¿Sabías que tenerla grande no ha sido siempre lo deseable?

23 de septiembre 2017

Aritz Resines Ruíz

Ande o no ande, caballo grande. Así reza el refrán y así tiende a pensar la mayor parte de la gente. Aunque eso sí, si habláramos del tamaño del pene, al menos de boquilla, la cosa cambiaría: es posible que muchos respondieran aquello de que más vale pequeña y juguetona que grande, que todo depende de cómo lo hagas y, sobre todo, el tan manido el tamaño no importa. Eso es lo que dice el discurso políticamente correcto, pero las tripas no siempre están de acuerdo. Sin embargo, es curioso observar cómo, a lo largo de la Historia, el tamaño deseable –y el indeseable– han ido variando.

Por ejemplo, si preguntáramos en la Grecia clásica, la cuna de nuestra cultura, ¿qué nos dirían? Lo más probable es que confesasen que también les importaba, ante lo cual nosotros exhibiríamos con orgullo a alguno nuestros actores porno más cotizados. Sin embargo, ahí vendría la sorpresa, ya que el querido griego se reiría de nuestro actor tratándole de paria. Es más, él nos enseñaría alguna de sus pinturas en las que aparece Priapo con un miembro considerable a causa del castigo que Hera, la esposa de Zeus, impuso a su madre, Afrodita.

Algunos podrían decir: ¡Eso es una bendición! Pero los griegos no lo veían así. De hecho, para ellos un falo grande era un símbolo de falta de razón y control de impulsos, algo así como una potencia sexual que nubla la mente. Es por todo ello que las personas respetadas, como los dioses, los gobernantes o los filósofos, eran representadas con penes pequeños, signo de temple y gobierno de sí mismos.

A nuestro actor porno tampoco le iría mucho mejor en la época romana, dado que fue una continuación de la cultura griega. Tanto es así que copiaron, con poco disimulo, a sus dioses cambiándoles de nombre. Efectivamente, Priapo tiene su alter ego romano en Mutuno Tutuno. Representado con un pene igualmente desproporcionado, era venerado para ahuyentar el mal de ojo de los envidiosos. De ahí que estuviera presente en las casas de los ricos, puesto que relacionaban abundancia peneana con monetaria. Lo cual no tiene mucho sentido, pero allá cada uno con sus supersticiones.

La etapa posterior, ya con la Iglesia Cristiana cortando el bacalao, supuso incluso un retroceso. Para investigar esta época nos podemos fijar en Jesús de Nazaret. ¿Quién mejor? Pues resulta que el profeta donde más ha sido representado es en la cruz, en la cual, posiblemente, murió desnudo. Ahora bien, debe ser que su pene no era digno de contemplar, ya que se han empeñado en taparlo cuidadosamente. Si bien podría resultar una pena, hemos conseguido encontrar alguna representación donde si aparece –aunque sea a medias–. De nuevo, vemos como el hijo de Dios la tenía pequeña, signo de que permanecían inmutables los antiguos cánones.

Una referencia indiscutible en esto de los cuerpos masculinos y sus atributos en el arte es el posterior David de Miguel Ángel. La gente se sorprende al apreciar su pene, pequeño en contraste con su escultural figura. Sin embargo, nuestro actor porno estaría tranquilo porque ya sabría un poco por dónde van los tiros. Al fin y al cabo, en la época del David lo que se propugnaba era una vuelta a lo griego clásico frente a la oscura Edad Media Cristiana.

¿Cuándo empieza a cambiar el cuento? Hay que esperar a la época contemporánea a cuenta de la Revolución Francesa y la apertura cultural y política que supuso. Ello ayudó a que se hicieran paso nuevas expresiones artísticas donde los penes ya empezaron a crecer un poquito –los de las esculturas y pinturas, no nos emocionemos–. A eso ayudó el Impresionismo por un lado y, por otro, las primeras fotografías. Mientras muchas personas solo habían visto de refilón el pene de su pareja durante toda la vida, algunos atrevidos se animaron a hacer fotos de hombres totalmente desnudos. Resultando hasta repugnante aún, estos valientes ayudaron a que poco a poco llegáramos a la situación actual de una mayor libertad.

Y así alcanzamos el siglo XX y el aún iniciado XXI. Nuestro actor estaría aliviado de volver a la época donde realmente se le valora. Además, vería como su industria es tan potente en la rueda del consumo que es la principal influencia para adolescentes y jóvenes. Sin embargo, la imagen transmitida es bastante irreal. Después de todo, durante la Historia la percepción ha ido cambiando y si ahora lo guay es tener un pene grande es, simplemente, porque esa industria ha decidido que es lo espectacular.

Hasta ahí no nos metemos, pero sí cuando se termina relacionando el tamaño con el  rendimiento, lo cual no puede estar más lejos de la realidad. La dimensión de nuestro pene es relativamente insignificante cara a obtener y dar placer, ya que él por sí solo no va a hacer disfrutar más ni a un chico ni a una chica. Otra cosa es que atraiga a nivel estético –aunque tampoco sea un fetiche muy común–. De ahí que os animemos a indagar en vuestro repertorio y no tanto en vuestro envoltorio. Al final, ese actor porno anda algo escaso y no queremos que sea vuestro caso.

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