdio, en el que una señora que decía ser psicóloga intentaba algo así como diagnosticarme fobia a los genitales en directo. La verdad es que me hizo pasar vergüenza intelectual, tantos años de estudios para liarse con sustantivismos que no hacían más que demostrar que del tema ni sabía, ni quería saber. Imagínate que tu único discurso al explicarte que las personas asexuales sufren discriminación fuera que no te gusta la palabra asexual. Y, peor aún, que ni seas capaz de sugerir una mejor. Pues en esas estamos.

Se ha relacionado incluso la salud física con tener sexo, ¿cómo vives el hecho de que os digan que por que no tenéis sexo estáis menos sanos?

Me suelo preguntar si se refieren a los beneficios físicos de hacer deporte, a los beneficios fisiológicos de tener sexo o a los beneficios de tener relaciones afectivas. Con todo, nunca les pregunto a cuál de las tres se refieren. Les suelo preguntar si conocen los efectos de forzar a alguien a tener relaciones sexuales que no quiere mantener, porque eso nunca se lo plantean.

Muchas personas incluso se preguntarán si tenéis sexo con vosotros mismos, ¿la falta de deseo sexual también incluye vuestro cuerpo?

Ser asexual hace referencia a la atracción sexual y no al deseo. Creo haber visto estadísticas en las que se reflejaban que las personas asexuales se masturban con la misma frecuencia que lo hacen las personas de cualquier otra orientación.

¿Entra la posibilidad de que el deseo de ser padre/madre coexista con tu peculiaridad erótica?

Es totalmente posible, conozco a personas asexuales que se encuentran en esa tesitura. En cualquier caso, yo no me imagino cuidando a niños fuera cual fuera mi orientación sexual. Se me dio mal cuidar un caracol que recogí del césped cercano de casa. Y tampoco se me daban bien aquellos dos periquitos. Ni la tortuguita. No, no me veo teniendo hijos. (Reímos)

 Llevemos esto a la ficción de una pantalla de televisión o cine, ¿hechas en falta un personaje con el que sentirte identificado? ¿Crees que si este personaje existiera ayudaría a entenderos?

Desde luego. Seguramente el mejor referente en este momento sea Todd, de la serie Bojack Horseman. También debo decir que plantear personajes asexuales desde la visión de que son los más raros/antisociales o poco deseables físicamente justo va contra visibilidad bien a la comunidad porque caricaturiza y refuerza estereotipos negativos.

 Si una persona tuviera dudas de si es o no es asexual, ¿qué le recomendarías?

Para mí las etiquetas se usan porque hay una finalidad detrás. Si es simplemente curiosidad académica, para categorizarse sin más, le recomendaría que dedicara su tiempo a cosas mejores como correr por la montaña. Pero esto no suele pasar. Si alguien se ha puesto a buscar etiquetas e intentar encajar en algún sitio es porque ahora mismo no lo está consiguiendo. Lo mejor que puede hacer es leer más sobre asexualidad, quedar con otras personas asexuales si hay algún grupo cercano. Y si necesita ayuda, contactar con alguna persona profesional de la Sexología sensibilizada con la diversidad y, a ser posible, con la asexualidad. La comunidad no está para dar ni quitar etiquetas, por lo que yo no le diré a nadie si me parece que es asexual o no, aunque algún pensamiento así se me pueda pasar por la cabeza en algún momento.

De Peculiares

Es un placer conocerse a una misma

masturbación femenina

La masturbación en las mujeres es un tema que difícilmente se habla con naturalidad, incluso en un grupo de amigos. La falta de información y un cierto déficit en la educación ayudan a desnaturalizar un tema que forma parte de la mujer

27 de noviembre de 2018

Reportaje de Sara Enjuto 

Hay mucho empeño en enseñar, dentro de la educación sexual, a prevenir, a tener unas relaciones eróticas seguras, la teoría del condón, de lo que nuestro cuerpo a nivel reproductivo ofrece para alargar la estirpe, pero…¿dónde queda lo que el cuerpo enseña? Es algo con lo que convive todo ser humano, pero muchas veces cae en el olvido tanto en la enseñanza como en el propio ser el hecho de que el cuerpo es el que da las señales para descifrar lo que gusta, lo que no y los ritmos y necesidades. Se olvida también que esto es algo que no solo se aprende a raíz de tener encuentros eróticos con otras personas.

