Bailar también es terapia: cómo puede ayudarte en consulta

Cuando bailo no puedo juzgar, no puedo odiar, no puedo separarme de la vida
Hans Bos

Bailar, no lo hacemos con los pies sino con el alma y es precisamente por esto que a mucha gente les avergüenza hacerlo. A medida que crecemos, nos hacemos adultos y nos encerramos en nuestro cuerpo, usándolo como una protección, como un escudo. Los niños son auténticos, naturales, sus cuerpos muestran sus emociones fácilmente y las dejan salir a través del movimiento, la sonrisa o el llanto.

Bailar es moverse, es dejar fluir, acentuar los movimientos para dinamizar las emociones y celebrar la vida o el luto. Las sociedades tradicionales son bien conscientes de esto y la danza ha sido siempre un punto central de las diferentes culturas.

Cada pueblo y cada ocasión tienen un baile. Pero no solo los seres humanos bailan, los animales también lo hacen. Bailar es estar en el cuerpo, comunicarse con él, expresarse con los movimientos, dejar fluir las emociones y dejarlas atravesar la piel. Pero el baile es una actividad compleja y no solamente instintiva.

En la danza participan tres zonas del cerebro: El hipotálamo o cerebro de los instintos, donde está el centro del placer, que es el que nos impulsa a beber, comer, dormir o hacer el amor; el cerebro límbico o cerebro de las emociones que es el que se encarga de controlar los comportamientos afectivos y el neocórtex, ese cerebro más reciente en la evolución humana que es el que habitualmente relacionamos con el nivel de inteligencia y que, a diferencia de los dos anteriores, estrechamente relacionados con lo corporal, gestiona lo mental, lo abstracto.

Conscientes de que la sociedad actual nos aleja cada vez más del cuerpo, las actividades cómo el yoga han visto un auge en los últimos años. El ser humano necesita volver a su cuerpo, celebrarlo, sentirlo, bailarlo. La danza emocional es una nueva manera de afrontar el cuerpo en movimiento, de reencontrarse con nuestro ritmo interior y sanar. La danza es una herramienta única para activar nuestra inteligencia emocional y es terapéutica.

Muchos de los problemas de estrés, ansiedad y neurosis tiene su origen en un mal funcionamiento de las corrientes eléctricas cerebrales. Las neuronas se comunican gracias a un movimiento rítmico que simula y propaga ritmos externos (latidos del corazón, paso al caminar, sonido de un tambor...), y en un mundo donde el ritmo lo marcan las teclas del ordenador y los bits inaudibles de la señales inalámbricas y los motores de los coches en la ciudad, ¿cómo se mueven nuestras neuronas?

Por eso es necesario bailar, volver al ritmo, a la música, a los pies, a los latidos del corazón y es que la pista de baile puede ser una alternativa al médico y si supieras que la danza puede curarte bailarías más a menudo.

Da igual cómo vayas vestido y cómo muevas los pies, el objetivo no es impresionar a los otros sino bailar tus emociones.

Una sesión de danza emocional puede durar alrededor de tres horas. El “dj” va mezclando música y los asistentes se dejan llevar guiados por un terapeuta para sentir el enraizamiento o la ligereza. Movimientos improvisados, salto, giros o quedarse tumbado, lo importante es bailar como te pida el cuerpo.

También hay lugar para la interacción, bailar con alguien con el que no has hablado antes, expresarse a través del contacto o del movimiento. Hay muchos nombres para esta terapia, la biodanza, la danza medicinal, la danza de las 5 respiraciones... Todas ellas coinciden en que bailar cura.

Bailar nos sana como individuos de nuestras heridas emocionales pero también como sociedad, bailando juntos en un mismo espacio, compartiendo la música y el aire que respiramos.

Experimenta la relación cuerpo-emoción

Sonríe y observa qué sucede... Arruga el entrecejo, ¿qué pasa ahora? Nuestras emociones responden al movimiento de nuestro cuerpo, a nuestros gestos y posturas. Pero también pasa al revés, que nuestro cuerpo responde a nuestras emociones con una disposición muscular determinada.

Puedes probar a hacer este ejercicio para darte cuenta de los efectos tan positivos que tiene sobre tu estado de ánimo. Fuerza una sonrisa y mantenla todo el tiempo que puedas. No tienes que acordarte de ninguna anécdota feliz, simplemente haz el trabajo muscular de sonreír.

