Sin comunicación, hay paranoia

La capacidad de imaginar de nuestra mente es asombrosa. Imaginamos, suponemos, recreamos, fantaseamos y también tenemos paranoias. Es una palabra llena de connotaciones negativas, un término que se ha utilizado para diagnosticar enfermedades mentales, una característica de aquellas personas que son extremadamente exageradas con lo que les ocurre, desconfían de su entorno y están a la defensiva.

Sus respuestas no se ajustan a la realidad y a la intensidad de los hechos. Como ocurre en muchas ocasiones, podemos sentirnos identificadas con esta descripción diciendo: “a mí también me pasa”. No os preocupéis, cuando estudié la asignatura de Psicopatología, me identificaba con casi todos los trastornos mentales que aparecen en las biblias de la psicología. Si me veo en ello, será que me ha pasado alguna vez, ¿verdad? ¿Quién no ha tenido paranoias alguna vez?

Muchas veces, la falta, la omisión y/o la negación de la información puede llevarnos a imaginar diferentes situaciones y hallar en ellas la explicación de lo que pasa. Generalmente, la tiranía del pensamiento entra en juego y todos los escenarios son catastróficos.

Podemos quedarnos alimentando estos pensamientos durante periodos insospechados. Cómo nos gusta jodernos a lo grande, es increíble... La cuestión es que estar en las paranoias no es nada agradable. Porque recordemos que las paranoias son desagradables, nos sentimos perseguidas, observadas... definitivamente, en peligro. Y por ello, tenemos una responsabilidad en cuanto a nuestra comunicación y por su puesto también con las propias paranoias.

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Encontramos muchos eslóganes que nos dicen que tenemos que comunicarnos, que es fundamental para lograr el éxito en las relaciones. Y oímos muchas veces eso de que “es que no se comunica”. Pero, ¿se puede no comunicar? No. Todo lo que no se dice, comunica silencio, lo que se oculta, desconfianza, egoísmo, miedo, lo que se manipula, inseguridad, protección. Y un sin fin de mensajes que aunque no se digan, están.

La cuestión es cómo lo hacemos, la calidad. ¿Me responsabilizo de lo que digo? ¿Culpabilizo a la otra persona de mis inseguridades? ¿Para qué digo lo que digo? ¿Es un buen momento? De las respuestas a estas preguntas dependerán en gran medida las paranoias y la calidad de la comunicación. Y esto no solo depende del otro/a, también de mí. Es bidireccional, y son cuestiones que deberíamos plantearnos tanto si somos nosotras las que tenemos las paranoias como si es la otra persona las que las tiene.

Hablar desde el yo es imprescindible. Responsabilizarnos de lo que sentimos y pensamos y asumir las consecuencias. Esto es muy importante. Saber que lo que decimos y lo que no, tiene consecuencias en cuanto a nuestras relaciones, ósea, en la otra persona. No se trata de decir y pretender que no haya efectos ni movimientos en quien lo reciba. Todo influye y a veces de esto puede ser incómodo. La incomodidad es algo que se puede gestionar y pretender evitarlo a toda costa no nos hace más libres. Comunicarnos para responsabilizarnos de nuestra vida, para hacer nuestra parte y por tanto, coger las riendas y evitar las paranoias y fomentar la confianza.

Sexóloga y Psicóloga
Me apasiona acompañar los procesos personales desde una visión sexológica utilizando herramientas que nos ofrece la psicología sistémica. Además, sigo formándome en Psicoterapia Corporal para incorporar el cuerpo como herramienta de cambio.
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