En este mundo caótico y lleno de prisas y estrés, se olvida que muchas veces la solución a esta tensión está en el cuerpo, concretamente en la masturbación, porque no solo se trata de desconectar a nivel mental. Incluso los dolores menstruales se benefician de la masturbación.

 

"Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor"

 

Esto es lo que Inma, Xandra, María y Maitena recuerdan en este reportaje. Pero… ¿qué es exactamente lo que hace conectar con el cuerpo, concretamente con el de la mujer? La respuesta es: la masturbación. ¿Cómo? Estas cuatro mujeres conocedoras y profesionales cada una en un ámbito sexológico, destripan los beneficios y los pudores a los que las mujeres se enfrentan con este tema tan natural.

María Torre, Masturbación femenina
María Torre

María Torre, sexblogger, es una mujer muy activa en las redes y a través de su canal de Youtube de Ars eróticas y su blog, anima a las mujeres a quererse, conocerse y a no tener pudor ninguno en explorar el cuerpo. “Una de las lecciones más importantes que nos da la masturbación es cómo somos, qué es lo que nos gusta, cómo nos gusta y cuáles son nuestros puntos clave de placer”, explica María. Además, es importante no olvidarse de los beneficios que algo tan natural puede traer en el día a día: Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor”, descubre para Somos Peculiares.

Inma de Lezana, Sexóloga y directora de Landaize (escuela sexológica vasca), da otra perspectiva de las bondades de la masturbación y explica las diferentes funciones que desempeña según el momento: “Hay ocasiones en las que simplemente sirve para descargar tensión o para resolver una excitación. En otras ocasiones puede ser un encuentro más erótico y recreativo o una fuente de exploración y autoconocimiento”.

 

Compartir experiencias para conocerse 

Xandra, masturbación femenina
Xandra García

Xandra García es Sexóloga y está en proceso de convertirse en doula, (profesión que da apoyo emocional a las mujeres en el embarazo, el parto y el post parto) y Maitena Usabiaga, Sexóloga también y licenciada en Psicología, ofrecen su punto de vista profesional y vivencial respecto a la masturbación en las mujeres, concretamente sobre el hecho de si es un tema que se comparte en un grupo de amigas/os. “Cuando teníamos nueve años compartíamos las vivencias de cómo nuestro clítoris nos hacía cosquillas andando en bicicleta, con el chorro de la ducha, con las manos, viendo una película...”, recuerda Maitena. Pero reconoce que una vez que las niñas van creciendo este tema se va borrando de las conversaciones: “A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso”. Xandra en cambio afirma que se habla de la masturbación, pero en clave de humor: “Muy rara vez se habla desde un compartir la experiencia o las inquietudes”.

 

"A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso"

 

La masturbación femenina y la masculina siempre han tenido unas diferencias obvias en cuanto a lo naturalizada que está tanto en la sociedad como en la intimidad, pero Xandra reconoce que esto no es así en la infancia: “No existen diferencias entre los niños y las niñas que se masturban, aunque en estas edades hablamos de autoexploración”.

En cuanto al porqué se desarrollan estas diferencias Maitena tiene una opinión muy contundente: “La vulva es un parte del cuerpo que debe permanecer oculta, que representa lo prohibido, está ahí para mear, sangrar y parir. Es el cuento que nos han contado y aunque el pene también debe estar oculto, tiene una significación diferente, conectado con la dominancia”.

 

La masturbación no es un sustituto de la pareja

María de Ars Eróticas lo tiene muy claro y quiere concienciar sobre esta idea: “Sigue habiendo muchas personas que piensan en la masturbación como una actividad que sustituye a una pareja sexual”. Dice que es una idea que hay que eliminar, pero también incide en las ventajas de la autoexploración antes de iniciar una relación erótica con alguien. “Si tú no te reconoces y aceptas cómo eres te dará mucho pudor mostrarte ante otra persona. Si una de las partes tiene claro lo que le gusta, va a llevar la voz cantante”, analiza. “Si ambos saben lo que les gusta, el encuentro será más equilibrado”.

