¿Sabías que en la Edad Media no siempre fue obligatorio mantener la virginidad hasta el matrimonio?

El desconocimiento de las costumbres sociales y eróticas de la Edad Media es lo que las vuelve tan interesantes. Aprovechándose de este gancho, el cine de Hollywood nos ha vendido varios mitos sobre esta época, ¿pero son ciertas las historias que nos han contado?

Por los relatos que hemos leído o escuchado se podría decir que lo que sabemos de los matrimonios medievales es que la mujer que se iba a casar debía llegar virgen al matrimonio. Pero esto no es del todo cierto. La noche de bodas podía ser la primera en el que la pareja mantenía relaciones eróticas, pero la conservación de la virginidad coital femenina no era algo obligatorio, al menos no en la sociedad medieval castellana a finales del siglo XII (esto cambió en el siglo XI cuando la Iglesia manifestó no estar de acuerdo con esta costumbre).

Los esponsales en la Edad Media castellana se componían de dos etapas. En la primera, la pareja se prometía matrimonio y, en la segunda, los novios recibían las bendiciones del cura en la iglesia y ante todo el pueblo. El tiempo que pasaba entre una y otra nada ni nadie les impedía que mantuviesen relaciones eróticas, porque se esperaba que contrajesen matrimonio. Es decir, desde finales del siglo XII a la mujer se le permitía tenerlas sin ninguna consecuencia social. ¿Pero qué pasaba cuando un miembro de la pareja rompía su promesa de casamiento?

Por motivo del enlace, el novio le solía hacer varios regalos a su prometida. Si esta tuvo alguna relación coital con su prometido antes de recibir las bendiciones, se quedaría con todos sus regalos, como pago por su virginidad coital. Si no era así, debía devolverlos.

Al fin y al cabo, la virginidad coital de la mujer era un valor muy importante en la Edad Media. Por ejemplo, ante la violación de una joven virgen (aquella que no había mantenido ninguna práctica coital) se imponían soluciones radicales. Los fueros de varios territorios, entre ellos el de Soria y Alcalá, permitían solucionar una violación casando a la víctima y el violador. Otro de los ejemplos es que cuando una muchacha sufría la pérdida del himen accidentalmente los familiares podían ir al notario para dejar constancia de lo ocurrido.

La sociedad prefería una mujer que fuese desflorada por su marido, ya que esto significaba que se mantendría fiel a él y, asimismo, que había controlado sus impulsos. Sin embargo, esto no impedía que los novios no pudiesen experimentar antes de su noche de bodas si así lo deseaban. Se deseaba que la mujer fuese fiel a su marido para toda la vida, pero eso no quitaba que pudiesen empezar con ese conocimiento.

Psicóloga y Sexóloga especializada en terapia y asesoramiento individual sobre autoestima y amor propio.

OIHANE ITURBE ANSA

Psicóloga y Sexóloga
Hago terapia y asesoramiento individual de cualquier situación que tenga que ver con la autoestima, amor propio, relaciones afectivas y rupturas sentimentales, sexualidad, complejos y ansiedad.
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