Tú qué vas a opinar, puta

Día contra la violencia de género

17 de octubre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Voy a putear un rato. Me refiero a que voy un rato a joder, pero no entendido cómo hacer daño a alguien, sino a la jodienda. A sacar a mi puta a pasear. ¿Y por qué me apetece sacarla? Pues porque ayer estuve en una charla de un sindicato de trabajadoras sexuales llamada Otras y me han inspirado. Lo de “voy a putear un rato” lo dice una mujer de 90 y pico años que sigue dedicándose a la prostitución. Me hizo tanta gracia y me gusto tanto, que quería hacerle un guiño y mencionarla. Porque lo que no se menciona no existe y al parecer existen mujeres que se dedican a la prostitución y tan contentas. Sí, tan contentas, aunque nos cortocircuite el cerebro.

Este sindicato se creó para luchar a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales; actrices porno, strippers, prostitutas, bailarinas de pole dance... Un grupo de trabajadoras que está dando mucho de que hablar, porque al parecer todo el mundo se siente con la licencia de hablar de ellas y demasiadas veces por ellas. Era la primera vez que me encontraba en frente de una puta, pero no es la primera vez que hablo de ellas. Y esto hace que me pregunte: ¿Cuántas de nosotras conoce a alguien que trabaja como trabajadora sexual? ¿Por qué parece que todo el mundo sabe de ello y resulta que nadie habla con ellas?

Es la pregunta que le hice a la ponente, Concha. Y me contestó que era porque todo el mundo folla, y como folla todo el mundo, podemos hablar de ello. Hablamos de ellas como si fueran una pobrecitas, mujeres engañadas y desesperadas que no tienen otra que dedicarse a abrirse de piernas y vender su cuerpo. Porque sabemos que el cuerpo es un templo sagrado que no se debe compartir con cualquiera, ¿no? Hablamos de ellas como si todas fueran parte del tráfico de mujeres, como si todas estuvieran ahí porque un proxeneta las ha engañado y manipulado. Al fin y acabo, creemos que son gilipollas, mujeres sin criterio y explotadas. La mujer que tenía en frente no era gilipollas, ni tenía una pizca de tonta. Hablaba desde una posición empoderada, hablada de decidir trabajar de ello. Ella y muchas de sus compas deciden dedicarse a ello y lo que quieren es que el estado les de lo que les corresponde; protección laboral y social, un contrato que garantice los derechos laborales ya que tienen una relación laboral con sus clientes y, en muchos casos, con el empresario que lleva los clubs. ¿Es tanto pedir? Al parecer sí.

Están en contra de toda explotación, en contra de los proxenetas que siempre ganan dinero y nunca lo pierden, en contra de que nuestros derechos sean pisoteados, en contra del sistema capitalista patriarcal salvaje que ilegaliza a las personas. Pero ellas quieren que sus trabajos se reconozcan y piden ser una ciudadana más y no la última mierda de la sociedad. Porque ¿qué hay peor y más denigrante que ser puta, migrante y transexual? Dicen que ya no tienen nada que perder, porque nadie les reconoce nada, pero por ello, tienen todo que ganar y no se van a callar. Los jefecillos tienen que estar temblando porque es sabido que no les interesa para nada que haya trabajadoras empoderadas y menos que haya mujeres sin miedo dispuestas a luchar a lo grande.

Cuando decía que ya no tienen nada que perder, habló sobre las diferentes violencias que sufren como trabajadoras. A muchas nos vino a la cabeza la violencia ejercida por los puteros. Pues no amigas, ella ni los mencionó. Habló de la violencia policial, del estado, de la sociedad, de las ordenanzas municipales, de las sanciones económicas, deportaciones, de las retiradas de las custodias, de las amenazas institucionales, de la discriminación...

En los tiempos que se habla de feminismo liberal... ella hablaba de lucha obrera. Son trabajadoras, aunque mucha gente no las reconozca como tal. Decía que esta sociedad sigue siendo tremendamente clasista y racista. Clasista porque seguimos clasificando a las personas por su trabajo, su adquisición monetaria, sus apellidos, su estatus. Racista porque queremos que las gentes que no pertenecen a este maravilloso estado español trabajen en lo que nosotras no queremos trabajar y que cobren el mínimo sueldo posible y no tengan los mismos derechos. No quieren regularizar su estado actual, prefieren llamarlos ilegales y tenerlos en los suburbios aguantando situaciones tremendamente precarias e inhumanas.

La gente va a seguir queriendo venir a esta Europa que vende ser el primer mundo, donde todas las ciudadanas y ciudadanos vivimos en armonía y donde se puede ser feliz. Van a seguir viniendo porque ya nos encargamos de que en sus países la vida sea insostenible, porque el neoliberalismo no tiene intención de parar y seguiremos explotando sus tierras y su mano de obra casi gratis. Sabiendo que la migración es una realidad, sabiendo que la prostitución va a seguir existiendo ¿por qué no mejorar las condiciones de las protagonistas?

La ponente habló sobre el nacional abolicionismo. Se refería a todo este movimiento que se ha empeñado en machacar a las prostitutas y ahogarlas hasta puntos insospechados. Aquellas que hablan por ellas sin ni siquiera preocuparse en escucharlas. Ese movimiento que sigue favoreciendo al proxenetismo y la explotación. Porque si no mejoras las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras, quien sigue beneficiándose siguen siendo los mismos, los explotadores. ¿Cómo hacemos que desaparezca una profesión? ¿Precarizando más a quien menos tiene? ¿Poniendo multas a las mujeres que ocupan las calles para sacarse el sueldo? Es sabido que cuanto menos tienes, más necesitas y si no te dejan trabajar en condiciones reguladas, lo vas a hacer de manera que se considere ilegal. Porque necesitamos comer, vivir en un espacio seguro, movernos, socializar... Está claro que mantener a las putas calladas y escondidas sigue beneficiando al propio estado. No quieren manchar su imagen en apoyar a las trabajadoras sexuales, pero al mismo tiempo, siguen permitiendo que estas mujeres trabajen en condiciones lamentables y sin protección. La moral, ante todo. El sexo sigue siendo sucio y sagrado.