Inma Ruiz, masturbación femenina
Inma de Lezana

Hoy en día no mucha gente conoce el funcionamiento de los genitales femeninos involucrados en proporcionar placer: la vulva y el clítoris. Inma recalca la necesidad de conocerlos más allá de la reproducción: “Entender que la excitación sexual de las mujeres también resulta en una erección y que difícilmente se puede tener un orgasmo sin estimular el clítoris, ayuda a las mujeres a convertirse en protagonistas y artesanas de su vida erótica”. Esto lleva a Inma a revelar el sorprendente hecho de que hasta hace muy poco no había en la educación sexual una imagen clara del clítoris. “Ha sido un órgano sexual eludido”.

 

"La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología"

 

Aunque el darse placer a una misma es un tema que los últimos años ha evolucionado hacia la naturalización, todavía hay mucho camino por recorrer y, como en todo recorrido hacia el cambio, se pueden encontrar contradicciones. Esto es lo que Inma recalca: “Por una parte parece admirable y deseable que una mujer se adueñe de su placer, pero por otro lado aún existen dificultades para asumirlo”.

Quizá prevenir que las personas asimilen estos tabúes o la falta de conocimiento en el ámbito erótico se puedan solucionar, en gran medida, con la educación. En ciertos aspectos Xandra explica que todavía hay huecos que completar: “La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología”.

 

La masturbación como terapia

Maitena, masturbación femenina
Maitena Usabiaga

Entrando en el terreno de las terapias, Maitena e Inma hablan de la anorgasmia en la mujer (la ausencia de orgasmos durante el encuentro sexual) y los procedimientos a seguir en las terapias. “Creo que todas hemos sido y somos anorgásmicas, ya que no en todos los encuentros tenemos orgasmos. Hemos caído en el pecado de pensar que es lo más importante y que debemos tenerlos para valorar que hemos tenido un buen encuentro erótico.” Con esta afirmación Maitena intenta aportar un nuevo punto de vista respecto a la presión que se puede sentir en un encuentro erótico para que todas las partes tengan un orgasmo, sin embargo, insiste en que no quiere quitarle importancia al orgasmo, sino que cada uno debe decidir la importancia que quiera darle.

Inma explica los ejercicios que se suelen hacer en las terapias focalizadas en esta situación, como, por ejemplo: los ejercicios de autoexploración, focalización sensorial y estimulación. “Se trata de que ella misma explore las sensaciones de su cuerpo de forma gradual hasta sentir el placer que busca. En pareja se plantea enseñar la destreza del tipo de estimulación e intensidad”, comparte.

Como guinda a este pastel creado por cuatro poderosas féminas, la frase que Xandra comparte con Somos Peculiares es la perfecta: “No están más liberadas del patriarcado las mujeres que se masturban más que las que se masturban menos. Cada mujer debería ser soberana de su propio placer para hacer y deshacer a su gusto”. Ahí queda chicas.

De Peculiares

¿Sabías que hay personas que tienen un tipo de sonambulismo sexual?

¿Sabías que hay personas que tienen un tipo de sonambulismo sexual?

16 de noviembre de 2018

Laura Marcilla

Se llama sexomnia y es una parasomnia, es decir, un trastorno relacionado con la conducta del sueño. En concreto, las personas con sexomnia tienen comportamientos sexuales, como masturbaciones o intentos de relaciones sexuales, mientras duermen y sin ser conscientes de ello.

Este nombre lo usa por primera vez el Dr. Saphiro en 1996, aunque a veces también se emplean términos como 'sonambulismo sexual' o 'sexambulismo'. A pesar de que la sexomnia tiene algunas características en común con el sonambulismo (por ejemplo, que la persona no es consciente durante los episodios), los expertos piensan que es un trastorno diferente.

Al ser algo que ocurre mientras están durmiendo, muchas personas con sexomnia no son conscientes de este desorden del sueño, y otras solo se dan cuenta de lo que ocurre al encontrar señales a la mañana siguiente, tales como la ropa quitada o manchas de semen, o bien porque sus parejas les cuentan los episodios ocurridos durante la noche anterior.

Esta es una de las razones por las que es muy difícil identificar qué porcentaje de personas sufren sexomnia realmente, aunque se cree que es un fenómeno relativamente frecuente y por lo visto es más habitual en hombres que en mujeres.

Las causas de este trastorno no están del todo claras. Es posible que haya algún componente genético, ya que no es extraño encontrar varias personas de la misma familia con sexomnia. También parece estar relacionado con el consumo de alcohol o de algunas drogas o incluso con el estrés.

