Libros infantiles para fomentar la igualdad

29 de diciembre de 2019

Laura Marcilla

Algo tan complejo como la igualdad no se puede envolver para regalo, pero a veces encontramos alguno de esos objetos mágicos (llamados libros) que nos acercan un poquito más a ella.

En esta lista no están todos los que son (afortunadamente cada vez hay más opciones sobre esta temática), pero desde luego son todos los que están. Son libros con los que se puede trabajar la educación sexual y centrar el foco en áreas diferentes, como diversidad familiar, estereotipos de género, homosexualidad, transexualidad, gestión emocional y autoestima.

Ahora me llamo Luisa, de Jessica Dalton

Ahora me llamo Luisa libroEs un cuento sencillo sobre la transexualidad, sin caer en explicaciones, justificaciones o vueltas demasiado complejas para los niños y niñas. La protagonista es un(a) peluche que revela a su amigo que ya no se llama Luis, sino Luisa. Aceptación y final feliz. En el cuento, Luisa mueve su pajarita a lo alto de su cabeza convirtiéndola así en un lacito. Mi consejo personal es que se puede jugar con los más pequeños a dibujar lacitos y pajaritas y de paso aprovechar para reflexionar sobre los estereotipos de géneros: sí, Luisa es una chica y Luisa lleva lazo, pero seguiría siendo una chica aunque llevase pajarita, porque no hay ropa de niño y ropa de niña y porque lo que nos gusta hacer o ponernos no es lo que define quienes somos en realidad.

El arcoíris de Blas, de María Largo

Blas pasea con su madre y se encuentra banderas de colores que no sabe lo que representan. La madre aprovecha para explicarle lo que significa cada color: respeto, igualdad, amor, orgullo… No es un cuento sobre el colectivo LGBT+ en sí, sino sobre los valores que todos debemos compartir para vivir en sociedad. Y al final del libro, brevemente, cuando Blas ya se ha hecho mayor, le presenta a su novio a su madre, pero no se hace de ello un drama ni un gran descubrimiento, es tan natural en el libro como debería serlo siempre en la vida real. Para trabajar con niños se les puede sugerir que diseñen su propia bandera usando los colores del arcoíris y sabiendo lo que representa cada uno. Y aunque no tenga nada que ver con el libro, aprovecho para contar esta historia porque necesita ser contada: en una clase de 3º de primaria, en una fecha cercana a la celebración del orgullo, me presenté, entre otras cosas, con este libro y una bandera LGBT´+. Al sacar la bandera pregunté a los niños y niñas si la habían visto (la mayoría sí) y si sabían qué significaba. Casi todos admitieron no saber su significado, otros dijeron cosas como que era la bandera del cielo (por eso del arcoíris) o incluso la bandera de Alemania. Y una niña, con esa particular habilidad que tienen los más pequeños para impartir sabiduría sin saber que lo están haciendo, me dijo sin el menor atisbo de duda que esa bandera servía “para poner felices a las personas que están tristes”. Ojalá podamos transmitir ese tipo de ideas con estos cuentos.

Familias, por Oh! Mami Blue

La palabra para definir este libro es, sin duda, ternura. Es un libro sencillo, con imágenes de familias durmiendo abrazadas en camas enormes donde caben todos. Hay familias numerosas, familias pequeñas, familias multiculturales, familias adoptivas, familias de abuelos, familias embarazadas, familias con parejas del mismo sexo. Básicamente el mensaje es que ni el tamaño, ni el color, ni el sexo, ni la edad importan, que lo único que importa y lo que realmente crea una familia es el amor. A cada dibujo le acompaña una pequeña descripción en verso de cada familia y se puede leer en el orden que se desee, incluso eligiéndolas al azar. Además, todos los miembros de cada familia están dibujados sin ropa, con lo cual puede ser una excusa interesante para enseñar a los más pequeños que la desnudez es algo íntimo, pero no es sucio, para ponerle nombre a los genitales y para empezar a crear una relación sana y positiva con su cuerpo que no se base en la vergüenza o el pudor.

