De Peculiares

Es importante ponernos límites a nosotras mismas y a lxs demás

29 de abril de 2020

Yaiza Morales

El lenguaje que usamos y cómo transmitimos nuestros pensamientos e ideas es algo a lo que la mayoría de nosotros NO le prestamos mucha atención. Vamos con el piloto automático puesto y así funcionamos. 

O mejor hablo por mí. Me pasa mucho que NO paro de repetir ante cualquier situación con la que NO me siento segura que “uy NO, yo eso NO puedo o NO se me da bien”  como excusa para ni probarlo; u “ojalá tal o cual cosa pase”; como si las oportunidades me tuvieran que caer del cielo; o incluso, doy miles de rodeos cuando se trata de pedir algo a alguien en vez de ser concisa y directa. 

Esto me lleva al punto de pensar que lo que quiero y lo que estoy transmitiendo o demandando acaban siendo dos cosas distintas y eso, sin darme cuenta, me crea una sensación de desasosiego y frustración porque; por otro lado, NO entiendo por qué la comunicación NO funciona. 

Me pasa como con la mayoría de grandes verdades en la vida, que son tan obvias y sencillas que NO las veo tratando de buscar la opción más enrevesada posible por que “así soy yo”. Para justificarme siempre digo que escogí la vida en modo experto pero la realidad es que NO debería darme más excusas y ponerme manos a la obra conmigo misma.

Cuando se trata de pedir cosas a los demás, por tal de resultar lo menos molesta posible, puedo llegar a ser bastante ambigua e incluso enrevesada con las explicaciones que doy y esto es debido a que me aterra la idea de que me den una negativa. NO sé convivir con el descontento ajeno y necesito su aprobación para estar bien lo cual NO me parece lo más bonito y sano del mundo. Pero verlo como dicen es el primer paso.

Cuando me doy cuenta de estas cosas tengo un sentimiento ambiguo, ya que por un lado me siento bien por haberlo visto. Por el otro, tiendo a fustigarme por ser tan desastre. Pero NO es cuestión de desastres si no de cómo me trato a mi misma y cómo me hablo. Me he pasado la vida diciéndome que NO podía, que NO probara, que NO era apta o que las cosas NO dependían de mí. 

¿Cómo se supone que voy a tener confianza en mí misma si todo lo que me he dicho empezaba por NO? Así que aquí estoy, que visto lo visto NO puedo enfadarme conmigo misma por ello y NO sé cómo hablarme y todo ello me ha llevado a plantearme que el kit de la cuestión es que me estoy dando los mensajes erróneos y por eso NO me entero de nada. ¡Hay que ver lo que son las cosas!

Llegada a éste punto, tengo dos opciones; seguir enfadada conmigo misma por tanto mensaje negativo; o cambiar el enfoque y empezar a comunicarme (tanto conmigo misma cómo con los demás) de un modo más positivo, claro, conciso y prestando atención a las expresiones o palabras que uso y por qué las uso.

El motivo principal de toda esta negatividad e incongruencia, son los miedos e inseguridades que me corroen;  y que, a través del lenguaje, engendran imposibilidades. Si me digo que no puedo repetidas veces, me lo acabo creyendo y al final, efectivamente no podré o desistiré antes incluso de probarlo porque ya tengo la certeza en mí de que así será.

Una herramienta (por llamarla de alguna manera) que me sirvió mucho tiempo de escudo para no hacer nada con todo esto y sentirme menos culpable fue la palabra OJALÁ después de cada mensaje negativo. Con ésta palabra me acomodé totalmente en la inacción ya que con ella, me quité la culpa de todo lo que me pasaba ( no dependía de mí) y esperaba que, o bien la ciencia infusa, o un ser divino, omnipresente y omnipotente (viva el absurdo, qué sé yo), viniera y se llevara toda aquella negatividad que, oh! pobre de mí, me impedía avanzar; y me ofreciera la oportunidad de mi vida sin yo tener que mover un triste dedo. ¡Y es que el papel  de víctima es muy cómodo!   

Cuando nos vemos víctimas de nuestra propia existencia, no nos preocupamos de ser artífices de la misma y aunque es una posición predispuesta a sufrir, es cómoda; ¡para qué negarlo! Aunque nada efectiva ni a corto ni a largo plazo.

Por otro lado está el tema de la incongruencia entre el “lo que quiero” y el “lo que transmito”. El principal problema en este sentido era una vez más el enfoque; y es que solía pensar que los demás debían sobreentender lo que yo quería o necesitaba aunque estuviera hablando en críptico, porque era lo lógico(para mí); y me mosqueaba luego si no se daba el caso. 

Si yo iba dejando miguitas de lo que necesitaba, sin especificar nada de ello, 1º no me mojaba y no tendría porque enfrentarme con la otra persona en caso de que no estuviera de acuerdo conmigo y 2º siempre podría desdecirme y acabar cediendo a los deseos del otro dándole otros matices a mis palabras pero con la consecuente sensación de frustración porque, una vez más, me había quedado sin tener lo que quería o necesitaba. 

¿Qué retorcido no? Pues sí, muy a mi pesar pero sí. ¡Mucha rabia me he comido y claro, luego eso se indigesta y tiene que salir! Con lo fácil que es en realidad hablar claro! Bueno, fácil  de entrada no, pero te vas acostumbrando, lo que sí es un alivio. Después de tantos años repitiendo dinámicas totalmente opuestas a ello, ahora cada vez que voy a soltar algo (que lo hago), me palpita el corazón en la garganta que parece que me va a desplazar la nuez de sitio; pero como digo, el alivio es tal y la sensación de felicidad al ver QUE NO PASA NADA, QUE TODO ESTÁ BIEN que compensa y mucho.

El miedo a no encajar, a no ser aceptada, al abandono, me hacía pensar mucho en qué decir y cómo decirlo hasta que lo asimilé como un modo de expresarme y se convirtió en algo automático. Lo que yo quería o necesitaba no era lo realmente importante,me decía, porque quedaba subeditado a contentar a los demás. 

El pensar en cómo hablar o comunicarme no era lo que estaba mal, sino el hacerlo para alienarme de mi misma y agradar a los demás. El hecho de pensar qué decir o cómo decirlo es una medida que en un momento dado puede resultar muy efectiva pero es muy perjudicial cuando es asumida y reproducida sin ser consciente de uno mismo. Si te olvidas de ti, si te dejas en un segundo lugar o tercero o cuarto en pos de los demás; ¿si tú no te cuidas y te encargas de estar bien y de tus necesidades, cómo lo van a hacer los demás si ni siquiera saben de la existencia de éstas necesidades?

Al final la conclusión que le saco a todo esto es que lo importante es la consciencia. No tanto la meta (inalcanzable por otro lado) de tratar de ser o mostrarme perfecta  y que tantas frustraciones conlleva; si no, llegar a ser la mejor versión de mi misma reconociéndome todas mis partes; las más patéticas y las más brillantes, y tratando de ponerle consciencia a mis actos y mis palabras. En definitiva, bajar la exigencia y apostar por la aceptación como arma definitiva.

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SOS: ¡Necesitamos visibilizar el emprendimiento liderado por mujeres!