Actualmente no existe 'cura' para la sexomnia, de manera que, cuando es necesario, se tratan los síntomas con terapia psicológica y con algunos medicamentos genéricos para la ansiedad. No obstante, no todas las personas que padecen sexomnia lo encuentran problemático. De hecho, hay parejas que incluso informan de que estos episodios que ocurren de vez en cuando les han servido de excusa para continuar con la “faena” una vez que el sexomne se despierta y añadirle un inesperado punto sexy a la noche.

De Peculiares

Kit erótico para viajar en avión

 

 

Parece que las vacaciones solo traen consigo sol y tiempo libre, pero pueden traer mucho más. Tanto si vais solos como acompañados la diversión está asegurada con este kit erótico de viaje que nos ha propuesto la tienda erótica Diversual. Para seguir disfrutando de vuestra sexualidad, fantasías y deseos vayáis donde vayáis.

Melanie Quintana Molero

 

Elegir cuales son los juguetes que más se adecuen a vuestro viaje suele ser complicado, bien por el espacio reducido de la maleta, sobre todo si voláis con equipaje de mano, o porque lo que os interesa es que no sea especialmente llamativo, incluso que una selección pequeña de juguetes pueda cubrir todas vuestras peculiaridades.

El Kit Sex Toy Mega Morado, de la marca de juguetes Toy Joy, es interesante porque cubre los tres puntos anteriores. Pasa desapercibido, ya que entran todos los juguetes en un mismo neceser, al ser de una gama morada es discreto, y puede llegar a cubrir o servir para muchos y diversos juegos, el límite lo pone tu imaginación.

Este conjunto de nueve piezas multifuncionales, perfecto para viajar en avión, por un módico precio de 30,70€ incluye:

  1. Huevo control remoto(con cable) -- Material: ABS
  2. Funda de pene realista para vibrador -- Material: PVC
  3. Vibrador clásico -- Material: ABS
  4. Dildo flexible -- Material: PVC
  5. Manga masturbadora en forma de vagina -- Material: TPE
  6. Bolas anales -- Material: PVC
  7. Funda para el pene -- Material: TPE
  8. Anillo retardante -- Material: TPE
  9. Bolas chinas (5.5 x 2.5 cm) -- Material: PVC

El kit pasa perfectamente todos los requisitos que se piden en las aduanas europeas. Os dejamos si os entran dudas ocho consejos si vais a viajar con ellos en el avión (si viajáis fuera es recomendable que os informéis, ya que hay países que tienen una ley bastante estricta sobre el trasporte de estos productos).

Pero no solo es interesante por la facilidad de transporte que este kit erótico ofrece si no que también para aquellos que estén empezando a utilizar juguetes eróticos como juego dentro de sus relaciones o estén descubriendo o redescubriendo su erótica consigo mismos o en pareja, es un más que recomendable punto de partida, ya que ofrece una amplia gama de posibilidades de experimentación, tanto para la vagina, como para el pene o el ano.

Para aquellas que tengan claro que el amor de su vida es el Satisfyer también os comunicamos que pasa las aduanas sin problemas, aunque al no poder quitarle las pilas, ya que va por cargador, os recomendamos llevarlo sin carga. 

De Peculiares

Succionarás y succionarás y el orgasmo alcanzarás

 

 

Están hasta en la sopa. Solo se habla de ellos. Incluso han llegado a eclipsar a muchos juguetes eróticos. Los succionadores de clítoris están de moda, pero ¿qué son?¿Realmente es cierto que pueden provocar el “orgasmo definitivo” como dicen? Nosotras hemos querido averiguarlo y gracias el equipo de Diversual, quienes nos dejaron probar la joya de la corona, el Satisfyer Pro2, hemos llegado a varias conclusiones. Pero vayamos por orden.

Melanie Quintana Molero 

 SUCCIONADORES:

¿Qué son los succionadores de clítoris?

Son unos juguetes que estimulan el clítoris gracias a la circulación de aire que producen con golpes de succión y liberación del mismo que pueden llegar a estimular y erectar el clítoris. Los más antiguos estaban diseñados para abarcar tanto el clítoris como los labios vaginales; ahora están diseñados para centrarse en el primero.

¿Orgasmos rápidos?

Depende. Según el momento, el lugar, tu estado de ánimo, si estás a lo que estás o pensando en el trabajo. Cada mujer es un mundo, con sus modos y sus maneras, no os dejéis influenciar por las experiencias de las demás. ¡Probadlo!

