¿Sabías que hay a quienes les excita follar disfrazados de peluches?

Es tiempo de carnavales. Vaquero, superheroína, pescadora, brujo. Eso si no sois nada originales, claro. Pero si queréis dar rienda suelta a vuestra creatividad todo vale. Aunque teniendo en cuenta el frío invernal que suele preceder a la primavera, hay quienes optan por aquellos disfraces más calentitos, entre los que destacan los míticos trajes de animales peludos –también conocidos como fursuit, del inglés fur (peludo) y suit (traje)–. Sin embargo, si bien la mayoría limita su uso a las carnestolendas, hay quienes llevan su pasión por convertirse en animales antropomórficos más allá y se disfrazan a placer en cualquier fecha del año. Esta subcultura, cuyos practicantes o fursonas la autodenominan como furry fandom, se originó en la décadas de los 80 y, como podréis imaginar, sí, para algunos –que no todos– también tiene un componente erótico.

Precisamente, el término habitualmente más usado para hacer referencia a este anclaje del deseo hedónico que consiste en la búsqueda de la excitación a través de encuentros y prácticas entre personas disfrazadas de animales antropomórficos es yiff, del que proviene el verbo yiffear –práctica hedónica entre fursonas–. La explicación etimológica más común es que se trata de la onomatopeya del sonido emitido por los zorros al aparearse, aunque también del reclamo de una zorra cuando está en celo. Otras palabras que suelen usarse son TinySex y TextSex, aunque en este caso para denominar en concreto a los materiales pornográficos centrados en esta peculiaridad erótica.

Tanto para el furry fandom en general como para el yiff en particular, la selección del disfraz tiene que ver totalmente con la personalidad; es decir, se elige al animal con el que uno más se identifica, porque el traje se convierte en un fetiche por sí mismo y quien lo porta se comporta completamente como lo que representa. De ahí que no se suela cambiar de fursuit dependiendo de la fiesta o del estado de ánimo, sino que es más bien como una segunda piel que se luce en eventos privados o momentos especiales. Entre los trajes más comunes están los de lobo, zorro, tigre y las combinaciones de gato y conejo. Y sí: por supuesto que está permitida la interacción interespecie.

La razón más habitual para que dos fursonas yiffeen es aliviar los impulsos. Ya sea casual, monógamo o polígamo, en la mayoría de los casos es meramente por placer carnal, si bien en ocasiones se trata de una extensión de un juego de rol y solo en casos aislados se realiza para tener una cría. Aun así, raramente incluyen en sus encuentros el preservativo aunque realicen prácticas penetrativas, pues en tanto que fursonas tienden a ignorar completamente el concepto de infecciones de transmisión genital. Será que esto de los condones no lo relacionan tanto con los animales y sí más con las personas.

Bibliografía

— GERBASIA, Kathleen C., PAOLONEB, Nicholas, HIGNERB, Justin SCALETTAC, Laura L., BERNSTEIND, Penny L., CONWAY, Samuel y PRIVITERAF, Adam, “Furries from A to Z (Anthropomorphism to Zoomorphism)”, Society and Animals, 16 (2008), pp. 197-222

— MURPHY-MEE, Andrew, The Yiffy Guide to Safer Sex, 1996

Periodista de profesión, sexólogo de vocación e investigador en formación.
Especializado en TRICs, sexualidad y diversidad sexual.
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