Izaskun Rama

2 de abril de 2020

Melanie Quintana Molero

Aunque hay un cambio de mentalidad por parte de la sociedad, no nos engañemos, el papel de las mujeres en el mundo de la empresa sigue sin ser reconocido como debería, de hecho, sigue existiendo una brecha de género cuando hablamos de emprendimiento.

Aún así, “los datos del GEM (Global Entrepreneur Monitor) demuestran que cada vez somos más mujeres las que decidimos emprender”, nos cuenta Izaskun Rama, fundadora de Zurekin Emprende y vicepresidenta de la asociación EmakumeEkin. Un proyecto que nace con la finalidad de apoyar a las mujeres emprendedoras y de acercar la posibilidad del emprendimiento para ellas.

La duda siempre está en si es porque no se visibiliza nuestro trabajo, a lo que Izaskun responde que efectivamente “se da poca visibilidad y aunque se hacen muchos esfuerzos y las cosas van mejorando, en este sentido todavía queda mucho camino por recorrer.”

“Tenemos que dar visibilidad a más mujeres emprendedoras y empresarias, y visibilizar también otras maneras de emprender y entender el éxito. La diversidad es inmensa y no hay una única receta para esto de emprender, por lo que compartir diferentes procesos e historias ayuda al resto a crear el suyo propio”, manifiesta Izaskun.

Y hablando de crear el suyo propio, otros de los motivos identificados por los que las mujeres no emprenden es porque les faltan referentes femeninos. Está claro que necesitamos crearlos y visibilizar aquellos con los que nos podamos identificar, pero actualmente la única solución es emprender sin ellos, para convertirte en un referente. Solo de esta manera podemos ir creando nuevos referentes que les sirvan de inspiración a las que vengan por detrás.

“Lo que está claro es que a las mujeres no nos han educado para emprender y asumir riesgos por lo que va siendo hora de mostrar todo lo que hacemos y todo lo que somos capaces de hacer”, comenta la vicepresidenta de EmakumeEkin.

Por eso, esta asociación lleva 7 años trabajando con mujeres emprendedoras, ayudándolas, impulsándolas, haciéndolas visibles. “A día de hoy somos mas de 150 socias repartidos por los 3 territorios de CAV (Comunidad Autónoma Vasca). Trabajamos días a día para dar visibilidad a mujeres referentes, por acompañar y apoyar sus procesos de emprendimiento y por dotarles de herramientas que ayuden a empoderarse y que les hagan crecer tanto a nivel personal y profesional”, nos cuenta Izaskun.

Ellas tienen una red importante que hace que los procesos de emprendimiento sean mas amigables, pues no deberíamos olvidar que el emprendimiento es muy solitario y que la idea de poder compartir lo que te pasa con alguien ayuda mucho a detectar barreras internas y externas. Izaskun Rama lo tiene claro: “Una vez tienes identificadas esas barreras es mas fácil poder saltarlas.”

Por eso, si eres mujer y quieres emprender desde aquí te decimos que busques una red de apoyo, espacios para conectar y compartir tus ideas con más personas que están en la misma situación que tú o que hayan pasado por ese proceso. Identifica cuáles son tus necesidades para tenerlas presentes y cuídate, no tengas miedo. Márcate pequeños objetivos que puedas ir cumpliendo y no dejes de soñar, a lo grande.

Imagina en lo que te quieres convertir. Si no lo visualizas es muy difícil llegar a conseguirlo. Recuerda que no estás sola, que hay muchos recursos a la hora de emprender que rendirse no tiene cabida. ¡Pide ayuda! No tengas miedo de hacerlo. Y recuerda que si necesitas información puedes escribirnos a somospeculiares@gmail.com o a EmakumeEkin.

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Papi de Madison Young: una autobiografía sincericida

28 de enero de 2020

Norma J. Brau

Este libro va de la vida de Madison Young, pero, ¿quién es esta mujer? A día de hoy los títulos “nobiliarios” que acumula esta mujer son casi infinitos: Fundadora de la Femina Potens Art Gallery (San Francisco), modelo erótica, actriz y directora porno, educadora sexual, escritora, esposa (de James Mogul, actor y director porno) y mamá de dos peques. En este libro, Madison cuenta cómo creó su galería, conoció el mundo del porno y conoció a su Papi, James Mogul. Qué coj…

Sí, su Papi en el sentido BDSM de la palabra. Recordad cuando hablamos del age play. En este caso, aunque ella no relata prácticas que entenderíamos como más propias del age play o una relación Caregiver-little (Persona cuidadora - peque); sí que ella decide este apelativo para dirigirse a él.

¿Para quién es este libro?

Recomendaría el libro a un tipo muy variopinto de personas, entre otras:

– A quienes quieran conocer algo más sobre cómo funciona la industria del porno. Para ello, los capítulos iniciales son realmente interesantes, aunque más adelante su vida no está ahí centrada. 

– A quienes tienen curiosidad por conocer desde dentro una relación en la que el BDSM es parte imprescindible. No quiero decir con ello que todas sean similares, ni mucho menos, pero es una oportunidad para curiosear un ejemplo concreto. 

– A quienes deseen un relato de una relación amorosa y/o erótica sin tapujos ni filtros, contada desde las tripas. Esta biografía es todo un ejercicio de sincericidio, Madison Young lo relata tal como lo vivió, sin trampa ni cartón y eso, inevitablemente, vincula a quien lo lee pero también remueve.

¿Para qué es este libro?

Este libro es para quienes buscan una historia humana, y no perfecta, de deseo, amor y kink. En estas más de 300 páginas (que yo conseguí devorar el año pasado en unos 10 días), la autora relata cómo fue cambiando su vida, cómo eran sus relaciones más cercanas y cómo vivía ella todas esas situaciones. Esta obra sincericida nos expone lo más crudo y nos interpela. 

Habla de la industria a través de su relato en la industria del porno. De la complejidad de las relaciones eróticas y amorosas y más si lo son en clave de no-monogamias. Nos muestra incluso el kink sin disfraces ni fantasías, una relación real sin más embellecedor que los propios sentimientos de quienes la viven. 

Una forma de relatar hechizante que no deja indiferente a nadie, eso está claro. Ya seas de quienes llegan hasta el final de la obra o quienes deciden dejarla a medias porque no quiere saber más (tal como la propia autora advierte que puede pasar), indistintamente de con qué sensaciones acabes tu lectura, ten claro que no la acabarás tal como la comenzaste. En definitiva, ya seas vainilla, fresa, chocolate o tuti-fruti, esta obra es una montaña rusa de la que, bajes como bajes, no bajarás igual.

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Hasta el coño del Satisfayer

24 de febrero de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

No me ha contratado ninguna empresa ni ninguna marca para escribir lo que voy a expresar y tampoco es que quiera comenzar una campaña en contra de este producto, sino que esta moda hace que me plantee ciertas cuestiones. ¿Por qué interesa que este producto que promete mucho placer esté al alcance de todas? ¿Qué tipo de experiencias vende? ¿Se trata de una revolución? ¿Nuestros orgasmos en manos de una maquinita?