Hemos de señalar que para aquellas personas que no están familiarizadas con los succionadores la primera impresión es extraña, nueva e impredecible. Puede encantarte o disgustarte. Sea como fuere, dadle más oportunidades. Así como la primera vez que tenemos un encuentro con una persona diferente a la que estamos acostumbradas o si mantenemos una relación erótica por primera vez con alguien, hay que cogerle los ritmos, las maneras, amoldarse al otro, con el succionador pasa igual. Lo primero es descubrir qué es lo que te gusta, cómo te gusta. Nuestro gozo depende de cuanto estemos dispuestas a disfrutarlo, a aprender, a acompasarnos al nuevo compañero o compañera. Eso sí, en cuanto le encuentras el gusto al succionador… es otro mundo.

¿Hay alguna manera concreta de usarlo?

El succionador está preparado para actuar por sí solo (ojala todo fuera igual) y diseñado para provocarte sensaciones sin casi cambiarlo de posición. Os recomendamos que la primera vez utilicéis un lubricante de agua para que no se reseque la zona y empezar de menos a más. Explorad, y no os emocionéis poniéndolo a toda potencia la primera vez.

Al tener varias velocidades, lo primero que os aconsejamos es que busquéis aquella que os hace estar cómodas y que no lo utilicéis como si fuera un vibrador. ¡No os emocionéis moviendo la mano! Dejad que él haga su trabajo y luego, si queréis, introducir vuestro ritmo en el movimiento.

¿Se puede lavar?

Sí. De hecho se puede utilizar bajo el agua. Los cabezales son de silicona, preparados para evitar posibles reacciones alérgicas. Tiene un cargador con entrada USB que permite cargarlo tanto con el cabezal del cargador del teléfono móvil como con el ordenador. Recomendamos lavarlo después de cada uso para alargar la vida del juguete y mantenerlo cargado. La primera vez dejad que se cargue del todo antes de usarlo.

¿Vale cualquiera?

Elegir bien el modelo es importante. Aunque todos parezcan iguales no lo son. El diseño de cada succionador está preparado para diferentes morfologías y sensibilidades. Hay cabezales más grandes para clítoris más voluminosos y modelos más o menos potentes para mujeres con más o menos sensibilidad. Y el diseño también influye en si estamos más o menos cómodas sujetándolo. Os invitamos a que investiguéis la web de Diversual y descubráis de cuáles disponéis. Nosotras os dejamos el enlace al Satisfyer Pro 2, que es el que hemos probado y dos succinadores más de los muchos que tienen en su web. 

De Peculiares

El espejo del baño

relato erótico, masturbación femenina
 
 
 "Lentamente, me la metí en la boca, disfrutando
de cada dedo, uno a uno, mientras mi reflejo
era consciente de mis hazañas"

 

MELANIE QUINTANA MOLERO

 

El espejo lo acababan de limpiar. Ese espejo que sirve para verme de cuerpo entero cada mañana y que cuelga al lado de la puerta del baño. Ese espejo con su marco blanco y su largo cristal. Ningún dedo sobre él.

Silencio. No era capaz de escuchar nada. Mis compañeras de piso dormían. ¿Cuánto hacía que había entrado? Estaba allí, mirándome, atentamente. Perdí la noción del tiempo. Estaba sola en el baño. Compartir piso con María y Ana no me dejaba mucho tiempo para mí. Para estar sola. Pero aquella mañana ambas estaban en sus camas tras haber salido de fiesta. Verme sola en el baño, ese baño sin cerradura, hizo que mi mente jugara a pensar “y si… ¿es aquí y ahora?”. Ese fugaz pensamiento provocó una reacción inmediata sobre mi cuerpo, como si le estuvieran hablando directamente a mi clítoris. Ese instante de intimidad hizo que mi yo lujurioso cobrara vida. Quería tocarme.

Fijé la vista sobre el espejo, aquel espejo que me miraba reflejando mi propio deseo. Noté como mis pupilas se dilataban y no pude evitar morderme ferozmente el labio inferior, dejando una marca blanca tras mis dientes. Al humedecer mis labios, las manos no tardaron en reaccionar. Fueron directas hacia mis bragas, impacientes. Una pequeña costura sobresalía sobre mi falda gris. La agarré con ambas manos y tiré de ella con fuerza, hacia arriba, apretándolas sobre mi vulva con violencia y haciendo que mi entrepierna respondiese al instante. La cabeza reaccionó junto a mi espalda, arqueándose hacia atrás para absorber aquel placer feroz que yo misma me estaba provocando.