Quizás al principio te parezca forzado, artificial, pero continua durante todo el día, o si puedes, toda la semana. Date cuenta de los cambios emocionales que se producen cada vez que sonríes. Observa incluso los pensamientos que aparecen cuando lo haces.

¿Quieres ir más lejos? Prueba a abrir los brazos cada vez que te acuerdes. Saca pecho y sonríe. Recuerda que es un trabajo muscular pero... ¿Qué sientes?

Existen muchas disciplinas que trabajan la relación entre movimiento y emociones pero sin duda las más intensa y quizás la más efectiva sea la danza y eso es porque al movimiento le añadimos el sonido. Desde los años 40, son muchos los terapeutas que han desarrollado herramientas para usar la danza como un camino hacia la curación.

Todos sabemos que hay canciones que nos hacen entristecer o otras que no dan ganas de movernos. Cada persona tiene una frecuencia, como si su ser pudiera ser traducido en una nota y al escuchar esta nota todo su cuerpo resonara, pero además cada parte de su cuerpo tiene un sonido específico. Simplemente escuchando música podemos afectar los diferentes órganos.

Según los expertos en musicoterapia, la música por sí sola puede incrementar o disminuir la energía muscular; acelerar o calmar la respiración; equilibrar la presión sanguínea, reducir la fatiga y provocar cambios en el metabolismo.

Si además reaccionamos a la música con el movimiento estaremos amplificando sus efectos.

Bailar para sacar las emociones profundas o bailar para construir emociones positivas

Podemos usar la danza tanto para “limpiar” emociones negativas almacenadas durante años como para crear nuevos patrones emocionales positivos. Son muchas las personas que no se atreven a bailar por eso el desarrollo de la danza emocional favorece la creación de un entorno seguro para hacerlo. Los asistentes saben que todos van a lo mismo, que bailan en un entorno de respeto y comprensión.

Cuando bailas liberas el cuerpo emocional, como si lo sacudieras y dejaras salir emociones que pueden ser de felicidad, frustración, tristeza... Puede suceder que comiences a llorar intensamente o que rías y experimentes una felicidad plena.

Cómo hacer de bailar una terapia

Bailar es liberarse, pero no siempre nos atrevemos a hacerlo. Necesitamos un entorno de confianza. Sin embargo, no hace falta ir a una clase específica de danza emocional. Puedes aprovechar tus clases de salsa o una discoteca para utilizar el baile como herramienta terapéutica.

  • Regla número uno: escucha lo que la música de provoca. Observa la emoción que despierta esa melodía e intenta identificar la parte de tu cuerpo que vibra con ese sonido.
  • Regla número dos: olvida los pasos. Si intentas bailar como John Travolta, Michael Jackson o Sara Baras quizás te frustres. No todo el mundo tiene ese don ni ese trabajo de fondo. No intentes bailar bien, deja a tu cuerpo reaccionar de manera espontánea. Y si la improvisación total no es fácil, prueba a centrar tu atención en la parte de tu cuerpo que reacciona a cada música y baila desde ahí.
  • Regla número tres: añade sentimiento a cada gesto. Baila con intención, no te muevas por mover, sé consciente del peso emocional de cada movimiento. La danza japonesa “butô” incluye una tensión incluso en los momentos en los que no se baila lo que crea una presencia escénica particular.
  • Regla número cuatro: reacciona al movimiento de los otros. Da igual si bailas en solitario o en pareja, observa como tu movimiento afecta al movimiento de los otros y el de los otros al tuyo, como si todas las personas que bailaran fueran un océano y las olas.

Entonces, saldrás de la pista de baile sin dejar de tocar el suelo porque habrás conectado con tu ritmo interior, con tu autenticidad. Porque te sentirás libre de expresarte y conectando con el universo.

La danza reúne el cielo y la tierra, las raíces y la alas, lo animal y lo sublime. Bailar mueve los cuerpos instintivos, emocional y sensible y los abre a lo sagrado de la vida. La danza nos transforma y nos sana.

*Fotos: Karina Sechi

Periodista, educadora, sexóloga y profesora de Tantra, danza emocional y yoga.

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