Lo primero que escuché con este maravilloso producto es que nos ofrece muchos orgasmos en muy poco tiempo. Paremos un rato. Los valores que buscamos y encontramos cuando compramos algo así son cuantitativos; tiempo y cantidad. Llamadme loca, pero me suena a capitalismo rancio. ¿Qué guapo tener muchos orgasmos en muy poco tiempo verdad? Así seguimos teniendo tiempo para todo lo demás, pero estamos de lujo porque nos hemos corrido mogollón y nos sentimos realizadas. Partiendo de esta premisa se me ocurren algunas consecuencias negativas en esta revolución que queremos llevar a cabo donde buscamos el reconocimiento de la diversidad, la legitimidad de todos los cuerpos, la visibilización de deseos, la equidad, la denuncia de un sistema opresor, cambiar el capital por el bienestar y el cuidado...

Por un lado, asociar orgasmo con satisfacción plena me parece como poco peligroso. Venimos (y seguimos) de valores morales que asocian el orgasmo como el punto máximo del placer, donde los encuentros eróticos acaban cuando él se corre, donde el coito sigue siendo la práctica última y todo lo demás se convierte en preliminar, donde los genitales siguen teniendo un papel principal en los encuentros... Tenemos la misma partitura para tan diversas identidades, modos y matices.

Y peña, podemos flipar en colorines con un encuentro sin tener un orgasmo, podemos tener orgasmos de mierda en encuentros que no valen para nada, tenemos la capacidad de sentir placer más allá de los genitales, jugar sin límites y sin guion... Pero seguimos insistiendo y queremos cada vez más, volvernos como ellos. Porque ellos se han condenado a sus penes, quieren acabar cuando se corren, quieren follar mucho y con cuantas más mejor. Se trata de una erótica falocentrista, coitocentrista y heterosexual, por supuesto.

¿Y qué es lo que nos han vendido? Pues un juguetito que nos da muchos orgasmos en muy poco tiempo. Guapísimo. Ahora la puta ama es aquella que tiene 12 orgasmos en 5 minutos. Y no digo que no lo sea, pero me preocupa el tema, no quiero volverme como ellos. Orgasmar es la hostia, sí, pero no creo que con eso nuestros encuentros mejoren de por sí. Creo que la revolución es no llamar a algunas prácticas preliminares, creo que es interesante desgenitalizar la erótica, no poner el orgasmo como fin último y deseado, valorar la voluptosidad de los cuerpos, valorar el hecho de jugar por jugar y no para conseguir ninguna meta concreta.

Por llamarlo de alguna manera, me gustaría feminizar la erótica, valorar aquellas cosas que amplían el abanico a todas las peculiaridades que existen y no dejar a nadie fuera. Qué pasa con aquellas que no orgasman, con aquellas que su clítoris no es la principal fuente de placer, aquellas que tienen prácticas no genitales, aquellas que no tienen más de un orgasmo...

Tengo la impresión de que nos la han metido de nuevo, que caemos en el mercado de la rapidez y del producto y nos desvía de nuestro camino. Seguir utilizando sus mismos términos como medidores de placer me parece un error: orgasmo no es igual a un encuentro satisfactorio. Lo siento, pero no lo es. No tener orgasmos no significa no haber disfrutado, lo siento de nuevo. Entiendo que el coño ha sido invisibilizado, el clítoris ni te cuento y soy militante de su reconocimiento y uso. Pero cuidado por el camino que es muy fácil caer en las mismas trampas que ellos han caído. Utilicemos (o no) estas herramientas como parte del juego, como herramienta para el autocoñocimiento, pero no como fin último. La revolución está en ampliar, no en centralizar.

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La cadera de Eva: el viaje de la mujer en la civilización

21 de febrero de 2020

Juncal Altzugarai

Hay libros que a lo mejor escoges un poco por casualidad… o por intuición. A mí me pasó con “La cadera de Eva”. Lo vi y me lo tuve que comprar, casi sin mirar de qué rollo iba. El libro me eligió.

He de decir que es un libro de antropología, un libro que, a priori, es un pelín denso, pero que tiene tanta miga y está tan bien contado que te atrapa como si fuera una novela de ficción de las buenas.

Ha sido revelador. He encontrado montones de respuestas para las que aún no había ni siquiera formulado la pregunta. Me he encontrado con Lucy y me he enamorado de ella. Lucy es un esqueleto de homínida que encontraron en los años 70 en Etiopía y que se llama así porque en aquel momento sonaba en la radio Lucy in the sky with diamonds de los Beatles. Lucy es la primera Australopithecus Afarensis que apareció y que comenzó a dar pistas de cómo éramos hace cuatro millones de años. Ella, Lucy, fue quien comenzó la revolución de los afectos (o así me gusta sentirlo a mí).

¿Y te preguntarás por qué es Lucy tan importante? ¿En qué se diferenciaba ella del resto de homínidos encontrados hasta el momento? ¿Por qué vieron que ella era diferente? Pues bien, Lucy tenía una pelvis que difería bastante de los primates y primeros homínidos. Tenía una pelvis parecida a la nuestra. Esa pelvis es el eslabón entre la cuadrupedia de los primeros primates a la bipedestación. Y así es como Lucy lo cambió todo.

Cuando llegó la deforestación a la zona de Etiopía, los homínidos cuadrúpedos tuvieron que “reinventarse”, porque ya no podían ir de árbol en árbol y necesitaban otra manera de protegerse de los depredadores que no fuera subiéndose a lo más alto de las copas de los árboles. Ya no podían divisar desde lo alto para ver más allá. Así que, poco a poco, fueron tomando la posición erguida y utilizando las manos para desarrollar utensilios sencillos. Esto también favoreció que su cerebro fuera haciéndose cada vez más complejo.

¿Y qué pasó con la reproducción humana? ¿Por qué fue Lucy una revolucionaria de los afectos? Daos cuenta que, mientras los homínidos eran cuadrúpedos, sus atributos sexuales estaban al descubierto totalmente. La vulva de las hembras estaba siempre en posición receptiva. Cuando estaba en celo, los machos enseguida lo distinguían, ya que los labios vulvares se volvían más carnosos, más húmedos, más rosáceos. El homínido macho sabía que la hembra estaba preparada para ser fecundada. La penetración se hacía sin darse la cara. El coito era rápido, sin prolegómenos. Era funcional.

El macho penetraba a la hembra, eyaculaba y cada cual seguía con su tarea (por ejemplo, cascar una nuez con una piedra). Ya está. Hembra fecundada. Qué fácil todo. Pero llegó la bipedestación… y con ella los atributos sexuales de la hembra se escondieron. El macho ya no lo tenía tan fácil. Es cierto que en este momento (hace ya cuatro millones de años, recordad), las hembras comienzan a tener otros “distintivos” de que están receptivas a la fecundación: labios más carnosos, unos pechos más redondeados… aunque, y ahora llega lo bueno, ¿cómo se lo montaban para la penetración si las homínidas tenían la vulva oculta?

Creo que aquí, la naturaleza lo hizo muy bien, la verdad. Se salió. Lo bordó. Pensemos en la homínida cuadrúpeda partiendo una nuez con una piedra. Y que está fértil y receptiva. Llega el macho por detrás, la penetra, eyacula y ya. Ni se han mirado a la cara. La hembra ni se ha enterado, sigue con su tarea, que tiene hambre y quiere comer.