Volví a conectar con el espejo y me dí cuenta de que mis pechos pedían a gritos ser liberados. Me levanté la camiseta, esa que me había acompañado toda la noche de fiesta y que ahora estaba sudada, mojada. Suavemente pero con seguridad, levanté la camiseta blanca dejando que acariciara mi cuerpo a su paso, rozándola sobre mis pechos desnudos, dejando que éstos se movieran de arriba a abajo cuando perdieron el contacto con la camiseta. Mis tersos y suaves pechos.

 

 
 
 "Instintivamente, como si el reflejo de mi excitación me controlara, puse la mano plenamente abierta, sudada y caliente sobre el cristal frío. Una aureola de calor rodeó mi mano y calentó el espejo en menos de un segundo. Y me quedé ahí durante un instante, siendo consciente de mi calor"

 

 

Duros, deseantes. Verme tan excitada frente al espejo le dio licencias a mi cabeza para volverme a hablar: “Es aquí, es ahora”. Lentamente, bajé las manos hasta llegar a la falda gris, introduje ambas manos bajo ella y retiré las bragas a trompicones. Mis dedos eran torpes. Aún notaba los efectos del alcohol. Empujé las bragas. Cayeron sobre el suelo y con un movimiento casi ensayado saque mis pies de ellas, lanzándolas hacia un lado.

Una vez más volví a conectar con mi reflejo. Aquel espejo tan limpio, tan brillante. Aquel espejo pedía a gritos que le tocaran. Instintivamente, como si el reflejo de mi excitación me controlara, puse la mano plenamente abierta, sudada y caliente sobre el cristal frío. Una aureola de calor rodeó mi mano y calentó el espejo en menos de un segundo. Y me quedé ahí durante un instante, siendo consciente de mi calor.

Mi otra mano iba por libre. Salvaje. Viajaba sobre la cara, el pelo, mis ojos, mi cuello. Deteniéndose en los contornos de mi suave piel. Mi boca respondía ante tal excitación abriéndose de par en par. Me costaba respirar con facilidad. Necesitaba abrir más las piernas, cada vez más. Con cada movimiento notaba como mi vulva se liberaba y dejaba que la acariciase el aire frío que subía bajo la falda gris. Mis pechos descubiertos pedían a gritos más caricias. Pero no quería ser dulce, quería ser salvaje, así que no tuve compasión con ellos. Los agarré firmemente, con fuerza. Tenía la necesidad de arañármelos, de apretarlos fuerte.

Deje los pezones para el final. Apreté mis dedos alrededor de ellos y tiré con fuerza. Se pusieron más duros, más firmes. Hice círculos sobre ellos. Primero el izquierdo. Luego el derecho. Tiraba y apretaba hasta que la sensibilidad del roce era casi insoportable. ¡Cómo me excitaba ver mi reflejo en el espejo! Aquella mujer que ferozmente se daba placer, cómplice, retándome a tocarme más.

Obedecí a mis deseos y bajé la mano por el ombligo, despacio, reconociendo cada parte de mi piel. Acaricié las costuras de la falda sobre mi cintura y metí los dedos bajo ella para seguir con mi viaje. Me molestaba, no me dejaba avanzar. Quería ver todo mi cuerpo y la falda me lo impedía. Torpemente, una vez más, tiré intentando desprenderme de ella. Según iba bajando rozaba mi culo con brusquedad. La goma dura que evitaba que se cayera era demasiado estrecha para quitármela por abajo y eso hizo que dejara un rastro de arañazos sobre mi piel. Me ardía cada milímetro que la falda había rozado, pero aquel dolor se volvió de lo más placentero. Quería más y esa necesidad fue directamente absorbida por mi clítoris. Deseante. Quien pedía a gritos mis manos.

Volví a mi ombligo y retomé aquello que había dejado a medias. Qué maravilloso era verme desnuda. Mis manos no tardaron en buscar mi vulva. Dejé que mi palma la cubriera y guardara el calor que ambas emanaban. Los dedos no podían esperar. Uno tras otro, todos querían tocar. Acaricié todo mi clítoris, suavemente, de arriba abajo, y lo que empezó siendo una caricia terminó siendo algo brusco y violento. Los dedos me tocaban de maneras que solo yo sabía que me daban placer. Sabían dónde tocar, provocando que mi cuerpo se arquease. Solo con la sujeción de mi mano izquierda sobre el espejo no me valía. Me temblaban las piernas del placer. Quería más.

