Lo tóxico de las expectativas y las idealizaciones

Todas hemos caído en esta trampa… Montar castillos en el aire se nos da genial, a algunas más que a otras, pero lo que no nos enseñan es que las expectativas acaban siendo sinónimo de frustración. Por eso, hoy queremos hablaros de cómo manejarlas para no dejarnos atrapar por ellas. 

Porque claro la fantasía de lo que podría ser nos encanta, ¿verdad? Todos esos escenarios que nos construimos en la cabeza: conversaciones, lo que me va a decir y lo que le voy a responder, lo que llevamos puesto, a qué va a oler, qué voy a sentir cuando me acaricie, dónde vamos a estar… ¿Os suena esto? 

¿Qué son las expectativas?

Y aquí ojo, diferenciemos “fantasías” de “expectativas”. Porque si tenemos claro que la película que nos estamos montando no va a suceder y entramos en ella por puro placer: bien. El problema está cuando tenemos la creencia de que esto sucederá tal y como lo hemos planeado.

No os hacéis una idea de la cantidad de tiempo que pierde la mente creando este mundo irreal que lo más probable es que no suceda. Y lo peor es que cuando la realidad nos explota en la cara, si no sabes manejarlo, el agujero de frustración o decepción es… vamos a decir: grande. 

Por eso suele ser mejor intentar aceptar las situaciones como si fueran inesperadas que generar un ideal de sucesos que pueden no ocurrir. Como dijo Fangoria: “Momentismo absoluto”. 

¿Por qué las expectativas nos hacen infelices y nos dañan?

La mayoría de veces tendemos a idealizar un trabajo, una persona, una relación o diferentes situaciones que en realidad no nos darán nunca tantos beneficios como nos creemos.

Y aquí una de las trampas: cuando nos ponemos a fantasear este tipo de cosas, la imaginación puede llevarnos a lugares en los que no queremos estar. Es decir, las expectaciones o las expectativas pueden llegar a convertirse en metas que realmente no deseamos. Solo las perseguimos porque en nuestra fantasía quedaba ideal.

Y esto sucede precisamente porque al generar una expectativa no acabamos de apreciar lo que realmente tenemos, no disfrutamos del presente. Eso sin hablar de lo que nos provoca cuando no corresponden con la realidad. La cachetada de realidad después de las expectativas suele ser cuanto menos… impactante, porque no la vemos venir.

¿Por qué deberías controlar tus expectativas?

– Asumir responsabilidades: Cuando asumes que es una mera probabilidad que ha generado tu mente, cuando controlas tus expectativas, empiezas a asumir la parte que te toca. Lo que te permite esperar menos y actuar más. Ser consecuente con lo que tengo y lo que puedo hacer con lo que tengo.

– Deseos vs. deberes: Separar el piloto automático para poder identificar si lo que he creado en mi cabeza es un deseo o lo estoy convirtiendo en un deber es una habilidad. Y algo que solemos trabajar en terapia, ¿es un ideal de la sociedad, de nuestra familia o realmente lo deseo?

– Disfrutar el presente: Tengamos en cuenta que las expectativas juegan a intentar predecir el futuro a través de elementos de nuestro pasado. Por eso las expectaciones trasladan nuestros pensamientos al pasado o al futuro, y no en al presente: el único momento que podemos disfrutar, apreciar y controlar.

¿Cómo manejar nuestras expectativas?

– Controlando la mente expectante: Da miedo… pero lo mejor es no esperar nada para que todo entre… y hacer lo que podamos una vez esto pase. Para que las expectativas no te dominen, la clave es abrirse a la incertidumbre y dejar fluir a la vida. Dejar que me pasen las cosas sin anticipar un resultado concreto.

– Diferenciar las falsas expectativas de las más realistas: Para poder identificar las que son útiles de las que no. Una cosa es proyectarse (que de esto también podemos hablar) y otra muy diferente soñar con cosas 0 probables esperando que sucedan. 

– Hablar de las expectativas: Expresar lo que se espera de otros nos puede ayudar a dejar de generar expectativas o a guiar nuestros actos o… fantasías.

– Flexibilidad: No puedes controlar el futuro. Asumiendo esto… baila con lo que este te presente. Y sobre todo, suelta el perfeccionismo que ha creado tu mente.

– Da las gracias por lo que tienes: Las personas que viven en las expectativas no son conscientes de lo que ya tienen. Dar las gracias diariamente por lo que sí tenemos nos ayuda a conectarnos con la abundancia y no con la carencia y a poner los pies en la tierra.

Si después de leernos te sigue preocupando el tema podemos hablar de tu caso en particular en una sesión y que nos cuentes mejor qué está pasando y cómo lo estás viviendo tú. 

Te dejamos sin ningún compromiso nuestro contacto, por si quieres trabajar el tema y vivirte desde otro lugar entendiendo qué pasa. Mándanos un correo a equipo@somospeculiares.com o llámanos o escríbenos por WhatsApp: 644 605 758

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Melanie Quintana Molero

Sexóloga clínica y periodista, especializada en divulgación de la sexualidad y terapia sexual. Directora y coordinadora de equipo en Somos Peculiares.
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