El semen del macho baja como por un tobogán hasta el útero, donde el óvulo espera a ser fecundado y ya está (es importante visualizar a la hembra a cuatro patas y el tobogán por el que se desliza el semen). Y aquí llega Lucy, que va a dos patas… y que, si el macho eyacula y ella se levanta como si nada, su semen chorrea por sus piernas y amenaza la extinción homínida.

Aquí es donde la evolución viene al rescate. Yo creo que la naturaleza pensó: “¿qué puedo hacer para que esta Lucy se aturda un poco y tenga que quedarse unos segundos tumbadita?”. Y, sí. Le dio el poder del placer. EL PLACER. El clítoris. El orgasmo femenino. Casi nada. Y poder mirarse a los ojos. Sentir. Sentir afecto. Sentir amor (u odio, claro). Empezar a acariciarse. La ternura. El coito cara a cara.  Eso lo cambió TODO. Ponernos de pie lo cambió todo. La evolución de nuestra pelvis los cambió todo.

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Tú qué vas a opinar, puta

Día contra la violencia de género

17 de octubre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Voy a putear un rato. Me refiero a que voy un rato a joder, pero no entendido cómo hacer daño a alguien, sino a la jodienda. A sacar a mi puta a pasear. ¿Y por qué me apetece sacarla? Pues porque ayer estuve en una charla de un sindicato de trabajadoras sexuales llamada Otras y me han inspirado. Lo de “voy a putear un rato” lo dice una mujer de 90 y pico años que sigue dedicándose a la prostitución. Me hizo tanta gracia y me gusto tanto, que quería hacerle un guiño y mencionarla. Porque lo que no se menciona no existe y al parecer existen mujeres que se dedican a la prostitución y tan contentas. Sí, tan contentas, aunque nos cortocircuite el cerebro.

Este sindicato se creó para luchar a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales; actrices porno, strippers, prostitutas, bailarinas de pole dance... Un grupo de trabajadoras que está dando mucho de que hablar, porque al parecer todo el mundo se siente con la licencia de hablar de ellas y demasiadas veces por ellas. Era la primera vez que me encontraba en frente de una puta, pero no es la primera vez que hablo de ellas. Y esto hace que me pregunte: ¿Cuántas de nosotras conoce a alguien que trabaja como trabajadora sexual? ¿Por qué parece que todo el mundo sabe de ello y resulta que nadie habla con ellas?

Es la pregunta que le hice a la ponente, Concha. Y me contestó que era porque todo el mundo folla, y como folla todo el mundo, podemos hablar de ello. Hablamos de ellas como si fueran una pobrecitas, mujeres engañadas y desesperadas que no tienen otra que dedicarse a abrirse de piernas y vender su cuerpo. Porque sabemos que el cuerpo es un templo sagrado que no se debe compartir con cualquiera, ¿no? Hablamos de ellas como si todas fueran parte del tráfico de mujeres, como si todas estuvieran ahí porque un proxeneta las ha engañado y manipulado. Al fin y acabo, creemos que son gilipollas, mujeres sin criterio y explotadas. La mujer que tenía en frente no era gilipollas, ni tenía una pizca de tonta. Hablaba desde una posición empoderada, hablada de decidir trabajar de ello. Ella y muchas de sus compas deciden dedicarse a ello y lo que quieren es que el estado les de lo que les corresponde; protección laboral y social, un contrato que garantice los derechos laborales ya que tienen una relación laboral con sus clientes y, en muchos casos, con el empresario que lleva los clubs. ¿Es tanto pedir? Al parecer sí.

Están en contra de toda explotación, en contra de los proxenetas que siempre ganan dinero y nunca lo pierden, en contra de que nuestros derechos sean pisoteados, en contra del sistema capitalista patriarcal salvaje que ilegaliza a las personas. Pero ellas quieren que sus trabajos se reconozcan y piden ser una ciudadana más y no la última mierda de la sociedad. Porque ¿qué hay peor y más denigrante que ser puta, migrante y transexual? Dicen que ya no tienen nada que perder, porque nadie les reconoce nada, pero por ello, tienen todo que ganar y no se van a callar. Los jefecillos tienen que estar temblando porque es sabido que no les interesa para nada que haya trabajadoras empoderadas y menos que haya mujeres sin miedo dispuestas a luchar a lo grande.

Cuando decía que ya no tienen nada que perder, habló sobre las diferentes violencias que sufren como trabajadoras. A muchas nos vino a la cabeza la violencia ejercida por los puteros. Pues no amigas, ella ni los mencionó. Habló de la violencia policial, del estado, de la sociedad, de las ordenanzas municipales, de las sanciones económicas, deportaciones, de las retiradas de las custodias, de las amenazas institucionales, de la discriminación...

En los tiempos que se habla de feminismo liberal... ella hablaba de lucha obrera. Son trabajadoras, aunque mucha gente no las reconozca como tal. Decía que esta sociedad sigue siendo tremendamente clasista y racista. Clasista porque seguimos clasificando a las personas por su trabajo, su adquisición monetaria, sus apellidos, su estatus. Racista porque queremos que las gentes que no pertenecen a este maravilloso estado español trabajen en lo que nosotras no queremos trabajar y que cobren el mínimo sueldo posible y no tengan los mismos derechos. No quieren regularizar su estado actual, prefieren llamarlos ilegales y tenerlos en los suburbios aguantando situaciones tremendamente precarias e inhumanas.

La gente va a seguir queriendo venir a esta Europa que vende ser el primer mundo, donde todas las ciudadanas y ciudadanos vivimos en armonía y donde se puede ser feliz. Van a seguir viniendo porque ya nos encargamos de que en sus países la vida sea insostenible, porque el neoliberalismo no tiene intención de parar y seguiremos explotando sus tierras y su mano de obra casi gratis. Sabiendo que la migración es una realidad, sabiendo que la prostitución va a seguir existiendo ¿por qué no mejorar las condiciones de las protagonistas?

La ponente habló sobre el nacional abolicionismo. Se refería a todo este movimiento que se ha empeñado en machacar a las prostitutas y ahogarlas hasta puntos insospechados. Aquellas que hablan por ellas sin ni siquiera preocuparse en escucharlas. Ese movimiento que sigue favoreciendo al proxenetismo y la explotación. Porque si no mejoras las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras, quien sigue beneficiándose siguen siendo los mismos, los explotadores. ¿Cómo hacemos que desaparezca una profesión? ¿Precarizando más a quien menos tiene? ¿Poniendo multas a las mujeres que ocupan las calles para sacarse el sueldo? Es sabido que cuanto menos tienes, más necesitas y si no te dejan trabajar en condiciones reguladas, lo vas a hacer de manera que se considere ilegal. Porque necesitamos comer, vivir en un espacio seguro, movernos, socializar... Está claro que mantener a las putas calladas y escondidas sigue beneficiando al propio estado. No quieren manchar su imagen en apoyar a las trabajadoras sexuales, pero al mismo tiempo, siguen permitiendo que estas mujeres trabajen en condiciones lamentables y sin protección. La moral, ante todo. El sexo sigue siendo sucio y sagrado.

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¿Por qué la sangre menstrual nos da tanto asco?

