¿Cómo hacer una primera autoexploración de tu vulva y tu vagina?

Durante este confinamiento hemos tenido más tiempo de conectar con nosotras mismas, con nuestras emociones y con nuestros cuerpos. Aunque, también es verdad que, en muchos casos, nos hemos perdido una ocasión maravillosa de observar nuestra genitalidad de manera profunda.

Cuando observamos nuestra vulva y profundizamos en nuestra vagina, conseguimos integrarlas en nuestro cuerpo, ya que, en muchas ocasiones, vivimos absolutamente desconectadas de nuestra energía sexual y nuestros placeres. 

Todas las personas que nacemos en un cuerpo de atributos femeninos lo hacemos con una carga bestial de patriarcado, presiones, abusos,... lo que, inevitablemente, nos lleva a desenchufarnos de esta zona de nuestra anatomía, lo que nos priva de tener una vida sexual plena y libre y, sobre todo, de tener mayor conocimiento de nuestros cuerpos para poder hacernos dueñas de nuestra salud y llegar a empoderarnos por medio de ella.

Como nunca es tarde para esto, vamos a hacer una visita guiada por tu vulva y tu vagina. Si no tienes ninguna disfunción, ni problema, te servirá para conectarte con tu yo más profundo y si sospechas que algo no va bien, puede que con este ejercicio de observación, llegues a comprender un poco mejor lo que te pasa.

Hay que decir, también, que este recorrido no sustituye a un buen examen de una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, pero sí que te dará mucha información y seguridad en ti misma y en tu cuerpo.

Para comenzar, es muy importante que sepas que nadie te va a molestar durante tu autoobservación. Si vives sola no tendrás problemas, pero, si vives con gente, intenta realizarlo cuando no estén en casa o sepas que nadie va a llamar a tu puerta. Necesitas estar relajada y poner atención plena. 

Elige un lugar cómodo en el que poder recostarte. Lo ideal es que tengas una buena fuente de luz natural (si no se pudiera, un pequeño flexo puede valer también). Necesitarás también un espejo de mano que colocarás frente a tu vulva (cerciórate de que te ves bien). 

Ten a mano lubricante al agua para cuando profundicemos en nuestra vagina, si no tuvieras, un aceite formulado especialmente para uso íntimo o tu propia saliva pueden valer. Es importante que tengas las manos limpias y si las tienes frías, que te las calientes friccionando una contra la otra. 

Si tienes las uñas muy largas, ten mucho cuidado de no arañarte. Es muy aconsejable dotarte de un cuadernito y un bolígrafo para ir anotando lo que ves y qué emociones te despierta. Hazlo todo con mucho mimo y no desde el “tengo que”, sino desde tu propio placer por descubrirte.

Vamos a comenzar observando nuestra vulva por fuera: el vello, el grosor de los labios externos, si los labios internos sobresalen un poco, si tengo pecas o manchitas,... Con los dedos, vamos a separar un poquito nuestros labio y vamos a observar lo que se nos aparece: en la parte más superior veremos el glande del clítoris tapadito por el prepucio (podemos retirar la piel que lo cubre y ver cómo es y qué sentimos); un poquito más abajo verás un pequeño agujero, como un puntito: eso es la uretra, por donde sale el pis, y si nos fijamos muy bien, alrededor de ella, es probable que intuyamos las glándulas parauretrales (estas son muy difíciles de ver, pero si estamos muy atentas, podemos llegar a ver unos mini agujeritos alrededor de la uretra). 

Y la apertura vaginal. Vamos a mirar bien esta parte: ¿está cerrada?, ¿abierta?, ¿veo un agujero negro o veo como trozos de carne que sobresalen un poco por el agujero?, ¿está seca?, ¿húmeda? Podemos ir viendo también la coloración vulvar, si es rosadita, amoratada, si es uniforme por todas partes... 

Fijate si tienes una vulva jugosa o más bien seca. Ver cómo es esa humedad, si es transparente o tiene bolitas como blancas, si es como moco amarillento,.. puedo incluso, recogerla con los dedos y oler; puedo incluso chupar y sentir a qué sabe.

Volvamos a la entrada vaginal. Y respira. Cuando coges aire, tu vagina se abre y cuando sueltas el aire, tu vagina se cierra. ¿Lo sientes? ¿Lo ves?

En todo este proceso, intenta no juzgarte. No pienses que todas van a hacerlo “bien” a la primera menos tú… si es que hay alguna manera de hacerlo bien. Nada de eso. esta es una observación sin entrar a valorar...solamente por el placer de mirarnos, conocernos y conectar con nosotras mismas.

Ha llegado el momento de introducirnos en el maravilloso lugar que es nuestra vagina. Ella que ha albergado en su interior miembros y objetos que, en ocasiones, nos han resultado desagradables y hemos sentido que se traspasaban los límites. Vamos a tratarla con mucho mimo. 

La vagina, normalmente vive cerrada, con sus paredes pegadas sobre sí mismas, salvo cuando introducimos algo en ella; es importante visualizarla así, porque creo que tenemos la creencia de que es un tubo semirrígido y en realidad es súper flexible y también crece a lo ancho y a lo largo en función de lo que introducimos en ella.

Si metemos la yema de un dedo, estaremos situadas en el vestíbulo vaginal, que es la antesala de todo lo demás. Al introducir un poco más profundo el dedo y llevamos hacia adelante, nos encontraremos con algo que parece el cuello rayado de una pajita: eso es la uretra. Inmediatamente más atrás, un poco más profundo, sentiremos como un globito desinflado: ahí tenemos la vejiga. Si seguimos introduciendo el dedo hasta lo más profundo, llegaremos hasta el cuello del útero, que es como si tocáramos la punta de nuestra nariz (el tacto es muy similar). 

Es importante ir viendo si tenemos molestias, dolores, si sentimos que nos conecta con emociones que estaban dormidas, con algo desagradable,... Y haz caso a tu instinto: si tienes que parar, para. Si ves que ese no es el momento, para. Si sientes que necesitas ayuda, pídela. Las fisios de suelo pélvico, las sexólogas, matronas y psicólogas estamos para ayudarte en este camino.

Fisioterapeuta experta en sexología y suelo pélvico.
Especializado en minorías eróticas y su análisis en la cultura popular y medios.
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