Las cosas que le gustan a Fran, de Antonia Santolaya y Berta Piñán

¿Sabéis esas adivinanzas cuyas respuestas son tan sencillas que muchos adultos las pasamos por alto mientras que los niños y niñas las encuentran obvias? Pues algo así pasa con este cuento. Fran es la nueva pareja de mamá. Todo el rato, en el cuento, se nos habla de Fran. Podría parecer un libro más para ayudar a superar a los niños una ruptura de los padres o un divorcio que vengan seguidos de una nueva pareja. Pero no. El mensaje es otro. Solo al final del libro (atención, que vienen spoilers) nos damos cuenta, después de tanto y tanto hablar de Fran, de que la nueva pareja de mamá es una mujer: Francisca. Seguramente este final sea un giro de guion que sorprenda a algunos adultos más que a muchos niños. De hecho, tras varias lecturas dramatizadas esperando que los niños y niñas de la clase se quedasen pasmados con esta revelación, me he dado cuenta de que la persona más asombrada del aula suele ser la profesora. También hay niños y niñas que hacen preguntas (por supuesto, pero no más con este libro que con cualquier otro). Después de explorar qué piensan sobre que dos mujeres estén juntas y explicarles que hay gente a la que le resulta “extraño” que Fran sea mujer y tenga novia, a menudo las preguntas son tan inocentes como “¿y por qué no se cambia el nombre para que nadie más se piense que es un chico?”. Ojalá se pudiera enseñar a las personas mayores a seguir viendo el mundo con los ojos con que solíamos hacerlo a esas edades.

Daniela Pirata, de Susanna Isern.

En este cuento nos presentan a Daniela, cuyo mayor sueño es ser pirata. Además de un canto a la igualdad de oportunidades lo cierto es que la historia del libro es realmente entretenida. Se le van planteando a la joven protagonista una serie de retos que supera con soltura. Si nos gusta involucrar a los niños en la lectura, se les puede pedir que representen las mismas pruebas por las que pasa Daniela (hacer sentadillas, pegarse una carrera, andar en silencio por la habitación). Por su puesto mi consejo sería no hacerlo de esta manera si lo estamos leyendo como cuento de buenas noches, ya que entonces solo conseguiremos espabilarles. Cuando a pesar de haber demostrado ser una magnífica pirata, a Daniela le niegan un puesto en la tripulación, la respuesta unánime suele ser indignación ante tamaña injusticia: “¿qué más da que sea chica? Las chicas también pueden ser piratas”. Es un cuento divertido, simpático que refleja una desigualdad real que aún existe (quizá no en la piratería, pero sí en otros muchos ámbitos). Por tanto, ofrece una buena oportunidad para reflexionar sobre por qué a las chicas se nos ponen más trabas para hacer algunas cosas.

También he descubierto recientemente que este libro tiene una secuela (“Daniela y las chicas piratas”) y, aunque no lo he leído, me atrevo a aventurar que puede ser un pack de lo más interesante para regalar en conjunto.

¡Vivan las uñas de colores!, de Alicia Acosta y Luis Amavisca.

Y de un cuento sobre los límites que suponen los estereotipos de género para las chicas, nos vamos a otro donde son los chicos quienes ven coartada su libertad. De las muchas cosas bonitas de este libro, una de las más significativa es que está basada en hechos reales, lo cual siempre es un plus para que los niños y niñas entiendan que esto no es solo una ficción, que estas cosas pasan de verdad. A Juan le encanta pintarse las uñas de colores, pero sus compañeros de clase se ríen de él. A pesar de que su amiga, su madre y su padre le apoyan, Juan solo se pinta las uñas los fines de semana, para que nadie le vea. El final feliz, por supuesto, acaba con muchos niños y niñas con muchas uñas pintadas de colores. Jugar con los niños a los que les leamos este cuento a pintarnos las uñas puede ser un buen ejercicio para llevar la igualdad más allá de las páginas del libro. Por supuesto, habrá niños que no quieran pintárselas y esto debemos respetarlo, pero siempre lo podemos acompañar de una reflexión al respecto. ¿Por qué no se quieren pintar las uñas? ¿Pensamos que el maquillaje es solo de niñas? Pintarse la cara de Spiderman en carnavales también es un tipo de maquillaje. Vayamos poco a poco deconstruyendo las ideas estereotipadas sobre qué cosas son “de niños” y cuales son “de niñas”. También nos encontraremos con niños que, tras negarse rotundamente a pintarse las uñas (“porque es algo de chicas”), al final quieran apuntarse a la actividad tras ver que otros compañeros lo hacen y que en el fondo es divertido y no pasa nada. Un cuento muy colorido y alegre, que además pone el foco en la necesidad de que todos y todas pongamos nuestro granito de arena para conseguir una igualdad real.