¿Por qué la sangre menstrual nos da tanto asco?
Foto: Stephanie Góngora, instructora de yoga

25 de abril de 2019

Yaiza Morales, Universopornico

Pese a ser un proceso natural que acompaña a las mujeres durante prácticamente toda la vida, en nuestra sociedad, se ha corrido un tupido velo alrededor de la menstruación y todo lo que tenga que ver con ella. Paradójicamente, siendo un sangrado que tiene más que ver con la vida que con la muerte, la suciedad o la violencia; se considera la menstruación de más mal gusto y algo que hay que tapar o esconder de cara a la galería. ¿Tendrá esto algo que ver con el hecho de que la menstruación sea algo que no atañe a los hombres cisgénero?

Se nos ha enseñado desde pequeñitas a ser discretas con el tema e incluso, en muchas ocasiones, en el colegio cuando nos hablaron de ella, se excluyó a los chicos de la charla porque eran “cosas de chicas”. Con todo este panorama a nuestras espaldas, muchas aún creemos que los chicos tienen más tabú del que realmente existe con el tema, pero muchas veces somos nosotras mismas las que marcamos esa distinción y nos capamos la posibilidad de disfrutar del placer durante esos días pensando que no podemos dejarles ver ese aspecto de nosotras a nuestras parejas.

Hemos estado hablando del tema con varios chicos para saber sus opiniones y por lo general, en lo referente al sexo con la regla, admiten no tener mucho problema más allá de ciertas reticencias con el sexo oral más que con la penetración y mayormente por un tema de olores o miedo a que eso “sangre a lo loco” (cita textual de uno de ellos).

Las preguntas que nos hacen en los centros, en la calle, lxs amigxs… son las mismas: ¿Se pueden tener relaciones sexuales durante la menstruación? ¿Es seguro? ¿Se puede hacer sin condón sin riesgo de embarazo? ¿Evitarlo es un tema de higiene o la cosa va más allá? ¿Somos las mujeres las que tenemos más tabú con el tema por pudor o es el horror que supone para muchos hombres siquiera nombrarla lo que nos frena? ¿En el fondo les importa tanto a ellos? ¿Hay maneras de mantener relaciones sin que la cosa parezca la matanza de Texas?

Es normal que genere dudas ya que el tema de la menstruación sigue siendo un gran desconocido incluso para muchas de nosotras aún cuando convivimos con ella cada mes.

Socialmente se ha equiparado la menstruación en muchos aspectos con un estado de enfermedad, y si bien es verdad que muchas de nosotras sufrimos dolores durante la menstruación, y eso es debido a que algo no funciona bien en nuestro sistema, pero no a la menstruación en si; el hecho de tener la regla no tiene nada que ver con enfermedad.

Esta equiparación puede dar pie a confusiones ya que normalmente, cuando estamos enfermos el apetito sexual suele verse reducido. En el caso de la menstruación por contra, muchas experimentamos una subida de la libido y es que el ciclo menstrual, en sí, implica variaciones en diversos niveles hormonales y estas variaciones se disparan tanto durante la ovulación como durante los días de sangrado. Además, está comprobado que practicar sexo durante la menstruación, puede ayudar a reducir los posibles dolores menstruales debido a la liberación de endorfinas y además facilita el sangrado.

Aunque el nivel hormonal durante la menstruación es importante a la hora de valorar las ganas de sexo, no es el único factor existente ni es determinante. La cuestión social, las creencias y los factores culturales que nos rodean son las causas con más peso a la hora de practicar sexo, o no, con la regla. El sexo durante la menstruación es igual o incluso más placentero teniendo en cuenta que contamos con lubricación extra y eso puede facilitar en algunos casos la penetración. Hay que tener muy en cuenta (como siempre) el uso de protección, a poder ser con métodos de barrera, ya que, aunque el riesgo de embarazo pueda ser menor, no es inexistente y además el riesgo de contracción de ETS’s sí que es importante.

Ante todo, y en última instancia siempre será un tema de apetencia, pero estar con la regla no tiene por que significar que renunciemos al sexo.

Que no haya penetración, que se decida a practicar en la ducha por un tema de limpieza o se forre de toallas la cama, que solo se practique masturbación o sexo oral o que se escojan unas posturas más específicas en la que el hombre esté arriba o ambos estéis de lado por un tema de leyes de gravedad y un largo etc.; es una decisión muy personal; pero poder, se puede. La menstruación, si os da cosilla el tema del sangrado, puede ser un momento ideal para explorar nuevas formas de practicar sexo y centrarse más en las caricias y los juegos que en la penetración en sí. Tened en cuenta que durante la menstruación, la mayoría de mujeres disfrutamos de una mayor sensibilidad; y aunque en ocasiones podamos sentir molestias o hinchazón como es el caso de los senos, puede ser una ventaja a la hora del disfrute el explorar los límites de esa sensibilidad. ¡Ahí lo dejo!

Con todo esto, poco más me queda que decir que remarcar que siempre, dejando ya a un lado los tabús o los ascos; será un tema de apetencias y sobretodo de convenir y consensuar entre las personas que vayáis a mantener relaciones sexuales si os parece bien, o no, a ambos.

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“El mito que más daño hace: el vaginismo es psicológico”

Rosaura Delgado Recuerda

Santiago Agustín Ruíz

Todas las vaginas se abren. Este es el mantra y la lucha de Rosaura, quien trabaja todos los días, como profesional de la medicina y la sexología, y como activista en redes sociales, para crear visibilidad en torno al vaginismo.

8 de abril de 2019

Entrevista de Laura Marcilla

El vaginismo es una disfunción sexual más común de lo que se piensa, pero todavía muy silenciada. A la gente le cuesta hablar de ello, o reconocer que lo sufre, y éste es el caldo de cultivo perfecto para que surjan mitos, prejuicios y creencias dañinas a su alrededor.

¿Qué te llevo a querer dedicarte a la Sexología y a crear @todaslasvaginasseabren?

Para mí haber tenido vaginismo y no haber sabido qué hacer hasta hace un año y medio, ir dando tumbos, fue muy frustrante. Una vez que lo superé, me di cuenta de que haber estudiado medicina me daba la oportunidad de investigar sobre este tema y, sobre todo, impedir que a las miles de mujeres a las que les está pasando en este momento se sientan solas. Cree el perfil para que quien lo sufre sepa qué hacer y a quién acudir, porque hoy en día todavía hay controversia al respecto.

Por si alguien no ha oído nunca este término, ¿qué es exactamente el vaginismo?

El vaginismo consiste en una hiperactividad de uno o de varios puntos gatillos situados en la musculatura del suelo pélvico. Estos músculos están continuamente en actividad, no están relajados. Si hacemos un electromiograma, que registra la actividad de un músculo, en el caso del vaginismo no está a cero, sino que puede estar a diez, a veinte… depende de cada tipo de vaginismo. ¿Qué pasa? Que estos puntos gatillos están activados independientemente de si la paciente está relaja o está nerviosa. Igual que cuando tienes una contractura en la espalda, que no se te va a no ser que se haga algo, pues con el vaginismo pasa exactamente lo mismo.

¿Cuáles son los síntomas que pueden hacernos sospechar que lo padecemos?