Acariciaba mi vello, luego mis labios, la vulva, el clítoris, en círculos, en movimientos lentos y salvajes. ¡Dios! aquellos pechos turgentes. Volví a tocarlos. Estaban tan duros. Tan firmes. Abrí la boca y dejé que toda mi mano entrara en ella, empapándose de mi saliva, humedeciéndola. Quería mojarme, así que la llevé directamente hacia el clítoris.

 

 
 
 "Cada vez estaba más mojada. “Vamos, regálame este orgasmo”. Mis propias órdenes resonaban firmes. Tenía que obedecer. Mi mano seguía instintivamente el movimiento una y otra vez. Cada embestida era más poderosa, cada caricia más lujuriosa"

 

 

Me excitaba tanto escucharme en mi cabeza. Darles palabras a mis deseos. “Tócate el coño guarra, vamos sé que quieres tocarte el coño, córrete para mí, vuélvete atocar y córrete para mí puta”. Y como si fuera esclava de mis pensamientos, obedecí todas mis órdenes. Me tocaba de forma brusca, desesperada, anhelante.

Respiraba con irregularidad, estaba dejando un rastro de vao a mi alrededor. Estaba húmeda, muy húmeda. Completamente mojada. Introduje mis dedos acariciando aquella humedad y lo añadí al movimiento. Vello, labios, vulva, clítoris, vagina, dedos. “Córrete perra, vamos córrete para mí”. Una y otra vez. Aquellos movimientos me estaban destrozando, llevándome al límite. Me temblaba el cuerpo con cada embestida. Quería más, otra vez, una vez más. Vello, labios, vulva, clítoris, vagina, dedos y vuelta a empezar.

Cada vez estaba más mojada. “Vamos, regálame este orgasmo”. Mis propias órdenes resonaban firmes. Tenía que obedecer. Mi mano seguía instintivamente el movimiento una y otra vez. Cada embestida era más poderosa, cada caricia más lujuriosa. Notaba cómo mi corazón latía cada vez con más brusquedad. Y una vez más repetía el movimiento. Rápido, brusco, violento y vuelta a empezar. Hasta que no pude controlarlo y dejé que el orgasmo me poseyera.

Ese instante recorrió mi cuerpo de arriba a abajo. Esa sensación que me obligó a cerrar los ojos e hizo que encogiera los dedos de los pies, ese momento en el que me faltaban las fuerzas y me costaba respirar. Esa sensación. Ese instante en el que escuchaba mi corazón retumbar tan fuerte contra mi pecho que parecía que estuviera hablando. En esos segundos la piel se me erizó. Se paró el tiempo. Ese instante.

Abrí los ojos bruscamente para mirar mi reflejo. Aquel que había sido testigo de mis deseos. Y allí estaba yo, aún con la mano sobre mi vulva, intentando atrapar esa sensación. Poco a poco recobré las fuerzas. Junté las piernas con intención de recobrar el equilibrio y me miré la mano. La mano que me había hecho sentir aquel orgasmo. Aquella que estaba cubierta de mi humedad, de mí. La mire por ambos lados y sentí la necesidad de probarme, quería saber a qué sabia mi orgasmo. Lentamente, me la metí en la boca, disfrutando de cada dedo, uno a uno, mientras mi reflejo era consciente de mis hazañas. Sabía a excitación, a mi vagina, a mí. Me encantaba. Era como chupar mi propia esencia.

Recordé que mi mano izquierda aún se apoyaba sobre el cristal y, tras mirarla con detenimiento decidí retirarla. Al hacerlo me quede más alejada del espejo y eso me permitió observarme mejor. Mi cuerpo desnudo, excitado, complacido. Me acaricié suavemente. Amaba mi cuerpo y todo el placer que me daba. Y luego miré al espejo que acababan de limpiar. Ese espejo que sirve para verme de cuerpo entero cada mañana y que cuelga al lado de la puerta del baño. Ese espejo con su marco blanco y su largo cristal. El espejo que ahora tenía mi mano sobre él.