Yo voy conmigo, de Raquel Díaz Reguera.

La protagonista del libro no tiene nombre, lo que en realidad facilita que entendamos que esta situación podría pasarle a cualquiera. Pero lo que sí sabemos es que a nuestra joven amiga le gusta Martín. Le gusta muchísimo Martín. Le gusta tanto que está dispuesta a seguir todos los consejos que pueda para conseguir que Martín se fije en ella. Primero se cambia el peinado, luego se quita las gafas. En algún momento deja de canturrear canciones y hasta de hablar o sonreír, todo para obtener una mirada fugaz de Martín. Y sí, al final Martín la mira. Y sí, todos podemos caer en el error de creer que, para gustar a alguien, tenemos que dejar de ser nosotros mismos. Por suerte, al final de la historia, la protagonista entiende que es mucho más feliz siendo ella misma y recupera sus canciones, sus sonrisas, sus coletas, sus pájaros en la cabeza… “Yo voy conmigo” es un libro muy conmovedor sobre la importancia del amor propio y no me cansaré jamás de recomendarlo para absolutamente todas las edades (se puede trabajar también con adolescentes).

Cuando las niñas vuelan alto, de Raquel Díaz Reguera.

Otro cuento de la misma autora con valores similares sobre la importancia de creer en una misma para conseguir nuestros sueños. Sé que la autora tiene otros muchos cuentos más. todos con muy buenas críticas, y estoy segura de que también serían un acierto, aunque yo he escrito sobre estos dos porque son los que he trabajado en el aula y creo que funcionan. En este caso, Adriana, Jimena y Martina son tres amigas con grandes sueños. Sin embargo, poco a poco, la banda de Noloconseguirás se interpone en el camino de sus metas. Con personajes como “Don Quenadacambie”, el “Señor Inseguridad”, la “Señorita ideal” o “Doña Fragilidad”, las metáforas están servidas en bandeja. Estos villanos les van llenando de piedras los bolsillos, los zapatos y las mochilas, para que no puedan volar alto. Por suerte, al final del cuento, una nueva amiga más joven les recuerda que una niña puede ser todo lo que ella quiera y, tras descubrir las piedras que les impedían alzar el vuelo, ya no hay nada que les impida volar bien alto. De nuevo, esta historia no tiene edad.

El emocionómetro del inspector Drilo, de Susanna Isern.

Este libro no es un cuento. O al menos no es solo un cuento, es mucho más. Es todo un manual de trabajo sobre las emociones, sobre cómo las sentimos, cómo las reconocemos, cómo las expresamos, qué funciones tienen… Cada emoción está representada por un personaje diferente, un poco al estilo de la película “Del revés” (de hecho son dos materiales que se complementan perfectamente). Mimo, Asustín, Yupi, Topami, Ceñuda, Puaj, Ojiplática, Pelusa y Mr. Sad nos acompañan por este viaje de descubrimiento de las emociones, cargado de actividades, de reflexiones, de manualidades, de recetas… Como dije, no es un libro para leer, es un libro para trabajar(nos). Se podría hacer un artículo entero sobre esta obra y posiblemente quedarían muchas cosas en el tintero todavía, así que me voy a limitar a recomendarlo encarecidamente para que cada familia o cada clase pueda descubrirlo a su propio ritmo sin demasiados spoilers. Es un libro un poco más caro que el resto de esta lista (tampoco ninguna locura), pero merece cada céntimo y ofrece muchas horas de crecimiento personal. Además, en la página web del libro podemos encontrar aún más materiales extras para seguir profundizando. No tiene ningún desperdicio.

 

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