¡Es súper fácil! Hay cuatro síntomas que son los más típicos. El primero, la imposibilidad de introducirte tú misma el dedo, que muchas chicas al masturbarse descubren que no pueden. El segundo, la imposibilidad de introducirte un tampón o la copa menstrual, aunque la mayoría de las chichas con vaginismo no lo llegan a intentar con la copa porque ya el tampón les resulta imposible. Después tenemos la imposibilidad de tener penetración y el cuarto sería la imposibilidad de hacerte una revisión ginecológica con el espéculo o con el ecógrafo vaginal. Esto puede ir acompañado de dolor, de quemazón, de ardor… o no.

A menudo se oye que las causas del vaginismo son psicológicas. ¿Cuánto hay de verdad en esta afirmación?

Esta idea es errónea. Nadie niega que mente y cuerpo van juntos, la relación entre el cerebro y la vagina es algo que está ahí, pero por un lado tenemos los puntos gatillo, vamos a llamarlos las “contracturas de la vagina”, que hasta que no se comience con el tratamiento con fisioterapia no se van a solucionar; y por otro lado, el reflejo condicionado, que sería algo así como: yo anticipo ese dolor porque ya he tenido experiencias previas, mi vagina anticipa ese dolor que sabe que va a ocurrir y se defiende.

¿Cómo se defiende?

Contrayendo los músculos más superficiales de la vagina. Por lo tanto no es un dolor imaginado o inventado o un miedo, sino que es un espasmo real que hace la musculatura de manera voluntaria, porque ha aprendido que cada vez que intentas introducir algo en la vagina hay dolor, y por tanto intenta protegerse. Es decir, el miedo que existe en el vaginismo no es el causante de la afección, sino que es la consecuencia. Las causas no son psicológicas, lo son las consecuencias.

En general, hace falta mucha más educación sexual, y parece que el vaginismo tampoco se libra de los prejuicios y los mitos. ¿Cuáles crees que son los que más daño hacen?

Pff… (sonríe). Hay muchísimos mitos. Yo creo que si tuviera que elegir alguno sería “te duele o no puede entrar el pene porque no estás lo suficientemente lubricada, o lo suficientemente relajada”, que es igual a “como estás nerviosa, contraes y no puedes tener penetración”. Ese es el que más daño está haciendo porque las chichas se sienten culpables, se sienten frustradas y piensan que la responsabilidad es suya porque no se pueden relajar. Se está educando en culpabilizar a la persona que lo tiene. También se cree que existe porque hay una “fobia al pene” o por “miedo a encontrar enfermedades de transmisión sexual”, pero sobre todo el mito que más daño hace es: “el vaginismo es psicológico”.

Según tu experiencia, ¿cuáles son los motivos por los que suelen acudir a consulta las personas con vaginismo?

La gran mayoría para poder tener una penetración con la pareja. En el vaginismo hay muchísimo miedo al abandono, porque vivimos en una sociedad súper falocéntrica y coitocentrista en la que se dice que el hombre necesita la penetración. Las chicas que tienen vaginismo sienten que tienen esa necesidad de satisfacer al hombre, de darles esa penetración y que, si no lo hacen, las pueden dejar y “¿cómo van a encontrar otra persona?” (entrecomilla con los dedos). Aunque también suelen acudir las mujeres con cierta edad que tienen un vaginismo severo pero quieren ser madres, o tienen que hacerse una revisión ginecológica y ven que no pueden.

En una sociedad donde la penetración se considera un pilar principal en el sexo, como comentas, ¿cómo se ve afectada la vida de las personas que sufren esta disfunción?

Se sienten bichos raros, se sienten inferiores. No sólo inferiores con su pareja, sino inferiores a sus amigas. Cuando se habla de sexo, normalmente mienten o intentan evitar la conversación para no tener que decir “yo no he tenido relaciones sexuales con penetración”. De hecho, la mayoría no lo cuentan. Se sienten muy frustradas. Y lo que ya he comentado del miedo al abandono, que es algo que desde la sexología se debería de abordar. El abordaje sexológico debe enfocarse a las consecuencias y al acompañamiento hacia la paciente con vaginismo, porque creo que es fundamental que sepan que una relación sexual no está centrada en el coito.

todas las vaginas se abren¿Qué soluciones suelen ofrecerse a las personas con vaginismo? ¿El pronóstico es bueno?

El pronóstico es cercano al 100%, porque en medicina nunca se puede decir el 100%, pero bueno, un 99%. Tenemos la terapia física, que no solo incluye los dilatadores como todo el mundo se piensa. Son un conjunto de técnicas, que en este caso las hace el fisioterapeuta y puede ser trabajo miofascial, trabajo de las articulaciones sacroilíacas y las lumbosacras, movilizar el coxis… La articulación temporomandibular también se está viendo que está muy relacionada con disfunciones del suelo pélvico, o sea, con vaginismo. El abordaje es muy amplio y multidisciplinar. Tiene que contar con el fisioterapeuta y con el sexólogo. Aunque también te digo que hay chicas que, porque no tienen dinero o porque no hay un fisio-sexólogo en la zona donde viven, tienen muy difícil acceder a estos medios. Entonces la dilatación es el pilar fundamental que, sí o sí, necesitas para superar el vaginismo. Si no hay dilatación, desensibilización, no se puede tratar el vaginismo, no se solucionará. Pero cuando se hace, ya te digo que es efectivo casi al 100%.

¿Cuál es el tiempo estimado de resolución?

Unos tres meses, así que realmente en poco tiempo se dan cuenta de que son capaces de experimentar y de sentir libertad, que al final es lo que todas dicen cuando acaban, que se sienten libres.

¿Hay alguna moraleja, algún aprendizaje positivo que las personas que han sufrido vaginismo puedan extraer de esta experiencia?

La verdad es que sí. De hecho, todas coinciden en que disfrutan la sexualidad de una manera muy diferente, de muchas formas, porque acabas descubriendo de ti cosas que si te centraras solo en la penetración no podrías descubrir. Ellas priman el autoconocimiento. Y este camino les enseña también a descubrir su fortaleza, la valentía que tienen y la capacidad de resistencia. Porque no es solamente la sesión con el fisio, sino que ellas en casa tienen que hacer ejercicios durante una hora o el tiempo que cada vaginismo requiera.

Siempre hacemos esta pregunta pero en tu caso me gustaría afinar más: ¿Ha habido algún momento en tu propia vida erótica con vaginismo que marcase un antes y un después?

Hay dos momentos en concreto que marcaron un antes y un después. El primero fue cuando me masturbé con el dedo yo sola y en vez de dolor, que siempre había sentido dolor, sentí placer y tuve así un orgasmo.Fue algo que no puedo ni describir. Y el segundo fue la primera penetración con mi pareja. Porque aunque yo quiero hacer un discurso que nada tiene que ver con el coitocentrismo, cuando tú por primera vez puedes elegir tener o no una penetración, la sensación de alivio y de libertad es brutal, y es algo que durante el tratamiento y antes del tratamiento no lo sientes. Eres libre, pero no te sientes libre.

Si alguna persona leyera tu entrevista y pensara que puede estar padeciendo vaginismo, ¿qué te gustaría decirle?

