Cómo el Tantra te puede ayudar a estar más conectado/a con el presente

27 de noviembre de 2019

Dhyan Rafik, www.bloombarcelona.com

La vida que tenemos en nuestro día a día es muy acelerada y expuesta a un bombardeo de impulsos. Tenemos millones de cosas por hacer, y entre nuestras tareas, o en ellas mismo, nosotros aún colocamos más estímulos. Nos levantamos con el sonido del despertador o del celular pensando qué ponernos en función de lo que vamos a hacer ese día, preparamos el desayuno escuchando música o las noticias de la radio, tomamos el café leyendo el periódico o viendo la televisión, bajamos a la calle ya con los auriculares puestos y en el metro escuchamos música, vemos vídeos, respondemos mensajes... y todo eso antes de llegar al trabajo.

Tenemos una capacidad enorme para vivir disociados del momento presente. Nuestro cuerpo está en un lugar, pero nuestra mente en otro. Es normal que esto ocurra y es una habilidad que tenemos que aprovechar, pero hacerlo de forma sistemática nos lleva a realizarlo de forma automática, sin control, en cualquier situación, incluso en nuestras relaciones sexuales. Si nos parece normal cepillarnos los dientes y pensar en la entrevista que tendremos en lugar de percibir como me estoy cepillando, si nos parece lógico estar comiendo y preocuparnos por las desgracias que ocurren en el mundo, en lugar de prestar atención al gusto, textura y aroma de la comida que ingerimos, si nos parece razonable estar en el metro y jugar a un videojuego o chatear en lugar de hablar con otras personas o percibir el paso de las estaciones, nos lleva a hacer el amor y estar pensando en cualquier otra cosa o hasta fantasear con otras personas, en lugar de sentir plenamente el momento presente con quien lo estamos compartiendo.

Nuestra realidad debería ser distinta. Cuerpo y mente conectados, permitiendo alinear lo que sentimos con lo que pensamos. De ese modo, al cuerpo y a la mente se le suma la emoción. Conseguimos así percibir las emociones que nos llegan, sentir lo que nuestro cuerpo nos trae y nuestra mente presente, no evadida, consigue procesar y a veces hasta comprender. Se trata de hacer callar nuestra mente, no dejar que nos lleve a otro lugar, disolver el ego y nos permita sentir plenamente, sea lo que sea que estemos viviendo.

El Tantra, así como el sexo tántrico están cargado de mitos y malos entendidos. El Tantra no es una religión, por lo que no trabaja con dogmas, trabaja con principios. Uno de sus principios podría responder a la frase: "haz lo que hagas plenamente". Es decir, cuando hagas una cosa haz sólo eso. Dedícale tu atención plena. Si tomas baño, toma sólo baño. No pienses en otras cosas. Percibe la temperatura del agua, cómo reacciona tu piel a ese calor o frío, cómo se desliza el agua por las diferentes partes de tu cuerpo, la leve caricia que hace en forma de pequeños ríos por tu piel, como se acumula el agua en forma de gotas en unos lugares y otros no…

Realizar pequeños ejercicios de plena presencia nos ayuda a ser más conscientes de lo que hacemos, cómo lo hacemos y lo que sentimos haciéndolo. Traer esa presencia en lo que hacemos nos permite una mayor conexión con nosotros y también con las personas con las que compartimos nuestra vida y esos momentos de intimidad, cariño y placer. Una de las prácticas más habituales entre los tántricos para entrenar esa plena presencia es a través de la meditación. Ejercicios para abstraerse de todo, salir de nuestros pensamientos, y tan solo respirar, sentir, percibir. Nosotros destinamos poco o ningún tiempo a no hacer nada, a entrenar ese estado de atención, percepción, contemplación. Cuando no hacemos nada nos da la sensación de que estamos perdiendo el tiempo, y en realidad perdemos mucho más al no permitirnos esos momentos de no pensar, no hacer, sólo ser.

El cuerpo es sabio. Hay una sabiduría en cada una de nuestras células. Cuando nos cortamos no es el médico quien nos cura. Él nos junta la herida con unos puntos, pero es nuestro propio cuerpo el que cicatriza la herida y nos cura. El cuerpo nos habla, pero hemos perdido la habilidad de escucharlo. Y como no lo escuchamos termina gritándonos, poniéndose enfermo. Cuidar del cuerpo no es sólo comer alimentos saludables y hacer ejercicio. Además necesitamos momentos para escucharlo, escucharnos, sentirnos. Y con todo ese ruido que colocamos en nuestras vidas no hay espacio para esa conexión con nosotros mismos y mucho menos con los otros. Necesitamos momentos para silenciar el mundo y escuchar nuestro mundo interior. Darnos un tiempo para sentirnos, conectarnos, estar presentes y dejar que toda esa sabiduría que ya está en nosotros pueda aflorar.

En el Tantra en general, y cuando practicamos sexo tántrico en particular, buscamos esos estados. Momentos donde conectamos intensamente con nosotros y con la otra persona con la que estamos. Para ello, destinamos un tiempo razonable, alejados de todo ese ruido. Y empezamos conectándonos con la otra persona a través de la mirada. Una mirada intensa, permanente, fija, donde no pensamos, no enjuiciamos, no hacemos nada, sólo observamos, percibimos la belleza del otro por ser como es, sintiéndolo, reconociéndolo y reconociéndonos a nosotros mismos a través de la presencia y mirada del otro. Esto es, traer presencia, ser presencia en cuerpo y alma. Presencia en todos los sentidos.

A través de la mirada establecemos contacto visual. Contacto con tacto. Tocamos de forma amorosa, sutil, profunda. La mirada es la puerta de entrada al alma del otro, donde lo vemos, dónde lo escuchamos, dónde sentimos su permisión o su negación, su complicidad o su incomodidad, su voluntad de más o de que termine ya, su éxtasis o su dolor. Todo empieza por una mirada. Mirar al otro es dotarlo de existencia. Cuando vemos algo que no queremos que exista dejarnos de mirarlo. La presencia de un indigente o un mendigo nos hace mirar para otro lado, porque lo que no tienen visibilidad no existe para nosotros, como si realmente dejara de existir.

En la meditación muchas veces el primer paso para estar presente es desconectar de nuestra mirada. Cerramos los ojos para no ver, no traer tanta información, para así sentir mejor. Cuando meditamos con otra persona, y hacer el amor es meditar con el otro, después de cerrar los ojos los abrimos y los concentramos en los de la otra persona. Con la mirada nos conectamos y nos volvemos uno. Te veo y me veo en tu pupila. Estoy en tu mirada, estoy en ti y tú estás en mi mirada, estás en mí. La unión empezó. Estamos el uno en el otro, presentes, viéndonos, sintiéndonos, permitiendo que nuestro amor fluya del uno al otro, que podamos sentir esa unión divina que nos lleva a la unidad.

Es por ello que, a pesar de que podamos tener esa habilidad de estar en un programa multitarea, haciendo varias cosas al mismo tiempo y aún pensando en otras distintas simultáneamente, tenemos que preservar espacios para la desconexión y así permitir la reconexión con nosotros y nuestros seres queridos. Ellos lo van a agradecer, nuestro cuerpo lo va a agradecer y nosotros mismos lo vamos a agradecer por la mayor conexión establecida y placer sentido. Y es tan sencillo y complicado al mismo tiempo, porque no se trata de aprender cosas nuevas, sino de desaprender, de dejar de hacer cosas, de focalizar en una sola y aprovecharla plenamente. El Tantra nos trae el placer de las cosas simples, tan simples como una mirada llena de presencia y amor.