Sobre todo, que se supera, que se supera muy rápido, que no lo tiene en su mente, que no se lo está inventando, sino que tiene algo físico que hay que solucionar, y que hay miles de mujeres en esa misma situación. También le diría que lo cuente, porque no contarlo hace que tú misma no lo vivas de manera natural, no lo acabes integrando, y todavía se hace más grande. Y bueno… que no se culpen, que no sientan miedo a que las dejen. Y que se perdonen. Porque al final toda la información que acabas recabando en internet o donde sea está con los mensajes que te decía antes: “tienes que aprender a relajarte y tienes que ser fuerte, porque no va a pasar nada porque el ginecólogo te meta el espéculo”.

¿Los ginecólogos suelen venderles este discurso?

Sí, pasa mucho, que intenta convencerlas de que está en sus mentes introduciendo el espéculo y les acaba haciendo un daño brutal. Por favor que no permitan eso, que es violencia obstrética. Que cuenten con la ayuda que les puedan ofrecer sus amigas, por ejemplo. Contárselo a alguien, aunque sea sólo a una persona les hace sentir muy liberadas. La sensación cuando lo cuentas es “mira, no me ha juzgado, no ha sido para tanto”.

¿Cómo te imaginas o cómo te gustaría imaginarte la situación del vaginismo y de las personas con vaginismo en el futuro? Pongamos, por ejemplo, en diez años.

Me encantaría que de aquí a diez años se siguiera un protocolo de actuación, que todos los ginecólogos, psicólogos, sexólogos, fisioterapeutas, todos lo llevaran a cabo y derivaran a las chicas de manera correcta. Sueño con eso. Que las chicas hablen con naturalidad de que no pueden tener penetración igual que hablan con naturalidad de que tienen una candidiasis o cualquier otro proceso. Estamos en ello, que ya se ha hecho, se ha redactado una guía multidisciplinar para que todos los médicos trabajen y aborden el vaginismo, porque estamos en una situación en la que la investigación no avanza. Todos los estudios que hay están centrados en psicólogos y psiquiatras. Y por supuesto que el DSM-V saque el vaginismo de ahí, que todavía aparece como una patología psiquiátrica, y espero que esto dentro de diez años ya no sea así.

Para terminar, desde redes sociales, haces una labor muy importante, y recientemente has comenzado una investigación sobre este tema. ¿Cuál es el objetivo final y cómo podemos colaborar con el estudio?

Me gusta esta pregunta porque el objetivo del estudio es saber cuáles son las causas reales del vaginismo. Para eso, aparte de la investigación, he elaborado una encuesta que está en mi perfil. La tiene también Laura Pastor, de “En forma por dentro”, que es fisio de suelo pélvico y Marta Torrón, otra especialista en suelo pélvico. Cualquiera de nosotras podemos facilitar el cuestionario a personas que tienen vaginismo. La verdad es que ahora mismo están saliendo resultados muy interesantes que le van a dar la vuelta a lo que conocemos como vaginismo “psicológico”.

De Peculiares

8 de marzo

Foto de Bruna Avellaneda

8 de marzo de 2019

Somos Peculiares
Foto de Bruna Avellaneda

La violencia es el miedo a los ideales del otro, es por ello que os pedimos, por favor, desde @somospeculiares, que no juzguéis a aquellas mujeres que por decisión propia no quieran salir hoy a la calle a gritar, que respetéis a aquellas que no pueden o que luchan en silencio, a aquellas que no tienen voz, a aquellas que deciden manifestarse de maneras diversas y a aquellas que se dejen el pulmón y la garganta esta tarde, porque estamos aquí, en esta lucha, para apoyarnos, no para juzgarnos entre nosotras, recordad que sois hermanas y que aquella mujer que os cruzáis en el metro, la que trabaja junto a vosotras en la oficina, en el trabajo, en tu edificio, aquella que te dio la vida y la que se la dio a ella… todas esas mujeres son y están aquí para recordarnos que no estamos solas. Dedicarles un momento y miradles a los ojos, reconocerlas, observad la fuerza que se esconde detrás de cada una de ellas, y no la juzguéis, amadla tal cuál es, con sus decisiones, sus emociones y sus actos.

También os animamos a que no solo veáis el día de hoy como representativo. Salir en las noticias todas juntas y que se vea nuestro apoyo está bien, pero no solo hay que luchar durante unas horas por aquello que queremos conseguir todos los días. Recordad que la lucha es con nosotras mismas y con las nuevas generaciones. Con nosotras porque a quien debemos superar a diario es a nuestro yo de ayer, ese es el gran reto, y a las nuevas generaciones porque necesitan voces, referentes, en los que apoyarse para impulsar su nuevo yo.

Como dijo Gandhi: Si lo que dices, lo que piensas y lo que haces está en perfecta armonía serás feliz. No amoldéis vuestro discurso al de las demás solo porque a vosotras también se os escuche, sentíos cómodas con lo que decís y con cómo pensáis. El poder no está en equipararnos entre todas, no está en un mundo de maniquíes, el poder esté en la diferencia de pensamiento, en las diferentes voces. Pero que quede claro que para todas las mujeres que forman parte de este equipo tener un día en el que unirnos para gritar o callar juntas, para confirmarnos, valorarnos y mirarnos a los ojos, es precioso y necesario.

Melanie Quintana

 

Estas son algunas de las frases más representativas de las mujeres que forman este equipo. En ellas os daréis cuenta de nuestra preciosa diversidad:

“No vale ser feminista de boca para afuera, si no lo eres de corazón para dentro.” Norma J.Brau

“La igualdad no se defiende solo un día, para muchas personas es una lucha constante y en muchos casos una lucha desigual y desequilibrada. Es necesario apoyarnos entre todas y dejar de lado las diferencias personales que existen dentro del feminismo (al fin y al cabo, tampoco somos una mente colmena, somos personas con diferentes vivencias, opiniones y valores). Pero el 8 de marzo, las pequeñas disputas desaparecen porque todas tenemos un objetivo común más grande y más importante.” Laura Marcilla

“El feminismo no es un logo, ni una consigna. El feminismo está compuesto de ideas que cuestionar, aprender y cultivar. Por un 8 de marzo reivindicativo, crítico, constructivo e inclusivo.” Anabel Mira

“Las morales hacen que se establezcan criterios rígidos sobre qué, cómo, dónde, con quién, cuándo... debemos ser. Los modelos a seguir se convierten en objetivos para el resto de los mortales, hasta tal punto que podemos pasarnos la vida intentando ser alguien que no somos ni nunca seremos. Se esperan comportamientos, actitudes, estéticas, valores, prácticas... muy concretas de las mujeres y los hombres. Las morales matan la diversidad, la dejan sin aliento hasta ahogarla, la silencian, la castigan...” Maitena Usabiaga

“A veces el silencio dice mucho más que las palabras. Se me ha quedado grabado ese momento en el que el año pasado hicimos que el centro de Bilbao se quedara mudo. Como si no tuviera nada que decir. Ese silencio, esa ausencia de palabras, dijo mucho más que todas las que pudiéramos decir. Fue tan significante que espero que todas las que compartimos ese momento lo recuerden como yo.” María Torre

“La única respuesta que de momento encuentro es el “ser referencial”, es decir, yo soy en referencia a lo que los demás son. Convirtiendo nuestra vida en lo que nos pautan que “debe ser” en lugar de en lo que “deseamos que sea”. Detrás de esto suelen decir que se encuentra el miedo al rechazo, la necesidad de pertenencia, la deseabilidad social, la baja autoestima…y una larga lista de productos que puedes comprar en cualquier sociedad. Pero aún así, no logro comprenderlo. Quizá la clave esté en la creencia de sentir que lo que somos, lo somos libremente.” Carolina García

"Nosotrxs lxs sexólogxs, no deberíamos ser ni jueces, ni moralistas, ni deberíamos decirle a la gente lo que es bueno o malo." Isilla LM

“¡El feminismo es cosa de todos y todas! No obstante, el comportamiento de algunas mujeres no ayuda en nada en la lucha por la igualdad, ya que hay muchas que se alinean para criticar a quien ha cogido unos kilos, quien decide renunciar a la depilación o quien, simplemente, no responde a los cánones estándar de belleza... además de tristeza, da una sensación enorme de falta de solidaridad. Flaco favor le estamos haciendo al feminismo si no respetamos que otras mujeres trabajen o dejen de trabajar tras ser madres, que opten por la lactancia materna o no, que salgan, entren y, en general, que vivan la maternidad como quieran o puedan sin temer las etiquetas de 'mala madre'. Porque... ¿cuándo se critica por esto a los hombres?” Iria Ferrari

"Muchas veces cae en el olvido tanto en la enseñanza como en el propio ser el hecho de que el cuerpo es el que da las señales para descifrar lo que gusta, lo que no y los ritmos y necesidades. Se olvida también que esto es algo que no solo se aprende a raíz de tener encuentros eróticos con otras personas." Sara Enjuto

"¿Un ejemplo más de la opresión de la mujer? Sin duda, pero también del miedo. El miedo a no ser decente, a atreverse, a estar sola, a los rumores, al juicio, al embarazo, a las infecciones, a la vergüenza…" Lucía Sumillera

"Las Sexólogas y Sexólogos seguimos trabajando 365 días al año desde las aulas y nuestros despachos haciendo educación para los sexos. Aportando nuestro granito de arena para la buena convivencia y sinergia de los sexos." Xandra Garcia

PD: ¡Gracias a Bruna Avellaneda por cedernos su obra de arte para este artículo!

De Peculiares

La seducción como arma letal

Seducción como arma

20 de febrero de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

No sé en qué momento nos ha parecido mal usar la seducción como herramienta pero creo que desde aquel momento, nos sigue pareciendo una herramienta despreciable, signo de debilidad de las mujeres, una acción que desprestigia a aquella que la utilice. Es como si las que decidimos usarla no tuviéramos aquellas actitudes más fuertes y nos rebajáramos al emplearla. “Cuidado con las mujeres, utilizan sus cuerpos, su sensualidad para atraparte y luego hacer contigo lo que ellas quieran”. Desconozco el origen exacto del desprestigio de la seducción, pero el otro día viendo un documental sobre el Imperio Romano presencié una reconstrucción donde aparecía Octavio, sucesor de Julio Cesar, hablando en el senado sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra.

Las palabras de aquel hombre, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por y para el poder, refiriéndose a las armas peligrosas de Cleopatra me resonaron. Hablaba de ella como una mujer despiadada que utiliza el cuerpo y sus goces para manipular y atrapar a todo hombre. Qué rastrera, sucia, venenosa... Me pareció como poco, curioso que se hablara ya en esos términos sobre el arte de la seducción y cómo la utilizaban para desprestigiar a mujeres poderosas. Ya que no había muchas pero las que había era porque habían utilizado sus “dotes de mujer”. ¿Os suena?

Creo que podríamos escuchar estas mismas palabras todavía en boca de muchos y muchas para referirse a mujeres poderosas. Y no hablo de un poder sólo institucional digamos, hablo de mujeres empoderadas. Como si la mujer poderosa sólo pudiera serlo por su condición femenina y la utilización de su cuerpo. ¿Y si es así, qué? ¿Cuál es la cualidad legítima para ser poderosa? ¿Tal vez la inteligencia? ¿La fuerza? ¿La simpatía? ¿La sensibilidad?

Parece que nos tenemos que justificar constantemente por qué somos valoradas y por qué estamos donde estamos. Pero si nos dicen que somos licenciadas por haber seducido a un profesor, inmediatamente nos sale la ofensa. “Yo que soy una mujer respetable, inteligente, trabajadora... cómo haría yo algo así, sólo me ven como un objeto sexual”. Tal vez lo que les jode es que una mujer tenga poder, punto. Así de simple. E intentan desprestigiarnos con el tema de la objetualización, como si la seducción sólo fuera follar, como si no entraran muchas más cosas en juego; cualidades, seguridad, virtudes, observación, espera...  y nosotras, les hemos creído.

Les hemos creído porque hoy en día todavía ser puta es lo peor que nos pueden llamar. Porque detrás de todo esto sigue habiendo una condena y desprecio a los placeres, al juego, a los cuerpos, a la erótica... y sobre todo sigue habiendo una clasificación entre las  mujeres, las putas y las esposas.

Las putas como signo de desprecio, mujeres que a lo largo de la historia se han dedicado y se dedican a dar placer. Las putas se encargaban de lo afrodisiaco, a ellas se les otorgaba la función de dar, ofrecer,  placer a los hombres. El resto de las mujeres no debían mostrar signo alguno de este ámbito, sino, se convertían en aquellas mujeres inferiores, sucias. Inferiores en reconocimiento social, pero las mismas que se encargaban de hacer gozar a sus esposos y seguramente, aquellas que también sabían gozar. 

Y luego están las esposas que deben dar estabilidad, honor y procrear para sus esposos. Mujeres que no tienen permitido jugar, por supuesto. Las esposas estaban y algunas están condenadas a renunciar esa búsqueda del placer, de jugar con su ser erótico hasta renunciar a él. Encontrar un buen hombre, dar vida a seres honorables y hacer que todo funcione. Y sacrificar los goces y placeres del cuerpo. Un gran precio.

Sé que esto puede quedar anticuado porque encontramos discursos más diversos pero creo que en el fondo no ha cambiado demasiado. Seguimos escuchando que las mujeres que juegan a seducir, a ligar... siguen siendo unas busconas, putas, calienta pollas o como lo queramos llamar. Como si el simple hecho de jugar no fuera legítimo. Seducir se vuelve legítimo si acaba en amor y si no, es despreciable.

¿Quién ha dicho que la seducción tiene que acabar en amor? ¿Por qué el final del juego seductor tiene que ser acostarse con alguien? Y ¿Por qué consideramos que para alcanzar un objetivo la seducción es más rastrero que por ejemplo, utilizar la violencia? Llamadme loca pero prefiero mil millones de veces más que alguien intente seducirme que a que me den de hostias. Es un juego donde mi participación cuenta y que además me lo puedo pasar teta piruleta. Propongo reconciliarnos con nuestro ser seductor, dejarnos llevar en el placer de jugar sólo por el hecho de jugar, dejar de estar a la defensiva y abrirnos a las posibilidades de encuentro y no reafirmarnos sólo en el desencuentro. Desarrollemos la seducción como legítima arma.